Cómo confundir nuestro patrón habitual de discusión


Esta entrada se publicó en amor y está etiquetada con , , , , , , en por .

Por David Olsen (doctor en Psicología) y Douglas Stephens (magíster en Trabajo Social)

Trad. Ben Carral

Douglas StephensConfusión constructiva

El modo más eficaz de modificar tus maneras de responder es practicar el arte de la confusión constructiva. ¿Qué es la confusión constructiva? Es un intento de confundir a tu cónyuge simplemente dejando de hacer lo que siempre haces, y haciendo algo diferente y por tanto desconcertante. Cuando examinaste vuestras discusiones favoritas y observaste vuestras predecibles respuestas, probablemente te empezaste a dar cuenta de que las respuestas de tu pareja se ven afectadas en gran medida por lo que dices, al igual que por cómo lo dices. Así que ¿por qué no intentar un disparo con efecto y confundir a tu pareja haciendo algo completamente diferente?

El arte de la confusión constructiva se basa en la capacidad de predecir a dónde se encamina la interacción, de reconocer lo que hacemos habitualmente, cómo responde a ello nuestro cónyuge, y entonces hacer algo completamente diferente a lo esperado. Comprender esto nos da la capacidad de crear cambio a través de la confusión. En vez de seguir discutiendo, intenta confundir el patrón haciendo algo diferente a lo que habitualmente haces. Por ejemplo, si habitualmente eres el perseguidor que busca más tiempo con tu cónyuge, intenta hacer más amigos y no perseguir a tu pareja. Si habitualmente eres el que evita el conflicto, intenta iniciar una conversación sobre un asunto sensible. Si eres el que se distancia en la relación, sorprende a tu cónyuge sugiriendo un paseo después de cenar o un café relajado para compartir cómo ha ido el día. Si atacas o te pones a la defensiva, intenta simplemente escuchar sin responder, a no ser que una respuesta sea absolutamente necesaria. Y si lo es, pide a tu cónyuge más tiempo para pensar sobre el asunto antes de responder.

Técnicas de confusión

Ciertas técnicas pueden resultar bastante útiles para propiciar la confusión constructiva. Puede ser divertido observar la muestra de sorpresa y confusión en la cara de tu cónyuge cuando utilices estas técnicas. Tu cónyuge está acostumbrado a que funciones en maneras muy predecibles, y cuando introduces un cambio, no está seguro de cómo responder. A continuación presentamos cuatro técnicas de confusión. Piensa en cómo las puedes poner en práctica.

  1. La primera técnica es preguntar en vez de ponerse a la defensiva. En una discusión, nuestro patrón habitual es defendernos. Creemos erróneamente que si nos ponemos a la defensiva, de algún modo convenceremos a nuestro cónyuge de la validez de nuestra posición. Si lo has intentado, sabes lo inútil que resulta. La actitud defensiva nunca funciona; simplemente escala la interacción.

    En lugar de defender tu posición, intenta hacer preguntas. Cuando tu cónyuge exprese su punto de vista, intenta hacerle una pregunta en vez de responder inmediatamente. Por ejemplo: «No estoy seguro de lo que quieres decir, ¿podrías explicármelo un poco más?». O: «Realmente quiero comprender lo que estás diciendo, ¿podrías contarme más acerca de ello?». Esta técnica ralentiza la interacción y muestra a tu cónyuge que realmente estás interesado en responder en vez de en defenderte. Con frecuencia, si tu pregunta consigue ayudar a que tu cónyuge crea que realmente quieres comprender con más profundidad lo que está pensando o sintiendo, la discusión disminuirá de intensidad e incluso podría moverse en una dirección diferente.

  1. La segunda técnica es similar a la primera. Consiste en parafrasear lo que ha dicho tu cónyuge y hacer una comprobación para ver si realmente has comprendido. Utilizar esta técnica impide que la discusión escale más. Intenta parafrasear cuando descubras que la discusión está escalando y pasando a generalizaciones, y veas que te estás enganchando o poniendo demasiado a la defensiva. Por ejemplo: «Parece que desde tu perspectiva nuestros papeles no estuviesen equilibrados, y sientes que estás haciendo mucho más de lo que justamente te corresponde. ¿Te he comprendido correctamente?».

    Es una técnica muy eficaz si a tu cónyuge no le da un ataque al corazón. Obviamente requiere mucha disciplina. Sin embargo, cuando has empezado a ver hacia dónde se encaminan habitualmente vuestras discusiones y reconoces el predecible patrón de las mismas, utilizar algo de autodisciplina resulta muy deseable.

  1. Una tercera técnica consiste en permanecer centrado en el tema. Si has iniciado una conversación, asume la responsabilidad de mantenerla en el tema. Si tu cónyuge responde a uno de tus comentarios con: «Así que estás diciendo que soy un padre terrible», tu respuesta podría ser: «Para nada estoy diciendo eso. Realmente eres un buen padre, pero me preocupa que tu horario de trabajo te esté impidiendo pasar suficiente tiempo con nuestros hijos». Si tu cónyuge intenta otra escalada: «Realmente no entiendes la presión que tengo encima», podrías tener la tentación de responder: «Déjame que te hable de presión». En lugar de ello podrías responder: «Sabes que realmente quiere comprender la presión que tienes encima, pero ahora mismo solo quiero que escuches mi preocupación. Me preocupa que no estés pasando suficiente tiempo con nuestros hijos».En este ejemplo, el cónyuge que planteó la preocupación inicial asume la responsabilidad de evitar que la conversación escale a demasiados temas diferentes. De nuevo, esto requiere gran autodisciplina. Pero nunca se ha logrado nada sin ella.
  1. Una cuarta técnica consiste en pedir un tiempo muerto. A veces, cuando una discusión se está volviendo demasiado volátil emocionalmente, tu mejor técnica de confusión es decir: «Ahora mismo estoy tan a la defensiva que solo voy a empeorar las cosas. ¿Podemos coger un tiempo muerto y regresar al tema más tarde?». Este pequeño tiempo muerto puede evitar mucho dolor. Es mucho más eficaz que decir lo que podrías decir si hablaras enfadado. Por supuesto, también significa que retomarás la conversación en un futuro próximo. De otro modo simplemente estás evitando el conflicto, y tu pareja se sentirá resentida por ello. Coger un tiempo muerto es una manera de ralentizar una interacción poderosa para poder retomarla más tarde cuando estés calmado.

Dado lo que hemos dicho sobre las discusiones: que son predecibles y escalan en maneras predecibles, un ejercicio muy útil es desarrollar una lista de reglas básicas. ¿Qué son las reglas básicas? Piensa en la diferencia entre una pelea callejera y un combate de boxeo. En una pelea callejera vale todo. Los combatientes golpean donde pueden, con cualquier arma que puedan encontrar. No hay reglas y vale todo. Simplemente es la supervivencia del más fuerte. En contraste, aunque el boxeo pueda resultar un poco bárbaro, hay reglas definidas. Hay lugares en los que puedes golpear, y lugares en los que no. Hay límites de tiempo, un árbitro y un ring en el que debe tener lugar la pelea.

A veces, las parejas pelean como peleadores callejeros. No tienen reglas, golpean «por debajo de la cintura», sacan a relucir el pasado, escalan de manera rápida y ciertamente no tienen límites de tiempo. Al igual que los boxeadores, necesitan reglas básicas. Aquí van algunos ejemplos de reglas básicas:

  • No discutir delante de los niños.
  • No sacar a relucir asuntos del pasado.
  • No insultar.
  • No mantener conversaciones intensas después de medianoche.

Cuando hayas comprendido la manera en que tu cónyuge y tú escaláis una riña, deberías hacer una lista de reglas básicas que tú cónyuge y tú podáis estar de acuerdo en respetar. Si te resulta difícil encontrar las reglas básicas, pregúntale a tu pareja qué haces tú para que las discusiones se vuelvan tan difíciles. Intenta imaginar entonces qué puedes hacer de manera diferente. Si podéis establecer algunas reglas básicas, ponlas por escrito.

Finalmente, sé concreto cuando le hagas una petición a tu cónyuge. Date cuenta de que a medida que escalan las discusiones, las cosas se generalizan cada vez más, y entonces resolverlas se vuelve cada vez más difícil. Poniendo el foco en ti mismo, pregúntate: «¿Qué quiero realmente?». Ahora intenta convertir la respuesta en una petición conductual positiva. «Por favor, deja de fastidiarme» no es una declaración positiva. Pregunta: «Cuando estoy describiendo mi día, me gustaría que simplemente me escucharas durante diez minutos para que me ayude a relajarme», o: «Después de cenar me gustaría dar un paseo de quince minutos contigo para ponernos los dos al día». O: «Me gustaría salir a cenar o al cine una vez al mes sin los niños».

Obviamente todo esto es mucho trabajo que requerirá un montón de disciplina. Poner el foco y cambiarse a uno mismo requiere una enorme cantidad de energía. Sin embargo, al final es menos trabajo que vivir con el dolor crónico de empeorar los problemas y vivir con un matrimonio menos que satisfactorio.

Fuente:
David Olsen y Douglas Stephens, The Couple’s Survival Workbook [El cuaderno de ejercicios de supervivencia de pareja], Echo Point Books and Media, 2011, trad. Ben Carral.