¿Dónde fracasa el amor?


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Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Sue JohnsonLos tres diálogos demoniacos que pueden arruinar tu relación

Las parejas infelices siempre me dicen que se pelean por el dinero, los niños o el sexo. Me dicen que no se pueden comunicar y que la solución es que su pareja tiene que cambiar. Brian me cuenta: «Si Mary no se volviera tan emocional y escuchase mis argumentos sobre nuestras finanzas y los niños, iríamos a alguna parte». Y Mary dice: «Bueno, si Brian hablase más y no se limitara a alejarse, no nos pelearíamos. Creo que nos estamos distanciando».

Después de 25 años de hacer terapia de pareja y estudios de investigación de pareja, sé que tanto Mary como Brian simplemente están viendo la punta del iceberg. Sumergido debajo se encuentra el gigantesco problema real: los dos miembros de la pareja se sienten emocionalmente desconectados.

Se están cuidando las espaldas, se sienten criticados, no escuchados, solos. Por debajo de las discusiones fuertes y los silencios prolongados, los miembros de la pareja se están haciendo preguntas clave en el drama del amor: «¿Estás ahí para mí? ¿Mis sentimientos y yo te importamos? ¿Me responderás cuando te necesite?». Las respuestas a estas preguntas, preguntas muy difíciles de hacer y de escuchar en el ardor de una pelea, suponen la diferencia entre la seguridad emocional y el peligro y la inanición emocionales.

Sabemos por todos los cientos de estudios sobre el amor que han aparecido en la última década que la responsividad emocional es lo que construye o rompe las relaciones. Las parejas felices y estables pueden reñir y pelear, pero también saben cómo sintonizar el uno con el otro y restablecer la conexión emocional después de un conflicto. En nuestros estudios encontramos que siete de cada diez parejas que reciben Terapia Focalizada en las Emociones (TFE) pueden reparar su relación. Lo hacen encontrando un modo de salirse de la desconexión emocional y de regresar al contacto seguro y amoroso que crea confianza. Pero ¿por qué no podemos hacer esto todos, incluso sin ayuda de un terapeuta? ¿Qué se interpone en el camino? La nueva ciencia del amor nos lo cuenta.

Nuestro ser amado es nuestro refugio en la vida. Cuando esta persona no está disponible y no responde, nos vemos asaltados por un tsunami de emociones: tristeza, ira, dolor y, sobre todo, miedo. Este miedo está programado biológicamente. Saber que podemos depender de un ser amado, saber que él o ella responderá a nuestra llamada es nuestro código de supervivencia innato. La investigación está clara: cuando sentimos que una relación amorosa primaria está siendo amenazada, nos entra un pánico primordial.

Solo hay tres maneras de tratar con nuestro sentido de pérdida y aislamiento inminentes. Si tenemos una unión feliz y básicamente segura, aceptamos nuestra necesidad de conexión emocional y comunicamos esas necesidades de manera directa y de un modo que ayuda a nuestra pareja a responder amorosamente. Sin embargo, si nos encontramos en una relación débil y no estamos seguros de cómo expresar nuestra necesidad, o exigimos con enfado e intentamos presionar a nuestra pareja para que responda, o desconectamos y nos alejamos para defendernos. Sin importar las palabras exactas que utilicemos, lo que estamos diciendo realmente es: «Préstame atención. Estate conmigo. Te necesito». O: «No dejaré que me hagas daño. Me calmaré, intentaré no perder el control».

Si estas estrategias predominan en una relación, es probable que nos veamos atrapados en lo que llamo diálogos demoniacos. Estos diálogos se pueden apoderar de vuestra relación. Crean cada vez más resentimiento, cautela y distancia hasta que llegamos a un punto en el que sentimos que la única solución es abandonar.

Hay tres diálogos demoniacos principales que atrapan a las parejas en una inanición e inseguridad emocionales sin solución.

Encuentra al malo

Este patrón sin salida de culparse mutuamente mantiene a una pareja a kilómetros de distancia. La pelea se parece a una competición por ver quién consigue definir a quién. Como dice Pam: «Estoy esperando su menosprecio. Tengo mi arma lista. Quizá apriete el gatillo cuando ni siquiera viene a por mí». Los dos miembros de la pareja definen al otro como indiferente o defectuoso de algún modo. Todo el mundo pierde. Pero este patrón de ataque-ataque es difícil de mantener. Normalmente es el movimiento de apertura del baile más habitual y entrampador de todos: la polka de protesta.

La polka de protesta

Los psicólogos supieron durante años que este baile de exigir-retraerse lleva al divorcio, pero no eran capaces de averiguar por qué se encuentra tan extendido y es tan letal. Ahora sabemos que potentes emociones e irresistibles necesidades mantienen en marcha este patrón: la necesidad biológicamente programada de conexión emocional y el miedo al rechazo y al abandono. Aunque nuestros cerebros sepan que de algún modo estamos empeorando las cosas al criticar o ignorar a nuestra pareja, no podemos desconectar sencillamente este anhelo ni este miedo. «Cuanto más se niega a hablar conmigo o rechaza mis sentimientos, más me enfado y le pincho», dice Mia. «Lo que sea para conseguir que me responda.» A lo que su pareja, Jim, comenta: «Y cuanto más oigo ese tono enfadado en su voz, más oigo que no le puedo agradar nunca. Simplemente me desespero y me callo más». Aunque ninguno de ellos se dé cuenta, el enemigo es esta espiral, no el otro miembro de la pareja. Mia se queja por la distancia de Jim. Jim intenta desesperadamente evitar la desaprobación de ella. Hablan de este modo porque sienten una alarmante respuesta a su pregunta de apego: «¿Estás ahí para mí?». En la polka de protesta, y en un intento por tratar con su sentido de desconexión emocional, cada persona confirma sin querer los peores miedos del otro y mantiene en marcha esta espiral. Al final, el miembro de la pareja que exige y protesta comienza a abandonar el esfuerzo de conexión, llora por la relación y también se aleja. Esto lleva al último baile de todos.

Paralizarse y huir

En este baile, los dos miembros de la pareja se sienten impotentes. Aquí nadie intenta acercarse a nadie. Nadie asume ningún riesgo. Todo el mundo utiliza la huida como protección. En otras relaciones esto podría estar bien durante un tiempo, pero con las personas a las que amamos, este baile sin respuesta es insoportable. Realmente, aquí los miembros de la pareja no están bailando en absoluto. No están participando. No estamos programados biológicamente para tolerar esta clase de aislamiento. Si no cambia nada, la relación está en caída libre.

Cuando las personas atrapadas en los diálogos demoniacos vienen y me preguntan: «¿Hay esperanza para nosotros?». Les digo: «Claro que la hay». Cuando comprendemos de qué trata realmente el drama del amor, cuáles son nuestras necesidades y miedos, podemos ayudarnos mutuamente a salir de estos diálogos negativos y entrar en conversaciones amorosas positivas  que nos llevan a los brazos el uno del otro y nos conducen seguros a casa.

Fuente:
Sue Johnson, «Where does Love Go Wrong? », en Drsuejohnson.com, 2013, visita: 11 de enero de 2015, trad. Ben Carral.