Archivo de la categoría: amor

6 razones por las que no deberíais «seguir siendo amigos»


Esta entrada se publicó en amor y está etiquetada con , , , en por .

Por Andrea Bonoir (doctora en Psicología)

Trad. Ben Carral

Andrea BoniorProcede cuidadosamente o prepárate para sufrir más dolor de corazón

Es uno de los mayores clichés de todos los tiempos: «Quiero que sigamos siendo amigos».

Desde declaraciones de ruptura de celebridades, pasando por improvisados mensajes de texto a charlas delante de las taquillas del instituto, en nuestra cultura existe la idea de que las rupturas deberían ser dulces y agradables. Se asume a menudo que la mejor manera de terminar una relación romántica es embarcarse mágicamente en una amistad íntima y feliz; en la que todo el mundo está encantado, y las dos partes se provocan sonriendo sobre los hábitos de él de jugar a videojuegos o la afición de ella por los broches vintage.

Pero ¿esta fantasía funciona alguna vez, y es siquiera inteligente intentarlo? ¿Realmente puedes ser amigo de alguien con el que has salido, aunque te conozca mejor que nadie? ¿Algún gran romance (o incluso normal) se ha transformado tranquilamente en una gran amistad alguna vez?

Muchas veces, la respuesta es no. Algunas veces, por supuesto, puede ocurrir; con el tiempo. Pero se deben cumplir ciertas condiciones. Aquí presento seis señales que deberían decirte que «Seamos solo amigos» puede que no sea tu mejor opción.

1. Uno de vosotros realmente quiere la amistad, mientras que el otro simplemente la utiliza como palabra de moda para referirse a la ruptura y no tiene ningún interés real en ser amigos. Cuando esto ocurre, el dolor de la ruptura se prolonga hasta la saciedad. Mientras tú te convences de que él o ella realmente quiere que seáis amigos, tu ex se convence de que se puede escabullir si lo intenta con la fuerza suficiente. Este patrón de apartar y atraer es a menudo peor que la propia ruptura, y puede durar semanas o incluso meses. Simplemente di no.

2. Nunca tuvisteis la base para una amistad. Las relaciones románticas que se acaban porque apenas teníais nada en común salvo la atracción, o porque nunca fuisteis capaces de comunicaros abiertamente sin gritaros, no es probable que se conviertan en relaciones estelares cuando se elimina el sexo. No te engañes: ¿Había una verdadera amistad que realmente merezca la pena salvar? ¿O es solo una quimera que realmente quisierais pasar tiempo juntos si no hubiera sexo de por medio? (¿Buscáis una amistad que conserve el sexo, pero sin ningún compromiso cuando antes estabais comprometidos? Escribidme si sale bien; seríais los primeros.)

3. Hay una ausencia de respeto mutuo. Quizá vuestra relación nunca fue particularmente respetuosa, o quizá durante el decimoséptimo combate de gritos o durante el silencio evasivo en el periodo de ruptura, el respeto que una vez tuvisteis se erosionó finalmente. Sea lo que fuere, ¿cómo vais a reconstruir mágicamente, o incluso fingir, ese respeto durante una amistad platónica? ¿Y por qué ibais a querer hacerlo?

4. Hubo un abuso emocional o de otro tipo durante la relación. El criterio más básico para embarcarse en cualquier amistad, incluso con el romance y el sexo completamente fuera de la ecuación, es la capacidad para confiar en que no os dañaréis el uno al otro de manera deliberada. Cuando has tenido una relación romántica abusiva, no puedes creer razonablemente que en realidad la persona comenzará a tratarte bien cuando seáis «solo amigos». De hecho, podría ser una situación muy peligrosa, pues el abusador utiliza la amistad para mantener su control o maltrato continuado. Si necesitas ayuda para aguantarlo, incluso si has tomado la decisión de irte, deberías considerar seriamente buscar apoyo profesional.

5. Uno de vosotros, o los dos, se volvería extremadamente celoso o posesivo si el otro comenzara a ver a una persona distinta. Por esto es en realidad que las amistades saludables son tan difíciles por lo general después de una ruptura, al menos durante unos cuantos meses. ¿Honestamente estarías bien con el chico que pensabas que era «el elegido» hablando excitadamente sobre una nueva y asombrosa interna llamada Emily? ¿Por qué hacerte pasar por ello? A la inversa, ¿te resultaría cómodo ser tú la que tenga que esconder una nueva relación que está empezando a volverse seria? Quizá podría suceder con el tiempo, pero probablemente no ahora mismo. Lo que nos lleva a…

6. No le habéis dado a vuestra relación romántica el tiempo y el espacio suficientes para morir de manera natural. Incluso aunque tengáis el sentimiento de que podríais ser amigos para toda la vida (quizá ese fue el motivo y terminasteis el romance porque sabíais que la amistad era mucho mejor), seguís necesitando un poco de tiempo y espacio para recuperar todo vuestro yo, de manera independiente. De otro modo, vuestra amistad será demasiado reactiva y se verá empañada por las sombras de vuestro romance fallido. Las distintas emociones que corren por el cuerpo durante las primeras semanas después de una ruptura no son la plataforma más estable sobre la que construir una amistad. Antes de poder decidir si una conexión platónica es lo adecuado para ti, debes regresar a quien eras como individuo, en vez de como la mitad de una pareja.

Fuente:
Andrea Bonior, «6 Reasons You Shouldn’t ‘Still Be Friends’», en Psychologytoday.com, 24 de marzo de 2014, visita: 1 de febrero de 2015, trad. Ben Carral.

Se ha descubierto la causa probable de la adicción, y no es la que piensas


Esta entrada se publicó en amor y está etiquetada con , , , , , , , , , , , , , , , en por .

Por Johann Hari (escritor y periodista)

Trad. Ben Carral

Johann HariHan pasado 100 años desde que se prohibieron las drogas por primera vez, y durante todo este siglo de hacerle la guerra a las drogas, nuestros profesores y gobiernos nos han contado una historia acerca de la adicción. Esta historia se encuentra tan arraigada en nuestras mentes que la damos por sentada. Parece obvia. Parece manifiestamente cierta. Yo también la creía hasta que, hace tres años y medio, empecé un viaje de 48.000 kilómetros para mi nuevo libro: Chasing The Scream: The First and Last Days of the War on Drugs [Persiguiendo el grito: los primeros y últimos días de la guerra contra las drogas], para averiguar qué hay realmente detrás de la guerra contra las drogas. Pero lo que aprendí en el camino es que casi todo lo que nos han contado acerca de la adicción es erróneo, y nos espera una historia muy diferente si estamos listos para escucharla.

En el caso de que absorbamos realmente esta nueva historia, tendremos que cambiar mucho más que la guerra contra las drogas. Nos tendremos que cambiar a nosotros mismos.

Lo aprendí de una extraordinaria mezcla de personas con las que me encontré en mis viajes. Desde amigos aún vivos de Billie Holiday [(1915-1959)], que me ayudaron a conocer cómo el fundador de la guerra contra las drogas la persiguió y ayudó a matarla. Pasando por un doctor judío que escapó de niño del gueto de Budapest para descubrir de mayor los secretos de la adicción. A un traficante de crack transexual de Brooklyn que fue engendrado cuando su madre, una adicta al crack, fue violada por su padre, un agente de la policía de Nueva York. Y un hombre al que una dictadura torturadora recluyó durante dos años en el fondo de un pozo para terminar siendo elegido presidente de Uruguay y empezar los últimos días de la guerra contra las drogas.

Tenía una razón muy personal para salir en busca de estas respuestas. Uno de mis primeros recuerdos de niño es intentar despertar a uno de mis parientes, y no ser capaz de hacerlo. Desde entonces le he estado dando vueltas al misterio esencial de la adicción: ¿Qué hace que algunas personas se obsesionen tanto con una droga o un comportamiento que terminen siendo incapaces de dejarlo? ¿Cómo podemos ayudar a que estas personas vuelvan con nosotros? Mientras crecía, otro de mis parientes cercanos desarrolló una adicción a la cocaína, y tuve una relación con un adicto a la heroína. Supongo que la adicción me resulta muy familiar.

Si me hubieras preguntado al principio qué causa la adicción, te habría mirado como si fueses idiota y te habría dicho: «Las drogas; obvio». No es difícil de entender. Pensaba que lo había visto en mi propia vida. Todos lo podemos explicar. Imagina que tú, yo y las próximas 20 personas que pasen a nuestro lado por la calle tomemos una droga realmente potente durante 20 días. Esta droga contiene fuertes ganchos químicos, por lo que si dejáramos de tomarla el día 21, nuestros cuerpos necesitarían la sustancia química. Tendríamos un anhelo feroz. Seríamos adictos. Eso es lo que significa la adicción.

Una de las maneras en que esta teoría se estableció por primera vez fue a través de experimentos con ratas, inyectados en la mente estadounidense en la década de 1980, en un famoso anuncio de la Partnership for a Drug-Free America [Asociación por un Estados Unidos Libre de Drogas]. Puede que lo recuerdes. El experimento es sencillo. Pones a una rata en una jaula, sola, con dos botellas de agua. Una es solo agua. La otra es agua con un poco de heroína o cocaína. Casi siempre que realizas el experimento, la rata se obsesiona con el agua con droga y sigue volviendo a por más y más, hasta que se mata.

El anuncio explica: «Solo una droga es tan adictiva, nueve de cada diez ratas de laboratorio la consumen. Y la consumen. Y la consumen. Hasta que mueren. Se llama cocaína. Y te puede hacer lo mismo a ti».

Pero en la década de 1970, un profesor de Psicología de Vancouver llamado Bruce Alexander se dio cuenta de algo extraño acerca del experimento. A la rata se le pone en una jaula totalmente sola. No tiene nada más que hacer que tomar la droga. ¿Qué pasaría, se preguntó, si lo probáramos de manera diferente? Así que el profesor Alexander construyó Rata Park. Es una jaula lujosa donde las ratas tienen pelotas de colores, la mejor comida para ratas, túneles para lanzarse y un montón de amigos; todo lo que una rata podría desear. Alexander quería saber qué pasaría.

Obviamente, en Rata Park, todas las ratas probaron las dos botellas de agua, porque no sabían qué había en ellas. Pero lo que sucedió después fue asombroso.

A las ratas con buenas vidas no les gustó el agua con droga. En su mayor parte la rechazaron, consumiendo menos de un cuarto de las drogas que habían consumido las ratas aisladas. No murió ninguna de ellas. Mientras que todas las ratas que estaban solas e infelices se volvieron consumidoras fuertes, no sucedió lo mismo con ninguna de las ratas que tenían un entorno feliz.

Al principio pensé que se trataba meramente de un rasgo de las ratas, hasta que descubrí que se estaba llevando a cabo (al mismo tiempo que el experimento de Rata Park) un útil equivalente humano. Se llamó la guerra de Vietnam. La revista Time informó que entre los soldados estadounidenses la heroína era «tan común como el chicle», y existe una evidencia sólida para respaldarlo: entorno al 20% de los soldados estadounidenses se volvió allí adicto a la heroína, según un estudio publicado en Archives of General Psychiatry [Archivos de Psiquiatría General]. Comprensiblemente, muchas personas se aterrorizaron; creían que un enorme número de adictos iba a volver a casa cuando terminase la guerra.

Pero de hecho, según el mismo estudio, entorno al 95% de los soldados adictos simplemente lo dejaron. Muy pocos fueron a rehabilitación. Cambiaron de una jaula terrorífica a otra agradable, así que dejaron de querer las drogas.

El profesor Alexander argumenta que este descubrimiento es un profundo reto tanto para la visión de derechas de que la adicción es un fallo moral provocado por demasiada fiesta hedonista, como para la visión progresista de que la adicción es una enfermedad que sucede en un cerebro secuestrado químicamente. Argumenta, de hecho, que la adicción es una adaptación. No eres tú. Es tu jaula.

Después de la primera fase de Rata Park, el profesor Alexander llevo la prueba más allá. Volvió a repetir los experimentos tempranos, en los que se dejaba solas a las ratas y se convertían en consumidoras compulsivas de la droga. Les dejó tomarla durante 57 días; si algo te puede enganchar, es eso. Entonces las sacó del aislamiento y las puso en Rata Park. Quería saber si cuando caes en ese estado de adicción, tu cerebro se encuentra tan secuestrado que no te puedes recuperar. ¿Las drogas se apoderan de ti? Lo que sucedió es impresionante, de nuevo. Las ratas parecieron tener algunos tics de abstinencia, pero pronto detuvieron su consumo elevado y volvieron a tener una vida normal. Les salvó la jaula buena. (Las referencias completas a todos los estudios que estoy discutiendo se encuentran en el libro.)

Cuando descubrí esto por primera vez, me quedé perplejo. ¿Cómo puede ser? Esta nueva teoría es un asalto tan radical a lo que nos han contado que parece que no puede ser cierta. Pero cuantos más científicos entrevisté, y cuanto más consideré sus estudios, más cosas descubrí que no parecían tener sentido: a no ser que tengas en cuenta esta nueva aproximación.

Aquí va un ejemplo de un experimento que está sucediendo a tu alrededor, y que bien te podría suceder algún día. Si te atropellan hoy y te rompes la cadera, probablemente te den diamorfina, el nombre médico de la heroína. A tu alrededor, en el hospital, habrá muchas personas a las que también se les da heroína durante largos periodos para aliviar el dolor. La heroína que recibirás del médico será más pura y potente que la heroína utilizada por los adictos callejeros, que se la tienen que comprar a criminales que la adulteran. Así que si la vieja teoría de la adicción fuera cierta (la provocan las drogas y hacen que tu cuerpo las necesite), resulta obvio lo que sucedería. Montones de personas abandonarían el hospital e intentarían conseguir caballo en las calles para satisfacer su hábito.

Pero lo extraño es que casi nunca sucede. Como el doctor canadiense Gabor Mate me explicó por primera vez, los consumidores médicos simplemente lo dejan, a pesar de meses de consumo. La misma droga, utilizada durante el mismo periodo de tiempo, convierte a los consumidores callejeros en adictos y no afecta a los pacientes médicos.

Si sigues creyendo (como yo solía hacer) que la adicción es provocada por ganchos químicos, no tiene sentido. Pero si crees la teoría de Bruce Alexander, las piezas encajan. El adicto callejero es como las ratas en la primera jaula, aislado, solo, con una única fuente de consuelo a la que recurrir. El paciente médico es como las ratas de la segunda jaula. Se va a casa donde le espera una vida rodeado de personas que le aman. La droga es la misma, pero el entorno es diferente.

Esto nos ofrece una comprensión que va mucho más allá de la necesidad de comprender a los adictos. El profesor Peter Cohen argumenta que los seres humanos tenemos una necesidad profunda de vincularnos y crear conexiones. Así obtenemos nuestra satisfacción. Si no podemos conectar con otros, conectaremos con cualquier cosa que encontremos: el sonido de una ruleta girando o el pinchazo de una jeringuilla. Dice que deberíamos dejar totalmente de hablar de «adicción» y pasar a llamarla vinculación. Un adicto a la heroína se ha vinculado con ella porque no pudo vincularse tan plenamente con nada más.

Así que lo opuesto a la adicción no es la sobriedad. Es la conexión humana.

Cuando descubrí todo esto, encontré que poco a poco me fue persuadiendo, pero seguía sin poder sacudirme una molesta duda. ¿Estos científicos están diciendo que los ganchos químicos no suponen una diferencia? Me explicaron: Te puedes convertir en adicto al juego, y nadie creerá que te inyectas un mazo de cartas en las venas. Puedes tener toda la adicción y ningún gancho químico. Acudí a un encuentro de Jugadores Anónimos en Las Vegas (con el permiso de todos los presentes, que sabían que estaba allí para observar) y eran evidentemente tan adictos como los adictos a la cocaína y a la heroína que he conocido en mi vida. Sin embargo, no hay ganchos químicos en una mesa de dados.

Pero aun así, me pregunté, las sustancias químicas seguramente juegan un papel, ¿verdad? Resulta que existe un experimento que nos da la respuesta en términos muy precisos; lo descubrí en el libro de Richard DeGrandpre The Cult of Pharmacology [El culto de la farmacología].

Todo el mundo está de acuerdo en que fumar cigarrillos es uno de los procesos más adictivos. Los ganchos químicos del tabaco vienen de una droga en su interior llamada nicotina. Así que cuando se desarrollaron los parches de nicotina a principios de la década de 1990, hubo una gran ola de optimismo: Los fumadores de cigarrillos podrían tener todos sus ganchos químicos sin el resto de efectos sucios (y mortales) de fumar cigarrillos. Serían libres.

Pero la Dirección General de Salud Pública ha descubierto que solo el 17,7% de los fumadores de cigarrillos son capaces de dejarlo utilizando parches de nicotina. Es algo. Como esto demuestra, si las sustancias químicas están detrás del 17,7% de la adicción, siguen siendo millones de vidas arruinadas globalmente. Pero lo que revela una vez más es que la historia que nos han enseñado: que la causa de la adicción son los ganchos químicos, es cierta, sí, pero solo una pequeña parte de una situación mucho más grande.

Esto tiene enormes implicaciones para la centenaria guerra contra las drogas. Esta guerra masiva (que, como he visto, mata a personas desde las plazas de México a las calles de Liverpool) se basa en la afirmación de que necesitamos erradicar físicamente todo un conjunto de sustancias químicas porque secuestran los cerebros de las personas y causan adicción. Pero si las drogas no controlan la adicción (si, de hecho, es la desconexión la que controla la adicción), entonces no tiene sentido.

Irónicamente, la guerra contra las drogas en realidad incrementa todos esos controladores más importantes de la adicción. Por ejemplo, fui a una cárcel de Arizona (Tent City) donde los prisioneros son recluidos durante semanas en pequeñas jaulas de aislamiento de piedra («el agujero») para castigarles por consumir drogas. Es la recreación humana más parecida que puedo imaginar a las jaulas que garantizaban una adicción mortal en las ratas. Y cuando estos reclusos salgan de prisión, no conseguirán trabajo debido a su registro criminal, garantizando que se les aislará más todavía. Observé cómo sucedía esto en las historias humanas que encontré alrededor del mundo.

Existe una alternativa. Puedes construir un sistema diseñado para ayudar a los drogadictos a reconectar con el mundo, y de este modo dejar atrás la adicción.

No es algo teórico. Está sucediendo. Lo he visto. Hace casi 15 años, Portugal tuvo uno de los peores problemas de Europa con las drogas, con el 1% de la población adicta a la heroína. Habían intentado una guerra contra las drogas, y el problema solo seguía empeorando. Así que decidieron hacer algo radicalmente distinto. Resolvieron despenalizar todas las drogas, transferir todo el dinero que solían gastar en arrestar y encarcelar a los drogadictos para, en vez de ello, emplearlo en reconectarles: con sus propios sentimientos y con la sociedad en general. El paso más importante es conseguirles un alojamiento seguro y trabajos subvencionados para que tengan un propósito en la vida y algo por lo que salir de la cama. Observé mientras se le ayudaba, en clínicas cálidas y acogedoras, a aprender a reconectar con sus sentimientos, tras años de trauma y de acallarlos con drogas.

Un ejemplo que conocí fue el de un grupo de adictos al que se le concedió un préstamo para montar una empresa de mudanzas. De repente fueron un grupo, todos vinculados unos con otros, y con la sociedad, y mutuamente responsables de su cuidado.

Ahora se conocen los resultados de todo esto. Un estudio independiente del British Journal of Criminology [Revista británica de criminología] descubrió que, desde la despenalización total, la adicción ha caído y que el consumo de droga inyectada ha disminuido el 50%. Lo repetiré: El consumo de droga inyectada ha disminuido el 50%. La despenalización ha sido un éxito tan manifiesto que muy pocas personas en Portugal quieren regresar el viejo sistema. Allá en el año 2000, el principal activista contra la despenalización fue Joao Figueira, el policía jefe de narcóticos del país. Ofreció toda clase de advertencias terribles que esperaríamos del Daily Mail o de Fox News. Pero cuando nos sentamos juntos en Lisboa, me dijo que no había sucedido nada de lo que había predicho, y ahora espera que todo el mundo siga el ejemplo de Portugal.

No solo es relevante para los adictos a los que amo. Es relevante para todos nosotros, porque nos obliga a pensar diferente sobre nosotros mismos. Los seres humanos somos animales que crean vínculos. Necesitamos conectar y amar. La frase más sabia del siglo XX fue la de E. M. Forster [(1879-1970)]: «simplemente conecta». Pero hemos creado un entorno y una cultura que nos impide conectar, o que solo brinda la parodia de conexión ofrecida por internet. El aumento de la adicción es un síntoma de una enfermedad más profunda en nuestro modo de vida: dirigiendo constantemente la mirada hacia el siguiente objeto brillante que deberíamos comprar, en vez de hacia los seres humanos que nos rodean.

El escritor George Monbiot lo ha llamado «la era de la soledad». Hemos creado sociedades humanas donde a las personas les resulta más fácil que nunca aislarse de toda conexión humana. Bruce Alexander (el creador de Rata Park) me dijo que, desde hace mucho, hemos hablado exclusivamente de la recuperación individual de la adicción. Ahora necesitamos hablar de la recuperación social: de cómo no recuperamos todos, juntos, de la enfermedad de aislamiento que se está metiendo en nosotros como una niebla espesa.

Pero esta nueva evidencia no solo supone un reto político para nosotros. No solo nos obliga a cambiar nuestras mentes. Nos obliga a cambiar nuestros corazones.

Amar a un adicto es realmente duro. Cuando miraba a los adictos a los que amo, siempre fue tentador seguir el consejo de amor duro ofrecido por realities como Intervention [Intervención]: dile a los adictos que espabilen o corta con ellos. El mensaje es que se debe rechazar a un adicto que no lo deje. Es la lógica de la guerra contra las drogas importada a nuestras vidas privadas. Pero aprendí que, de hecho, eso solo conseguiría profundizar su adicción: y les podrías perder del todo. Volví a casa determinado a vincularme más fuerte que nunca con los adictos de mi vida, para hacerles saber que les amo incondicionalmente, tanto si lo dejan como si no pueden.

Cuando regresé de mi largo viaje, miré a mi ex novio, temblando en mi cama de invitados con el síndrome de abstinencia, y pensé sobre él de manera diferente. Desde hace un siglo hemos estado cantando canciones de guerra sobre los adictos. Mientras le limpiaba la frente, se me ocurrió que deberíamos haberles cantado canciones de amor desde el principio.

Fuente:
Johann Hari, «The Likely Cause of Addiction Has Been Discovered, and It Is Not What You Think», en Huffingtonpost.com, 20 de enero de 2015, revision: 23 de enero de 2015, visita: 31 de enero de 2015, trad. Ben Carral.

¿Por qué duele tanto cuando tu pareja no te responde?


Esta entrada se publicó en amor y está etiquetada con , , , , , , , , en por .

Por Jenev Caddell (doctora en Psicología)

Trad. Ben Carral

Jenev CaddellQuizá has estado allí: Quieres llegar al fondo de algo con tu ser amado y no obtienes respuesta. No tienes ni idea de cómo hacer para que tu pareja se abra. Experimentas frustración, incredulidad, ira e incluso puede resultar doloroso.

Te podrías cuestionar a ti mismo por qué permites que te moleste tanto, pero en realidad puede que este dolor simplemente sea el resultado de que eres humano. Este artículo verterá algo de luz sobre por qué puede resultar tan doloroso cuando tu pareja no te responde, de manera que puedas de dejar de ser duro contigo por ser tan «necesitado» y aprender más acerca de cómo tratar con este problema.

La ciencia detrás del amor romántico

Recientemente, gracias a investigadores y psicólogos como la doctora Sue Johnson, se ha descubierto una nueva ciencia del amor. Básicamente explica por qué las parejas hablan en términos de vida y muerte cuando tiene que ver con sentirse conectados el uno con el otro, y cómo hacer que el amor funcione. En sus propias palabras, tomadas de su best-seller Love Sense: The Revolutionary New Science of Romantic Relationships [Sentido del amor: la nueva ciencia revolucionaria de las relaciones románticas], Johnson escribe esto: «El primer y principal instinto de los seres humanos no es el sexo ni la agresión. Es buscar contacto y una conexión reconfortante».

Respaldada por la última investigación en neurobiología interpersonal, neurociencia y psicología, la nueva ciencia del amor compara el vínculo entre los dos miembros de una pareja romántica con el vínculo que existe entre una madre o un padre y un hijo. Al ser ignorado o no conseguir una respuesta, un miembro de la pareja recibe el mensaje de que no es importante y, probablemente, su cerebro entre en un pánico primordial y envíe señales de peligro al resto del cuerpo.

La nueva ciencia nos recuerda que, en cuanto humanos, somos criaturas sociales, y cuando se nos aisla de la tribu, es como si ya hubiéramos muerto. Incluso hoy, aunque tendemos a privilegiar nuestra inteligencia por encima de las emociones, no podemos ser más listos que nuestros instintos. A menudo, la tribu de alguien es su pareja, y cuando es desconectado, se puede sentir dolorido, asustado y amenazado de muerte en cierto nivel.

El mensaje aquí es que si sientes mucho dolor y frustración cuando no se te responde, no es que estés loco, simplemente eres humano.

El dolor social es real

El dolor emocional se registra en el mismo lugar del cerebro que el dolor físico. El dolor social y el dolor emocional son pistas para nuestros sistemas físicos de que algo ha ido mal. Ambos activan un sistema de alarma al que no podemos evitar atender. Porque somos criaturas sociales por naturaleza, cuando otro nos rechaza o nos abandona, especialmente un ser amado, literalmente nos hace daño. Lo que significa: Sabe que tu dolor es real. A pesar de todos los mensajes que podrías recibir diciendo otra cosa: No eres débil por sentir dolor cuando no se te responde.

Haz algo acerca de ello

No hay razón para que toleres una relación en la que no se te responde. Sin embargo, para tu pareja puede que probablemente esté sucediendo más por debajo de la superficie de lo que te das cuenta. Los dos podríais estar atrapados en un patrón que causa una desconexión en la que tú continúas presionando y tu pareja continúa apartándose. Por difícil que sea encontrarse en una relación definida por este patrón, existen salidas.

El libro de la doctora Sue Johnson Abrázame fuerte: siete conversaciones para un amor duradero (Hold Me Tight: Seven Conversations for a Lifetime of Love) es un recurso para ayudarte a entender esta interacción un poco más, y contactar con un buen consejero de parejas también puede resultar extremadamente útil para ayudaros a los dos a entenderos más el uno al otro.

Fuente:
Jenev Caddell, «Why is it so painful when your partner doesn’t respond to you?», en Mentalhealth.about.com, actualización: 28 de diciembre de 2014, visita: 25 de enero de 2015, trad. Ben Carral.

Estar casados no es lo mismo que vivir juntos


Esta entrada se publicó en amor y está etiquetada con , , , en por .

Por Duana Welch  (doctora en Psicología; miembro del Consejo Asesor de Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Duana WelchEl matrimonio también hace más felices a las personas que vivir juntas (cohabitar). A pesar de las tendencias culturales hacia una creencia de que el matrimonio es simplemente una elección más de estilo de vida que no difiere de otras opciones, las personas felizmente casadas son más felices que cualquier otro grupo con el que se las compare, incluidas las solteras, las que viven juntas (cohabitan), las divorciadas, las viudas o las que salen con alguien. Esto es cierto en todas las culturas en las que se ha estudiado la cohabitación.

Cuando Linda Waite (doctora en Sociología) analizó los datos más extensos sobre matrimonio y cohabitación en Estados Unidos, descubrió que las personas casadas son más felices, de lejos. ¿Por qué? Bueno, no lo podemos saber por los experimentos, porque esta clase de estudios son correlacionales: sin una causa definitiva. Pero los estudios muestran que aunque las personas que viven juntas (cohabitan) ejercen mayor libertad que las casadas, sacrifican el apoyo a nivel esencial que solo se encuentra en el contexto comprometido del matrimonio. Por ejemplo, es igual de probable que las personas que cohabitan digan que esperan que su pareja sea fiel, pero es mucho más probable que tengan sexo fuera de su relación principal. La doctora Waite señala que debido a que las personas casadas invierten la una en la otra y en un futuro común con horizontes temporales ilimitados, los hombres y las mujeres casados viven más, están más sanos, tienen más y mejor sexo, sufren menos violencia doméstica y ganan más dinero y tienen mejores carreras profesionales. Incluso a sus hijos les va mejor prácticamente en todo.

Fuente:
Duana C. Welch, Love Factually [Ama con datos], LoveScience Media, 2015, trad. Ben Carral.

Las 5 maneras de no hablarle a tu pareja


Esta entrada se publicó en amor y está etiquetada con , , en por .

Melissa OrlovSabotear tus mejores intereses es demasiado fácil. Sigue estas reglas para evitarlo.

Por Melissa Orlov (experta en el impacto del TDAH en las relaciones)

Trad. Ben Carral

¿Quieres que tu pareja te escuche realmente? ¿Simplemente necesitas ser escuchado? ¿Lo que tienes que decir es tan importante que se debe prestar atención? Si es así, aquí van cinco aproximaciones que sencillamente no funcionarán:

1. Alargar demasiado un caso

Puesto que lo que tienes que decir es realmente importante, puede que te sientas tentado a expresar tu posición en gran detalle. ¡No lo hagas! Es más fácil comprender una declaración concisa de un problema (al menos al principio) que una posición tediosamente larga.

2. Seguir cuando tu pareja no responde

Has declarado tu caso y tu pareja ha escuchado educadamente. Terminas y… no obtienes una respuesta de verdad. Esperabas implicación, pero en vez de ello no está claro lo que tu pareja tiene en mente; o peor, tienes miedo de que sea negativo. Resiste la tentación de repetir tu caso: En lugar de ello, si quieres implicación, haz preguntas de seguimiento como: «¿Estás de acuerdo?», o: «¿Qué piensas de ello?».

3. Hablar de asuntos privados delante de otros

Puede que te sientas abrumado por la emoción, la frustración o incluso la ira. Puede que sientas que debes comunicar tu idea o necesidad, pero si aireas vuestras preocupaciones privadas delante de otros, es mucho más probable que tu pareja desconecte, se ofenda o se sienta avergonzada en vez de escuchar.

4. Ignorar una petición de hablar más tarde

Has declarado tu caso (quizá más de una vez) y tu pareja ha intentado escuchar… pero es el final de un día largo, o por cualquier otra razón, simplemente no es un buen momento. Él o ella dice: «Hablemos de ello el fin de semana, que tenemos más tiempo». Pero estás tan convencido de que debes hacerte entender ahora que pones tus necesidades por encima de las de tu pareja y sigues. Así que ahora, en vez de necesitar hablar de un problema, necesitas tratar dos: El problema original, y la dificultad adicional que has creado al ignorar la petición de tu pareja. Y según continúas hablando, tu pareja se siente cada vez más negativa por el tratamiento que le estás dando. Cuanto más negativa esté (él o ella), menos probable es que se centre en tu problema original y responda a él.

5. Despertar más tarde y empezar de nuevo

Te encuentras tan molesto por el asunto que te preocupa que no puedes dormir bien. Tu pareja está teniendo el mismo problema. En vez de dejarlo estar para poder abrazaros y retomar la cuestión mañana, frescos, vuelves a sacar el asunto problemático una vez más… hacia las dos de la mañana; y puedes imaginar lo bien que irá.

A veces podemos querer tanto algo, o sentir algo tan intensamente, que entorpecemos nuestros mejores intereses. Pero sin importar el ardor con el que quieras comunicar algo, tu pareja que escuchará y responderá mejor si, al mismo tiempo, muestras que sigues siendo consciente de sus necesidades.

Fuente:
Melissa Orlov, «The 5 Ways Not to Talk to Your Partner», en Psychologytoday.com, 4 de abril de 2014, visita: 18 de enero de 2015, trad. Ben Carral.

Ser conscientes de las emociones para construir relaciones saludables


Esta entrada se publicó en amor y está etiquetada con , , , , , , , , en por .

John GottmanPor John Gottman (doctor en Psicología; referente del Mindfulness Gijón) y Joan DeClaire (escritora)

Trad. Ben Carral

De nuestra investigación ha surgido una idea muy fundamental y simple: Hemos descubierto los componentes elementales de la intimidad entre las personas, y hemos aprendido el principio básico que regula cómo funcionan las relaciones y también determina en gran medida cómo se puede regular el conflicto entre las personas. La idea básica tiene que ver con la manera en que la gente, en los momentos cotidianos de la vida diaria, hace intentos de comunicación emocional, y cómo responden o dejan de responder a estos intentos las personas que hay alrededor.

Esos momentos cotidianos no son muy espectaculares. Se pasan por alto fácilmente y, por desgracia, ese es su destino habitual. Sin embargo, son muy poderosos. Al volvernos conscientes (mindful) de tales momentos, podemos dar y recibir la intimidad y el apoyo que todos necesitamos de nuestras relaciones más íntimas.

Ahora podemos integrar esta idea básica sobre los momentos de conexión emocional con los siete sistemas básicos de mando emocional del cerebro. Estos sistemas de mando hacen posible que veamos direcciones y propósitos en nuestras emociones. La consciencia de las emociones que generan estos sistemas de mando nos permite examinar lo que puede estar faltando en nuestras vidas, y examinar también las discrepancias entre nuestras necesidades y las necesidades de quienes son más importantes para nosotros. La consciencia de nuestras emociones dentro de nosotros mismos, y de las emociones generadas en nuestras relaciones más íntimas, puede proporcionar una guía natural para nuestra búsqueda de significado, y nos puede dar la dirección que constantemente buscamos para nuestras vidas.

Fuente:
John M. Gottman y Joan DeClaire, The Relationship Cure, Harmony Books, 2001, trad. Ben Carral. (Existe traducción al español: Guía del amor y la amistad, Editorial Kairós, 2008.)

¿Dónde fracasa el amor?


Esta entrada se publicó en amor y está etiquetada con , , , , , en por .

Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Sue JohnsonLos tres diálogos demoniacos que pueden arruinar tu relación

Las parejas infelices siempre me dicen que se pelean por el dinero, los niños o el sexo. Me dicen que no se pueden comunicar y que la solución es que su pareja tiene que cambiar. Brian me cuenta: «Si Mary no se volviera tan emocional y escuchase mis argumentos sobre nuestras finanzas y los niños, iríamos a alguna parte». Y Mary dice: «Bueno, si Brian hablase más y no se limitara a alejarse, no nos pelearíamos. Creo que nos estamos distanciando».

Después de 25 años de hacer terapia de pareja y estudios de investigación de pareja, sé que tanto Mary como Brian simplemente están viendo la punta del iceberg. Sumergido debajo se encuentra el gigantesco problema real: los dos miembros de la pareja se sienten emocionalmente desconectados.

Se están cuidando las espaldas, se sienten criticados, no escuchados, solos. Por debajo de las discusiones fuertes y los silencios prolongados, los miembros de la pareja se están haciendo preguntas clave en el drama del amor: «¿Estás ahí para mí? ¿Mis sentimientos y yo te importamos? ¿Me responderás cuando te necesite?». Las respuestas a estas preguntas, preguntas muy difíciles de hacer y de escuchar en el ardor de una pelea, suponen la diferencia entre la seguridad emocional y el peligro y la inanición emocionales.

Sabemos por todos los cientos de estudios sobre el amor que han aparecido en la última década que la responsividad emocional es lo que construye o rompe las relaciones. Las parejas felices y estables pueden reñir y pelear, pero también saben cómo sintonizar el uno con el otro y restablecer la conexión emocional después de un conflicto. En nuestros estudios encontramos que siete de cada diez parejas que reciben Terapia Focalizada en las Emociones (TFE) pueden reparar su relación. Lo hacen encontrando un modo de salirse de la desconexión emocional y de regresar al contacto seguro y amoroso que crea confianza. Pero ¿por qué no podemos hacer esto todos, incluso sin ayuda de un terapeuta? ¿Qué se interpone en el camino? La nueva ciencia del amor nos lo cuenta.

Nuestro ser amado es nuestro refugio en la vida. Cuando esta persona no está disponible y no responde, nos vemos asaltados por un tsunami de emociones: tristeza, ira, dolor y, sobre todo, miedo. Este miedo está programado biológicamente. Saber que podemos depender de un ser amado, saber que él o ella responderá a nuestra llamada es nuestro código de supervivencia innato. La investigación está clara: cuando sentimos que una relación amorosa primaria está siendo amenazada, nos entra un pánico primordial.

Solo hay tres maneras de tratar con nuestro sentido de pérdida y aislamiento inminentes. Si tenemos una unión feliz y básicamente segura, aceptamos nuestra necesidad de conexión emocional y comunicamos esas necesidades de manera directa y de un modo que ayuda a nuestra pareja a responder amorosamente. Sin embargo, si nos encontramos en una relación débil y no estamos seguros de cómo expresar nuestra necesidad, o exigimos con enfado e intentamos presionar a nuestra pareja para que responda, o desconectamos y nos alejamos para defendernos. Sin importar las palabras exactas que utilicemos, lo que estamos diciendo realmente es: «Préstame atención. Estate conmigo. Te necesito». O: «No dejaré que me hagas daño. Me calmaré, intentaré no perder el control».

Si estas estrategias predominan en una relación, es probable que nos veamos atrapados en lo que llamo diálogos demoniacos. Estos diálogos se pueden apoderar de vuestra relación. Crean cada vez más resentimiento, cautela y distancia hasta que llegamos a un punto en el que sentimos que la única solución es abandonar.

Hay tres diálogos demoniacos principales que atrapan a las parejas en una inanición e inseguridad emocionales sin solución.

Encuentra al malo

Este patrón sin salida de culparse mutuamente mantiene a una pareja a kilómetros de distancia. La pelea se parece a una competición por ver quién consigue definir a quién. Como dice Pam: «Estoy esperando su menosprecio. Tengo mi arma lista. Quizá apriete el gatillo cuando ni siquiera viene a por mí». Los dos miembros de la pareja definen al otro como indiferente o defectuoso de algún modo. Todo el mundo pierde. Pero este patrón de ataque-ataque es difícil de mantener. Normalmente es el movimiento de apertura del baile más habitual y entrampador de todos: la polka de protesta.

La polka de protesta

Los psicólogos supieron durante años que este baile de exigir-retraerse lleva al divorcio, pero no eran capaces de averiguar por qué se encuentra tan extendido y es tan letal. Ahora sabemos que potentes emociones e irresistibles necesidades mantienen en marcha este patrón: la necesidad biológicamente programada de conexión emocional y el miedo al rechazo y al abandono. Aunque nuestros cerebros sepan que de algún modo estamos empeorando las cosas al criticar o ignorar a nuestra pareja, no podemos desconectar sencillamente este anhelo ni este miedo. «Cuanto más se niega a hablar conmigo o rechaza mis sentimientos, más me enfado y le pincho», dice Mia. «Lo que sea para conseguir que me responda.» A lo que su pareja, Jim, comenta: «Y cuanto más oigo ese tono enfadado en su voz, más oigo que no le puedo agradar nunca. Simplemente me desespero y me callo más». Aunque ninguno de ellos se dé cuenta, el enemigo es esta espiral, no el otro miembro de la pareja. Mia se queja por la distancia de Jim. Jim intenta desesperadamente evitar la desaprobación de ella. Hablan de este modo porque sienten una alarmante respuesta a su pregunta de apego: «¿Estás ahí para mí?». En la polka de protesta, y en un intento por tratar con su sentido de desconexión emocional, cada persona confirma sin querer los peores miedos del otro y mantiene en marcha esta espiral. Al final, el miembro de la pareja que exige y protesta comienza a abandonar el esfuerzo de conexión, llora por la relación y también se aleja. Esto lleva al último baile de todos.

Paralizarse y huir

En este baile, los dos miembros de la pareja se sienten impotentes. Aquí nadie intenta acercarse a nadie. Nadie asume ningún riesgo. Todo el mundo utiliza la huida como protección. En otras relaciones esto podría estar bien durante un tiempo, pero con las personas a las que amamos, este baile sin respuesta es insoportable. Realmente, aquí los miembros de la pareja no están bailando en absoluto. No están participando. No estamos programados biológicamente para tolerar esta clase de aislamiento. Si no cambia nada, la relación está en caída libre.

Cuando las personas atrapadas en los diálogos demoniacos vienen y me preguntan: «¿Hay esperanza para nosotros?». Les digo: «Claro que la hay». Cuando comprendemos de qué trata realmente el drama del amor, cuáles son nuestras necesidades y miedos, podemos ayudarnos mutuamente a salir de estos diálogos negativos y entrar en conversaciones amorosas positivas  que nos llevan a los brazos el uno del otro y nos conducen seguros a casa.

Fuente:
Sue Johnson, «Where does Love Go Wrong? », en Drsuejohnson.com, 2013, visita: 11 de enero de 2015, trad. Ben Carral.

Hacia un lenguaje de gratitud


Esta entrada se publicó en amor y está etiquetada con , , , , , en por .

Por John Amodeo (doctor en Psicología; miembro del Consejo Asesor de Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

John AmodeoMi problema con decir: «De nada»

«Gracias por estar ahí para mí ayer. Realmente me ayudó hablar contigo.»

«De nada.»

«Las flores son realmente bonitas. Gracias por traerlas.»

«De nada.»

«Te agradezco que me acerques al aeropuerto.»

«De nada.»

En cada una de estas interacciones, hay algo que se ofrece y una gratitud que se expresa. Sin embargo, la persona que da no parece acoger la gratitud. Es una oportunidad perdida para generar un flujo más profundo  de dar y recibir.

Puede que te preguntes de qué estoy hablando. Decir «de nada» le permite saber al destinatario que todo está bien. No fue una molestia. No tienes una obligación hacia mí. No me importa haberlo hecho.

En clase me enseñaron que de nada significa «gracias», pero literalmente significa «no fue nada». Así que ¿cuál es mi problema con «de nada»?

Cuando alguien me responde con «de nada» o alguna versión (por ejemplo, «no hay de qué»), siento que mi gratitud ha caído en oídos sordos. No he sido recibido de manera profunda ni significativa. Me quedo con un sentimiento algo frío y distante.

«De nada» no es una manera óptima de reconocer la gratitud. No toca nuestro anhelo más profundo de dar y recibir amor y cuidado. No crea intimidad.

Otra respuesta para una expresión de gratitud es «fue un placer». Se acerca a una respuesta que crea intimidad, pero no llega del todo, especialmente si se dice sin pensar, de  manera mecánica. «Fue un placer» revela parte del sentimiento de la persona que da: «¡Me sentí bien haciendo eso por ti!». Pero se puede crear una corriente más significativa de conexión si mostramos un poco más nuestros sentimientos profundos cuando alguien expresa gratitud.

Aquí van algunas posibilidades para mis ejemplos anteriores:

«Gracias por estar ahí para mí ayer. Realmente me ayudó hablar contigo.»

«Aprecio que lo digas. Me sentí bien de que te abrieras tanto conmigo y hablaras de algo tan personal. Aprecio que confíes en mí.»

«Las flores son realmente bonitas. Gracias por traerlas.»

«Me encanta que te gusten. Realmente me encanta hacerte feliz y ver tu sonrisa.»

«Te agradezco que me acerques al aeropuerto.»

«Me siento feliz de llevarte. Tú haces mucho por mí y sienta bien hacer algo para ayudarte.»

Por supuesto, el sentimiento que acompaña a las palabras es más importante que las palabras en sí mismas. Pero las palabras suponen una diferencia. Cultivar un lenguaje que exprese gratitud puede profundizar la intimidad que anhelamos.

La próxima vez que alguien te exprese gratitud, sé consciente de cómo te sientes. Párate un momento antes de responder automáticamente. Toma una respiración. ¿Qué notas en el interior? Mira qué palabras podrían salir de tu corazón, y si está bien arriesgarse a ser un poco vulnerable y permitir que se vea esa parte sensible de ti.

Las relaciones se pueden profundizar cuando expresamos una gratitud genuina los unos hacia los otros y respondemos a las expresiones de gratitud con calidez y amabilidad. Expandir y disfrutar la experiencia de gratitud también ayuda a reprogramar nuestro cerebro de maneras positivas, como ha explorado el doctor Rick Hanson en Hardwiring Happiness (Cultiva la felicidad).

Por favor, no te critiques por decir «de nada». A veces me descubro a mí mismo diciendo «de nada» en situaciones despreocupadas. Pero cuando alguien expresa gratitud por algo que he hecho por él, como aguantar una puerta abierta o recoger algo que se le ha caído, casi siempre digo «un placer» o «con mucho gusto».

En nuestras ajetreadas vidas, podemos perder oportunidades preciosas de responder a los momentos de afecto con amabilidad y sensibilidad, lo que nos conecta más profundamente los unos con los otros. La próxima vez que te encuentres con una oportunidad en la que normalmente dirías «de nada», prueba a decir otra cosa y ver cómo sienta.

Fuente:
John Amodeo, «Toward a Language of Gratitude», en Psychologytoday.com, 4 de enero de 2015, visita: 6 de enero de 2015, trad. Ben Carral.

10 maneras de mejorar cualquier relación


Esta entrada se publicó en amor y está etiquetada con , , en por .

Por Yvonne K. Fulbright (doctora en Estudios de la Salud de la Comunidad Internacional)

Trad. Ben Carral

Yvonne K. FulbrightCómo comunicaros el uno con el otro de manera más positiva y eficaz

 Vuelve a ser tiempo en el que una variedad de expertos te animan a realizar mejoras para el nuevo año. Suelen aparecer destacadas las estrategias para tener un sexo mejor y unas relaciones mejores, tanto para solteros como para parejas, con sugerencias que se centran típicamente en lo que puedes hacer para mejorar tu vida amorosa en vez de en lo que puedes decir. Pero puede que no haya nada más valioso que trabajar para convertirte en un comunicador más eficaz en el año próximo.

Las relaciones saludables dependen de tu capacidad para comunicar tus pensamientos, deseos, necesidades y dificultades. El truco es aprender a comunicarte en medio de un mar de emociones que rápidamente pueden sumergir tus mejores esfuerzos.

Aquí van mis 10 consejos para una comunicación más eficaz:

1. Contén la crítica.

Demasiadas veces, la comunicación implica críticas negativas y resaltar lo que alguien no está haciendo bien. ¿El resultado final de esos ataques auditivos? Una pareja defensiva y, finalmente, el fallecimiento de la relación. En vez de ser crítico, céntrate en reforzar lo que tu pareja está haciendo bien y en ofrecer una crítica constructiva respecto a las cosas que podrían mejorar. Vanessa se esfuerza en ello cuando su marido le da un mensaje:

«Realmente aprecio que mi marido quiera sacarme el estrés del cuerpo, pero no es un masajista terapéutico. Es fácil querer decir: “Mo hagas eso”, o: “Eso no sienta bien”, y conseguir que pare del todo. Pero sé que eso solo le desanimará, y en más de una manera. Así que trato de darle retroalimentación, como: “¿Podrías hacerlo solo en este punto y con más presión?”, o: “Eso se sentiría incluso mejor con la base de la mano en vez de con la punta de los dedos”. Típicamente la gente quiere agradar, así que una orientación con palabras cuidadas suele dar resultados».

2. Aduéñate de tus propias frases.

Lo que tengas que decir será más poderoso, y esperemos que mejor oído, si tu adueñas de ello con una declaración del tipo «Yo», es decir: «(Yo) me siento triste cuando…». Asumir la responsabilidad de tus sentimientos y perspectivas te empodera para crear soluciones mejores en las que serás mejor escuchado. Aunque tu pareja no esté de acuerdo contigo o no comprenda tu perspectiva, no puede poner reparos a cómo te sientes.

3. Está dispuesto a recibir retroalimentación.

La comunicación necesita ser una calle de dos direcciones. Si esperas que tu pareja te escuche hasta el final, entonces necesitas hacerte vulnerable tú mismo a cualquier reacción, especialmente a la necesidad de reflexionar sobre lo que acabas de decir. Recuerda, en una relación siempre hay tres aspectos en cualquier asunto: tu perspectiva, la perspectiva de tu pareja y la verdad. Eres parte activa en lo que está sucediendo, y necesitas estar abierto y disponible a la manera en que tu pareja ve las cosas; incluido tu papel.

4. Está presente y participa.

No te preocupes por lo que vas a decir o por cómo vas a responder durante las conversaciones casuales o serias con tu pareja. Escucha y ofrece señales no verbales de que realmente estás implicado, como asentir con la cabeza y mantener contacto visual. Demuestra que realmente estás escuchando, aludiendo a lo que dice: «¿Te estoy entendiendo bien?», «¿Te estoy escuchando claramente?». De manera parecida, valida los sentimientos de tu pareja: «Siento que estés tan enfadada», o: «Puedo ver por qué estás tan molesto». Si no te salen las palabras o no tienes nada que decir, puede resultar increíblemente eficaz algo tan sencillo como: «Gracias por compartir».

5. Date un tiempo cuando sea necesario.

Algunas conversaciones pueden ser intensas y a veces es mejor no decir nada en absoluto. Sin embargo, no significa que debieras simplemente dejar de tratar el asunto. Sabe que está bien decir: «¿Podemos hablar de ello más tarde? Necesito tiempo para pensarlo»; como pareja apreciaría que quieras un tiempo para procesarlo todo. Asegúrate, sin embargo, de retomar la conversación en el momento adecuado y en un plazo razonable.

6. No interrumpas.

Ni cambies de tema. Ni seas un sabelotodo. Ni actúes como si algo que fue duro nunca se ha dicho. Básicamente no hagas nada que no querrías que tu pareja te hiciera durante ningún tipo de conversación. ¿Crees que estos consejos no se aplican a ti? Escúchate a ti mismo en vuestras conversaciones durante los próximos días. Puede que te sorprendas, como le sucedió a Bert:

«Leí una investigación que mostraba que es más probable que, al hablar, tanto hombres como mujeres, interrumpan más a una mujer que a un hombre y, como feminista, no sentía que me describiera a mi prometida y a mí en absoluto. Sin embargo, curiosamente, decidí prestar más atención a mis conversaciones con ella, y me di cuenta de que era culpable de esta metedura de pata social. He intentado ser más paciente para escucharla del todo, sin importar cuál sea el tema; ha requerido práctica».

7. Controla tu tono.

Durante las interacciones casuales, cotidianas, como una llamada de teléfono, suena implicado (en lugar de distraído) y encantado de estar charlando de pequeñas cosas. Durante las conversaciones intensas, evita utilizar tonos dominantes, hostiles o sarcásticos. No minimices ni desprecies los miedos, preocupaciones o sueños del otro.

8. Pregunta.

Las personas, incluida tu pareja, no pueden leer las mentes. Si necesitas algo, pídelo. A no ser que lo pidas, tu pareja no sabrá que necesitas más ayuda con los niños o las tareas domésticas, que necesitas más afecto o que deseas más estimulación para llegar al orgasmo. Compártelo; una buena pareja intentará responder.

9. Expresa aprecio de manera regular.

Reconocer las pequeñas cosas que a menudo pasan sin darse cuenta puede lograr mucho. Podría tratarse de agradecer a tu pareja por sacar a pasear al perro por la mañana temprano, o darle un abrazo a tu ser amado por preparar otra cena exquisita. Reconocer la rutina (el valor de las contribuciones diarias de tu pareja para hacer tu vida más fácil o más agradable) hace que uno se sienta más valorado y más deseoso de seguir contribuyendo al mantenimiento de una relación y un hogar.

10. No te olvides de «Te quiero».

En una relación romántica, las personas que se aman dependen demasiado de los primeros arrebatos, del día de San Valentín, de los aniversarios o de otras fechas o periodos de tiempo notables como excusa para expresar los sentimientos que sienten el uno hacia el otro. Es importante que si un «Te quiero» u otra declaración de cariño como: «Eres tan guapa», o: «Te encuentro impresionante», se comparte raramente, puede resultar desconcertante: «¿Qué estará tramando?», «¿Qué querrá?». Así que convierte expresar tu amor verbalmente (y no verbalmente) en parte habitual del mantenimiento de vuestra relación. Es el pegamento cuando otras resoluciones para la relación se hacen difíciles de mantener.

Fuente:
Yvonne K. Fulbright, «10 Ways to Improve Any Relationship», en Psychologytoday.com, 30 de diciembre de 2014, visita: 5 de enero de 2015, trad. Ben Carral.

14 maneras de crear la mejor relación de tu vida


Esta entrada se publicó en amor y está etiquetada con , , , , en por .

Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Sue JohnsonDespués de 30 años de trabajar con parejas e investigar cómo las personas reparan sus relaciones, me di cuenta de repente de que realmente habíamos alcanzado un momento clave: todos nuestros estudios, historias y la ciencia habían convergido, y estábamos en medio de una revolución: una nueva manera de entender verdaderamente el amor romántico. Finalmente podemos comprender las leyes del amor, y ¡tienen sentido!

Hemos crackeado el código del amor y hemos encontrado el sendero que conduce a las relaciones que anhelamos. Puedes crear una relación satisfactoria, un refugio seguro, restaurando el vínculo de amor romántico. Y puedes empezar ahora:

1. Abandona la idea desfasada de que el amor es algo que simplemente te sucede.

Toda la nueva ciencia nos dice que el amor romántico ya no es un misterio. Tiene un sentido perfecto. Puedes aprender sus leyes. ¡Tienes más control del que crees sobre este disturbio de la emoción! Puedes dar forma a lo que entiendes. El primer paso es decidir aprender sobre el amor y la nueva ciencia de la vinculación.

2. Todos los días intenta acercarte a alguien y pedirle su atención o afecto.

Acepta que eres un mamífero y que el amor es un código de supervivencia antiguo con el que estamos biológicamente programados. Eres más feliz, tienes más salud y más fuerza, tratas mejor con el estrés y vives más cuando promueves los vínculos con tus seres amados. Está BIEN necesitarlos; son tu mayor recurso. No estamos diseñados para la autosuficiencia. Los más fuertes entre nosotros aceptan esta necesidad de conexión y se arriesgan a acercarse a los demás.

3. La próxima vez que te sientas incierto o preocupado o ansioso, intenta mencionárselo a tu pareja y cogerla de la mano, o sentir sus señales emocionales y acercarte a por su mano.

Los vínculos del amor nos ofrecen un refugio seguro donde podemos protegernos y recuperar nuestro equilibrio emocional. El último estudio de nuestro laboratorio demuestra que simplemente coger de la mano a tu ser amado puede calmar tu cerebro y desconectar el miedo.

4. Ve si puedes detectar momentos en los que encuentras difícil abrirte y te pones a la defensiva, te distancias o desconectas.

Sabemos que la apertura y la responsividad emocionales son el terreno sobre el que se apoyan los vínculos sólidos y duraderos.  Ver si puedes tomar la iniciativa y compartir con tu pareja, ayudándole a entender lo que dificulta abrirte en este momento.

5. Reflexiona sobre cómo soléis interactuar tu pareja y tú.

¿Podéis cada uno de vosotros acercaros al otro? ¿Qué haces cuando el otro se disgusta o no te responde? ¿Presionas en busca de contacto o te alejas? Dile a tu pareja algo que ella pueda hacer para ayudarte a acercarte en vez de ponerte en su contra o alejarte.

6. Intenta hablar con tu pareja acerca de cómo os impactáis el uno al otro.

Los dos ofrecéis pistas de seguridad o de peligro que nuestro cerebro interpreta como una información de supervivencia importante; todos somos vulnerables cuando estamos solos. ¿Cuándo surge en ti una alegría o contento reales por tu pareja? ¿Cuándo se provoca la aflicción; un sentido de ser rechazado o estar solo? Nuestros cerebros codifican esta clase de dolor en el mismo lugar y de la misma manera que el dolor físico.

7. Cuando os peleéis, toma una respiración profunda e intenta ver la pelea como si estuvieras volando en el techo.

A menudo, debajo de la conversación sobre los asuntos problemáticos, alguien está pidiendo más conexión emocional. Ve si puedes tener curiosidad e identificar el baile: quizá sea el típico boogie en el que uno presiona en busca de contacto, pero el otro escucha críticas y retrocede. Fíjate en cómo os deja a los dos sintiéndoos solos y un poco asustados. Habla sobre ello.

8. Una vez al día invita a tu pareja a una mayor cercanía con un sencillo juego de empatía.

Cada uno piensa en un suceso de su día. Entonces os turnáis para leer la cara del otro e intentar identificar si veis una de las seis emociones básicas: alegría, sorpresa, tristeza, ira, vergüenza o alguna clase de miedo. Comprobad si vuestra suposición es acertada. ¡Es importante aprender a sintonizar!

9. Tomaos un momento de silencio, sintonizad con el canal emocional y ved si cada uno podéis compartir con el otro lo que más necesitáis.

Mantenedlo simple y concreto. ¿Necesitas consuelo, que te dé tranquilidad, apoyo y empatía, un mensaje claro de lo importante que eres para él o para ella? Si resulta demasiado difícil compartir esto, comparte lo duro que te resulta abrirte y pedir.

10. Sé consciente del hecho de que las heridas emocionales hacen descarrilar las relaciones.

Puedes infligir un gran dolor a tu pareja simplemente porque tú importas mucho: ella o él depende de ti. En un momento de intimidad, pregunta a tu ser amado si hay heridas sin sanar, quizá ocasiones en las que no captaste sus pistas en busca de apoyo y conexión. Intenta ayudarle con este dolor. (No desaparece simplemente con el tiempo.) A menudo decirle que puede sentir lo dolido que está y que quieres ayudarle con ello hace maravillas.

11. Sabe que la mejor receta para un sexo estupendo es la conexión emocional segura y la comunicación abierta.

Escribe una pequeña descripción de lo que tu amante ideal podría hacer en la cama y de cómo podría invitarte al juego erótico. Dáselo a tu pareja y ved qué podéis descubrir el uno del otro. Recuerda, la crítica daña literalmente y desconecta la exploración y la sexualidad.

12. Habla sobre lo que has aprendido en tu familia sobre cómo tratar con las emociones.

Las emociones son la música del baile de las personas que se aman; ayuda si la música está clara. Entonces podéis predecir las intenciones del otro y saber cómo moveros juntos en armonía. Habla acerca de las cosas que has aprendido que hacen que para ti sea difícil escuchar o compartir tus sentimientos.

13. Contaos vuestra meta principal para el año próximo y ved si podéis encontrar una manera de apoyaros el uno a otro para alcanzarla.

Está claro que cuando sabemos que alguien nos cubre las espaldas, tenemos más confianza y somos más aventureros. Alcanzamos nuestras metas más fácilmente y nos sentimos menos alterados por las decepciones.

14. Honrad vuestra conexión. Cread pequeños rituales para reconocer vuestro vínculo.

Quizá sea un beso especial cuando salís por la mañana o un tiempo de vinculación especial de 10 minutos en cuanto llegáis a casa. Es un tiempo sagrado. No se permiten agendas de negocios, resolución de problemas ni distracciones en forma de pequeñas pantallas electrónicas.

Coged el amor en vuestras propias manos y abrazaos fuerte.

Fuente:
Sue Johnson, «14 Ways To Create The Best Relationship Of Your Life», en Mindbodygreen.com, 2 de enero de 2014, visita: 5 de enero de 2015, trad. Ben Carral.