Los problemas de pareja son cosa de dos


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Por David Olsen (doctor en Psicología) y Douglas Stephens (magíster en Trabajo Social)

Trad. Ben Carral

Douglas StephensDe quejas a discusiones que siguen un patrón

Con demasiada frecuencia, al intentar comprender las discusiones que se terminaron convirtiendo en estallidos, tenemos una respuesta simple para explicar lo que fue mal. Pensamos que debió ser culpa de nuestra pareja. Si nuestra pareja cambiara, o empezase terapia o aprendiera a comunicarse, se terminarían nuestros problemas. Adoptamos una explicación unipersonal del problema, que convenientemente ignora nuestro papel y nuestras contribuciones a la riña. Casi inevitablemente, una explicación unipersonal asume que el problema lo tiene la otra persona. Por supuesto hay ocasiones en las que una sola persona es responsable del problema. Por ejemplo, cuando hay violencia doméstica, la persona que comete la violencia claramente tiene más culpa, y en tales circunstancias la víctima primero necesita protegerse. Sin embargo, en la mayoría de las discusiones de pareja las dos personas implicadas conspiran juntas para hacer que el problema empeore.

Lo que no comprenden la mayoría de las parejas es que todas las parejas crean un estilo de comunicación sobre los asuntos difíciles que sigue un patrón. Con frecuencia, esta interacción cobra vida propia. Esto significa que todos los problemas de comunicación son problemas bipersonales. Cuando utilizamos el término problema bipersonal, nos referimos a que el problema bajo consideración es creado y mantenido por las dos personas. Los problemas no existen por separado.

En un matrimonio no hay problemas unipersonales. No hay santos ni pecadores, ni buenos ni malos. La mayoría de los problemas son culpa de las dos personas. Más importante incluso es la realidad de que ambas personas mantienen el problema. Específicamente, esto significa que la manera en que discuten sobre el problema normalmente evita que el problema se solucione. Su discusión es cocreada y desafortunadamente cobra vida propia. Inevitablemente, los dos miembros de la pareja alimentan la discusión, creando así la familiar interacción que sigue un patrón. El término problema bipersonal se refiere al hecho de que «hacen falta dos para bailar un tango»: ambas personas juegan un papel en la discusión. En el matrimonio, y en todas las relaciones significativas, uno más uno no es igual a dos. En otras palabras, están los dos miembros de la pareja más el patrón de comunicación que crean entre ambos. Este patrón de comunicación tiene vida propia. Al final, el patrón se convierte en el problema. La ironía es que el patrón surgió originalmente en un intento por solucionar un asunto en particular.

Las reglas de los patrones en las relaciones

Creemos que para crear un cambio eficaz en el matrimonio, debes comenzar poniendo el foco en ti mismo. Para empezar este difícil proceso, tendrás que cambiar en gran medida la manera en que piensas acerca de las relaciones. Como dijimos antes, muchas personas piensan que el cambio real solo puede ocurrir si su pareja cambia; no ven lo que ellas contribuyen al problema. Además, tienen dificultad para retroceder de las discusiones y reconocer que las discusiones siguen patrones, interacciones predecibles. Para empezar a cambiar tu manera de comprender tu papel en las relaciones, considera el siguiente conjunto de reglas como el inicio del aprendizaje de una nueva manera de ver las relaciones.

Regla Número 1: Todos los problemas de comunicación en el matrimonio son problemas bipersonales

Comprender la Regla Número 1 resulta esencial para empezar a considerar de manera diferente tu papel en el matrimonio. Comprender esta regla te ayudará a dejar de intentar cambiar a tu cónyuge. También te ayudará a ver los problemas de comunicación en tu matrimonio como un problema bipersonal. A su vez, esto puede ayudar a que te centres en tu papel en el problema.

Cuando la mayoría de las parejas empiezan terapia de pareja, están convencidas de que saben exactamente cuál es el problema: su compañera o compañero. No comprenden que sus interacciones han evolucionado en un patrón predecible, un patrón que mantiene el problema que están intentando resolver. En vez de ello, tienen la esperanza secreta (o no tan secreta) de que el terapeuta se dé cuenta de que el problema principal es su pareja, y que luego proceda a ayudar a su pareja a cambiar (por supuesto según sus especificaciones). O si están leyendo un libro de autoayuda sobre el matrimonio, su fantasía real es que su cónyuge también lea el libro y cambie milagrosamente. Con ese fin dejan el libro (abierto en las páginas pertinentes) en algún lugar de la casa, con la esperanza vana de que su cónyuge lo vea, lo lea, lo estudie y se transforme.

Para que pueda ocurrir cualquier cambio, se debe adoptar la Regla Número 1. Debes abandonar la fantasía de que tu matrimonio mejorará cuando tu pareja cambie. Obviamente es más fácil decirlo que hacerlo porque esta fantasía tarda en desaparecer. El cambio real en el matrimonio solo empieza cuando aumenta el foco en uno mismo, la habilidad de examinar tu propio papel en crear el problema. Esto significa que cada persona empieza a mirar menos a su pareja y más a lo que ella misma lleva a la interacción. El foco en uno mismo empieza con la pregunta: «¿Cómo estoy contribuyendo a este problema?».

Por supuesto, se trata de un paso enorme para la mayoría de las personas. Si escuchas las discusiones de la mayoría de las parejas, notarás un patrón familiar. Normalmente hay un debate del tipo fiscal / abogado defensor. Una persona es la fiscal, planteando puntos sobre sus preocupaciones, y la otra se pone a la defensiva. Pueden ir cambiándose los papeles, pero el patrón básico de fiscal / abogado defensor continua. Cada miembro de la pareja está convencido de que el problema está en el otro. Obviamente, una vez que inician este posicionamientos fiscal / defensor, no puede haber un ganador. Ninguno puede convencer al otro de su punto de vista.

Así que, siendo honesto contigo mismo, completa la siguiente oración.

Nuestro matrimonio mejoraría si mi esposo (o esposa)…

Supón que has rellenado la oración incompleta con esta frase: «dejara de ser tan retraído y distante». Así que la oración completada sería: «Nuestro matrimonio mejoraría si mi esposo dejara de ser tan retraído y distante».

Ahora, utilizando una manera de pensar completamente diferente, intenta describir este mismo problema como un problema bipersonal utilizando un lenguaje bipersonal. Aquí va un ejemplo de cómo funciona el lenguaje bipersonal: «Cuando le fastidio, mi esposo se retrae y se vuelve distante». Observa que el lenguaje bipersonal intenta incluir lo que ambas partes contribuyen a la interacción. Y más importante, te ayuda a identificar lo que tú estás contribuyendo al problema. Dado que la única persona a la que tú puedes cambiar es a ti mismo, enunciar las cosas con lenguaje bipersonal te permite comprender esos aspectos de tu propio comportamiento que puedes cambiar. Solo serás capaz de estudiar tu papel y contribución al problema una vez que seas capaz de comprender y describir cualquier problema como un problema bipersonal. Cuando aceptes esta regla, e intentes describir los problemas con un lenguaje bipersonal, la Regla Número 2 tendrá sentido.

Nota de Ben

Las cuatro reglas de los patrones de relación de pareja que Olsen y Stephens mencionan en su libro son:

  • No existen problemas unipersonales. Todos los problemas son cocreados.
  • Las parejas crean patrones de interacción que son mayores que ellos mismos.
  • Estos patrones tienen pasos predecibles que incorporan equilibrios.
  • Estos patrones tienen bucles de retroalimentación que se refuerzan entre sí.

Fuente:
David Olsen y Douglas Stephens, The Couple’s Survival Workbook [El cuaderno de ejercicios de supervivencia de pareja], Echo Point Books and Media, 2011, trad. Ben Carral.