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Cómo solucionar los cuatro problemas más comunes de las relaciones (2.ª parte)


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Por Eric Barker (escritor)

Trad. Ben Carral

Viene de: Cómo solucionar los cuatro problemas más comunes de las relaciones

Eric BarkerEl mejor predictor de lo buena que es una relación

Lo puedes hacer tú mismo: Si alguien te pregunta por el relato de vuestra relación, ¿qué clase de historia cuentas?

Cuando tu pareja describe vuestra relación a otras personas, ¿qué clase de historia cuenta?

¿La historia minimiza los aspectos negativos y celebra los positivos? ¿Te hizo parecer genial?

¿O se centró en lo que va mal? ¿Habla de lo que ese idiota hizo esta semana que estuvo completamente equivocado?

Esta simple historia de nosotros predice qué relaciones tienen éxito y cuáles fracasan. En palabras de John:

Nuestra mejor predicción del futuro de una relación se basa en la historia de nosotros de la pareja. Es una valoración final siempre cambiante de la relación y del carácter de tu pareja. Algunas personas desarrollaban una historia de nosotros que era muy negativa en la que realmente describían todos los problemas de la relación. Realmente enfatizaban lo que faltaba. Las expertas hacían lo contrario: minimizaban las cualidades negativas que todos tenemos y apreciaban las cualidades positivas de su pareja. Alimentan la gratitud en vez del resentimiento.

¿Hay alguna parte de una conversación de pareja que sea crítica? De hecho sí la hay.

La parte más importante de una conversación de pareja

Es el comienzo. El 96% de las veces, John puede predecir el resultado de una conversación en los primeros tres minutos. En palabras de John:

La negatividad se alimenta a sí misma y hace que la conversación siga negativa. También hicimos siete años de investigación sobre qué hacen las expertas para reparar esa negatividad. Una de las cosas más poderosas es decir: «Oye, no es todo culpa tuya, sé que yo tengo mi parte en ello. Hablemos de lo que es cosa mía y de lo que es cosa tuya». Asumir la responsabilidad es muy importante para la reparación.

La manera de empezar esas conversaciones serias de pareja no solo predice cómo irá la conversación, sino que también predice el divorcio tras seis años de matrimonio.

En Principia Amoris: The New Science of Love [Principia Amoris: La nueva ciencia del amor], John dice:

[…] sirvió para predecir su destino con una precisión elevada en un periodo de seis años. Las predicciones que realizamos sobre el futuro de las parejas se validaron en siete estudios diferentes, fueron válidas en parejas heterosexuales y homosexuales y siguieron siendo válidas durante toda la vida.

Así que ¿hablas e inicias las conversaciones con un estado positivo y calmado? Estupendo. Ahora deberías dejar de hablar. ¿Por qué?

Cuando le pregunté a John qué era lo mejor para mejorar una relación, dijo: «Aprende a ser un buen escuchante».

Las expertas saben cómo escuchar. Cuando su pareja tiene un problema, lo dejan todo y escuchan de manera no defensiva y con empatía. En palabras de John:

En las relaciones realmente malas, las personas se comunican: «Cariño, cuando sientes dolor, cuando estás infeliz, cuando estás herida, no voy a estar ahí para ti. Trata con ello tú sola o tú solo, encuentra a algún otro con quien hablar porque no me gusta tu negatividad. Estoy ocupado u ocupada, realmente estoy liada con los niños, realmente estoy liado con mi trabajo». Mientras que las expertas tienen el modelo de: «Cuando estás infeliz, incluso si es conmigo, el mundo se detiene y escucho».

Y algunas veces lo mejor al inicio de una discusión de pareja es detenerla inmediatamente. ¿Por qué?

El 69% de los problemas de pareja son perpetuos. No se van a resolver.

Pedirle a alguien que cambie fundamentalmente su personalidad no va a funcionar, sino que le hará enfadar. En palabras de John:

En los estudios que realizamos Bob Levenson y yo, volvimos a llevar a las parejas al laboratorio cada dos años para descubrir acerca de qué reñían. Y las personas solo resolvieron cerca del 31% de sus desacuerdos. Puedes poner juntas esas cintas de vídeo y parecerá la misma conversación una y otra vez durante 22 años. Las expertas aprenden a aceptar lo que no va a cambiar y a centrarse en lo positivo. Parecen decir: «Aquí hay un montón de cosas buenas y puedo ignorar las que me fastidian».

Bueno, este es un montón de material estupendo. Vamos a redondearlo y finalizar con lo que más me impresionó de lo que dijo John.

Resumen

Aquí está lo que John tenía que decir:

  1. Las cuatro cosas que matan las relaciones: la crítica, la actitud defensiva, el desprecio y la actitud evasiva.
  2. Las tres cosas que las previenen: conocer a tu pareja, responder positivamente a sus peticiones y admirarla.
  3. El mejor predictor del éxito de la relación es cómo contáis vuestra historia de nosotros tu pareja y tú.
  4. El inicio de la conversación es crucial. La negatividad se agrava. Mantén la cabeza fría y resiste la inercia emocional.

Una última cosa que realmente me impresionó: Lo que hace que las parejas sean felices se parece mucho a lo que propicia la felicidad en general.

La investigación demuestra que las personas felices buscan lo positivo y se muestran agradecidas por ello. Las personas infelices encuentran negatividad en todo.

En las relaciones se produce una dinámica muy parecida: Las expertas exploran su relación en busca de las cosas buenas; las desastrosas siempre se están fijando en lo malo.

Y no solo eso, la manera de ver el mundo de las expertas realmente es más preciso. En palabras de John:

Las personas que tienen este hábito mental negativo pasan por alto el 50% de la positividad que ven observadores externos objetivos. Así que el hábito mental positivo en realidad es más preciso. Si tienes un hábito mental negativo, realmente estás distorsionando hacia lo negativo y no ves lo positivo. No es que las personas con el hábito mental positivo dejen de ver lo negativo (lo ven), pero realmente enfatizan lo positivo en términos del impacto que tiene en ellas. Esa es la diferencia.

Escoge ver lo positivo. Puede provocar una cascada:

  • Es alimento para una buena historia de nosotros.
  • Probablemente empezarás las conversaciones de pareja con buen pie.
  • Admirarás a tu pareja.
  • Y así sucesivamente…

Algunas de las mismas cosas que te hacen feliz pueden mejorar tus relaciones, y viceversa. ¿Qué hay mejor que eso?

Fuente:
Eric Barker, «The 4 Most Common Relationship Problems — and How to Fix Them», en Time.com, 11 de diciembre de 2014, visita: 14 de diciembre de 2014, trad. Ben Carral.

Cómo solucionar los cuatro problemas más comunes de las relaciones


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Por Eric Barker (escritor)

Trad. Ben Carral

Eric BarkerTodo el mundo tiene problemas en las relaciones. Y en ocasiones los tiene una y otra vez.

La mayoría de las personas que dan consejo no conocen la investigación. Así que ¿dónde se encuentran las respuestas de verdad?

Decidí llamar a un experto: el doctor John Gottman.

Quizá le recuerdes como el investigador del libro Blink de Malcom Gladwell que, después de solo unos minutos, podía predecir si una pareja terminaría divorciada.

John es profesor emérito de la Universidad de Washington y cofundador del Gottman Institute. Ha publicado más de 190 artículos y ha escrito más de 40 libros, incluidos:

  • Principia Amoris: The New Science of Love [Principia Amoris: La nueva ciencia del amor]
  • The Seven Principles for Making Marriage Work (Siete reglas de oro para vivir en pareja)
  • The Relationship Cure: A 5 Step Guide to Strengthening Your Marriage, Family, and Friendships (Guía del amor y la amistad)

También es un tío muy guay. John obtuvo comprensiones poderosas al estudiar a parejas que se desarrollan bien (a las que llama expertas) y parejas que no (a las que llama desastrosas).

Bueno, ¿qué vas a aprender en este artículo?

  1. Las cuatro cosas que condenan las relaciones
  2. Las tres cosas que previenen esas cuatro cosas
  3. La parte más importante de cualquier conversación de pareja
  4. El mejor predictor de si una relación está funcionando (Es tan fácil que lo puedes hacer en dos minutos.)

¿Quieres ser un experto en vez de un desastroso? ¡Vamos a ello!

Los cuatro jinetes del apocalipsis de las relaciones

John ha estudiado a miles de parejas durante su carrera de 40 años. Hay cuatro cosas que surgían una y otra vez e indicaban que una relación iba a tener problemas. Las desastrosas las hacían mucho y las expertas las evitaban.

1: Crítica

Es cuando una persona señala a su pareja y dice que el problema es su personalidad o carácter. En palabras de John:

La crítica consiste en presentar el problema de una relación como un fallo de carácter del cónyuge. Las expertas hacían lo contrario: se señalaban a sí mismas y realmente tenían un modo muy amable de iniciar la conversación, minimizando el problema y hablando de lo que sentían y necesitaban.

Damas, ¿estáis escuchando? Porque la crítica es algo que las mujeres hacen mucho más que los hombres. (No os preocupéis, enseguida trataremos de con cómo la fastidian los chicos.)

2: Actitud defensiva

Es responder a los asuntos de la relación contraatacando o lloriqueando. En palabras de John:

El segundo jinete era la actitud defensiva, que es una reacción natural al ser criticado. Toma dos formas: contraatacar o actuar como una víctima inocente y lloriquear. De nuevo, las expertas eran muy diferentes incluso cuando su pareja era crítica. Aceptaban la crítica, o incluso asumían la responsabilidad de parte del problema. Decían: «Háblame, quiero escuchar cómo te sientes acerca de esto».

3: Desprecio

Es el predictor número 1 de las rupturas. El desprecio es actuar como si fueras mejor persona que tu pareja. En palabras de John:

El desprecio consiste en menospreciar a tu pareja cuando hablas con ella, insultándola o actuando como si fueras superior. No solo predecía la ruptura de la relación, sino que cuando medíamos la salud, también predecía el número de enfermedades infecciosas que tendría el destinatario del desprecio en los próximos cuatro años.

4: Actitud evasiva

Consiste en desconectar o dejar de prestar atención. De manera pasiva le dice a tu pareja: «No me importa». Y el 85% de las veces son los chicos quienes lo hacen.

Bien, esto es lo que mata una relación. Naturalmente querrás saber que evita que sucedan estas cosas, ¿verdad?

Tres cosas para decir adiós a los jinetes

Al observar a las expertas, John vio qué prevenía la espiral negativa de los cuatro jinetes:

1: Conoce a tu pareja

John llama a esto construir mapas de amor. Consiste en conocer realmente a fondo a tu pareja. Era una de las armas más poderosas de las expertas. En palabras de John:

Un mapa de amor es como un mapa de carretera que haces del mundo psicológico interior de tu pareja. Las expertas siempre hacían preguntas sobre su pareja y revelaban detalles personales acerca de sí mismas.

¿Por qué resulta tan extraño? Requiere tiempo. Y las desastrosas no se lo tomaban. De hecho, la mayoría de las parejas no se toman ese tiempo necesario.

John citó un estudio que muestra que las parejas con hijos hablan entre sí 35 minutos a la semana. Sí, 35 minutos.

E incluso la mayor parte de ese tiempo hablaban solo de temas logísticos: «¿Cuándo estarás allí?», «No te olvides de coger leche?», no de temas realmente personales como las expertas.

2: Responde positivamente a las peticiones

Todos realizamos frecuentemente pequeñas peticiones de la atención de nuestra pareja.

Dices algo y quieres que responda. Que se implique. Puede ser tan simple como decir: «Un día agradable, ¿verdad?».

Es casi como un videojuego: cuando la persona responde de manera positiva («acoge la petición»), vuestra relación gana un punto.

Cuando no responde o responde de manera negativa, la relación pierde un punto… o cinco. En palabras de John:

Las parejas que se habían divorciado seis años después solo acogieron las peticiones el 33% de las veces. Las parejas que siguieron juntas acogieron las peticiones el 86% de las veces. Una diferencia enorme.

Las parejas con una puntuación elevada construyen equidad relacional. Son capaces de reparar los problemas. Son capaces de reír y sonreír incluso cuando discuten. Y eso supone una gran diferencia. En palabras de John:

Si acoges las peticiones con una frecuencia elevada, tienes un sentido de humor durante el conflicto. El humor es muy poderoso porque reduce la excitación fisiológica durante las discusiones y esto se ha replicado en varios estudios.

3: Muestra admiración

¿Alguna vez has escuchado a alguien locamente enamorado hablar sobre su pareja? Suenan totalmente delirantes. Actúan como si la otra persona fuera una superhéroe. Una santa.

Y la investigación demuestra que es perfecto. Las expertas ven a su pareja como mejor de lo que realmente es. Las desastrosas la ven como peor de lo que realmente es.

La admiración tiene que ver con la historia que te cuentas a ti mismo sobre tu pareja. Y eso nos lleva a cómo predecir si tu relación está funcionando…

Sigue en: Cómo solucionar los cuatro problemas más comunes de las relaciones (2.ª parte)

Fuente:
Eric Barker, «The 4 Most Common Relationship Problems — and How to Fix Them», en Time.com, 11 de diciembre de 2014, visita: 14 de diciembre de 2014, trad. Ben Carral.

Aprendiendo a de-escalar


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Por Ellen Wachtel (doctora en Psicología)

Trad. Ben Carral

Aprendiendo a de-escalar

Riña de pareja[Nota de Ben: Una de las cuatro señales de peligro en la comunicación que han identificado Howard Markman y sus colegas (todos ellos doctores en Psicología) es la escalada de las conversaciones, es decir, cuando empezamos a hablar de algo y la conversación se pone cada vez más fea, por lo que resulta esencial que aprendamos el arte de detener las escaladas destructivas.]

Dominar nuevas maneras de comunicarse lleva tiempo, práctica y paciencia, y te puedes encontrar en medio de una discusión incluso antes de terminar este capítulo. Cuando una discusión comienza a escalar ya no os escucháis el uno al otro, y no tiene sentido seguir intentando hacerte entender. Estas discusiones nunca terminan bien. Normalmente las dos partes se sienten extremadamente frustradas y pierden la esperanza de que su pareja les llegue a comprender y acepte su punto de vista. Puede que estés deprimido o hirviendo de ira. Puede que te sientas completamente  malentendido y emocionalmente aislado. Y peor todavía, estas discusiones pueden alcanzar un nivel físico o abusivo por pura desesperación.

Muchas parejas con las que trabajo minimizan el aspecto físico de sus discusiones. A menudo la persona que ha sufrido el abuso no lo menciona, sobre todo para evitar humillarse a sí misma o a su pareja al hablar de ello con franqueza. Algunas personas minimizan la violencia porque sienten vergüenza de seguir en una relación abusiva. A menudo, la persona que ha sido asaltada minimiza el incidente porque se siente culpable de «provocarlo». Incluso si la fuerza física ocurre de manera infrecuente, tiene consecuencias serias y debe ser controla. En una relación, el miedo no propicia el amor ni la intimidad.

Los siguientes pasos para prevenir las escaladas se aplican a las discusiones que conducen a la violencia y también a otras discusiones intensas. Pero si te encuentras en una relación donde suceden de manera regular golpes, empujones, sacudidas, arañazos, pellizcos, bofetadas o puñetazos, deberías buscar ayuda profesional incluso si nadie resulta dañado por la violencia. Las estrategias que siguen ponen fin a estas «discusiones infernales», incluso aunque los asuntos sobre los que discutís no se resuelvan del todo.

Paso 1: Establecer una regla STOP

Debéis acordar que si cualquiera de vosotros siente la conocida inutilidad de una discusión que se está escapando de control, esa persona pedirá un cese de la discusión. Cualquiera de vosotros puede pedir un alto el fuego. A menudo, una persona en la interacción pensará que están teniendo una conversación que es importante tener en ese momento; no una discusión. Esto no debería invalidad la regla STOP. Solo hace falta que uno de vosotros se sienta incómodo con esta disputa para invocar la regla. Escribid esta regla STOP en una tarjeta y guardadla en un lugar donde la veáis con frecuencia. A muchas personas les gusta la idea de guardarla en el cajón de los calcetines o la ropa interior, pues se trata de un lugar privado que verán a diario. La regla debería decir simplemente: Acordamos respetar el deseo del otro de parar la discusión, incluso aunque uno de nosotros piense que no se trata de una discusión que está escalando.

Paso 2: Aprender a reconocer cuándo un desacuerdo está escalando en una discusión fea

Probablemente ya sepas reconocer cuándo una conversación está cerca de convertirse en una discusión. Aquí van algunas señales:

  • ¿Estás pensando: «¡Oh, no, aquí vamos de nuevo!» ?
  • ¿Tienes el sentimiento desazonador de que estáis entrando en una zona en la que tenéis diferencias de opinión extremas y donde las conversaciones anteriores nunca han llevado a un acuerdo de ideas?
  • ¿Sientes como si estuvierais yendo en círculos?
  • ¿La discusión se está enredando tanto que ya ni siquiera estáis seguros de lo que cada uno está hablando?
  • ¿Uno de vosotros o los dos estáis empezando a decir cosas muy dolorosas?

Estas son las señales de que la discusión ha escalado, y uno de vosotros debería ejercitar vuestra opción de pedir un cese de la discusión.

Paso 3: Desconecta y permite que tu pareja se retire

No es fácil detenerse en plena conversación, especialmente si sientes que estás a punto de hacerte entender. Puede resultar muy frustrante cuando tu pareja dice que no quiere seguir hablando.

Puede que te sientas molesto porque tu pareja está evitando tu ira legítima, pero es importante que recuerdes que no resultará productivo seguir hablando algo cuando tu pareja piensa que las cosas están escalando. Más adelante hablaremos de qué hacer si sientes que tu cónyuge evita los conflictos. Pero por ahora es importante que los dos reconozcáis las señales de las discusiones destructivas y detengáis la interacción cuando cualquiera de vosotros se sienta incómodo. Si tu pareja dice algo como: «No quiero hablar más de ello», «Tengo que salir de aquí» o «Esto no está yendo a ninguna parte», debes encontrar un modo de posponer la conversación hasta un momento en el que podáis hablar de manera más productiva.

Planea con antelación qué vas a hacer para calmarte cuando te pares en plena conversación. En mi trabajo con pacientes siempre les pido que piensen en qué les ha calmado o elevado el ánimo cuando estuvieron molestos en el pasado. Hacerte esta pregunta con antelación puede resultar sorprendentemente beneficioso. A menudo, las personas no han pensado en qué les ayuda a recuperar su equilibrio emocional, pero con un poco de esfuerzo casi todo el mundo puede pensar en algo.

Algunas personas sienten que no deberían distraerse a sí mismas cuando están molestas. Este tipo de pensamiento no ayuda. De hecho, la capacidad de distraernos nos permite controlar nuestros pensamientos en vez de permitir que ellos nos controlen a nosotros.

Así que pregúntate qué funciona bien para ti. ¿Te ayudaría poner por escrito lo que no pudiste terminar de decir? ¿Te calma estar un rato a solas? ¿Escuchar música te cambia el ánimo? ¿Trabajar con el ordenador? ¿Cocinar? ¿Mirar la televisión? ¿Leer? Incluso limpiar un armario podría ayudar cuando necesitas desconectar de una discusión fea. Por supuesto, si tenéis hijos es probable que no puedas quedarte solo. Así que piensa en algunas actividades que puedas realizar mientras los cuidas, como pintar o dibujar con ellos, jugar a la pelota o ayudarles con los deberes. Muchas personas encuentran útil llamar a un amigo o familiar cercano. Pero piensa con antelación quién es una influencia que te da tranquilidad. ¿Cuál de tus amigos te ayuda a mantener las cosas en perspectiva?

Escribe estas actividades que te calman y guarda la lista en un lugar fácilmente accesible para que no te olvides de qué te ayudará a desconectar de la discusión cuando estés molesto.

Recuerda los sentimientos positivos que tienes hacia tu pareja. Te resultará más fácil desconectar de una discusión que está escalando si recuerdas que ayer mismo te sentías muy cercana a esta persona con la que ahora estas enfurecida. A mucha gente le resulta difícil mantener una imagen de la persona completa cuando está enfadada. Algunas personas utilizan el mecanismo psicológico de escisión: una persona es toda buena o toda mala. En vez de reconocer a tu pareja como alguien a quien amas y que en este momento te está haciendo enfadar mucho, escindir te lleva a olvidar los buenos sentimientos que están presentes la mayor parte del tiempo. En vez de ello le experimentas solo como malo, mezquino o indiferente. La escisión hace que sientas solo amor o solo odio, sin integrar los sentimientos en un todo más complejo y realista. Cuando estás enfadada, tiendes a preguntarte si le amas o si alguna vez le has amado.

Cuando estás enfadada, lo más probable es que se esfumen los sentimientos terroríficos y confusos si intentas pensar conscientemente en momentos de intimidad. Las personas tienen más control sobre sus pensamientos de lo que se dan cuenta. Puedes pasar de pensar que realmente no le quieres a recordar ocasiones en las que te dio apoyo y cuidó de ti. Puedes sacar de tu banco de memoria el sentimiento de intimidad durante el sexo, o cuando estáis acurrucados viendo la televisión, o cuando os reís de un chiste privado o cuando esperáis con ganas salir juntos un sábado de noche. Si tiendes a escindir los sentimientos positivos  cuando estás enfadada, te sorprenderá lo fácil que regresan si haces el esfuerzo consciente de recordar los positivos. Y descubrirás que esta perspectiva te ayudará a calmarte más fácilmente.

Calmaos mediante la separación física el uno del otro. Si tu pareja y tú tenéis un historial de discusiones que se vuelven físicas, es importante establecer espacios al que cada uno de vosotros se pueda retirar, sabiendo que este espacio está vedado para tu cónyuge.

Habitualmente no es necesario abandonar la casa si sabes que algún rincón de la misma será tu santuario temporal. Ambos necesitáis acordar no perseguir al otro a ese espacio.

  • No dar portazos
  • No hablar a través de puertas o ventanas
  • No pasar notas por debajo de las puertas

Pensad en este lugar por adelantado y escribidlo como parte del acuerdo, que pondréis en un lugar donde podáis verlo todos los días.

Paso 4: Establecer una fecha para volver a hablar del asunto

Muchas personas tienen dificultades para alejarse de una discusión. Al estar muy implicadas en el asunto del momento, no quieren guardarlo bajo la alfombra. Por esta razón, haz el esfuerzo de establecer una hora definitiva en la que tu pareja y tú volváis a tratar el problema. En mi experiencia, la discusión empezará de nuevo si habláis de ello cuando aún seguís dolidos por las palabras dañinas que se han dicho. Dejad que al menos pasen veinticuatro horas antes de volver a enfrentar los asuntos. Cuanto más tiempo pase, más fácil os resultará acercaros al desacuerdo de manera productiva.

Y lo más importante:

Paso 5: Cuando pidáis un cese de la discusión, cada uno de vosotros debe acordar honestamente considerar el punto de vista del otro

Decir y tener la intención real de pensar en lo que se ha dicho ayuda a superar la discusión. No puedo enfatizar lo suficiente que debes ser absolutamente sincero acerca de tu voluntad de pensar en lo que ha dicho tu pareja. Debes acordar reconocer la perspectiva de tu pareja e intentar ponerte en el lugar de él o de ella. Si lo has hecho, descubrirás que cuando retoméis la conversación dos o tres días después, cada uno tendrá algo diferente que decir y es más probable que encontréis un lugar de encuentro común. Si seguís este consejo, estaréis bien encaminados hacia una relación más armoniosa.

Fuente:
Ellen Wachtel, We Love Each Other, But… [Nos amamos, pero…], Golden Books Publishing, 1999, trad. Ben Carral.

Piensa mal y acabarás con tu relación


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Por Ben Carral (profesor de meditación y experto en relaciones; estudiante de Psicología)

Ben CarralHoward Markman, Scott Stanley y Susan Blumberg (todos ellos doctores en Psicología) nos cuentan en su Fighting for Your Marriage (Salve su matrimonio) (3.ª edición, John Wiley & Sons, 2010) que una de las cuatro señales de peligro en la comunicación (conductas que ponen en grave riesgo nuestras relaciones) son las interpretaciones negativas. Y esto entronca con lo que los budistas llaman comprensión correcta o punto de vista correcto.

Según los budistas, uno de los ocho pasos del llamado camino óctuple hacia la felicidad (o, mejor, hacia la satisfacción) es la comprensión correcta, que básicamente consiste en ver las cosas tal como son. En otras palabras, se trata de interpretar la realidad de manera correcta, de ver con objetividad lo que está ocurriendo. Es evidente que entender las situaciones de manera imparcial nos ayuda a gestionarlas adecuadamente. Por eso, una buena idea es preguntarnos a menudo: «¿Estoy seguro?».

Pues bien, volviendo al mundo de las relaciones, Markman y sus colegas nos advierten de que pensar mal de las intenciones de nuestra pareja es uno de los caminos que seguramente nos llevarán a experimentar problemas graves. Cuando nuestra pareja hace o dice algo que nos sienta mal, puede que tengamos la tendencia de asumir que su intención ha sido negativa, que realmente no le importamos y que nos ha querido hacer daño. Pero ¿estamos seguros?

Leer la mente de los demás es un ejercicio peligroso, especialmente cuando hacemos lecturas negativas de sus intenciones. A falta de una evidencia sólida, es más seguro conceder el beneficio de la duda antes que asumir lo peor. Quizá nuestra pareja no quiso dañarnos después de todo, quizá no prestó la atención suficiente porque está pasando un mal día. También podemos preguntarnos: «¿Cuál es su intención positiva?», es decir, qué quería conseguir cuando dijo o hizo aquello que nos ha hecho sentir mal. ¿Podemos hablar con amabilidad y cariño? ¿Podemos acercarnos a ella y compartir nuestro dolor? ¿Podemos preguntarle sinceramente cómo se encuentra e interesarnos por ella? Así empezamos a entender la situación con más claridad y emprendemos un camino más saludable.

Markman y sus colegas también hacen referencia a un estudio de Frank Fincham y Thomas Bradbury (ambos doctores en Psicología) gracias al cual descubrieron que albergar pensamientos negativos acerca de los demás hace más probable que nos respondan con hostilidad y rechazo. Y aunque a veces es necesario enfrentar la hostilidad y el rechazo (por ejemplo, son dos armas utilizadas a menudo por los manipuladores), por lo general resulta más conveniente evitarlo en la medida de la saludablemente razonable.

Por su parte, Amir Levine (doctor en Psiquiatría) y Rachel Heller (magíster en Psicología) nos cuentan en su Attached (Maneras de amar) (Tarcher/Penguin, 2010):

Una palabra general de consejo: Siempre es más eficaz asumir lo mejor en situaciones de conflicto. De hecho, esperar lo peor (lo que resulta típico en personas con estilos de apego inseguros) a menudo funciona como una profecía autocumplida. Si asumes que tu pareja actuará de manera dañina o te rechazará, automáticamente responderás a la defensiva, comenzado así un círculo vicioso de negatividad.

Por tanto, haríamos bien en no dar las cosas por sentado y conceder al menos el beneficio de la duda a nuestra pareja. Tampoco se trata de verlo todo de color rosa porque sí, sino de intentar ser objetivos y actuar desde la empatía. «¿Estoy seguro de que mi pareja ha querido dañarme? ¿Estoy seguro de que no le importo?» Probablemente no, así que resulta más adecuado y saludable pensar que quizá no quiso hacerme daño y que realmente sí le importo. Todos cometemos errores, especialmente cuando estamos sometidos a mucho estrés. Quizá mi pareja necesite mi cariño ahora más que nunca. Quizá estemos realizando una lectura más negativa de la cuenta porque nosotros mismos estamos teniendo un mal día.

En resumen, las interpretaciones negativas nos llevarán a experimentar problemas graves, por lo que, ante la ausencia de una evidencia bien sólida, es mejor ser generosos y pensar bien de nuestra pareja (de cualquier persona en realidad), acercarnos a ella con empatía y amabilidad. De esta manera, podemos convertir un pequeño conflicto en una maravillosa oportunidad para profundizar amorosamente nuestra relación.

Abrázame fuerte (2.ª parte)


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Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Viene de: Abrázame fuerte

Sue JohnsonReparando los vínculos

Durante años, los terapeutas han visto estos diálogos demoniacos como luchas de poder. Han intentado resolver las peleas de las parejas enseñándoles habilidades de resolución de problemas. Pero es un poco como ofrecer un Kleenex para curar una neumonía vírica. Ignoran las cuestiones de apego que subyacen a la pauta. Desde el punto de vista del apego, la cuestión no se trata de conflicto ni de control, sino de distancia emocional.

Y lo que resulta frustrante para las personas es no saber cómo eliminar esa distancia emocional. En mi consulta, los hombres me dicen a veces: «Hago todo tipo de cosas para mostrar que me preocupo. Corto el césped, traigo un buen salario, soluciono problemas y no tengo líos. ¿Por qué al final todas estas cosas no parecen importar y todo lo que cuenta para mi mujer es que hablemos de temas emocionales y nos abracemos?». Les digo: «Porque así es como estamos hechos. Necesitamos que alguien nos preste atención de verdad, que nos agarre fuerte. ¿Has olvidado que tú también lo necesitas?».

Cuando peleamos con nuestras parejas, tendemos a seguir la pelota según pasa la red, prestando atención al último ataque que nos lanzan; y no a si queremos participar en el juego en primer lugar. Es posible escapar de los diálogos demoniacos, pero el primer paso es ser conscientes del mismo juego, no limitarnos a seguirlo. Una vez que os dais cuenta de que estáis atrapados en vuestra pauta de discusión, podéis acordar detener todo el partido.

Las decepciones forman parte de toda relación. Pero siempre puedes elegir cómo gestionarlas. ¿Reaccionarás a la defensiva, por miedo, o con un espíritu de comprensión? Digamos que tu pareja dice: «Esta noche no me siento con ganas de sexo». Puedes tomar una respiración profunda, pensar en lo mucho que ella te quiere y decir: «Vaya, es una pena. Realmente me apetecía». O puedes soltar sarcásticamente: «¡Vale! Bueno, ya nunca hacemos el amor, ¿verdad?».

Por supuesto, si se ha pulsado tu botón de pánico y tienes las emociones hirviendo, puede que sientas que no tienes elección. Pero el mero hecho de ser consciente de que ha sido pulsado te puede ayudar a calmarte. Puedes pensar para ti mismo: «¿Qué está sucediendo aquí? Estoy gritando. Pero dentro me estoy sintiendo realmente pequeño». Entonces puedes decirle a tu pareja: «Realmente estoy muy asustado; me siento dolido».

Si das el salto de fe y respondes con una petición de reconexión así, tienes que esperar que tu pareja también lo va a hacer, en vez decir algo doloroso como: «Bueno, estás siendo estúpido y difícil». Esa es la parte delicada de las relaciones. Para cambiar el baile, las dos personas tienen que cambiar sus pasos.

Simplemente aceptar tus necesidades de apego en vez de sentirte avergonzado de ellas es un primer paso grande y necesario, y se aplica a las personas solteras al igual que a las emparejadas. Un soltero podría decir: «Me encuentro deprimido porque estoy solo, y sé que no me debería sentir solo. Sé que debería ser independiente». Bueno, por supuesto que te encuentras deprimido si te sientes solo, y ¡encima vas y te ensañas contigo mismo por ello! Cuando te sientes avergonzado, tiendes a ocultarte de los demás, poniendo en marcha un círculo vicioso que prácticamente asegura que no encontrarás la conexión social que necesitas.

Tactos sanadores

A menudo, un hombre me dirá: «Aunque realmente crea que ella me necesita o se encuentra asustada, ¡no sé qué hacer!». Terminará preparándole a su mujer una taza de té, lo que resulta muy amable, pero no es lo que hace falta. Sin embargo, si le hubiera puesto la mano en el hombro y la hubiera acercado hacia él, su petición de reconexión hubiese tenido mucho más éxito.

A menudo, los hombres no saben qué hacer. Y, sin embargo, los hombres sí saben calmar; lo hacen con sus hijos, arropándoles por la noche y susurrándoles con delicadeza. La diferencia es que ven la vulnerabilidad de sus hijos y responden a ella. Sin embargo, cuando miran a su mujer, solo ven a alguien que les juzga. Pero ella también se siente vulnerable.

Tocar es la manera más básica de conectar con otro ser humano. Tomar la mano de tu pareja cuando se siente nerviosa o tocarle en el hombro en medio de una discusión puede calmar inmediatamente la ansiedad y la ira.

Durante los últimos años, el mundo de la terapia ha estado obsesionado con mantener los límites. Yo digo que nuestro problema es justo el contrario; estamos todos aislados los unos de los otros.

Si observas a dos personas enamoradas, se tocan todo el tiempo. Si observas a dos personas que, después de haber caído en los diálogos demoniacos, están encontrando el modo de volver a una relación amorosa, también se tocan más. Literalmente contactan el uno con el otro. Es una señal tangible de su deseo de conexión.

Sexo seguro (y picante)

Un gran mito sobre el amor es que tiene fecha de caducidad, que la pasión es una fiebre abrasadora que se va apagando. Es bastante estúpido. No encuentro ninguna razón científica ni humana por la que las personas no puedan tener felices relaciones amorosas de larga duración.

Las personas que tienen aventuras, no lo hacen porque sus vidas sexuales resulten aburridas. Nadie ha venido nunca a mi consulta y me ha dicho que tuvo una aventura porque se aburría en la cama. Tienen aventuras porque se sienten solas, porque no pueden conectar emocionalmente con su pareja. Entonces, alguien les sonríe y les hace sentirse espaciales y valoradas, y de repente se encuentran en esta extraña situación en la que están comprometidas con una persona, pero responden a otra.

La pasión es como cualquier otra cosa. Viene y va. Pero el sexo resultará siempre aburrido si solo tiene una dimensión, aislado de la conexión emocional. Por otra parte, si estás implicado emocionalmente, el sexo tiene cien dimensiones, y es tanto juego como pasión.

A este tipo de sexo seguro lo llamo sexo en sintonía, en el que se reúnen la apertura y la responsividad emocionales, el tacto cariñoso y la exploración erótica. Cuando las parejas tienen una conexión emocional segura, la intimidad física puede conservar todo su ardor y creatividad iniciales, e incluso más. En cierto momento, las personas que se aman pueden ser tiernas y juguetonas, y en otro, ardientes y eróticas. Las parejas apegadas de modo seguro pueden expresar sus necesidades y preferencias más abiertamente, y están más abiertas a experimentar sexualmente con su compañera o compañero.

En una relación segura, la excitación no viene de intentar resucitar los novedosos momentos de pasión alocada, sino del riesgo que supone permanecer abiertos en la experiencia que sucede instante tras instante, en el aquí y ahora de la conexión física y emocional. Esta apertura viene acompañada del conocimiento de que hacer el amor con tu pareja es siempre una nueva aventura.

Amor duradero

Una vez que has reconectado con tu pareja, y los dos estáis satisfaciendo vuestras necesidades de apego, tenéis que seguir trabajando en ser emocionalmente responsivos el uno con el otro. Lo podéis hacer ayudándoos a identificar las cuestiones de apego que tienden a surgir en vuestras discusiones recurrentes.

Por ejemplo, si estallas siempre por los arriesgados viajes de escalada de tu novia, habla con ella de cómo la ira nace del miedo a perderla. Averigua cómo puede ella tomar más precauciones. O si a menudo te sientes abandonada cuando te quedas con la mayor parte del cuidado de los niños, planea cómo tu marido y tú podéis ser mejores padres juntos, de manera que no le termines llamando vago en un momento de frustración reprimida.

También deberíais celebrar juntos momentos positivos, grandes y pequeños. De manera regular y deliberada agarraos, abrazaos y besaos al despertar, al salir de casa, al volver y al ir a dormir. Reconoced los días especiales, los aniversarios y los cumpleaños de una manera muy personal. Estos rituales mantienen vuestra relación segura en un mundo caótico y que distrae.

Las historias dan forma a nuestras vidas y, a su vez, las historias que contamos acerca de nuestras vidas nos dan forma a nosotros. Cread una historia de amor futuro para los dos que perfile cómo será vuestra vida juntos dentro de cinco o diez años. Os imprimará para mantener fuerte vuestro vínculo.

Brazos bien abiertos

Debido a que el apego es una necesidad universal, la visión del apego sobre el amor también puede ayudar a los padres a comprender los conflictos con sus hijos. Hace poco me encontraba en una cafetería con mi hijo adolescente, gritándole por encima del rugido de la expresso, mientras él se ponía de mal humor. Entonces dijo de pronto: «Mamá, lo estamos haciendo otra vez, yo siento que me estás criticando y tú sientes que no me importa lo que tienes que decir». Ambos empezamos a reír y mi ira se esfumó.

Ahora que sabemos de qué trata el amor realmente, sabemos cómo mantenerlo. De nosotros depende utilizar ese conocimiento para nutrirlo con nuestras parejas y familias. Y entonces, con la empatía y el valor que nos enseña, podemos buscar maneras de llevarlo al mundo y marcar una diferencia.

Fuente:
Sue Johnson, «Hold Me Tight», en Psychologytoday.com, 1 de enero de 2010, última revisión: 1 de julio de 2014, visita: 30 de noviembre de 2014, trad. Ben Carral.