El verdadero secreto para tener un gran día de San Valentín (¡no son los bombones!)


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Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Sue JohnsonDe media nos gastamos más de 100$ en el día de San Valentín, nuestra orgía de sentimentalismo de mediados de invierno. Y la ciencia demuestra que nuestros corazones están en la senda acertada. Más allá de las flores y los bombones, el día de San Valentín ofrece bendiciones a las parejas.

Ahora mismo, los norteamericanos están ocupados enviando 190 millones de tarjetas (algunas cursis, otras sinceras) y despilfarrando hasta mil millones de dólares en dulces empalagosos. Todo comenzó como una salvaje fiesta pagana llamada de las Lupercales, tan popular que los cristianos tempranos no se pudieron resistir a requisarla y cambiarla de nombre. Lo hicieron en el siglo V, valiéndose de un hombre llamado Valentín, que fue ejecutado por el emperador Claudio II por celebrar matrimonios clandestinos. Bueno, estaba desanimando a los hombres de unirse al ejército de Claudio.

El día de San Valentín tiene un gran impacto en las relaciones. Los terapeutas de pareja se preparan para la precipitación de personas enfurecidas porque no obtuvieron una tarjeta, una caja de bombones o sexo perfecto de sus parejas. Pero no todo son ventas y sentimientos extraviados.

¿El día de San Valentín y la ciencia? ¡Créelo!

Si miramos a través del objetivo de la nueva ciencia del amor y la vinculación, esta fiesta adquiere todo un nuevo significado. Ante todo somos mamíferos que se vinculan; programados biológicamente para vivir en una red de apoyo y conexión en la que otros acuden cuando les llamamos. Habitualmente, estos otros irreemplazables son nuestros compañeros sexuales. Es más probable que nos vinculemos con las parejas sexuales; después de todo, en el orgasmo nos vemos inundados por hormonas vinculantes como la oxitocina. El día de San Valentín se nos empuja amablemente a celebrar y reconocer lo que para la mayoría de nosotros es nuestro vínculo adulto más fuerte, el corazón de nuestra familia: la conexión con nuestra pareja. En un mundo ocupado y construido para la distracción y la desconexión, señalar un día en el que acordemos en masa prestar atención a nuestras relaciones amorosas tiene que ser una buena idea.

¿Por qué importa el tiempo de estar juntos?

Esta clase de celebración, sentimentaloide o no, es más importante que nunca. Dependemos de nuestras parejas para la conexión social en una medida que le habría resultado extraña a la generación de mi abuela. Probablemente, ella se pasaba tres horas al día hablando con otros, y tenía cerca de una docena de amigas y una familia a las que acudir y en quienes confiar, mientras que nosotros pasamos cada vez menos tiempo interactuando cara a cara y el número de personas a las que poder confiarnos se encuentra en una trayectoria descendente constante. El aislamiento y la soledad se encuentran en el máximo histórico y sabemos que (para los mamíferos vinculantes) estar aislados es vivir ¡en un estado de amenaza crónica!

Para muchos de nosotros, nuestra pareja es nuestra única relación de refugio seguro; nuestro único parachoques contra los efectos tóxicos de la separación no deseada. En la investigación de escaneo cerebral descubrimos que, incluso cuando estás esperando una descarga eléctrica en los tobillos, una vez que se establece un vínculo de refugio seguro, simplemente coger la mano de tu pareja hace que tu cerebro pase de una excitación de alerta roja a un estado de calma tranquila, y reduce el dolor físico de la descarga.

Celebra la intimidad

Las relaciones íntimas son dignas de celebrarse. Son nuestro mayor recurso. La evidencia científica ha descubierto de manera aplastante que un vínculo amoroso es la mejor receta para casi todo lo que hace que merezca la pena vivir, incluidas la salud física y la salud mental, la resiliencia al estrés y un sentido fuerte del yo. Incluso parece que estos vínculos nos ofrecen ¡el mejor antídoto contra el envejecimiento! Una de las grandes lecciones de la revolución en la ciencia de las relaciones es que las personas que se aman tienen más impacto la una en la otra de lo que Hollywood nunca imaginó.

Más barato (y más preciado) que los bombones

En una sesión de terapia de pareja, Tracy le dice a Mike: «No necesito la gran caja de bombones. Necesito esos besos lentos en la frente por la mañana, y esa voz que utilizas para decir mi nombre nada más que llegas a casa. Necesito que me busques después de una pelea y que me demuestres que soy lo bastante especial como para que te arriesgues a acercarte de nuevo. Necesito sentir la tranquilidad de que soy la mujer especial para ti, incluso cuando me siento baja y pequeña. Solo tú puedes hacerlo». Mike se ríe: «Voy a escribir lo que me acabas de decir y lo podemos convertir en mi promesa de San Valentín para ti. Más barato que los bombones, más duradero que las flores. Puedo hacer todo eso».

Lo que sabemos por nuestros años de investigación es que si Mike puede responder a su mujer de esta manera, con una conexión emocional centrada y abierta, y si ella puede pedir lo que necesita, lo más probable es que tengan una vida de San Valentines. Y eso bien merece una celebración salvaje y muy sentimental.

Fuente:
Sue Johnson, «The Real Secret To Having A Great Valentine’s Day (It’s Not Chocolate!)», en Mindbodygreen.com, 12 de febrero de 2014, visita: 13 de febrero de 2015, trad. Ben Carral.