Humanismo secular

UNA DECLARACIÓN HUMANISTA SECULAR

Publicada en 1980 por The Council for Democratic and Secular Humanism [El Consejo para el Humanismo Democrático y Secular] (en la actualidad, Council for Secular Humanism [Consejo para el Humanismo Secular])

Trad. Ben Carral

Introducción

El humanismo secular es una fuerza vital en el mundo contemporáneo. Se encuentra bajo un ataque injustificado y violento desde distintas partes. Esta declaración solo defiende la forma de humanismo secular que está explícitamente comprometida con la democracia. Se opone a todas las variedades de creencia que buscan una sanción espiritual para sus valores o apoyan un gobierno dictatorial. El humanismo secular democrático ha sido una fuerza poderosa en la cultura mundial. Sus ideales se pueden rastrear hasta los filósofos, científicos y poetas de la Grecia y la Roma clásicas, a la antigua sociedad china confuciana, al movimiento carvaka de la India y a otras distinguidas tradiciones intelectuales y morales. El secularismo y el humanismo fueron eclipsados en Europa durante la Edad Media, cuando la piedad religiosa socavó la confianza de la humanidad en sus propios poderes para solucionar los problemas humanos. Reaparecieron con fuerza durante el Renacimiento con la reafirmación de los valores seculares y humanistas en la literatura y las artes, también en los siglos XVI y XVII con el desarrollo de la ciencia moderna y una visión naturalista del universo, y su influencia se puede encontrar en el siglo XVIII en la Edad de la Razón y la Ilustración.

El humanismo secular democrático ha florecido creativamente en los tiempos modernos con el desarrollo de la libertad y la democracia. Incontables millones de personas reflexivas han adoptado ideales humanistas seculares, vivido vidas significativas y contribuido a la construcción de un mundo más humano y democrático. La perspectiva humanista secular moderna ha llevado a la aplicación de la ciencia y la tecnología para el mejoramiento de la condición humana. Esto ha tenido un efecto positivo en reducir la pobreza, el sufrimiento y la enfermedad en distintas partes del mundo, en aumentar la longevidad, en mejorar el transporte y la comunicación, y en hacer que la buena vida sea posible para un mayor número de personas. Ha llevado a que cientos de millones de personas se emancipen del ejercicio de la fe ciega y de los miedos de la superstición, y ha contribuido a su educación y al enriquecimiento de sus vidas.

El humanismo secular ha proporcionado un ímpetu para que los humanos resuelvan sus problemas con inteligencia y perseverancia, para conquistar fronteras geográficas y sociales, y para ampliar el abanico de la exploración y la aventura humanas. Lamentablemente hoy nos enfrentamos a una variedad de tendencias antiseculares: la reaparición de religiones autoritarias dogmáticas; un cristianismo fundamentalista, literalista y doctrinario; un clericalismo musulmán intransigente que crece rápido en Oriente Medio y Asia; la reafirmación de la autoridad ortodoxa por la jerarquía papal católica romana; un judaísmo religioso nacionalista, y el retorno a religiones oscurantistas en Asia.

Nuevos cultos de sinrazón así como estrafalarias creencias en lo paranormal y oculto, tales como la creencia en la astrología, la reencarnación y el poder misterioso de supuestos psíquicos, están creciendo en muchas sociedades occidentales. Estos perturbadores desarrollos siguen tras la emergencia, a comienzos del siglo XX, de intolerantes movimientos cuasi religiosos mesiánicos y totalitarios, como el fascismo y el comunismo. Estos activistas religiosos no solo son responsables de gran parte del terror y la violencia que hay hoy en el mundo, sino que entorpecen las soluciones a los problemas más serios del mundo.

Paradójicamente, algunos de los críticos del humanismo secular mantienen que se trata de una filosofía peligrosa. Algunos afirman que «corrompe moralmente» porque está comprometido con la libertad individual; otros, que consiente la «injusticia» porque defiende el debido proceso democrático. Nosotros que apoyamos el humanismo secular democrático negamos estas acusaciones, que se basan en la falta de comprensión y la tergiversación, y buscamos trazar un conjunto de principios que la mayoría de nosotros compartimos.

El humanismo secular no es un dogma ni un credo. Entre los humanistas seculares existen amplias diferencias de opinión sobre muchos temas. No obstante, se da un consenso relajado respecto a varias proposiciones. Nos preocupa que la civilización moderna se encuentre amenazada por fuerzas antiéticas a la razón, a la democracia y a la libertad. Sin duda, muchos creyentes religiosos comparten con nosotros una creencia en muchos valores humanistas seculares y democráticos, y acogemos con agrado que se unan a nosotros en la defensa de estos ideales.

Libre investigación

El primer principio del humanismo secular democrático es su compromiso con la libre investigación. Nos oponemos a cualquier tiranía sobre la mente de las personas, a cualquier esfuerzo de instituciones eclesiales, políticas, ideológicas o sociales de poner grilletes al libre pensamiento. En el pasado, estas tiranías han sido dirigidas por iglesias y estados que intentaban hacer cumplir los decretos de intolerantes religiosos. En la larga lucha de la historia de las ideas, las instituciones establecidas, tanto públicas como privadas, han intentado censurar la investigación, imponer la ortodoxia sobre creencias y valores, excomulgar a herejes y extirpar a los no creyentes. Hoy, la lucha por la libre investigación ha adquirido nuevas formas. Las ideologías partidistas se han convertido en las nuevas teologías que los partidos políticos y los gobiernos utilizan en su misión de aplastar la opinión disidente. La libre investigación implica el reconocimiento de libertades civiles integrales a su actividad, es decir, una prensa libre, libertad de comunicación, el derecho a organizar partidos de oposición y unirse a asociaciones voluntarias, y la libertad de cultivar y publicar los frutos de la libertad científica, filosófica, artística, literaria, moral y religiosa. La libre investigación requiere que toleremos la diversidad de opinión y que respetemos el derecho de los individuos a expresar sus creencias, sin importar lo impopulares que puedan resultar, sin prohibiciones sociales o legales o miedo a sanciones. Aunque podamos tolerar puntos de vista opuestos, no significa que sean inmunes al examen crítico. El principio director de quienes creen en la libre investigación es que resulta más probable descubrir la verdad si existe la oportunidad para el libre intercambio de opiniones opuestas; el proceso de intercambio es con frecuencia tan importante como el resultado. Esto no solo se aplica a la ciencia y a la vida cotidiana, sino a la política, la economía, la moralidad y la religión.

Separación de la iglesia y el estado

Debido a su compromiso con la libertad, los humanistas seculares creen en el principio de separación de la iglesia y el estado. Las lecciones de la historia son claras: siempre que se establece una religión o ideología y se le da una posición dominante en el estado, las opiniones minoritarias están en peligro. Una sociedad democrática pluralista y abierta permite que se escuchen todos los puntos de vista. Todo esfuerzo por imponer una concepción exclusiva de la Verdad, la Piedad, la Virtud o la Justicia sobre toda la sociedad es una violación contra la libre investigación. No se debería permitir a las autoridades clericales que legislen para el resto de la sociedad sus propios puntos de vista parroquianos; ya sean morales, filosóficos, políticos, educativos o sociales. Ni se deberían exigir impuestos para beneficiar o apoyar instituciones religiosas partidistas. Los individuos y las asociaciones voluntarias deberían ser libres de aceptar o no aceptar cualquier creencia y apoyar estas convicciones con los recursos que pudieran tener, sin ser obligados mediante impuestos a contribuir a aquellas fes religiosas con las que no están de acuerdo. De manera parecida, las propiedades eclesiales deberían compartir la carga de los ingresos públicos y no estar exentas de impuestos. Las oraciones y juramentos religiosos obligatorios en instituciones públicas (políticas o educativas) también suponen una violación del principio de separación. Hoy compiten por atención religiones tanto no teístas como teístas. Lamentablemente, en los países comunistas, se utiliza el poder del estado para imponer una doctrina ideológica sobre la sociedad, sin tolerar la expresión de puntos de vista disidentes o heréticos. Aquí vemos una versión secular moderna de la violación del principio de separación.

El ideal de libertad

Hay muchas formas de totalitarismo en el mundo moderno (secular y no secular) y nos oponemos a todas ellas vigorosamente. Como secularistas democráticos, defendemos consistentemente el ideal de libertad, no solo libertad de conciencia y creencia respecto a esos intereses eclesiásticos, políticos y económicos que buscan reprimirla, sino una libertad política auténtica, una toma de decisiones democrática basada en el gobierno de la mayoría, y el respeto por los derechos de las minorías y el gobierno de la ley. No solo apoyamos la libertad respecto al control religioso, sino también la libertad respecto al control gubernamental patriotero. Defendemos los derechos humanos básicos, incluidos el derecho a proteger la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. En nuestra opinión, una sociedad libre también debería promover alguna medida de libertad económica, sujeta únicamente a las restricciones necesarias para el interés público. Esto significa que los individuos y los grupos deberían poder competir en el mercado, organizar sindicatos libres y desarrollar sus profesiones y carreras profesionales sin una interferencia injustificada del control político centralizado. El derecho a la propiedad privada es un derecho humano sin el cual los otros derechos resultan insignificantes. Cuando sea necesario limitar estos derechos en una democracia, la limitación debería justificarse en términos de sus consecuencias en el fortalecimiento de toda la estructura de los derechos humanos.

Ética basada en la inteligencia crítica

Los puntos de vista morales del humanismo secular han sido criticados por teístas fundamentalistas religiosos. El humanismo secular reconoce el papel central de la moralidad en la vida humana; de hecho, la ética se desarrolló como una rama del conocimiento humano mucho antes de que los religiosos proclamaran sus sistemas de moral basados en la autoridad divina. El campo de la ética ha contado con una distinguida lista de pensadores que han contribuido a su desarrollo: desde Sócrates, Demócrito, Aristóteles, Epicuro y Epicteto, hasta Espinoza, Erasmo, Hume, Voltaire, Kant, Bentham, Mill, G. E. Moore, Bertrand Russell, John Dewey y otros. Existe una influyente tradición filosófica que mantiene que la ética es un campo autónomo de investigación, que los juicios éticos se pueden formular independientemente de la religión revelada, que los seres humanos pueden cultivar la razón práctica y la sabiduría y, mediante su aplicación, lograr vidas de virtud y excelencia. Además, los filósofos han enfatizado la necesidad de cultivar una apreciación de los requisitos de la justicia social y de las obligaciones y responsabilidades del individuo hacia los demás. Así, los secularistas niegan que la moralidad necesite ser deducida de la creencia religiosa y que quienes no se adhieren a una doctrina religiosa sean inmorales. Para los humanistas seculares, la conducta ética es, o debería ser, juzgada por la razón crítica, y su meta es desarrollar individuos autónomos y responsables, capaces de tomar sus propias decisiones en la vida en base a una comprensión del comportamiento humano.

La moralidad que no se basa en Dios no necesita ser antisocial, subjetiva o promiscua, ni necesita llevar a la ruptura de los estándares morales. Aunque creemos en tolerar diversos estilos de vida y costumbres sociales, no pensamos que sean inmunes a la crítica. Tampoco creemos que ninguna iglesia debería imponer sus puntos de vista acerca de la virtud moral y el pecado, la conducta sexual, el matrimonio, el divorcio, el control del nacimiento o el aborto, o legislar sobre ello para el resto de la sociedad. Como humanistas seculares creemos en la importancia central del valor de la felicidad humana aquí y ahora. Nos oponemos a una moralidad absolutista, pero mantenemos que, en el transcurso de la deliberación ética, emergen estándares objetivos y se pueden descubrir valores y principios éticos. La ética humanista secular mantiene que es posible para los seres humanos llevar vidas significativas y saludables para ellos mismos y en servicio del resto de seres humanos sin necesidad de mandamientos religiosos o la intervención del clero. Ha habido muchísimos secularistas y humanistas distinguidos que han demostrado principios morales en sus vidas personales y obras: Protágoras, Lucrecio, Epicuro, Espinoza, Hume, Thomas Paine, Diderot, Mark Twain, George Eliot, John Stuart Mill, Ernest Renan, Charles Darwin, Thomas Edison, Clarence Darrow, Robert Ingersoll, Gilbert Murray, Albert Schweitzer, Albert Einstein, Max Born, Margaret Sanger y Bertrand Russell entre otros.

Educación moral

Creemos que se debería cultivar el desarrollo moral en los niños y jóvenes adultos. No creemos que ningún grupo religioso pueda reclamar los valores importantes como propiedad exclusiva; de ahí que sea cometido de la educación pública tratar con estos valores. Por consiguiente, apoyamos una educación moral en las escuelas que esté diseñada para desarrollar una apreciación de las virtudes morales, la inteligencia y la formación del carácter. Deseamos fomentar siempre que sea posible el desarrollo de la conciencia moral y la capacidad para la libre elección y la comprensión de las consecuencias de la misma. No pensamos que sea moral bautizar a bebés, confirmar a adolescentes o imponer un credo religioso a jóvenes antes de que sean capaces de consentir. Aunque los niños deberían aprender sobre la historia de las prácticas morales religiosas, estas mentes jóvenes no deberían ser adoctrinadas en ninguna fe antes de ser lo suficientemente maduras como para evaluar los méritos por sí mismas. Se debería señalar que el humanismo secular no es tanto una moralidad específica como un método para la explicación y el descubrimiento de principios morales racionales.

Escepticismo religioso

Como humanistas seculares, generalmente somos escépticos sobre afirmaciones sobrenaturales. Reconocemos la importancia de la experiencia religiosa: esa experiencia que redirige y da significado a las vidas de los seres humanos. No obstante negamos que tales experiencias tengan nada que ver con lo sobrenatural. Tenemos dudas acerca de las visiones tradicionales de Dios y de la divinidad. Las interpretaciones simbólicas y mitológicas de la religión sirven a menudo como racionalizaciones para una minoría sofisticada, dejando a la mayor parte de humanidad perdida en una confusión teológica. Consideramos que el universo es un escenario dinámico de fuerzas naturales que se puede comprender de manera más eficaz mediante la investigación científica. Siempre estamos abiertos al descubrimiento de nuevas posibilidades y fenómenos en la naturaleza. Sin embargo, consideramos que las visiones tradicionales de la existencia de Dios carecen de sentido, o no se ha demostrado todavía que sean ciertas o resultan tiránicamente explotadoras. Los humanistas seculares pueden ser agnósticos, ateos, racionalistas o escépticos, pero encuentran que no hay pruebas suficientes que permitan afirmar la existencia de algún propósito divino para el universo. Rechazan la idea de que Dios haya intervenido milagrosamente en la historia, que se haya revelado a unos pocos elegidos o que pueda salvar o redimir a los pecadores. Creen que los hombres y mujeres son libres y responsables de sus propios destinos y que no pueden buscar la salvación en ningún Ser trascendente. Rechazamos la divinidad de Jesús, la misión divina de Moisés, de Mahoma y de otros profetas y santos posteriores de los últimos días de los distintos grupos religiosos y denominaciones.

No aceptamos como cierta la interpretación literal del Antiguo y Nuevo Testamento, del Corán o de otros supuestos documentos religiosos sagrados, dejando a un lado lo importantes que puedan ser como literatura. Las religiones son fenómenos sociales imperantes, y los mitos religiosos han permanecido a lo largo de la historia humana. A pesar del hecho de que los seres humanos hayan encontrado las religiones inspiradoras y fuente de consuelo, no creemos que sus afirmaciones teológicas sean ciertas. Las religiones han realizado contribuciones tanto negativas como positivas hacia el desarrollo de la civilización humana. Aunque han ayudado a construir hospitales y escuelas y, en el mejor de los casos, han fomentado el espíritu de amor y caridad, muchas también han provocado sufrimiento humano al ser intolerantes con quienes no aceptaban sus dogmas o credos. Algunas religiones han sido fanáticas y represivas, reduciendo las esperanzas humanas, limitando las aspiraciones y precipitando guerras y violencia religiosas. Mientras que sin duda las religiones han ofrecido consuelo a los afligidos y moribundos al sermonear con la promesa de una vida inmortal, también han despertado un miedo y terror mórbidos. No hemos encontrado ninguna prueba convincente de que haya un ‘alma’ separada ni de que exista antes del nacimiento o sobreviva a la muerte. Por tanto, debemos concluir que se puede vivir una vida ética sin las ilusiones de inmortalidad o reencarnación. Los seres humanos pueden desarrollar la confianza necesaria en sí mismos para mejorar la condición humana y llevar vidas significativas y productivas.

Razón

Vemos con preocupación el ataque actual de los no secularistas contra la razón y la ciencia. Estamos comprometidos con el uso de los métodos racionales de investigación, lógica y evidencia para desarrollar el conocimiento y comprobar las afirmaciones de realidad. Dado que los seres humanos son propensos a equivocarse, estamos abiertos a modificar todos los principios, incluidos los que gobiernan la investigación, en la creencia de que es posible que necesiten una corrección constante. Aunque no somos tan ingenuos como para creer que la razón y la ciencia puedan resolver fácilmente todos los problemas humanos, sostenemos no obstante que pueden realizar una contribución de gran importancia al conocimiento humano y beneficiar a la humanidad. No conocemos ningún sustituto mejor para el desarrollo de la inteligencia humana.

Ciencia y tecnología

Aunque imperfecto, creemos que el método científico sigue siendo la manera más confiable de comprender el mundo. Por eso buscamos en las ciencias naturales, biológicas, sociales y del comportamiento el conocimiento del universo y del lugar de los seres humanos en él. La astronomía y la física modernas han revelado nuevas dimensiones excitantes del universo: han permitido a la humanidad explorar el universo por medio del viaje espacial. La biología y las ciencias sociales y del comportamiento han expandido nuestra comprensión del comportamiento humano. Así, nos oponemos en principio a cualquier esfuerzo de censurar o limitar la investigación científica en ausencia de una razón primordial para hacerlo. Aunque somos conscientes, y nos oponemos, a los abusos de la mala aplicación de la tecnología y a sus posibles consecuencias dañinas para la ecología natural del ambiente humano, instamos a resistir los esfuerzos irreflexivos para limitar los avances tecnológicos o científicos. Apreciamos los grandes beneficios que la ciencia y la tecnología pueden aportar a la humanidad (especialmente la investigación básica y aplicada), pero también reconocemos la necesidad de equilibrar los avances científicos y tecnológicos con exploraciones culturales en el arte, la música y la literatura.

Evolución

La teoría de la evolución se encuentra hoy de nuevo bajo el fuerte ataque de los fundamentalistas religiosos. Aunque no se pueda decir que la teoría de la evolución haya alcanzado su formulación definitiva, o que sea un principio infalible de la ciencia, es apoyada no obstante de manera impresionante por los hallazgos de muchas ciencias. Entre los científicos pueden existir algunas diferencias significativas respecto a la mecánica de la evolución; pero la evolución de las especies es apoyada de manera tan fuerte por el peso de la evidencia que resulta difícil rechazarla. Por consiguiente, lamentamos los esfuerzos de los fundamentalistas (especialmente en los Estados Unidos) para invadir las aulas de ciencias, exigir que se enseñe a los estudiantes la teoría creacionista y que se incluya en los libros de texto de biología. Es una amenaza seria tanto para la libertad académica como para la integridad del proceso educativo. Creemos que los creacionistas deberían tener ciertamente la libertad de expresar su punto de vista en la sociedad. Además, no negamos el valor de examinar las teorías de la creación en los cursos educativos sobre la religión y la historia de las ideas; pero es un engaño disfrazar un artículo de fe religiosa como verdad científica e imponer esa doctrina en el currículo científico. De tener éxito, los creacionistas pueden socavar seriamente la credibilidad de la misma ciencia.

Educación

Desde nuestro punto de vista, la educación debería ser el método esencial para construir sociedades humanas, libres y democráticas. Los objetivos de la educación son muchos: la transmisión de conocimiento; el entrenamiento para ocupaciones, carreras profesionales y una ciudadanía democrática, y el estímulo del crecimiento moral. Entre sus propósitos vitales también debería incluirse el intento de desarrollar la capacidad de inteligencia crítica tanto en los individuos como en la comunidad. Desafortunadamente, los medios de comunicación reemplazan hoy cada vez más a las escuelas como principales instituciones de información y educación públicas. Aunque los medios electrónicos ofrecen oportunidades sin precedentes para extender el enriquecimiento y el disfrute culturales, así como poderosas oportunidades de aprendizaje, se hado un grave mal encauzamiento de sus propósitos. En las sociedades totalitarias, los medios sirven como vehículo para la propaganda y el adoctrinamiento. En las sociedades democráticas, la televisión, la radio, las películas y las publicaciones de masas atienden demasiado a menudo al denominador común más bajo y se han convertido en banales terrenos estériles. Existe la necesidad urgente de elevar los estándares del gusto y la apreciación. De especial preocupación para los secularistas es el hecho de que los medios (especialmente en los Estados Unidos) se encuentren excesivamente dominados por una tendencia pro religiosa. Las visiones de predicadores, sanadores de fe y buhoneros religiosos pasan en gran medida sin ser contestadas, y a la perspectiva secular no se le da una oportunidad justa de ser escuchada. Creemos que los directores y productores de televisión tienen el deber de corregir el equilibrio y revisar su programación. Ciertamente, existe una tarea más amplia que reconocerán todos quienes creen en los valores humanistas seculares democráticos, a saber, la necesidad de embarcarse en un programa a largo plazo de educación y toma de conciencia públicas respecto a la relevancia de la perspectiva secular para la condición humana.

Conclusión

El humanismo secular democrático es demasiado importante para la civilización humana como para abandonar. Las personas razonables reconocerán sin duda sus profundas contribuciones al bienestar humano. No obstante estamos rodeados por profetas apocalípticos del desastre, que siempre desean dar marcha atrás al reloj; son anti ciencia, anti libertad, anti humanos. En contraste, la perspectiva humanista secular es básicamente progresista, mirando al futuro con esperanza en vez de al pasado con desesperación. Estamos comprometidos con la expansión de los ideales de la razón, la libertad y las oportunidades individuales y colectivas, así como de la democracia, a través de la comunidad mundial. Sin duda, los problemas que la humanidad afrontará en el futuro, como en el pasado, serán complejos y difíciles. Sin embargo, solo podrá tener éxito haciendo uso del ingenio y del valor. El humanismo secular confía en la inteligencia humana en vez de en la guía divina. Escépticos de las teorías de la redención, la condena y la reencarnación, los humanistas seculares intentan aproximarse a la situación humana en términos realistas: los seres humanos son responsables de sus propios destinos. Creemos que es posible dar nacimiento a un mundo más humano, un mundo basado en los métodos de la razón y los principios de la tolerancia, el compromiso y la negociación de las diferencias. Reconocemos la necesidad de modestia intelectual y la voluntad de revisar las creencias a la luz de la crítica. De esta manera se puede lograr el consenso algunas veces. Aunque las emociones sean importantes, no necesitamos recurrir a las panaceas de salvación, al escape mediante la ilusión o a algún salto desesperado hacia la pasión y la violencia. Deploramos el crecimiento de credos partidistas intolerantes que fomentan el odio. En un mundo envuelto por el oscurantismo y la sinrazón es vital que no se pierdan los ideales de la ciudad secular.

El borrador de ‘Una declaración humanista secular’ fue redactado por Paul Kurtz, editor de Free Inquiry [Libre investigación].

Adhesiones

La declaración ha sido suscrita por los siguientes individuos:

(Aunque quienes suscribimos esta declaración podemos no estar de acuerdo con todas sus provisiones específicas, no obstante apoyamos sus propósitos y dirección generales y creemos que es importante que se enuncien e implementen. Llamamos a todos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que están de acuerdo con nosotros a que se unan en ayudar a mantener vivo el compromiso con los principios de la libre investigación y la perspectiva humanista secular. Sostenemos que el declive de estos valores podría tener implicaciones siniestras para el futuro de la civilización en este planeta.)

Estados Unidos de América

George Abell (profesor de astronomía, Universidad de California en Los Ángeles)

John Anton (profesor de filosofía, Emory University)

Khoren Arisian (pastor, First Unitarian Society of Minneapolis)

Isaac Asimov (autor de ciencia ficción)

Paul Beattie (pastor, All Souls Unitarian Church; presidente, Fellowship of Religious Humanism)

H. James Birx (profesor de antropología y sociología, Canisius College)

Brand Blanshard (profesor emérito de filosofía, Universidad Yale)

Joseph L. Blau (professor emérito de religión, Universidad de Columbia)

Francis Crick (premio Nobel, Instituto Salk)

Arthur Danto (profesor de filosofía, Universidad de Columbia)

Albert Ellis (director ejecutivo, Institute for Rational Emotive Therapy)

Roy Fairfield (ex profesor de ciencias sociales, Antioch University)

Herbert Feigl (profesor emérito de filosofía, Universidad de Minnesota)

Joseph Fletcher (teólogo, Escuela de Medicina de la Universidad de Virginia)

Sidney Hook (profesor emérito de filosofía, Universidad de Nueva York, miembro del Hoover Institute)

George Hourani (profesor de filosofía, Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo)

Walter Kaufmann (profesor de filosofía, Universidad de Princeton)

Marvin Kohl (profesor de filosofía y ética professional médica, Universidad Estatal de Nueva York en Fredonia)

Richard Kostelanetz (escritor, artista, crítico)

Paul Kurtz (professor de filosofía, Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo)

Joseph Margolis (professor de filosofía, Universidad de Temple)

Floyd Matson (profesor de estudios americanos, Universidad de Hawaii)

Ernest Nagel (profesor emérito de filosofía, Universidad de Columbia)

Lee Nisbet (professor asociado de filosofía, Medaille College)

George Olincy (abogado)

Virginia Olincy

W. V. Quine (profesor de filosofía, Universidad de Harvard)

Robert Rimmer (novelista)

Herbert Schapiro (Freedom from Religion Foundation)

Herbert Schneider (profesor emérito de filosofía, Claremont College)

B. F. Skinner (profesor emérito de psicología, Universidad de Harvard)

Gordon Stein (editor, The American Rationalist [El racionalista estadounidense])

George Tomashevich (profesor de antropología, Buffalo State University College)

Valentin Turchin (disidente ruso; científico informático, City College, Universidad de la Ciudad de Nueva York)

Sherwin Wine (rabino, Templo de Birmingham; fundador, Sociedad para el Judaísmo Humanista)

Marvin Zimmerman (profesor de filosofía, Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo)

Canadá

Henry Morgentaler (médico, Montreal)

Kai Nielsen (profesor de filosofía, Universidad de Calgary)

Francia

Yves Galifret (director ejecutivo, Union rationaliste)

Jean Claude Pecker (profesor de astrofísica, Colegio de Francia, Academia de las Ciencias)

Gran Bretaña

Sir A. J. Ayer (profesor de filosofía, Universidad de Oxford)

H. J. Blackham (ex presidente, Social Morality Council y Asociación Humanista Británica)

Bernard Crick (profesor de política, Birkbeck College, Universidad de Londres)

Sir Raymond Firth (profesor emérito de antropología, Universidad de Londres)

James Herrick (editor, The Free Thinker [El librepensador])

Zheres A. Medvedev (disidente ruso; Medical Research Council)

Dora Russell (señora de Bertrand Russell) (autora)

Lord Ritchie Calder (presidente, Rationalist Press Association)

Harry Stopes-Roe (lector senior de estudios de la ciencia, Universidad de Birmingham; presidente, Asociación Humanista Británica)

Nicholas Walter (editor, New Humanist [Nuevo Humanista])

Baronesa Barbara Wootton (vicepresidenta, Cámara de los Lores)

India

B. Shah (presidente, Sociedad Secular India; director, Instituto para el Estudio de las Tradiciones Indias)

V. M. Tarkunde (juez de la Corte Suprema; presidente, Asociación Humanista Radical India)

Israel

Shulamit Aloni (abogado, miembro del Parlamento; director del Movimiento por los Derechos Civiles)

Noruega

Alastair Hannay (profesor de filosofía, Universidad de Trondheim)

Yugoslavia

Milovan Djilas (autor, ex vicepresidente de Yugoslavia)

M. Markovic (profesor de filosofía, Academia Serbia de las Ciencias y las Artes y Universidad de Belgrado)

Svet. Stojanovic (profesor de filosofía, Universidad de Belgrado)

Fuente:
The Council for Democratic and Secular Humanism, «A Secular Humanist Declaration», en Secularhumanism.org, publicado originalmente en 1980, visita: 8 de octubre de 2014, trad. Ben Carral.