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¿Por qué duele tanto cuando tu pareja no te responde?


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Por Jenev Caddell (doctora en Psicología)

Trad. Ben Carral

Jenev CaddellQuizá has estado allí: Quieres llegar al fondo de algo con tu ser amado y no obtienes respuesta. No tienes ni idea de cómo hacer para que tu pareja se abra. Experimentas frustración, incredulidad, ira e incluso puede resultar doloroso.

Te podrías cuestionar a ti mismo por qué permites que te moleste tanto, pero en realidad puede que este dolor simplemente sea el resultado de que eres humano. Este artículo verterá algo de luz sobre por qué puede resultar tan doloroso cuando tu pareja no te responde, de manera que puedas de dejar de ser duro contigo por ser tan «necesitado» y aprender más acerca de cómo tratar con este problema.

La ciencia detrás del amor romántico

Recientemente, gracias a investigadores y psicólogos como la doctora Sue Johnson, se ha descubierto una nueva ciencia del amor. Básicamente explica por qué las parejas hablan en términos de vida y muerte cuando tiene que ver con sentirse conectados el uno con el otro, y cómo hacer que el amor funcione. En sus propias palabras, tomadas de su best-seller Love Sense: The Revolutionary New Science of Romantic Relationships [Sentido del amor: la nueva ciencia revolucionaria de las relaciones románticas], Johnson escribe esto: «El primer y principal instinto de los seres humanos no es el sexo ni la agresión. Es buscar contacto y una conexión reconfortante».

Respaldada por la última investigación en neurobiología interpersonal, neurociencia y psicología, la nueva ciencia del amor compara el vínculo entre los dos miembros de una pareja romántica con el vínculo que existe entre una madre o un padre y un hijo. Al ser ignorado o no conseguir una respuesta, un miembro de la pareja recibe el mensaje de que no es importante y, probablemente, su cerebro entre en un pánico primordial y envíe señales de peligro al resto del cuerpo.

La nueva ciencia nos recuerda que, en cuanto humanos, somos criaturas sociales, y cuando se nos aisla de la tribu, es como si ya hubiéramos muerto. Incluso hoy, aunque tendemos a privilegiar nuestra inteligencia por encima de las emociones, no podemos ser más listos que nuestros instintos. A menudo, la tribu de alguien es su pareja, y cuando es desconectado, se puede sentir dolorido, asustado y amenazado de muerte en cierto nivel.

El mensaje aquí es que si sientes mucho dolor y frustración cuando no se te responde, no es que estés loco, simplemente eres humano.

El dolor social es real

El dolor emocional se registra en el mismo lugar del cerebro que el dolor físico. El dolor social y el dolor emocional son pistas para nuestros sistemas físicos de que algo ha ido mal. Ambos activan un sistema de alarma al que no podemos evitar atender. Porque somos criaturas sociales por naturaleza, cuando otro nos rechaza o nos abandona, especialmente un ser amado, literalmente nos hace daño. Lo que significa: Sabe que tu dolor es real. A pesar de todos los mensajes que podrías recibir diciendo otra cosa: No eres débil por sentir dolor cuando no se te responde.

Haz algo acerca de ello

No hay razón para que toleres una relación en la que no se te responde. Sin embargo, para tu pareja puede que probablemente esté sucediendo más por debajo de la superficie de lo que te das cuenta. Los dos podríais estar atrapados en un patrón que causa una desconexión en la que tú continúas presionando y tu pareja continúa apartándose. Por difícil que sea encontrarse en una relación definida por este patrón, existen salidas.

El libro de la doctora Sue Johnson Abrázame fuerte: siete conversaciones para un amor duradero (Hold Me Tight: Seven Conversations for a Lifetime of Love) es un recurso para ayudarte a entender esta interacción un poco más, y contactar con un buen consejero de parejas también puede resultar extremadamente útil para ayudaros a los dos a entenderos más el uno al otro.

Fuente:
Jenev Caddell, «Why is it so painful when your partner doesn’t respond to you?», en Mentalhealth.about.com, actualización: 28 de diciembre de 2014, visita: 25 de enero de 2015, trad. Ben Carral.

Momentos clave de apego y desapego


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Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Sue JohnsonEl punto de vista del apego sobre el amor nos ofrece una manera de comprender los patrones tóxicos. Nos guía hacia los momentos que rompen y construyen las relaciones. Los clientes me dicen a veces: «Las cosas estaban yendo muy bien. Tuvimos cuatro días estupendos. Se sentía como si fuésemos amigos. Pero entonces sucedió ese incidente y todo se fue al infierno entre nosotros. No lo entiendo».

A menudo, los intercambios dramáticos entre los miembros de una pareja son tan rápidos, caóticos y acalorados que no captamos lo que está sucediendo en realidad y no podemos ver cómo podríamos reaccionar. Pero si ralentizamos las cosas, vemos los puntos decisivos y nuestras opciones. Las necesidades de apego y las poderosas emociones que les acompañan surgen a menudo de repente. Catapultan la conversación desde cuestiones mundanas al asunto de la seguridad y la supervivencia.  «Johnny ve demasiada televisión», se convierte al instante en: «Ya no puedo más con las rabietas de nuestro hijo. Soy una madre pésima. Pero no me estás escuchando. Ya sé, ya sé, tienes que seguir trabajando, eso es lo que importa aquí, ¿no? No mis sentimientos. Estoy sola en esto».

Si nos sentimos básicamente seguros y conectados con nuestra pareja, este momento clave es solo como una pasajera brisa fresca en un día soleado. Si no estamos tan seguros de nuestra conexión, comienza una espiral negativa de inseguridad que enfría la relación. [John] Bowlby [(1907-1990)] nos dio una guía general para saber cuándo salta nuestra alarma de apego. Dijo que ocurre cuando de repente nos sentimos inseguros y vulnerables en el mundo o percibimos un cambio negativo en nuestro sentido de conexión con un ser querido, cuando sentimos una amenaza o peligro para la relación. Las amenazas que percibimos pueden venir del mundo exterior y de nuestro propio cosmos interior. Pueden ser ciertas o imaginarias. Lo que cuenta es nuestra percepción, no la realidad.

Peter, que lleva seis años casado con Linda, se ha estado sintiendo menos importante para su mujer últimamente. Ella tiene un trabajo nuevo y hacen el amor con menos frecuencia. En una fiesta, un amigo comenta que mientras Linda se ve radiante, parece que a Peter se le está cayendo el pelo. Cuando Peter ve a Linda hablando con un hombre impresionantemente apuesto, un hombre con mucho pelo, se le revuelve el estómago. ¿Se puede calmar Peter al saber que su mujer le tiene mucho cariño, que volverá a él y que puede contar con ella si se lo pide? Quizá recuerde un momento en que sucedió así y utilice esa imagen para aplacar su intranquilidad.

Sin embargo, ¿qué sucede si nos puede calmar sus entrañas? ¿Se enfada, camina hasta su mujer y le hace un comentario cortante sobre el flirteo? ¿O elude su preocupación, se dice a sí mismo que no le importa y va a por otro trago, o seis? Cualquiera de estas formas de tratar con su miedo: atacar o retroceder, solo conseguirá alejar a Linda. Ella se sentirá menos conectada y atraída hacia su compañero, lo que a su vez solo amentará el pánico primario de Peter.

Un segundo momento clave ocurre después de que ha pasado la amenaza inmediata. Entonces la pareja tiene la oportunidad de reconectar, a no ser que entren en juego sus estrategias negativas para tratar con ello. En la fiesta, más avanzada la noche, Linda busca a Peter. ¿Se acerca a ella y le permite ver el dolor y el miedo que sintió al verla hablar  con otro hombre de manera tan íntima? ¿Expresa estas emociones de forma que ella se vea incitada a tranquilizarle? ¿O le ataca por «ir golfeando» y le exige que vayan inmediatamente a casa y hagan el amor? ¿O permanece callado y retraído?

Un tercer momento clave es cuando logramos sintonizar con nuestras emociones de apego, buscamos conexión y consuelo con nuestra persona amada y ella responde. Digamos que Peter logra llevar a Linda a un lado, toma una respiración profunda y le cuenta que ha pasado un mal rato al verla hablar con el apuesto extraño. O quizá solo logre ir y quedarse a su lado y expresar su disgusto con una mirada preocupada. Supongamos que Linda responde positivamente. Aunque él no es capaz de expresar sus sentimientos completamente, ella siente que algo no anda bien y le da la mano a Peter. Le pregunta con suavidad si se encuentra bien. Ella es accesible, responsiva. Pero ¿Peter se da cuenta de ello, confía? ¿Puede aceptarlo, sentirse consolado, acercarse y seguir abriendo su corazón? ¿O por el contrario sigue en guardia y la aleja para evitar sentirse tan vulnerable? ¿La ataca incluso para comprobar si a ella «le importa realmente»?

Finalmente, cuando Peter y Linda vuelven a su manera cotidiana de conectar, ¿tiene él la seguridad de que ella estará ahí como refugio seguro en tiempos de problemas y dudas? ¿O se sigue sintiendo inseguro? ¿Intenta controlar a Linda y presionarla cada vez más buscando respuestas que le aseguren su amor? ¿O minimiza su necesidad de ella y se centra en cambio en tareas y cosas que le distraigan?

Este drama se ha centrado en Peter, pero un escenario centrado en Linda revelaría que ella tiene las mismas necesidades y miedos de apego. Ciertamente, tanto hombres como mujeres, todos compartimos estas sensibilidades. Pero las podemos expresar un poco diferente. Cuando una relación se encuentra en caída libre, los hombres hablan típicamente de sentirse rechazados, inadecuados y un fracaso; las mujeres, de sentirse abandonadas y desconectadas. Las mujeres parecen tener una respuesta adicional que emerge cuando se encuentran afligidas. Los investigadores lo llaman cuidar y cultivar la amistad. Quizá porque por su sangre circula más oxitocina, la hormona de los abrazos, las mujeres buscan más a otras personas cuando sienten una falta de conexión.

 

Según un destacado estudio de Ted Huston de la Universidad de Texas, la causa de que los matrimonios fracasen no es un aumento del nivel de  conflicto, sino la disminución del afecto y la responsividad emocional. Ciertamente, la falta de responsividad emocional es el mejor indicador de lo sólido que será un matrimonio a los cinco años, no el nivel de conflicto. El fracaso de los matrimonios empieza con una creciente ausencia de interacciones íntimas responsivas. El conflicto viene después.

Como pareja, caminamos juntos por la cuerda floja en un equilibrio delicado. Cuando comienzan a soplar los vientos de la duda y del miedo, si nos entra el pánico y nos aferramos desesperadamente el uno al otro o si nos separamos de golpe para protegernos, la cuerda se balancea cada vez más y nuestro equilibrio se vuelve más precario todavía. Para seguir en la cuerda, debemos movernos al compás el uno del otro, responder a las emociones el uno del otro. Al conectar, nos equilibramos mutuamente. Estamos en equilibrio emocional.

Fuente:
Sue Johnson, Hold Me Tight: Seven Conversations for a Lifetime of Love, Little, Brown and Company, 2008, trad. Ben Carral. (Abrázame fuerte: siete conversaciones para un amor duradero, Urano, 2009.)

Los diálogos demoniacos


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Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Sue JohnsonCuanto más tiempo se siente distanciada una pareja, más negativas se vuelven sus interacciones. Los investigadores han identificado varios de estos patrones negativos y les han dado nombres distintos. A los tres que considero más básicos, yo les llamo diálogos demoniacos. Son Encuentra al Malo, la Polka de Protesta y Detente y Huye […]

Con mucho, el más dominante del trío es la Polka de Protesta. En este diálogo, un miembro de la pareja se vuelve crítico y agresivo, y el otro, defensivo y distante. El psicólogo John Gottman de la Universidad de Washington en Seattle ha descubierto que las parejas que se atascan en este patrón durante los primeros años de matrimonio tienen más del 80% de probabilidades de divorciarse en cuatro o cinco años.

Echemos un vistazo a una pareja, Carol y Jim, que discute desde hace tiempo porque él llega tarde a las citas. Durante una sesión en mi consulta, Carol se queja a Jim por su última transgresión: no llegó a tiempo para la noche de cine que habían planeado.  «¿Cómo es que siempre llegas tarde?», le cuestiona. «¿No te importa que tengamos una cita, que esté esperando y que siempre me falles?» Jim reacciona con frialdad: «Se me hizo tarde. Pero si vas a comenzar a quejarte otra vez, quizá deberíamos volver a casa y olvidar la cita». Carol contraataca enumerando todas las otras veces en que Jim se ha retrasado. Jim empieza a cuestionar la lista de ella, pero se detiene y se retira a un silencio gélido.

En esta disputa interminable, Jim y Carol están atrapados en el contenido de sus peleas. ¿Cuándo fue la última vez que Jim se retrasó? ¿Fue todavía la semana pasada o hace meses? Van de un punto muerto acerca de «lo que pasó en realidad» al otro, discutiendo quién cuenta la historia más «exacta» y quién tiene «la culpa». Están convencidos de que el problema tiene que ver o con la irresponsabilidad de él o con las quejas de ella.

Pero en verdad no importa por qué se estén peleando. En otra sesión en mi consulta, Carol y Jim empiezan a discutir sobre la renuencia de Jim a hablar de su relación. «Hablar de esto simplemente hace que nos peleemos», afirma Jim. «¿Para qué sirve? Le damos vueltas y vueltas. Se vuelve frustrante.  Y, de todos modos, al final todo tiene que ver con mis “defectos”. Me siento más cerca cuando hacemos el amor.» Carol sacude la cabeza: «No me apetece sexo ¡cuando ni siquiera estamos hablando!».

¿Qué ha sucedido aquí? El patrón ataque-retirada con el que Carol y Jim tratan el asunto del «retraso» se ha extendido a dos asuntos más: «no hablamos» y «no tenemos sexo». Están atrapados en un círculo terrible. Sus respuestas generan más respuestas y emociones negativas el uno en el otro. Cuanto más culpa Carol a Jim, más se retira él. Y cuanto más se retira él, más frenéticos y cortantes se vuelven los ataques de ella.

Al final, los motivos de cualquier pelea no importarán para nada. Cuando las parejas llegan a este punto, toda su relación se ve marcada por el resentimiento, la precaución y la distancia. Verán cualquier diferencia, cualquier desacuerdo, a través de un filtro negativo. Escucharán palabras inocentes y oirán una amenaza. Verán una acción ambigua y asumirán lo peor. Se verán consumidos por miedos y dudas catastróficos, y estarán constantemente en guardia y a la defensiva. Incluso si se quieren acercar, no pueden. El título de una canción de los Notorious Cherry Bombs define perfectamente la experiencia de Jim: «It’s Hard to Kiss the Lips at Night that Chew Your Ass Out Day Long» [Es difícil besar por la noche los labios que llevan todo el día recriminándote].

A veces, las parejas llegan a atisbar los diálogos demoniacos en los que están atrapados. Jim me dice que «sabe» que escuchará cómo ha decepcionado a Carol incluso antes de que ella hable, así que ha levantado un «muro» para protegerse del «fuego incendiario», pero el patrón se ha vuelto tan automático e irresistible que no lo pueden detener. Sin embargo, la mayoría de las parejas no son conscientes del patrón que se ha apoderado de su relación.

Enfadados y frustrados, se esfuerzan por encontrar una solución. Concluyen que su pareja es insensible o cruel. Vuelven la culpa hacia adentro, hacia sí mismos. «Quizá haya algo profundamente malo en mí», me dice Carol. «Es como solía decir mi madre, soy demasiado difícil para que me amen». Concluyen que nadie es confiable y que el amor es una mentira.

Para muchos psicólogos y consejeros, la idea de que estas espirales de exigencia-distancia tengan todo que ver con el pánico de apego sigue siendo revolucionaria. A la mayoría de los colegas que vienen a formarse conmigo les han enseñado a ver el conflicto y las luchas de poder de las parejas como los problemas más importantes de las relaciones. En consecuencia, se han centrado en enseñar a las parejas habilidades de negociación y comunicación para contener el conflicto. Pero es tratar los síntomas, no la enfermedad. Es decirle a personas atrapadas en un baile interminable de frustración y distancia que cambien el paso cuando lo que tienen que hacer es cambiar la música. «Deja de decirme lo que tengo que hacer», exige Jim. Carol lo considera durante un nanosegundo antes de replicar enfadada: «Si no te lo digo, ¡tú no haces nada y seguimos igual!».

Podemos salir con muchas técnicas para tratar diferentes aspectos de la aflicción de las parejas, pero hasta que comprendamos los principios que organizan las relaciones amorosas, realmente no podemos comprender los problemas del amor ni ofrecer a las parejas una ayuda duradera. El patrón exigencia-retirada no es solo un mal hábito, refleja una realidad subyacente más profunda: estas parejas se están muriendo de hambre emocionalmente. Están perdiendo su fuente de sustento emocional. Se sienten desvalidas. Y están desesperadas por volver a conseguir el alimento.

Hasta que tratemos la necesidad fundamental de conexión y el miedo de perderla, las técnicas habituales —como aprender habilidades de resolución de problemas y comunicación, indagar las heridas de la infancia o tomarse descansos— resultan desacertadas e ineficaces. Gottman ha demostrado que las parejas felices no se hablan de maneras más «hábiles» o «perspicaces» que las infelices. No siempre se escuchan con empatía ni comprenden cómo sus pasados han establecido expectativas problemáticas. Y en mi consulta, veo a parejas muy afligidas que se expresan con una facilidad sorprendente y muestran una comprensión exquisita de su propio comportamiento, pero que no pueden hablar de manera coherente con sus compañeros sentimentales cuando golpea el tsunami emocional. Mi clienta Sally me dice: «¿Sabe?, hablar se me da bastante bien. Tengo muchos amigos. Soy asertiva y buena oyente. Pero cuando entramos en esos terribles y largos silencios, intentar recordar nuestro fin de semana de entrenamiento para el matrimonio es como intentar leer el manual del paracaídas en plena caída libre».

Los remedios habituales no tratan el anhelo de una conexión emocional segura ni sus amenazas. No les dicen a las parejas cómo reconectar o permanecer conectadas. Las técnicas que les enseñan pueden interrumpir una pelea, pero con un coste terrible. A menudo acrecientan la distancia entre los miembros de la pareja, reforzando los miedos de ser rechazados y abandonados cuando lo que necesitan las parejas es reafirmar su vínculo.

Fuente:
Sue Johnson, Hold Me Tight: Seven Conversations for a Lifetime of Love, Little, Brown and Company, 2008, trad. Ben Carral. (Abrázame fuerte: siete conversaciones para un amor duradero, Urano, 2009.)

Las peleas suelen ser intentos de reconexión emocional


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Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Sue JohnsonTenemos que sumergirnos más profundo para descubrir el problema básico: estas parejas han desconectado emocionalmente; no se sienten seguras emocionalmente entre sí. Con demasiada frecuencia, lo que las parejas y terapeutas no ven es que la mayoría de las peleas son realmente protestas por la desconexión emocional. Bajo toda la aflicción, los miembros de la pareja se están preguntando: ¿Puedo contar contigo, depender de ti? ¿Estás ahí para mí? ¿Responderás cuando lo necesite, cuando llame? ¿Te importo? ¿Me valoras y me aceptas? ¿Me necesitas, confías en mí? La ira, la crítica, las exigencias, realmente son llantos a sus seres amados, llamadas para conmover sus corazones, para traer de vuelta emocionalmente a sus compañeros y restablecer un sentido de conexión segura.

Fuente:
Sue Johnson, Hold Me Tight: Seven Conversations for a Lifetime of Love, Little, Brown and Company, 2008, trad. Ben Carral. (Abrázame fuerte: siete conversaciones para un amor duradero, Urano, 2009.)

El amor es como el oxígeno o el agua


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El amor es una necesidad básica

Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

El amor no es la guinda del pastel de la vida. Es una necesidad primaria básica, como el oxígeno o el agua. Cuando comprendemos y aceptamos esto, podemos llegar más fácilmente al meollo de los problemas relacionales.

Fuente:
Sue Johnson, Hold Me Tight: Seven Conversations for a Lifetime of Love, Little, Brown and Company, 2008, trad. Ben Carral. (Abrázame fuerte: siete conversaciones para un amor duradero, Urano, 2009.)

Las tres características de una relación segura


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Por Brent Bradley (doctor en Psicología) y James Furrow (doctor en Desarrollo Humano y Estudios de la Familia)

Trad. Ben Carral

Estas son las tres características de un apego seguro:

    • Pareja madura felizAlguien con el que puedes contar: Ser humano significa que dependes de los demás. Tu supervivencia depende de esto. Buscar y mantener relaciones con otras personas importantes para ti es un instinto humano básico ineludible. La cuestión para las parejas no es si confiar ni cuándo confiar, sino cómo confiar en tu compañero o compañera.

      Te mantienes fuerte como individuo cuando tienes un sentido claro de dónde te encuentras con las personas que te importan. Una relación segura te proporciona una visión más clara de ti mismo. Esto sucede a la luz de una relación con alguien que se preocupa por ti.

 

    • Alguien a quien puedo acudir en los momentos difíciles: Saber que puedes contar con el consuelo y cuidado de tu pareja resulta esencial para la seguridad en el apego. Bowlby describió este aspecto del apego como crear un «refugio seguro». La seguridad en el apego promete una relación que ofrece protección y seguridad en medio de las tormentas y tensiones de la vida.

 

  • Alguien que me da confianza: Tener un apego seguro significa tener una relación que promueve el crecimiento y la autoexploración. Bowlby llamó a esta cualidad una «base segura». Un apego seguro proporciona un fundamento sobre el que los miembros de la pareja pueden construir, lo que les permite asumir riesgos personales y explorar la vida juntos.

Las claves para fortalecer un vínculo de apego es que seas accesible y responsivo para tu pareja. Un vínculo de apego proporciona una «sentida sensación de seguridad». Es algo que sabes en tus huesos. Debes ser capaz de experimentar la confianza de que tu compañero o compañera estará ahí si lo necesitas y saber que él o ella te responderá a ti específicamente.

Si reduces la seguridad en el apego a una sola cuestión, lo fundamental es: «¿Puedo depender de ti cuando te necesite?». La respuesta no se trata solo de la intención de tu pareja; se trata de lo que tu pareja cumpla. Esto requiere accesibilidad y responsividad. Sue Johnson, en su libro Hold Me Tight (Abrázame fuerte), identifica una serie de maneras en que los miembros de la pareja demuestran ser accesibles y responsivos en las relaciones íntimas.

Según Jonshon, ser accesible para tu pareja significa que:

  • pondrás atención a las peticiones o preocupaciones.
  • serás accesible a nivel emocional.
  • darás prioridad a tu pareja.
  • harás que tu pareja se sienta incluida.
  • escucharás las preocupaciones más profundas de tu pareja.

Ser responsivo a tu pareja significa que:

  • estarás ahí en momentos de necesidad.
  • responderás a la necesidad de cercanía de tu pareja.
  • proporcionarás apoyo en momentos de incertidumbre.
  • harás esfuerzos para volver a conectar después de una discusión.
  • afirmarás el valor y la importancia de tu pareja.

Fuente:
Brent Bradley y James Furrow, Emotionally Focused Couple Therapy for Dummies [Terapia de pareja centrada emocionalmente para Dummies], John Wiley & Sons Canada, 2013, trad. Ben Carral.