Archivo por meses: Enero 2015

Hacia un lenguaje de gratitud


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Por John Amodeo (doctor en Psicología; miembro del Consejo Asesor de Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

John AmodeoMi problema con decir: «De nada»

«Gracias por estar ahí para mí ayer. Realmente me ayudó hablar contigo.»

«De nada.»

«Las flores son realmente bonitas. Gracias por traerlas.»

«De nada.»

«Te agradezco que me acerques al aeropuerto.»

«De nada.»

En cada una de estas interacciones, hay algo que se ofrece y una gratitud que se expresa. Sin embargo, la persona que da no parece acoger la gratitud. Es una oportunidad perdida para generar un flujo más profundo  de dar y recibir.

Puede que te preguntes de qué estoy hablando. Decir «de nada» le permite saber al destinatario que todo está bien. No fue una molestia. No tienes una obligación hacia mí. No me importa haberlo hecho.

En clase me enseñaron que de nada significa «gracias», pero literalmente significa «no fue nada». Así que ¿cuál es mi problema con «de nada»?

Cuando alguien me responde con «de nada» o alguna versión (por ejemplo, «no hay de qué»), siento que mi gratitud ha caído en oídos sordos. No he sido recibido de manera profunda ni significativa. Me quedo con un sentimiento algo frío y distante.

«De nada» no es una manera óptima de reconocer la gratitud. No toca nuestro anhelo más profundo de dar y recibir amor y cuidado. No crea intimidad.

Otra respuesta para una expresión de gratitud es «fue un placer». Se acerca a una respuesta que crea intimidad, pero no llega del todo, especialmente si se dice sin pensar, de  manera mecánica. «Fue un placer» revela parte del sentimiento de la persona que da: «¡Me sentí bien haciendo eso por ti!». Pero se puede crear una corriente más significativa de conexión si mostramos un poco más nuestros sentimientos profundos cuando alguien expresa gratitud.

Aquí van algunas posibilidades para mis ejemplos anteriores:

«Gracias por estar ahí para mí ayer. Realmente me ayudó hablar contigo.»

«Aprecio que lo digas. Me sentí bien de que te abrieras tanto conmigo y hablaras de algo tan personal. Aprecio que confíes en mí.»

«Las flores son realmente bonitas. Gracias por traerlas.»

«Me encanta que te gusten. Realmente me encanta hacerte feliz y ver tu sonrisa.»

«Te agradezco que me acerques al aeropuerto.»

«Me siento feliz de llevarte. Tú haces mucho por mí y sienta bien hacer algo para ayudarte.»

Por supuesto, el sentimiento que acompaña a las palabras es más importante que las palabras en sí mismas. Pero las palabras suponen una diferencia. Cultivar un lenguaje que exprese gratitud puede profundizar la intimidad que anhelamos.

La próxima vez que alguien te exprese gratitud, sé consciente de cómo te sientes. Párate un momento antes de responder automáticamente. Toma una respiración. ¿Qué notas en el interior? Mira qué palabras podrían salir de tu corazón, y si está bien arriesgarse a ser un poco vulnerable y permitir que se vea esa parte sensible de ti.

Las relaciones se pueden profundizar cuando expresamos una gratitud genuina los unos hacia los otros y respondemos a las expresiones de gratitud con calidez y amabilidad. Expandir y disfrutar la experiencia de gratitud también ayuda a reprogramar nuestro cerebro de maneras positivas, como ha explorado el doctor Rick Hanson en Hardwiring Happiness (Cultiva la felicidad).

Por favor, no te critiques por decir «de nada». A veces me descubro a mí mismo diciendo «de nada» en situaciones despreocupadas. Pero cuando alguien expresa gratitud por algo que he hecho por él, como aguantar una puerta abierta o recoger algo que se le ha caído, casi siempre digo «un placer» o «con mucho gusto».

En nuestras ajetreadas vidas, podemos perder oportunidades preciosas de responder a los momentos de afecto con amabilidad y sensibilidad, lo que nos conecta más profundamente los unos con los otros. La próxima vez que te encuentres con una oportunidad en la que normalmente dirías «de nada», prueba a decir otra cosa y ver cómo sienta.

Fuente:
John Amodeo, «Toward a Language of Gratitude», en Psychologytoday.com, 4 de enero de 2015, visita: 6 de enero de 2015, trad. Ben Carral.

10 maneras de mejorar cualquier relación


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Por Yvonne K. Fulbright (doctora en Estudios de la Salud de la Comunidad Internacional)

Trad. Ben Carral

Yvonne K. FulbrightCómo comunicaros el uno con el otro de manera más positiva y eficaz

 Vuelve a ser tiempo en el que una variedad de expertos te animan a realizar mejoras para el nuevo año. Suelen aparecer destacadas las estrategias para tener un sexo mejor y unas relaciones mejores, tanto para solteros como para parejas, con sugerencias que se centran típicamente en lo que puedes hacer para mejorar tu vida amorosa en vez de en lo que puedes decir. Pero puede que no haya nada más valioso que trabajar para convertirte en un comunicador más eficaz en el año próximo.

Las relaciones saludables dependen de tu capacidad para comunicar tus pensamientos, deseos, necesidades y dificultades. El truco es aprender a comunicarte en medio de un mar de emociones que rápidamente pueden sumergir tus mejores esfuerzos.

Aquí van mis 10 consejos para una comunicación más eficaz:

1. Contén la crítica.

Demasiadas veces, la comunicación implica críticas negativas y resaltar lo que alguien no está haciendo bien. ¿El resultado final de esos ataques auditivos? Una pareja defensiva y, finalmente, el fallecimiento de la relación. En vez de ser crítico, céntrate en reforzar lo que tu pareja está haciendo bien y en ofrecer una crítica constructiva respecto a las cosas que podrían mejorar. Vanessa se esfuerza en ello cuando su marido le da un mensaje:

«Realmente aprecio que mi marido quiera sacarme el estrés del cuerpo, pero no es un masajista terapéutico. Es fácil querer decir: “Mo hagas eso”, o: “Eso no sienta bien”, y conseguir que pare del todo. Pero sé que eso solo le desanimará, y en más de una manera. Así que trato de darle retroalimentación, como: “¿Podrías hacerlo solo en este punto y con más presión?”, o: “Eso se sentiría incluso mejor con la base de la mano en vez de con la punta de los dedos”. Típicamente la gente quiere agradar, así que una orientación con palabras cuidadas suele dar resultados».

2. Aduéñate de tus propias frases.

Lo que tengas que decir será más poderoso, y esperemos que mejor oído, si tu adueñas de ello con una declaración del tipo «Yo», es decir: «(Yo) me siento triste cuando…». Asumir la responsabilidad de tus sentimientos y perspectivas te empodera para crear soluciones mejores en las que serás mejor escuchado. Aunque tu pareja no esté de acuerdo contigo o no comprenda tu perspectiva, no puede poner reparos a cómo te sientes.

3. Está dispuesto a recibir retroalimentación.

La comunicación necesita ser una calle de dos direcciones. Si esperas que tu pareja te escuche hasta el final, entonces necesitas hacerte vulnerable tú mismo a cualquier reacción, especialmente a la necesidad de reflexionar sobre lo que acabas de decir. Recuerda, en una relación siempre hay tres aspectos en cualquier asunto: tu perspectiva, la perspectiva de tu pareja y la verdad. Eres parte activa en lo que está sucediendo, y necesitas estar abierto y disponible a la manera en que tu pareja ve las cosas; incluido tu papel.

4. Está presente y participa.

No te preocupes por lo que vas a decir o por cómo vas a responder durante las conversaciones casuales o serias con tu pareja. Escucha y ofrece señales no verbales de que realmente estás implicado, como asentir con la cabeza y mantener contacto visual. Demuestra que realmente estás escuchando, aludiendo a lo que dice: «¿Te estoy entendiendo bien?», «¿Te estoy escuchando claramente?». De manera parecida, valida los sentimientos de tu pareja: «Siento que estés tan enfadada», o: «Puedo ver por qué estás tan molesto». Si no te salen las palabras o no tienes nada que decir, puede resultar increíblemente eficaz algo tan sencillo como: «Gracias por compartir».

5. Date un tiempo cuando sea necesario.

Algunas conversaciones pueden ser intensas y a veces es mejor no decir nada en absoluto. Sin embargo, no significa que debieras simplemente dejar de tratar el asunto. Sabe que está bien decir: «¿Podemos hablar de ello más tarde? Necesito tiempo para pensarlo»; como pareja apreciaría que quieras un tiempo para procesarlo todo. Asegúrate, sin embargo, de retomar la conversación en el momento adecuado y en un plazo razonable.

6. No interrumpas.

Ni cambies de tema. Ni seas un sabelotodo. Ni actúes como si algo que fue duro nunca se ha dicho. Básicamente no hagas nada que no querrías que tu pareja te hiciera durante ningún tipo de conversación. ¿Crees que estos consejos no se aplican a ti? Escúchate a ti mismo en vuestras conversaciones durante los próximos días. Puede que te sorprendas, como le sucedió a Bert:

«Leí una investigación que mostraba que es más probable que, al hablar, tanto hombres como mujeres, interrumpan más a una mujer que a un hombre y, como feminista, no sentía que me describiera a mi prometida y a mí en absoluto. Sin embargo, curiosamente, decidí prestar más atención a mis conversaciones con ella, y me di cuenta de que era culpable de esta metedura de pata social. He intentado ser más paciente para escucharla del todo, sin importar cuál sea el tema; ha requerido práctica».

7. Controla tu tono.

Durante las interacciones casuales, cotidianas, como una llamada de teléfono, suena implicado (en lugar de distraído) y encantado de estar charlando de pequeñas cosas. Durante las conversaciones intensas, evita utilizar tonos dominantes, hostiles o sarcásticos. No minimices ni desprecies los miedos, preocupaciones o sueños del otro.

8. Pregunta.

Las personas, incluida tu pareja, no pueden leer las mentes. Si necesitas algo, pídelo. A no ser que lo pidas, tu pareja no sabrá que necesitas más ayuda con los niños o las tareas domésticas, que necesitas más afecto o que deseas más estimulación para llegar al orgasmo. Compártelo; una buena pareja intentará responder.

9. Expresa aprecio de manera regular.

Reconocer las pequeñas cosas que a menudo pasan sin darse cuenta puede lograr mucho. Podría tratarse de agradecer a tu pareja por sacar a pasear al perro por la mañana temprano, o darle un abrazo a tu ser amado por preparar otra cena exquisita. Reconocer la rutina (el valor de las contribuciones diarias de tu pareja para hacer tu vida más fácil o más agradable) hace que uno se sienta más valorado y más deseoso de seguir contribuyendo al mantenimiento de una relación y un hogar.

10. No te olvides de «Te quiero».

En una relación romántica, las personas que se aman dependen demasiado de los primeros arrebatos, del día de San Valentín, de los aniversarios o de otras fechas o periodos de tiempo notables como excusa para expresar los sentimientos que sienten el uno hacia el otro. Es importante que si un «Te quiero» u otra declaración de cariño como: «Eres tan guapa», o: «Te encuentro impresionante», se comparte raramente, puede resultar desconcertante: «¿Qué estará tramando?», «¿Qué querrá?». Así que convierte expresar tu amor verbalmente (y no verbalmente) en parte habitual del mantenimiento de vuestra relación. Es el pegamento cuando otras resoluciones para la relación se hacen difíciles de mantener.

Fuente:
Yvonne K. Fulbright, «10 Ways to Improve Any Relationship», en Psychologytoday.com, 30 de diciembre de 2014, visita: 5 de enero de 2015, trad. Ben Carral.

14 maneras de crear la mejor relación de tu vida


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Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Sue JohnsonDespués de 30 años de trabajar con parejas e investigar cómo las personas reparan sus relaciones, me di cuenta de repente de que realmente habíamos alcanzado un momento clave: todos nuestros estudios, historias y la ciencia habían convergido, y estábamos en medio de una revolución: una nueva manera de entender verdaderamente el amor romántico. Finalmente podemos comprender las leyes del amor, y ¡tienen sentido!

Hemos crackeado el código del amor y hemos encontrado el sendero que conduce a las relaciones que anhelamos. Puedes crear una relación satisfactoria, un refugio seguro, restaurando el vínculo de amor romántico. Y puedes empezar ahora:

1. Abandona la idea desfasada de que el amor es algo que simplemente te sucede.

Toda la nueva ciencia nos dice que el amor romántico ya no es un misterio. Tiene un sentido perfecto. Puedes aprender sus leyes. ¡Tienes más control del que crees sobre este disturbio de la emoción! Puedes dar forma a lo que entiendes. El primer paso es decidir aprender sobre el amor y la nueva ciencia de la vinculación.

2. Todos los días intenta acercarte a alguien y pedirle su atención o afecto.

Acepta que eres un mamífero y que el amor es un código de supervivencia antiguo con el que estamos biológicamente programados. Eres más feliz, tienes más salud y más fuerza, tratas mejor con el estrés y vives más cuando promueves los vínculos con tus seres amados. Está BIEN necesitarlos; son tu mayor recurso. No estamos diseñados para la autosuficiencia. Los más fuertes entre nosotros aceptan esta necesidad de conexión y se arriesgan a acercarse a los demás.

3. La próxima vez que te sientas incierto o preocupado o ansioso, intenta mencionárselo a tu pareja y cogerla de la mano, o sentir sus señales emocionales y acercarte a por su mano.

Los vínculos del amor nos ofrecen un refugio seguro donde podemos protegernos y recuperar nuestro equilibrio emocional. El último estudio de nuestro laboratorio demuestra que simplemente coger de la mano a tu ser amado puede calmar tu cerebro y desconectar el miedo.

4. Ve si puedes detectar momentos en los que encuentras difícil abrirte y te pones a la defensiva, te distancias o desconectas.

Sabemos que la apertura y la responsividad emocionales son el terreno sobre el que se apoyan los vínculos sólidos y duraderos.  Ver si puedes tomar la iniciativa y compartir con tu pareja, ayudándole a entender lo que dificulta abrirte en este momento.

5. Reflexiona sobre cómo soléis interactuar tu pareja y tú.

¿Podéis cada uno de vosotros acercaros al otro? ¿Qué haces cuando el otro se disgusta o no te responde? ¿Presionas en busca de contacto o te alejas? Dile a tu pareja algo que ella pueda hacer para ayudarte a acercarte en vez de ponerte en su contra o alejarte.

6. Intenta hablar con tu pareja acerca de cómo os impactáis el uno al otro.

Los dos ofrecéis pistas de seguridad o de peligro que nuestro cerebro interpreta como una información de supervivencia importante; todos somos vulnerables cuando estamos solos. ¿Cuándo surge en ti una alegría o contento reales por tu pareja? ¿Cuándo se provoca la aflicción; un sentido de ser rechazado o estar solo? Nuestros cerebros codifican esta clase de dolor en el mismo lugar y de la misma manera que el dolor físico.

7. Cuando os peleéis, toma una respiración profunda e intenta ver la pelea como si estuvieras volando en el techo.

A menudo, debajo de la conversación sobre los asuntos problemáticos, alguien está pidiendo más conexión emocional. Ve si puedes tener curiosidad e identificar el baile: quizá sea el típico boogie en el que uno presiona en busca de contacto, pero el otro escucha críticas y retrocede. Fíjate en cómo os deja a los dos sintiéndoos solos y un poco asustados. Habla sobre ello.

8. Una vez al día invita a tu pareja a una mayor cercanía con un sencillo juego de empatía.

Cada uno piensa en un suceso de su día. Entonces os turnáis para leer la cara del otro e intentar identificar si veis una de las seis emociones básicas: alegría, sorpresa, tristeza, ira, vergüenza o alguna clase de miedo. Comprobad si vuestra suposición es acertada. ¡Es importante aprender a sintonizar!

9. Tomaos un momento de silencio, sintonizad con el canal emocional y ved si cada uno podéis compartir con el otro lo que más necesitáis.

Mantenedlo simple y concreto. ¿Necesitas consuelo, que te dé tranquilidad, apoyo y empatía, un mensaje claro de lo importante que eres para él o para ella? Si resulta demasiado difícil compartir esto, comparte lo duro que te resulta abrirte y pedir.

10. Sé consciente del hecho de que las heridas emocionales hacen descarrilar las relaciones.

Puedes infligir un gran dolor a tu pareja simplemente porque tú importas mucho: ella o él depende de ti. En un momento de intimidad, pregunta a tu ser amado si hay heridas sin sanar, quizá ocasiones en las que no captaste sus pistas en busca de apoyo y conexión. Intenta ayudarle con este dolor. (No desaparece simplemente con el tiempo.) A menudo decirle que puede sentir lo dolido que está y que quieres ayudarle con ello hace maravillas.

11. Sabe que la mejor receta para un sexo estupendo es la conexión emocional segura y la comunicación abierta.

Escribe una pequeña descripción de lo que tu amante ideal podría hacer en la cama y de cómo podría invitarte al juego erótico. Dáselo a tu pareja y ved qué podéis descubrir el uno del otro. Recuerda, la crítica daña literalmente y desconecta la exploración y la sexualidad.

12. Habla sobre lo que has aprendido en tu familia sobre cómo tratar con las emociones.

Las emociones son la música del baile de las personas que se aman; ayuda si la música está clara. Entonces podéis predecir las intenciones del otro y saber cómo moveros juntos en armonía. Habla acerca de las cosas que has aprendido que hacen que para ti sea difícil escuchar o compartir tus sentimientos.

13. Contaos vuestra meta principal para el año próximo y ved si podéis encontrar una manera de apoyaros el uno a otro para alcanzarla.

Está claro que cuando sabemos que alguien nos cubre las espaldas, tenemos más confianza y somos más aventureros. Alcanzamos nuestras metas más fácilmente y nos sentimos menos alterados por las decepciones.

14. Honrad vuestra conexión. Cread pequeños rituales para reconocer vuestro vínculo.

Quizá sea un beso especial cuando salís por la mañana o un tiempo de vinculación especial de 10 minutos en cuanto llegáis a casa. Es un tiempo sagrado. No se permiten agendas de negocios, resolución de problemas ni distracciones en forma de pequeñas pantallas electrónicas.

Coged el amor en vuestras propias manos y abrazaos fuerte.

Fuente:
Sue Johnson, «14 Ways To Create The Best Relationship Of Your Life», en Mindbodygreen.com, 2 de enero de 2014, visita: 5 de enero de 2015, trad. Ben Carral.

La mejor manera de crear una conexión más fuerte con tu pareja


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Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Grupo Mindfulness de Gijón)

Trad. Ben Carral

Sue JohnsonEs la época del año en la que nos hacemos promesas a nosotros mismos. Promesas acerca de cómo haremos que este año sea diferente al último. Hacemos la promesa solemne de ir más al gimnasio o comer menos tarta de cerezas.

Si lo que perseguimos es salud y felicidad, sería mejor que decidiéramos mejorar la calidad de nuestra relación más íntima. Te escucho decir: «Bueno, ya soy bastante espléndido en mi relación amorosa, así que esto tiene que ser una píldora de cambio de personalidad para mi pareja». O: «Nadie sabe realmente cómo hacerlo».

Pero hay algo que puedes hacer, algo que tiene el poder de llevaros a tu pareja y a ti a todo un nuevo tipo de baile. Ahora, los terapeutas e investigadores han identificado el único ingrediente, el elemento esencial que, más que ningún otro, define nuestras relaciones amorosas. En nuestro instituto observamos a las parejas que están abandonando su relación aprender sobre este elemento y aprender a utilizarlo para convertir el daño y el caos en una conexión amorosa. Por supuesto, se trata de la capacidad ser abierto y responsivo emocionalmente.

Cuando podemos cambiar al canal emocional, sintonizar con las pistas emocionales de nuestra pareja y mostrar cómo nos conmueven, esta ES la conexión que crea relaciones amorosas.

Lo sabemos en lo más profundo, que esta es la magia que hace que el amor sea lo que es. Un niño corre hacia nosotros, con los ojos abiertos de miedo. Nos acercamos, nos agachamos, nos permitimos sentir en nuestro cuerpo lo que vemos en su cara y decimos suavemente: «Está bien. Estoy aquí. ¿Estás asustado? No necesitas estarlo». El niño nos agarra durante un momento; luego sonríe.

¿Simple? ¿Sentimental? Quizá. Pero la ciencia de la vinculación dice que este es un momento de conexión segura que crea vínculos que duran toda la vida. Esta es la clase de momento que responde a la pregunta clave en las relaciones amorosas: «¿Estás ahí para mí?».

Por poner otro ejemplo: Peter tiende a retraerse cuando siente que Annie está dolida y decepcionada con él. Esto deja a Annie tan sola que ¡está decepcionada todo el tiempo! ¿Qué bloquea la capacidad de Peter para responder de manera tranquilizadora? Su miedo; el que todos tenemos y que nos hace tan vulnerables en el amor, el miedo al rechazo y al abandono. Así que se mueve como un rayo hacia la autoprotección y le da la espalda.

Imagina qué sucede cuando Annie y Peter pueden ir más despacio y hablar de lo asustados que están los dos, y cómo hacen saltar el uno en el otro una especie de pánico primordial. Imagina la magia que sucede cuando Peter se da la vuelta y dice: «Este es el momento en el que sientes que soy indiferente, que no me preocupo, ¿verdad? No quiero darte la espalda y hacerte sentir sola. Quiero ayudarte con ese sentimiento para que sepas lo importante que eres para mí». Se acerca, se agacha, ablanda la voz e invita a Annie a un refugio seguro de conexión.

Estos son los momentos que hacen saltar la chispa del amor, que lo renuevan y lo mantienen fuerte. Cuando las parejas hacen esto, dan forma a una conexión que transforma su relación y la mantiene fuerte en los años venideros.

No hay sustitutos para esta responsividad emocional. Los miembros de la pareja intentan ofrecer consejo intelectual: «¿Por qué no haces tu meditación cuando te disgustas? No estarías tan dolida», o ayuda práctica: «Sé que estás enfadado conmigo. ¿Te gustaría que hiciera la compra?». Pero es el apoyo y la conexión emocionales lo que funciona y mantiene vivo el amor.

Requiere valor sintonizar e intentar responder a los mensajes emocionales de nuestro ser amado cuando estos mensajes encienden nuestras propias ansiedades. Ayuda recordar que somos exquisitamente sensibles a las señales emocionales de nuestro ser amado, tanto a las positivas como a las negativas, simplemente porque somos animales que crean vínculos y cuya necesidad más profunda es estar apegado a otro. Le sugiero a Peter que cuando se sienta impotente para agradar a Annie y consternado por su ira, recuerde que precisamente está enfadada porque para ella es muy importante su consuelo y apoyo, que volverse hacia ella y responder tiene el poder de atraerla a una conexión amorosa.

Durante la consulta, Peter bromea conmigo: «¿Quieres decir que todo lo que tengo que hacer es mantener abierto el canal emocional y responder en este nivel, aunque todo lo que pueda decir sea: “No sé qué decir, pero no quiero que estés dolida y me voy a quedar aquí e intentar responder”, y seremos como las parejas que se aman en los libros de cuentos?».

Miro a Annie. Sonríe a Peter con una enorme sonrisa. Dice: «Lo has entendido, cariño, simplemente estar ahí para mí; esa ES la historia, toda la historia».

Todos podemos entender el sentido del amor y a aquello que entendemos le podemos dar forma. Hagamos que el próximo año sea nuestro año más conectado hasta la fecha.

Fuente:
Sue Johnson, «The #1 Way To Build A Stronger Connection With Your Partner», en Mindbodygreen.com, 29 de diciembre de 2014, visita: 4 de enero de 2015, trad. Ben Carral.

11 maneras de saber si tu ser amado te quiere


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Por Susan Krauss Whitbourne (doctora en Psicología)

Trad. Ben Carral

Susan Krauss WhitbourneEstas señales proporcionan pistas sobre sus verdaderos sentimientos

La mayoría de las teorías sobre las relaciones se centran en cómo se sienten las parejas íntimas el uno hacia el otro, pero según la aproximación conductual de John Gottman [(doctor en Psicología)], necesitas centrarte en las señales externas para comprobar la salud de vuestra relación. Este acercamiento supone que las acciones observables proporcionan, en muchos casos, una evidencia más fuerte acerca de lo que sucede en el interior de una persona que las inferencias que realizamos a partir de lo que dice.

Me he tomado la libertad de traducir la teoría de Gottman, junto con información de otras investigaciones psicológicas que la apoyan, en 11 pistas que puedes utilizar en tu vida diaria para medir la profundidad de los sentimientos de tu ser amado.

  1. Quiere pasar tiempo contigo. Según una teoría reciente, querer invertir tiempo en tu relación es un indicador clave del éxito en la intimidad de larga duración. Aunque puede que los dos estéis muy ocupados con el trabajo, la familia y otras obligaciones, alguien que realmente se preocupa de ti utilizará cualquier tiempo libre para pasar juntos algún tiempo a solas.
  2. Te pregunta acerca de tu día. Durante ese tiempo que pasáis juntos, ¿tu pareja te pregunta, y muestra interés, por los momentos buenos y malos de tu jornada laboral? Las parejas no construyen su amor necesariamente en lo etéreo, sino en los apoyos prácticos que mantienen abiertas las rutas de comunicación.
  3. Confía en ti. La pareja que realmente se preocupa de ti te dará el beneficio de la duda. La investigación demuestra que, en las relaciones exitosas de larga duración, los miembros de la pareja tienen un sentido de saber dónde se encuentra su compañera o compañero en un momento dado. Sin embargo, no tienen este deseo porque les preocupe que su pareja pudiera estar haciendo algo infame. Una pareja que no te pregunta dónde estás si llegas tarde a casa o no fisga las facturas de tu teléfono móvil te demuestra la clase de confianza que manifiesta una preocupación verdadera.
  4. Te ayuda cuando lo necesitas. Con lo ocupados que estamos todos, añadir a tu día tareas domésticas o cometidos extras puede ser lo último que te apetezca. Sin embargo, si a tu pareja no se le da bien la tecnología, y a ti sí, ayudarás cuando algo no funcione con la red wifi de casa. De manera parecida, si realmente necesitas algo de la farmacia y estás demasiado enfermo para ir tú, una pareja que se preocupa de ti llevará a cabo una misión de rescate y te conseguirá ese medicamento para el resfriado.
  5. Muestra respeto por tus puntos de vista. Si resulta cierta la investigación reciente sobre complementariedad en las relaciones, es posible que tu pareja y tú os encontréis en lados completamente opuestos del espectro político y sigáis felizmente juntos durante años. La característica clave no es cuáles son vuestras creencias, sino lo abierto que puedas estar a aceptar la perspectiva de tu pareja como válida. Digamos que tú eres una fervorosa feminista y tu pareja tiene puntos de vista anteriores a 1970 sobre las mujeres. Si realmente se preocupa de ti, al menos te escuchará cuando expreses inquietud por la situación de las mujeres en el mundo laboral.
  6. Te incluye en las decisiones. Las parejas deciden sobre todas las cosas, desde tareas cotidianas a cuestiones de gran importancia como dónde (y de qué manera) invertir sus ingresos. Está bien y probablemente sea aconsejable que cada uno se especialice en algunas tareas necesarias para mantener el hogar, pero al mismo tiempo necesitas sentir que se siguen solicitando (y teniendo en cuenta) tus puntos de vista.
  7. Muestra afecto. Las parejas no necesitan tener sexo frecuente, o incluso nada de sexo, para ser emocionalmente íntimas. Sin embargo, mostrar alguna señal de cercanía física, aunque sea poner una mano sobre tu hombro, sugiere que tu pareja siente una conexión vital contigo.
  8. Te mira. Las pistas no verbales que los miembros de la pareja comparten el uno con el otro revelan sus sentimientos más profundos. Si tu pareja te mira mientras hablas, o si le pillas lanzándote una mirada, sugiere que siente placer al estar contigo. No necesitáis pasaros horas mirándoos a los ojos; incluso una mirada rápida puede ser suficiente para enviar vibraciones positivas y que confirmen el amor.
  9. Le gusta hablar de los buenos momentos del pasado. Las parejas que pasan tiempo reviviendo sus momentos agradables del pasado, y lo hacen de manera positiva y que muestra apoyo, pueden fortalecer sus lazos en el presente y en el futuro. Si tu pareja utiliza frases como: «¿Recuerdas la vez que…?», y luego procede a contar una gran historia sobre vuestro pasado (que tú incluso podrías no recordar), sugiere que vuestras experiencias compartidas y tú jugáis un papel importante en la mente de tu pareja.
  10. ¿Está dispuesto a batallar por ti y por vuestra relación? ¿Tu pareja te defiende cuando algún otro te critica o se suma a la contienda? Ciertamente sabemos por la gran literatura que cuando una persona se preocupa realmente de otra, arriesgará su propio bienestar para protegerla. Las parejas con relaciones más corrientes siguen pudiendo demostrar su amor mutuo uniéndose contra los ataques externos. En un estudio de lesbianas, gays y bisexuales en relaciones íntimas, el investigador de la sexualidad David Frost, de la Universidad Estatal de San Francisco, descubrió que muchas personas que se sienten estigmatizadas por sus relaciones sacaban fortaleza la una de la otra y sentían que se vinculaban más íntimamente al afrontar la adversidad.
  11. Te hace sentir bien contigo mismo. Una pareja que realmente se preocupa de ti fomenta tu autoestima y sentido de identidad. Como mínimo, estar con alguien que te hace sentir valorado te proporciona un fuerte refuerzo positivo. Queremos estar con personas que nos hacen sentir bien. No significa que siempre vayáis a tener días y noches maravillosos en los que nunca os pongáis pegas ni os frustréis y molestéis el uno con el otro. En términos generales, sin embargo, si sientes que tu pareja fomenta tu autoconfianza, no solo es más probable que queráis pasar tiempo juntos, sino que también te considerarás más positivamente cuando estéis separados.

No hay un número establecido de estas 11 pistas que indique si una pareja específica está por encima o por debajo del umbral de quererte realmente. Sin embargo, con la guía de estas señales puedes ganar comprensión acerca de las fortalezas y debilidades de vuestra relación y, a partir de ahí, gestionar las áreas de debilidad. Al mismo tiempo, si quieres que tu pareja se sienta realmente querida, pregúntate honestamente qué puntuación sacas en estos 11 indicadores. Quizá sea el momento de que no solo cuentes las maneras en que eres amado, sino las maneras en que demuestras tu amor.

Fuente:
Susan Krauss Whitbourne, «11 Ways to Tell if Your Lover Loves You», en Psychologytoday.com, 15 de marzo de 2014, visita: 4 de enero de 2015, trad. Ben Carral.

Cómo dar un ultimátum si es necesario


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Por Andrew Christensen, Brian Doss y Neil Jacobson (doctores en Psicología)

Trad. Ben Carral

Andrew ChristensenEl enfrentamiento: cambio inmediato y drástico

 Solo en las relaciones románticas sucede que las personas experimenten una metamorfosis repentina.

—Isadora Duncan, My Life [Mi vida] (1942)

La mayoría de nuestros esfuerzos por cambiar a nuestras parejas —y de este modo nuestras relaciones— están impulsados por esta fantasía. Y la mayoría de estos esfuerzos no tienen éxito. Sin embargo, a menudo persistimos en la tarea. Y cuando la confrontación repetida no produce ningún cambio, puede que amenacemos a nuestras parejas, implícita o abiertamente, con consecuencias negativas. En un extremo se encuentran las amenazas negativas, que no solo destruyen la confianza mutua y el respeto, sino que pueden terminar en violencia (que nunca es aceptable). En el otro extremo se encuentran las amenazas vacías. Puede que advirtamos de ira implacable, distancia insuperable o de brechas en la relación como infidelidad, separación o divorcio. Puesto que estas amenazas nunca se llevan a cabo, nuestras parejas terminan reconociéndolas como el grito de «¡Que viene el lobo!» y dejan de prestar atención, a las amenazas y a nosotros.

En el mejor de los casos, la mayoría de las amenazas son ineficaces; destructivas en el peor. Pero la amenaza más poderosa: el ultimátum, tiene el potencial de alterar drástica y positivamente el curso de una relación; siempre que cumpla ciertos criterios esenciales. Cuando no se cumplen estos criterios, el potencial del ultimátum para infligir daño es tan grande como su potencial para provocar cambio.

Betsy y Frank habían estado saliendo durante un año antes de empezar a hablar seriamente sobre el matrimonio. En aquellas conversaciones tempranas, Frank declaraba su amor por Betsy, pero insistía en que no estaba preparado para el compromiso vinculante del matrimonio. Para él, el matrimonio era un preludio a tener hijos, y aunque quería tenerlos en algún momento, sabía que todavía no estaba listo. Betsy expresó cierta urgencia en «avanzar con su relación». Ella tampoco estaba preparada para tener hijos, pero con 31 años quería la seguridad de un compromiso de matrimonio y la meta de tener hijos en el futuro. Durante los seis meses siguientes tuvieron una serie de conversaciones sobre el matrimonio que frustraron a los dos. Betsy tuvo cada vez más dudas sobre el apego de Frank hacia ella y su voluntad o capacidad de comprometerse en matrimonio. Frank se sintió cada vez más incómodo con la creciente presión de ella. Betsy empezó a indicar a Frank, primero indirecta y luego directamente, que rompería con él si él no estaba dispuesto a casarse con ella. Al principio Frank le aconsejó que no le diera un ultimátum. Cuando se sentía presionado, hacía que ella pusiera las cartas sobre la mesa. Betsy se fue, prometiendo no volver a verle más.

Como se echaban de menos terriblemente, se volvieron a juntar, pero no pasó mucho antes de que volviera a surgir el viejo problema. Betsy insistió de nuevo en que rompería si no se casaban. Frank intentó convencer a Betsy de que cejara en su ultimátum. Ella terminó la relación una segunda vez, pero con mayor convencimiento en esta ocasión, sabiendo que una reconciliación sin matrimonio solo prolongaría su dolor. Aunque hablaba con Frank de vez en cuando, se negó a verle. Sus acciones empujaron a Frank a realizar una importante revaluación de su vida. Temía perder a alguien que se había convertido en la figura central de su vida. Finalmente decidió casarse con Betsy.

Betsy insistió en casarse en un futuro próximo, y Frank estuvo de acuerdo. A pesar de algún conflicto sobre la ceremonia de matrimonio en sí misma y de algún ajuste tras casarse, Frank y Betsy se llevaron bien. Puesto que su relación esencialmente era buena, y se preocupaban tan profundamente el uno por el otro, su matrimonio fue una conexión sólida entre ellos. Años después, miraban con diversión el ultimátum de Betsy. Frank apreciaba la fortaleza que Betsy había mostrado al insistir que su relación avanzara. Betsy apreciaba el hecho de que cuando el empuje se volvió fuerte, Frank había estado ahí para ella.

La experiencia de Frank y Betsy representa el mejor escenario para los ultimátums. Su resultado fue positivo porque el ultimátum de Betsy cumplió cinco condiciones esenciales.

Primera, la amenaza de Betsy fue real. Por mucho que quisiera a Frank, tomó la decisión de romper con él si no se casaba con ella, y él se dio cuenta finalmente de que ella iba en serio. Segunda, el ultimátum de Betsy se centró en una decisión única: que Frank se casara con ella. Su ultimátum no exigía cambios inespecíficos ni una cantidad de cambio indeterminada. En vez de ello, el ultimátum le forzó a él a tomar una decisión definitiva. Tercera, el ultimátum de Betsy exigía el cambio en un marco temporal corto. Insistió en que fijaran una fecha inmediatamente y que la fecha estuviera dentro de un plazo de nueve meses. Ella no exigió acciones repetidas en un periodo de tiempo indeterminado aunque largo. Cuarta, Frank no perdía su sentido de independencia o autonomía accediendo a su ultimátum. Dada la naturaleza de su relación y el modo en que ella planteó el ultimátum, Frank supo que Betsy no estaba realizando una simple muestra de poder para controlarle. Él sabía que la decisión de darle un ultimátum era tormentosa para ella y en parte fruto de la desesperación. Incluso aunque él no quería, parte de él también creía que era momento de que tomaran una decisión acerca del matrimonio. Finalmente, la decisión que el ultimátum exigía fue algo que puso en marcha toda una serie de cambios positivos adicionales (en vez de algo con lo que Frank tenía que «aguantarse»). Entre otras cosas, al casarse, Betsy y Frank cambiaron su estatus con los amigos y la familia, tuvieron más contacto diario y se enlazaron legalmente. En gran medida, ambos experimentaron estos cambios como positivos.

Cuando no se cumplen estas cinco condiciones, los ultimátums suelen fallar. Si no eres serio con tu ultimátum, comunicarás ambivalencia y probablemente no obtendrás una respuesta. Si exiges algo inespecífico y vago, será imposible saber si se cumple la exigencia. Si Betsy hubiera insistido en que Frank le mostrase más consideración o más respeto o más amor, Frank no hubiera sabido exactamente qué se supone que debía hacer ni cuándo tenía que hacerlo. De igual manera, requerir un cambio en un marco temporal indeterminado hace imposible saber cuándo se ha cumplido la exigencia. Si tu pareja percibe el ultimátum principalmente como un intento de control, tu pareja puede rechazarlo de manera refleja. La conformidad no solo significaría renunciar a algo sino entregárselo a alguien. Frank podría haber rechazado el ultimátum de Betsy por no poder soportar que ella le dijera qué hacer, incluso si él hubiera terminado decidiendo por su cuenta casarse con ella. Incluso si Frank hubiese sucumbido al ultimátum de Betsy, el resentimiento que él podría haber sentido después de ser obligado a casarse con ella podría haber contaminado su matrimonio desde el principio. Finalmente, si la conformidad con el ultimátum no tuviera la perspectiva de crear cambios adicionales positivos, el ultimátum y la conformidad con él serían un error. Betsy realizó el astuto juicio de que las dudas de Frank indicaban por su parte una ansiedad real aunque temporal, pero que no reflejaban defectos serios ni en Frank ni en su relación. Ella creía que, después de casarse, las dudas de él desaparecerían al disfrutar de su vida en común. Frank llegó finalmente a la misma conclusión. Por fortuna sus juicios fueron correctos. Si hubiesen sido erróneos, se habrían casado solo para enfrentar las dificultades que la renuencia de Frank estaba advirtiendo.

Incluso si cumples estas cinco condiciones, puede que tu pareja no se muestre conforme, o puede que la decisión de consentir no tenga los efectos positivos esperados. Los ultimátums son aventuras de alto riesgo y deberían ser tu último esfuerzo para buscar un cambio. Con todo, muchas parejas deben su satisfacción, incluso sus mismas relaciones, a un ultimátum bien planteado acerca de tener un hijo, de hacer terapia de pareja, de casarse, de buscar tratamiento para el abuso del alcohol, u otras cosas. Sin embargo, para la mayoría de las parejas, los ultimátums fallidos y abandonados ensucian el campo de batalla de su relación.

Consejo: Utiliza los ultimátums raramente si es que los utilizas, y solo en la infrecuente circunstancia de que exista en la relación una violación grave, una decisión grave o un problema personal grave. En ese caso, utilízalos solo cuando seas serio acerca de cumplirlos, cuando pidas un cambio específico en un marco temporal concreto, cuando sea probable que el cambio produzca cambios positivos futuros y cuando lo puedas hacer sin crear tal resistencia en tu pareja que él o ella se niegue simplemente para evitar la humillación.

Fuente:
Andrew Christensen, Brian D. Doss y Neil S. Jacobson, Reconcilable Differences [Diferencias reconciliables], 2.ª ed., The Guilford Press, 2014, trad. Ben Carral.