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3 pasos para romper el círculo de la discusión: sé accesible, responde, implícate


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Por Vagdevi Meunier (doctora en Psicología; miembro del Consejo Asesor de Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Vagdevi MeunierEn una sesión de terapia de pareja reciente compartieron conmigo una conversación significativa:

El sonido del teléfono interrumpió el ensueño de George mientras navegaba en su portátil.

«¿Hola?»

Era su esposa, Alice. Pudo oír un matiz en su voz. «Ansiosa», pensó.

«Hola, cariño, me alegra mucho poder localizarte», dijo Alice. «Estoy terriblemente perdida y no puedo encontrar señales indicadoras en ninguna parte.»

«¿Dónde estás?»

«En River Place.»

Estaba muy al sur de la ciudad. Eran casi las nueve de la noche.

«¿Qué demonios estás haciendo tan lejos de la ciudad?»

«Eso no importa», dijo. «¡Necesito tu ayuda!»

George suspiró y puso los ojos en blanco. Era tan típico. Ella hace algo disparatado y luego le llama para rescatarla. Buena cosa que ella no pudiera ver sus ojos en blanco; aunque probablemente oyó su suspiro.

«Vale, ¿qué pasa?»

«Estoy en un cruce y solo está señalizada una de las calles», dijo Alice. «Si te digo el nombre, ¿puedes buscarla y decirme que camino debo coger para volver a la autopista y a casa?»

«¡Ah!, te compré un GPS caro», dijo George. «¿Por qué no lo utilizas?»

La ansiedad de Alice se transformó en exasperación.

«¿Podemos NO tener ahora esa conversación?», dijo ella. «Estoy cansada y un poco asustada. Solo necesito volver a la autopista.»

«¡Ah!, ¿qué conversación estamos teniendo?», dijo George. «Eres TÚ la que me has llamado, no al revés.»

«Ya lo sé, pero no quiero hablar de por qué no tengo el GPS», dijo Allice. «Solo quiero saber qué camino debo coger.»

Pronunció cada palabra como un golpe.

«Así que piensas que puedes llamarme sin más, sacarme de lo que esté haciendo, pedirme algo como llovido del cielo y ¿no puedo hacerte ninguna pregunta?», dijo él levantando la voz. No iba a dejar que ella le pasara por encima otra vez.

La voz de Alice se rompió, sonaba a punto de llorar.

«¿Por qué estás haciendo esto?», dijo ella. «No estás entendiendo lo que necesito. ¿Podemos,  POR FAVOR, dejar de discutir? Realmente necesito tu ayuda.»

«Vale, bien», dijo él. «¿Cuál es la calle?»

George odiaba cuando ella se volvía emocional, y parecía que en aquellos días ella se volvía emocional por pequeñas cosas. Él pensaba que se merecía un poco de reconocimiento por ayudarla, pero siempre parecía tratarse de lo que él hacía mal, no de lo que hacía bien.

Esta es la historia que Alice contó en nuestra primera sesión después de la conversación telefónica. Yo sabía que ella quería que arbitrara esta pelea. Pero es una invitación habitual en terapia de pareja, y una a la que me resisto tanto como puedo.

Facilita y guía, no juzgues

Había que comprender su relación. Mi trabajo era facilitar y guiar, no juzgar, evaluar o declarar quién tenía razón.

Al escuchar la historia de Alice, oía un estribillo familiar. Así es como suena habitualmente. Una mujer se vuelve hacia su marido, se acerca a él, le pide apoyo y se siente criticada y juzgada; no solo por pedirle algo, sino por la forma de hacerlo, por si la petición es razonable, por si la respuesta es obvia para cualquiera con un cociente intelectual medio, etc.

Uno de los miembros de otra pareja lo había explicado de esta manera: «Pregunto y siento como si todas las respuestas terminaran con un silencioso “¡Obvio, estúpida!”».

Cuando Alice contaba su experiencia, sonaba incrédula, como si dijera: «¿Puedes creer cómo me trata? ¿Puedes creer lo mal que me hace sentir por pequeñas cosas?».

No pensé que George la tratara mal, y Allice iba a descubrir pronto que no me iba a poner de su parte. Verás, en la mayoría de los casos, cuando escucho a una pareja contarme sus peleas, puedo ver realmente las dos partes. Era muy claro para mí que George se sentía enfadado y explotado, y también podía ver, con la misma claridad cristalina, por qué le dolió tanto a Alice su respuesta. En estas situaciones, mi trabajo es facilitar una mejor comunicación matrimonial mediante una exploración y un diálogo entre los miembros de la pareja que les permita ver que ambas «realidades subjetivas» (como las llama John Gottman) tienen sentido.

En este incidente particular, también recurrí al excepcional trabajo de la doctora Sue Johnson, otra investigadora y clínica pionera en el campo de la terapia de pareja, que ha escrito extensamente sobre este preciso tema. A través de la teoría del apego, una teoría desarrollada por John Bowlby (1907-1990) sobre el apego madre-hijo y ampliada más tarde al apego adulto, la doctora Johnson explica que necesitamos y queremos depender de nuestros compañeros primarios.

Cuando nos sentimos asustados o estresados, o simplemente hemos perdido el equilibrio o estamos perdidos con algo, nos sentimos mucho más confiados de nuestra capacidad para gestionarlo si podemos alcanzar  a un ser querido afectuoso que comparta la experiencia con nosotros, nos tranquilice y nos ofrezca su apoyo. Por esta razón, las personas con enfermedades cardiovasculares tienen resultados más saludables si la calidad de su relación primaria (con un ser amado) es segura y positiva.

Tres pasos: accesibilidad, responsividad, implicación

La palabra clave aquí es cuidar. Volvamos a la historia de Alice y examinémosla a través de la teoría del apego. En particular, utilizaremos la respuesta en tres pasos de la doctora Johnson que es la marca distintiva de las relaciones de apego seguro. Los tres pasos o habilidades emocionales son la accesibilidad, la responsividad y la implicación.

En este contexto, accesibilidad significa «¿Estás ahí para mí cuando intento llegar a ti?».

Ayudé a Alice a ver que su relación con George no eran TODO malas noticias. Ella confía en él y él intenta ayudarla siempre que lo necesita. Si no fuera así, él no sería el primer número al que llamó en aquella noche oscura. Ella podía contar con la accesibilidad y disponibilidad de él. Él responde a sus llamadas sin importar cuándo llame y siempre parece tener tiempo o buscarlo para ella cuando necesita su ayuda.

Pasando a George, le pregunté si era cierto. Ya estaba asistiendo con la cabeza, así que supe que seguía la pista adecuada. George respondió a mi pregunta diciendo que si la llamada era de su mujer, respondería aunque estuviese en medio de una reunión. Inmediatamente siguió diciendo lo frustrado que está porque ella no parece apreciarlo, no se da cuenta de que le llama siempre a horas inusuales y espera que él esté a su entera disposición sin apenas dar las gracias al final. Intento detenerlo y redirigirle amablemente.

Las irritaciones y resentimientos hacia nuestras parejas, especialmente después de un incidente negativo, pueden estar tan a flor de piel que no necesitemos mucho para subirnos a ese tren. Pero ese tren no lleva a ningún lugar bueno en un matrimonio. De hecho, el tren del resentimiento y la actitud defensiva a menudo acelera y simplemente se cae por el acantilado. Si queremos que nuestras conversaciones produzcan intimidad y comprensión, necesitamos activar los frenos cuando intentamos comprender o procesar un suceso pasado para que no volvamos a pelear.

Me volví hacia George y le ayudé a entender que aunque es accesible y está fácilmente disponible para ayudar a Alice, no fue muy responsivo emocionalmente en este altercado. Responsividad significa que escuchas, empatizas y comprendes lo que pido y me das justo lo que pido, nada más ni nada menos.

Es difícil en relaciones antiguas e íntimas. Pensamos que conocemos a nuestras parejas tan bien que podemos terminar sus frases y anticipar sus necesidades. Pero actuar así puede desempoderar a nuestras parejas y, de hecho, hacer que les resulte difícil apreciar la buena acción que estamos llevando a cabo.

En el matrimonio, la responsividad trata acerca de escuchar con nuestros corazones y nuestras mentes, y sintonizar con nuestras parejas para que podamos medir y ajustar la dosis de nuestra respuesta a la intensidad de la necesidad. De hecho, nada más escucharla, George leyó acertadamente las pistas en la voz de Alice. Supo que sonaba ansiosa. Lo que no hizo fue conectar con esa otra parte de sí mismo que le estaba dirigiendo a permanecer sintonizado con ella y ver lo que necesita. Hizo descarrillar la petición de ella con preguntas propias sobre dónde estaba y por qué no tenía su GPS. Se enfadó cuando ella intentó redirigirle en vez de reconocer que estaba asustada; ella no podía responder a sus preguntas irrelevantes. En realidad no es culpa de George ni de Alice. Los dos se afectan mutuamente de manera que cuando George suena impaciente, Alice se pone más ansiosa y se asusta más, pero ella no le permite saber a él que está asustada; su respuesta suena más como crítica que como asustada. Este baile negativo es una programación habitual en su relación, y necesitan trabajar sistemáticamente en ella para cambiarla.

La última habilidad, la implicación emocional, trata del interés y participación genuinos que tenemos en la experiencia de nuestra pareja. La frase para recordar es que cuando estamos contra la pared, enfrentar al dragón junto a un compañero nos da mucho más valor y tenacidad que enfrentarlo solo. Pero el compañero que necesitamos en ese momento no es un robot desinteresado e informativo. Si eso fuera todo lo que necesitamos, Alice habría llamado a la policía local o a la patrulla de carretera.

Buscar la empatía de una pareja

Buscamos a nuestras parejas íntimas y a nuestros familiares porque pensamos que ellos se preocupan realmente por lo que estamos pasando. Alice no solo quería indicaciones, sino un aliado empático que calmara su sistema nervioso y le ayudase a no sentirse tan estúpida por haberse perdido. Alice ya se había reprimido a sí misma por no llevar el GPS con ella y por acceder a una reunión tan tarde y tan lejos de la ciudad. No necesita que George le ayudase a aprender ESA lección.

Lo que necesitaba de George era un sentido de experiencia compartida, y quizá unas palabras tranquilizadoras que le hicieran saber que a él le agradaba que ella le buscase. Y ayudándola sin juzgarla, también le comunicaría el mensaje de que su dilema no era irrazonable. No hacía falta que George dijera ninguna de estas cosas explícitamente. Si hubiera respondido con calma y palabras tranquilizadoras, y le hubiese dado las indicaciones con voz amable, Alice habría leído en ello toda la seguridad y consuelo que necesitaba. Habría bebido profundamente de su compasión para apagar el gran incendio que había en su cabeza. Si George hubiera podido compartir compasivamente la experiencia de ella diciendo: «Tienes razón, esa parte de la ciudad no está nada bien señalizada», el cerebro de Alice se podría haber iluminado de felicidad. La validación de su pareja es el regalo más profundo que él podría ofrecerle, pues eso le habría indicado a Alice que no estaba loca y le habría permitido activar su propia sabiduría de modo que podría haber utilizado sus propios recursos para guiarse de vuelta a casa.

Lo más importante

Al final, déjame que lo reitere, no fue culpa de nadie que sucediera este incidente. Alice debía apreciar la accesibilidad de George y finalmente su ayuda, sin importa lo a regañadientes que se la diese. También debía confiar en que las intenciones de él no eran maliciosas. Respondía impacientemente porque las reacciones de ella daban forma a las de él, y viceversa.

George debía apreciar que Alice confíe en él y debía comprender que, a pesar de sus intenciones, su habilidad para transmitirle a ella empatía y comprensión era tan importante como sus habilidades de navegación. Sin embargo, lo más importante es que Alice y George comprendan una cosa. Todos entramos en estos bucles negativos con nuestras parejas. Es inevitable cuando hay tanto en juego como en las relaciones amorosas. Los percances en la comunicación matrimonial también son inevitables.

Lo más importante es perdonarnos a nosotros mismos y el uno al otro por ser imperfectos, ver el esfuerzo que se esconde detrás del percance y ser capaces de construir intimidad incluso a partir del caos. Como dice John Gottman: «En el peor conflicto se encuentra el potencial para la intimidad más grande», si somos conscientes y tenemos la voluntad de aprovecharlo.

Fuente:
Vagdevi Meunier, «3 Steps to Break the Argument Cycle: Access, Respond, Engage», en Nationalmarriageseminars.com, 9 de febrero de 2015, visita: 22 de febrero de 2015, trad. Ben Carral.

Tres puntos de vista de las relaciones como camino espiritual


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Por John Amodeo (doctor en Psicología; miembro del Consejo Asesor de Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

John AmodeoConectando con lo que se encuentra más allá de nosotros mismos

Muchos de nosotros estamos cansados de religiones que se centran en lo exterior y de psicoterapias que descuidan nuestro potencial espiritual. Puede que permanezcamos en un vacío inexplicable hasta que prestemos atención al crecimiento y al despertar espirituales.

Pero la palabra espiritual se utiliza tanto que puede perder su significado. Estas son tres cosas que la espiritualidad significa para mí:

  1. Conectar con la sacralidad de la vida
  2. Entregarse a algo más allá del nuestro limitado yo
  3. Ver las cosas con claridad

La palabra espiritual se puede volver menos confusa al darnos cuenta de que estos aspectos de la espiritualidad son precisamente ¡lo que las relaciones íntimas piden de nosotros! El mismo crecimiento que llamamos espiritual es análogo a lo que hace falta para tener conexiones saludables y satisfactorias en nuestras vidas.

1. Conectar con la sacralidad de la vida

Estar vivos es un don sagrado. Es un regalo maravilloso cuando alguien se comparte a sí mismo con nosotros, abriendo su corazón e invitándonos a su mundo.

Cuando las personas nos honran compartiendo sus sentimientos y anhelos (o cualquier otra cosa que estén viviendo auténticamente en este preciado momento), están dando un salto de fe. Están confiando en que abrazaremos cariñosamente lo que muestren de sí mismas sin juzgarlas ni avergonzarlas, o traicionar sus confidencias.

Las relaciones íntimas implican una confianza sagrada, basada en un compartir cariñoso de nuestros mundos interiores. Se crea un clima seguro de intimidad a través de nuestra valiente apertura mutua y una capacidad para la escucha profunda.

Como explico en Dancing with Fire: A Mindful Way to Loving Relationships [Bailar con fuego: un camino consciente a las relaciones amorosas]:

Al igual que la vida misma, la intimidad no se puede imponer ni maquinar, lo que explica por qué las relaciones pueden ser tan exasperantes. Pero aunque no podamos controlar el flujo de una intimidad maravillosa, podemos crear las condiciones que hagan más probable que llegue a surgir una intimidad luminosa. Podemos aprender a ser de una manera en que las personas se sientan cómodas aproximándose a nosotros. […] Nuestra disponibilidad para la intimidad es un aspecto sagrado de quiénes somos.

 Entregarse a algo más allá del nuestro limitado yo

La espiritualidad tiene que ver con conectar. Se nos invita a abrir una posibilidad más grande que cualquier cosa que podamos imaginar. Abrir el alma al misterio y a la grandiosidad de la vida nos libera de la prisión de nuestro aislamiento egocéntrico. Reconocemos que participamos en una realidad mayor que nosotros mismos.

Las relaciones amorosas nos piden algo similar. Se nos invita a abrirnos a la alteridad de otra persona; respetando que esa persona no somos nosotros. En vez de aferrarnos fuertemente a nosotros mismos (agarrándonos a nuestras posiciones, opiniones y juicios establecidos), se nos pide que ampliemos nuestra perspectiva. Se nos invita a dejar ir nuestra ansia de manipular a las personas y controlar la vida, y a permitir que surjan conexiones a través de algo misterioso que se escapa de nuestro control.

Ver las cosas con claridad

La meditación mindfulness [atención plena] (o vipassana) nos anima a ver las cosas tal como son en vez de aferrarnos a como nos gustaría que fuesen. Vipassana significa «ver con claridad» o «ver con profundidad». Dirigimos la atención amablemente a lo que sea que estemos experimentando en el momento. Estar con «lo que es» permite que nuestra experiencia se asiente y se desarrolle.

De manera parecida, si queremos relaciones saludables y vibrantes, se nos invita a ver a los demás tal como son, incluyendo sus miedos, heridas y esperanzas. La intimidad surge entre dos personas que se ven con claridad en vez de intentar controlarse, cambiarse o manipularse.

Una práctica de meditación o mindfulness puede ayudarnos a aquietar la mente de manera que estemos más presentes y disponibles. A medida que se tranquiliza nuestra mente turbulenta, podemos ver a los demás con más claridad. Podemos darnos cuenta de lo que estamos experimentando en el interior con más facilidad. Entonces nos encontramos en una buena posición para compartir esa experiencia, sin importar lo vulnerable que pudiera ser, en vez de aferrarnos a nuestras percepciones y juicios establecidos acerca de los demás, algo que aleja a las personas.

La auténtica espiritualidad tiene que ver con conectar con la vida, no con desconectarse de ella. Las relaciones son un camino espiritual en la medida en que conectamos conscientemente con lo que es. Las amistades y los emparejamientos satisfactorios se desarrollan con más naturalidad al abrirnos a la vida que fluye dentro y fuera de nosotros.

Fuente:
John Amodeo, «Three Views of Relationships as a Spiritual Path», en Psychologytoday.com, 26 de febrero de 2014, visita: 15 de febrero de 2015, trad. Ben Carral.

El verdadero secreto para tener un gran día de San Valentín (¡no son los bombones!)


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Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Sue JohnsonDe media nos gastamos más de 100$ en el día de San Valentín, nuestra orgía de sentimentalismo de mediados de invierno. Y la ciencia demuestra que nuestros corazones están en la senda acertada. Más allá de las flores y los bombones, el día de San Valentín ofrece bendiciones a las parejas.

Ahora mismo, los norteamericanos están ocupados enviando 190 millones de tarjetas (algunas cursis, otras sinceras) y despilfarrando hasta mil millones de dólares en dulces empalagosos. Todo comenzó como una salvaje fiesta pagana llamada de las Lupercales, tan popular que los cristianos tempranos no se pudieron resistir a requisarla y cambiarla de nombre. Lo hicieron en el siglo V, valiéndose de un hombre llamado Valentín, que fue ejecutado por el emperador Claudio II por celebrar matrimonios clandestinos. Bueno, estaba desanimando a los hombres de unirse al ejército de Claudio.

El día de San Valentín tiene un gran impacto en las relaciones. Los terapeutas de pareja se preparan para la precipitación de personas enfurecidas porque no obtuvieron una tarjeta, una caja de bombones o sexo perfecto de sus parejas. Pero no todo son ventas y sentimientos extraviados.

¿El día de San Valentín y la ciencia? ¡Créelo!

Si miramos a través del objetivo de la nueva ciencia del amor y la vinculación, esta fiesta adquiere todo un nuevo significado. Ante todo somos mamíferos que se vinculan; programados biológicamente para vivir en una red de apoyo y conexión en la que otros acuden cuando les llamamos. Habitualmente, estos otros irreemplazables son nuestros compañeros sexuales. Es más probable que nos vinculemos con las parejas sexuales; después de todo, en el orgasmo nos vemos inundados por hormonas vinculantes como la oxitocina. El día de San Valentín se nos empuja amablemente a celebrar y reconocer lo que para la mayoría de nosotros es nuestro vínculo adulto más fuerte, el corazón de nuestra familia: la conexión con nuestra pareja. En un mundo ocupado y construido para la distracción y la desconexión, señalar un día en el que acordemos en masa prestar atención a nuestras relaciones amorosas tiene que ser una buena idea.

¿Por qué importa el tiempo de estar juntos?

Esta clase de celebración, sentimentaloide o no, es más importante que nunca. Dependemos de nuestras parejas para la conexión social en una medida que le habría resultado extraña a la generación de mi abuela. Probablemente, ella se pasaba tres horas al día hablando con otros, y tenía cerca de una docena de amigas y una familia a las que acudir y en quienes confiar, mientras que nosotros pasamos cada vez menos tiempo interactuando cara a cara y el número de personas a las que poder confiarnos se encuentra en una trayectoria descendente constante. El aislamiento y la soledad se encuentran en el máximo histórico y sabemos que (para los mamíferos vinculantes) estar aislados es vivir ¡en un estado de amenaza crónica!

Para muchos de nosotros, nuestra pareja es nuestra única relación de refugio seguro; nuestro único parachoques contra los efectos tóxicos de la separación no deseada. En la investigación de escaneo cerebral descubrimos que, incluso cuando estás esperando una descarga eléctrica en los tobillos, una vez que se establece un vínculo de refugio seguro, simplemente coger la mano de tu pareja hace que tu cerebro pase de una excitación de alerta roja a un estado de calma tranquila, y reduce el dolor físico de la descarga.

Celebra la intimidad

Las relaciones íntimas son dignas de celebrarse. Son nuestro mayor recurso. La evidencia científica ha descubierto de manera aplastante que un vínculo amoroso es la mejor receta para casi todo lo que hace que merezca la pena vivir, incluidas la salud física y la salud mental, la resiliencia al estrés y un sentido fuerte del yo. Incluso parece que estos vínculos nos ofrecen ¡el mejor antídoto contra el envejecimiento! Una de las grandes lecciones de la revolución en la ciencia de las relaciones es que las personas que se aman tienen más impacto la una en la otra de lo que Hollywood nunca imaginó.

Más barato (y más preciado) que los bombones

En una sesión de terapia de pareja, Tracy le dice a Mike: «No necesito la gran caja de bombones. Necesito esos besos lentos en la frente por la mañana, y esa voz que utilizas para decir mi nombre nada más que llegas a casa. Necesito que me busques después de una pelea y que me demuestres que soy lo bastante especial como para que te arriesgues a acercarte de nuevo. Necesito sentir la tranquilidad de que soy la mujer especial para ti, incluso cuando me siento baja y pequeña. Solo tú puedes hacerlo». Mike se ríe: «Voy a escribir lo que me acabas de decir y lo podemos convertir en mi promesa de San Valentín para ti. Más barato que los bombones, más duradero que las flores. Puedo hacer todo eso».

Lo que sabemos por nuestros años de investigación es que si Mike puede responder a su mujer de esta manera, con una conexión emocional centrada y abierta, y si ella puede pedir lo que necesita, lo más probable es que tengan una vida de San Valentines. Y eso bien merece una celebración salvaje y muy sentimental.

Fuente:
Sue Johnson, «The Real Secret To Having A Great Valentine’s Day (It’s Not Chocolate!)», en Mindbodygreen.com, 12 de febrero de 2014, visita: 13 de febrero de 2015, trad. Ben Carral.

Dos maneras de romper sin causar destrozos


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Por Duana Welch (doctora en Psicología; miembro del Consejo Asesor de Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Duana WelchLa voz y las manos de Kevin temblaban mientras me contaba lo mucho que ansiaba romper con Sheila, su novia desde hacía tres años. El problema era que le aterrorizaba el pensamiento de dejarla. Estaba acosado por preocupaciones de que pasaría: ¿Qué pasaría si no encontraba a otra persona, o a nadie mejor? ¿Qué pasaría si habiendo estado tanto tiempo con Sheila, sencillamente debía seguir con ella? ¿Qué pasaría si no soportaba dañarla de esa manera?

Pero la pregunta más importante de todas era una que no se hizo, y una que todos necesitamos hacernos. ¿Qué pasaría si sigues con la persona inadecuada?

Parte de tener citas es dañar a otras personas, de la manera menos dolorosa posible. ¿Cuánto de indolora? Y ¿qué palabras utilizar? En parte depende de la seriedad de la relación.

¿Qué decir?

Si acabáis de empezar a veros, o estás rechazando una primera cita, lo puedes hacer por teléfono y decir:

«Gracias por preguntarme, pero no siento que tengamos lo suficiente en común», o: «Muchas gracias, pero no estoy interesado».

Y si se trata de una relación más seria, que lleve más tiempo (como la de Kevin), os podéis encontrar en persona (a no ser que te sientas inseguro), y utilizar este guión:

«Realmente me ha gustado ___ de ti, pero no pienso que tengamos lo suficiente en común como para continuar, y no me siento como debería para seguir adelante juntos».

Repite cualquiera de los guiones tanto como necesites, como un disco rayado, hasta que se termine el encuentro de ruptura.

¿Por qué funciona?

Cuando realicé una encuesta que preguntaba a la gente: «¿Qué palabras te gustaría que utilizara (tu pareja) para romper contigo?», los hombres y las mujeres de todas las edades y trasfondos, en su abrumadora mayoría, quisieron honestidad, pero no brutalidad. Los respondientes prefirieron marcadamente que su antigua pareja dijera algo bueno sobre ellos, y que luego siguiera con una razón de la ruptura honesta, pero amable. Las razones más deseadas reflejaban el tema de un mal emparejamiento: «No va a funcionar», «No creo que seamos adecuados el uno para el otro», «No tenemos lo suficiente en común» o «No somos un emparejamiento lo suficientemente bueno».

Hablando con datos, están en la senda correcta para la felicidad duradera. Docenas de estudios demuestran que la similitud es el mejor camino para la extendida meta de una unión feliz. Así que decir: «No creo que tengamos lo suficiente en común para seguir», no solo es claro y conciso, es verdad, una razón profundamente enraizada en la realidad de lo que cuenta para una relación permanente feliz. Otros estudios demuestran que la amabilidad en nuestras acciones es un requerimiento básico para ser felices con cualquiera. Así que evitar culpar a los demás y, en lugar de ello, centrarse en nuestros propios sentimientos funciona. ¡Y tiene una ventaja adicional! Este método es inatacable: Sientes lo que sientes, punto.

¿Rompió Kevin? Puedes estar seguro. Y me dijo que el dolor de preocuparse por ello fue mucho peor que cómo se sintió después; después se sintió libre para encontrar un emparejamiento mejor.

El precio de encontrar a la persona adecuada es dejar a un lado a todas las inadecuadas, incluyendo a cualquiera que casi sea lo que necesitas, pero no del todo. Nadie dijo nunca: «¡Gracias por conformarte conmigo!». Libérate a ti mismo, y a esa otra persona.

Fuente:
Duane Welch, «Two Ways To Break Up Without Breaking Down», en Pof.com, 5 de febrero de 2015, visita: 12 de febrero de 2015, trad. Ben Carral.

¿Qué es la emoción?


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Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Sue JohnsonDesconfiar en la emoción ha sido un sello distintivo de la sociedad occidental desde hace mucho. Como mínimo se remonta a los días de los antiguos griegos, cuando los filósofos estoicos argumentaban que las pasiones eran destructivas, incluido el amor, y que tenían que ser contenidas por el intelecto y la moral. A lo largo de los años, la emoción se ha visto principalmente como un atributo de nuestra naturaleza animal base, primitiva y sensorial. Después de todo, sentimos la emoción; es una fuerza visceral. La razón, en contraste, eliminada del cuerpo y residente «en la cabeza», se ha visto como evolutivamente superior, un reflejo de nuestro yo espiritual más elevado. Debemos elevarnos por encima de la emoción si queremos ser una sociedad verdaderamente civilizada. La crítica social Marya Mannes [(1904-1990)] lo expresó sucintamente: «El signo de un pueblo inteligente es su capacidad para controlar las emociones mediante el uso de la razón».

El caso contra la razón parece provenir de dos factores: su poder imparable (ciertamente nos puede sorprender en menos de un segundo) y su aparente aleatoriedad y falta de lógica. La investigación ofrece ahora una visión muy diferente. En realidad, la emoción es el sistema exquisitamente eficiente de la naturaleza para procesar la información y señalizar, diseñado para reorganizar rápidamente el comportamiento en el interés de la supervivencia.

La emoción nos informa de que está ocurriendo algo vital para nuestro bienestar. Somos bombardeados por cientos de miles de estímulos cada segundo de cada día. La emoción ordena el aluvión automática y reflejamente, seleccionando lo que importa y dirigiéndonos a la acción adecuada. Nuestros sentimientos nos guían en asuntos grandes y pequeños; nos dicen lo que queremos, cuáles son nuestras preferencias y lo que necesitamos. Escogemos helado de pistacho en vez de vainilla porque tenemos un mejor sentimiento hacia él. La investigación con personas que han sufrido daños cerebrales demuestra que sin la emoción para guiarnos, no tenemos brújula. Nos vemos privados de dirección y no tenemos nada que nos mueva hacia una opción en vez de hacia otra. Nos atascamos considerando todas las posibilidades.

La emoción es el motivador más fuerte. Lo queramos o no, llega y nos estimula a actuar, incluso nos obliga. La palabra emoción deriva del latín movere, que significa «mover hacia fuera». Vemos su poder con más claridad cuando sentimos que nos encontramos en peligro físico. Si nos embiste un perro rabioso o un rinoceronte descontrolado, sentimos miedo y nos largamos en dirección contraria. Charles Darwin [(1809-1882)], el primer científico en señalar el valor de la emoción para la supervivencia, visitaba frecuentemente el zoo de Londres para pararse delante del terrario de la víbora. Sabía que mirar a la serpiente a los ojos haría que atacase. También sabía, en cuanto ser racional, que se encontraba perfectamente seguro, pues la víbora estaba detrás del cristal. Darwin miraba fijamente, determinado a no moverse, pero sin importar las veces que se probase a sí mismo, siempre retrocedía cuando el reptil atacaba.

La emoción nos puede incitar a actuar incluso cuando la supervivencia no parece ser un asunto urgente. Durante el 11-S, una mujer llamada Julie estaba trabajando en la Torre Sur del World Trade Center cuando el primer avión alcanzó la Torre Norte. Por los altavoces les dieron instrucciones, a sus colegas y a ella, de que se quedaran en sus oficinas de la planta número ochenta. Pero abrumada de miedo, se puso a bajar las escaleras. Había llegado a la planta sesenta y uno cuando el segundo avión alcanzó su edificio. Ella consiguió llegar a casa. Por supuesto, la emoción no es un sistema de alarma infalible, como demuestra la experiencia de Darwin. Julie podría haber realizado el cálido y ansioso descenso de ochenta plantas para nada. Pero en la supervivencia, los falsos positivos son siempre más valiosos que los falsos negativos. Te irá mejor prestando atención a una emoción de advertencia que ignorándola. Como señaló George Santayana [(1863-1952)], a menudo es «sabiduría creer al corazón».

La emoción también es la gran comunicadora. Da vueltas en nuestros cuerpos y sale hacia fuera, lo queramos o no, como señales para los demás. Estimula nuestro propio comportamiento y transmite a los demás nuestras necesidades más profundas, lo mismo que a nosotros las de ellos. En este aspecto, resulta vital para nuestras relaciones amorosas. Nuestra pareja es central para nuestro sentido de seguridad. ¿Cómo nos puede cobijar, ser nuestro refugio seguro, si no sabe de qué tenemos miedo y qué anhelamos profundamente? La emoción es la música del baile entre las personas que se aman; nos dice dónde poner los pies, y le dice a nuestra pareja dónde poner los suyos.

Difundimos la emoción principalmente a través de nuestras expresiones faciales y tono de voz, y recogemos y comprendemos esas señales instantáneamente. Solo hacen falta 100 milésimas de segundo para que nuestro cerebro registre la mínima alteración en la cara de otra persona y solo 300 milésimas más para sentir en nuestro propio cuerpo lo que vemos en esa cara: para reflejar el cambio que vemos. La emoción es contagiosa; literalmente «agarramos» los sentimientos de los demás y sentimos lo que la otra persona está sintiendo, y esta es la base de la empatía.

Fuente:
Sue Johnson, Love Sense: The Revolutionary New Science of Romantic Relationships [Sentido del amor: la nueva ciencia revolucionaria de las relaciones románticas], Little, Brown and Company, 2013, trad. Ben Carral.

Las 5 maneras de no hablarle a tu pareja


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Melissa OrlovSabotear tus mejores intereses es demasiado fácil. Sigue estas reglas para evitarlo.

Por Melissa Orlov (experta en el impacto del TDAH en las relaciones)

Trad. Ben Carral

¿Quieres que tu pareja te escuche realmente? ¿Simplemente necesitas ser escuchado? ¿Lo que tienes que decir es tan importante que se debe prestar atención? Si es así, aquí van cinco aproximaciones que sencillamente no funcionarán:

1. Alargar demasiado un caso

Puesto que lo que tienes que decir es realmente importante, puede que te sientas tentado a expresar tu posición en gran detalle. ¡No lo hagas! Es más fácil comprender una declaración concisa de un problema (al menos al principio) que una posición tediosamente larga.

2. Seguir cuando tu pareja no responde

Has declarado tu caso y tu pareja ha escuchado educadamente. Terminas y… no obtienes una respuesta de verdad. Esperabas implicación, pero en vez de ello no está claro lo que tu pareja tiene en mente; o peor, tienes miedo de que sea negativo. Resiste la tentación de repetir tu caso: En lugar de ello, si quieres implicación, haz preguntas de seguimiento como: «¿Estás de acuerdo?», o: «¿Qué piensas de ello?».

3. Hablar de asuntos privados delante de otros

Puede que te sientas abrumado por la emoción, la frustración o incluso la ira. Puede que sientas que debes comunicar tu idea o necesidad, pero si aireas vuestras preocupaciones privadas delante de otros, es mucho más probable que tu pareja desconecte, se ofenda o se sienta avergonzada en vez de escuchar.

4. Ignorar una petición de hablar más tarde

Has declarado tu caso (quizá más de una vez) y tu pareja ha intentado escuchar… pero es el final de un día largo, o por cualquier otra razón, simplemente no es un buen momento. Él o ella dice: «Hablemos de ello el fin de semana, que tenemos más tiempo». Pero estás tan convencido de que debes hacerte entender ahora que pones tus necesidades por encima de las de tu pareja y sigues. Así que ahora, en vez de necesitar hablar de un problema, necesitas tratar dos: El problema original, y la dificultad adicional que has creado al ignorar la petición de tu pareja. Y según continúas hablando, tu pareja se siente cada vez más negativa por el tratamiento que le estás dando. Cuanto más negativa esté (él o ella), menos probable es que se centre en tu problema original y responda a él.

5. Despertar más tarde y empezar de nuevo

Te encuentras tan molesto por el asunto que te preocupa que no puedes dormir bien. Tu pareja está teniendo el mismo problema. En vez de dejarlo estar para poder abrazaros y retomar la cuestión mañana, frescos, vuelves a sacar el asunto problemático una vez más… hacia las dos de la mañana; y puedes imaginar lo bien que irá.

A veces podemos querer tanto algo, o sentir algo tan intensamente, que entorpecemos nuestros mejores intereses. Pero sin importar el ardor con el que quieras comunicar algo, tu pareja que escuchará y responderá mejor si, al mismo tiempo, muestras que sigues siendo consciente de sus necesidades.

Fuente:
Melissa Orlov, «The 5 Ways Not to Talk to Your Partner», en Psychologytoday.com, 4 de abril de 2014, visita: 18 de enero de 2015, trad. Ben Carral.

Ser conscientes de las emociones para construir relaciones saludables


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John GottmanPor John Gottman (doctor en Psicología; referente del Mindfulness Gijón) y Joan DeClaire (escritora)

Trad. Ben Carral

De nuestra investigación ha surgido una idea muy fundamental y simple: Hemos descubierto los componentes elementales de la intimidad entre las personas, y hemos aprendido el principio básico que regula cómo funcionan las relaciones y también determina en gran medida cómo se puede regular el conflicto entre las personas. La idea básica tiene que ver con la manera en que la gente, en los momentos cotidianos de la vida diaria, hace intentos de comunicación emocional, y cómo responden o dejan de responder a estos intentos las personas que hay alrededor.

Esos momentos cotidianos no son muy espectaculares. Se pasan por alto fácilmente y, por desgracia, ese es su destino habitual. Sin embargo, son muy poderosos. Al volvernos conscientes (mindful) de tales momentos, podemos dar y recibir la intimidad y el apoyo que todos necesitamos de nuestras relaciones más íntimas.

Ahora podemos integrar esta idea básica sobre los momentos de conexión emocional con los siete sistemas básicos de mando emocional del cerebro. Estos sistemas de mando hacen posible que veamos direcciones y propósitos en nuestras emociones. La consciencia de las emociones que generan estos sistemas de mando nos permite examinar lo que puede estar faltando en nuestras vidas, y examinar también las discrepancias entre nuestras necesidades y las necesidades de quienes son más importantes para nosotros. La consciencia de nuestras emociones dentro de nosotros mismos, y de las emociones generadas en nuestras relaciones más íntimas, puede proporcionar una guía natural para nuestra búsqueda de significado, y nos puede dar la dirección que constantemente buscamos para nuestras vidas.

Fuente:
John M. Gottman y Joan DeClaire, The Relationship Cure, Harmony Books, 2001, trad. Ben Carral. (Existe traducción al español: Guía del amor y la amistad, Editorial Kairós, 2008.)

¿Qué es mindfulness?


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Por Ben Carral (profesor de meditación y relaciones saludables; director del Mindfulness Gijón)

Ben CarralAunque existen muchas definiciones de mindfulness (atención plena), podemos empezar revisando lo que Jonice Webb (doctora en Psicología) ha escrito recientemente en «Los cuatro descubrimientos psicológicos más importantes de 2014» (The Four Greatest Psychological Discoveries of 2014, diciembre de 2014, Psychcentral.com, trad. personal):

La conexión mente/cuerpo: 2014 fue el año de [la meditación] mindfulness. El concepto de mindfulness se ha transformado gradualmente de simplemente «estar en el presente» a una definición más compleja: «ser consciente de tus propios pensamientos y sentimientos en el momento». Esta nueva manera de ver mindfulness ha abierto puertas a nuevas áreas de investigación.

En 2014, estudio tras estudio ha demostrado que las personas conscientes (mindful) se encuentran en una posición ventajosa en diferentes maneras. De hecho, se ha descubierto que una mayor autoconsciencia emocional mejora la salud general. Un estudio de la Universidad Brown, realizado por Loucks y otros en 2014, demostró que las personas que son más conscientes de lo que están pensando y sintiendo en el momento tienen menos IMC (índice de masa corporal), menos glucemia en ayunas, fuman menos y tienen niveles mayores de actividad física.

Menos útil para la investigación científica, mi definición de la meditación mindfulness es más inclusiva. Se basa en la tradición budista zen y en la investigación psicológica actual. Y sobre todo está pensada como una guía para el estudio y la práctica. Aquí va:

La meditación mindfulness es la práctica (esfuerzo, vīrya) de:

1) abrirse (accesibilidad) y aceptar (inclusividad, kṣānti) nuestra experiencia momento a momento;

2) siendo claramente conscientes (atención plena, dhyāna) de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones, así como de los pensamientos, sentimientos y acciones del resto de personas y seres implicados;

3) desde una actitud amable (benevolencia, sīla), generosa (dāna) y comprensiva (prajñā);

4) con la intención de responder adecuadamente a cada situación (responsividad) y crear conexiones amorosas con nosotros mismos y los demás (teoría del apego).

La belleza de esta definición es que encierra la esencia de lo que necesitamos para cuidar nuestra salud mental y construir relaciones saludables con nosotros mismos, con los demás y con nuestro entorno. Y esto es justamente lo que aprendemos en el Grupo Mindfulness de Gijón (Asturias).

 

¿Dónde fracasa el amor?


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Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Sue JohnsonLos tres diálogos demoniacos que pueden arruinar tu relación

Las parejas infelices siempre me dicen que se pelean por el dinero, los niños o el sexo. Me dicen que no se pueden comunicar y que la solución es que su pareja tiene que cambiar. Brian me cuenta: «Si Mary no se volviera tan emocional y escuchase mis argumentos sobre nuestras finanzas y los niños, iríamos a alguna parte». Y Mary dice: «Bueno, si Brian hablase más y no se limitara a alejarse, no nos pelearíamos. Creo que nos estamos distanciando».

Después de 25 años de hacer terapia de pareja y estudios de investigación de pareja, sé que tanto Mary como Brian simplemente están viendo la punta del iceberg. Sumergido debajo se encuentra el gigantesco problema real: los dos miembros de la pareja se sienten emocionalmente desconectados.

Se están cuidando las espaldas, se sienten criticados, no escuchados, solos. Por debajo de las discusiones fuertes y los silencios prolongados, los miembros de la pareja se están haciendo preguntas clave en el drama del amor: «¿Estás ahí para mí? ¿Mis sentimientos y yo te importamos? ¿Me responderás cuando te necesite?». Las respuestas a estas preguntas, preguntas muy difíciles de hacer y de escuchar en el ardor de una pelea, suponen la diferencia entre la seguridad emocional y el peligro y la inanición emocionales.

Sabemos por todos los cientos de estudios sobre el amor que han aparecido en la última década que la responsividad emocional es lo que construye o rompe las relaciones. Las parejas felices y estables pueden reñir y pelear, pero también saben cómo sintonizar el uno con el otro y restablecer la conexión emocional después de un conflicto. En nuestros estudios encontramos que siete de cada diez parejas que reciben Terapia Focalizada en las Emociones (TFE) pueden reparar su relación. Lo hacen encontrando un modo de salirse de la desconexión emocional y de regresar al contacto seguro y amoroso que crea confianza. Pero ¿por qué no podemos hacer esto todos, incluso sin ayuda de un terapeuta? ¿Qué se interpone en el camino? La nueva ciencia del amor nos lo cuenta.

Nuestro ser amado es nuestro refugio en la vida. Cuando esta persona no está disponible y no responde, nos vemos asaltados por un tsunami de emociones: tristeza, ira, dolor y, sobre todo, miedo. Este miedo está programado biológicamente. Saber que podemos depender de un ser amado, saber que él o ella responderá a nuestra llamada es nuestro código de supervivencia innato. La investigación está clara: cuando sentimos que una relación amorosa primaria está siendo amenazada, nos entra un pánico primordial.

Solo hay tres maneras de tratar con nuestro sentido de pérdida y aislamiento inminentes. Si tenemos una unión feliz y básicamente segura, aceptamos nuestra necesidad de conexión emocional y comunicamos esas necesidades de manera directa y de un modo que ayuda a nuestra pareja a responder amorosamente. Sin embargo, si nos encontramos en una relación débil y no estamos seguros de cómo expresar nuestra necesidad, o exigimos con enfado e intentamos presionar a nuestra pareja para que responda, o desconectamos y nos alejamos para defendernos. Sin importar las palabras exactas que utilicemos, lo que estamos diciendo realmente es: «Préstame atención. Estate conmigo. Te necesito». O: «No dejaré que me hagas daño. Me calmaré, intentaré no perder el control».

Si estas estrategias predominan en una relación, es probable que nos veamos atrapados en lo que llamo diálogos demoniacos. Estos diálogos se pueden apoderar de vuestra relación. Crean cada vez más resentimiento, cautela y distancia hasta que llegamos a un punto en el que sentimos que la única solución es abandonar.

Hay tres diálogos demoniacos principales que atrapan a las parejas en una inanición e inseguridad emocionales sin solución.

Encuentra al malo

Este patrón sin salida de culparse mutuamente mantiene a una pareja a kilómetros de distancia. La pelea se parece a una competición por ver quién consigue definir a quién. Como dice Pam: «Estoy esperando su menosprecio. Tengo mi arma lista. Quizá apriete el gatillo cuando ni siquiera viene a por mí». Los dos miembros de la pareja definen al otro como indiferente o defectuoso de algún modo. Todo el mundo pierde. Pero este patrón de ataque-ataque es difícil de mantener. Normalmente es el movimiento de apertura del baile más habitual y entrampador de todos: la polka de protesta.

La polka de protesta

Los psicólogos supieron durante años que este baile de exigir-retraerse lleva al divorcio, pero no eran capaces de averiguar por qué se encuentra tan extendido y es tan letal. Ahora sabemos que potentes emociones e irresistibles necesidades mantienen en marcha este patrón: la necesidad biológicamente programada de conexión emocional y el miedo al rechazo y al abandono. Aunque nuestros cerebros sepan que de algún modo estamos empeorando las cosas al criticar o ignorar a nuestra pareja, no podemos desconectar sencillamente este anhelo ni este miedo. «Cuanto más se niega a hablar conmigo o rechaza mis sentimientos, más me enfado y le pincho», dice Mia. «Lo que sea para conseguir que me responda.» A lo que su pareja, Jim, comenta: «Y cuanto más oigo ese tono enfadado en su voz, más oigo que no le puedo agradar nunca. Simplemente me desespero y me callo más». Aunque ninguno de ellos se dé cuenta, el enemigo es esta espiral, no el otro miembro de la pareja. Mia se queja por la distancia de Jim. Jim intenta desesperadamente evitar la desaprobación de ella. Hablan de este modo porque sienten una alarmante respuesta a su pregunta de apego: «¿Estás ahí para mí?». En la polka de protesta, y en un intento por tratar con su sentido de desconexión emocional, cada persona confirma sin querer los peores miedos del otro y mantiene en marcha esta espiral. Al final, el miembro de la pareja que exige y protesta comienza a abandonar el esfuerzo de conexión, llora por la relación y también se aleja. Esto lleva al último baile de todos.

Paralizarse y huir

En este baile, los dos miembros de la pareja se sienten impotentes. Aquí nadie intenta acercarse a nadie. Nadie asume ningún riesgo. Todo el mundo utiliza la huida como protección. En otras relaciones esto podría estar bien durante un tiempo, pero con las personas a las que amamos, este baile sin respuesta es insoportable. Realmente, aquí los miembros de la pareja no están bailando en absoluto. No están participando. No estamos programados biológicamente para tolerar esta clase de aislamiento. Si no cambia nada, la relación está en caída libre.

Cuando las personas atrapadas en los diálogos demoniacos vienen y me preguntan: «¿Hay esperanza para nosotros?». Les digo: «Claro que la hay». Cuando comprendemos de qué trata realmente el drama del amor, cuáles son nuestras necesidades y miedos, podemos ayudarnos mutuamente a salir de estos diálogos negativos y entrar en conversaciones amorosas positivas  que nos llevan a los brazos el uno del otro y nos conducen seguros a casa.

Fuente:
Sue Johnson, «Where does Love Go Wrong? », en Drsuejohnson.com, 2013, visita: 11 de enero de 2015, trad. Ben Carral.

Hacia un lenguaje de gratitud


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Por John Amodeo (doctor en Psicología; miembro del Consejo Asesor de Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

John AmodeoMi problema con decir: «De nada»

«Gracias por estar ahí para mí ayer. Realmente me ayudó hablar contigo.»

«De nada.»

«Las flores son realmente bonitas. Gracias por traerlas.»

«De nada.»

«Te agradezco que me acerques al aeropuerto.»

«De nada.»

En cada una de estas interacciones, hay algo que se ofrece y una gratitud que se expresa. Sin embargo, la persona que da no parece acoger la gratitud. Es una oportunidad perdida para generar un flujo más profundo  de dar y recibir.

Puede que te preguntes de qué estoy hablando. Decir «de nada» le permite saber al destinatario que todo está bien. No fue una molestia. No tienes una obligación hacia mí. No me importa haberlo hecho.

En clase me enseñaron que de nada significa «gracias», pero literalmente significa «no fue nada». Así que ¿cuál es mi problema con «de nada»?

Cuando alguien me responde con «de nada» o alguna versión (por ejemplo, «no hay de qué»), siento que mi gratitud ha caído en oídos sordos. No he sido recibido de manera profunda ni significativa. Me quedo con un sentimiento algo frío y distante.

«De nada» no es una manera óptima de reconocer la gratitud. No toca nuestro anhelo más profundo de dar y recibir amor y cuidado. No crea intimidad.

Otra respuesta para una expresión de gratitud es «fue un placer». Se acerca a una respuesta que crea intimidad, pero no llega del todo, especialmente si se dice sin pensar, de  manera mecánica. «Fue un placer» revela parte del sentimiento de la persona que da: «¡Me sentí bien haciendo eso por ti!». Pero se puede crear una corriente más significativa de conexión si mostramos un poco más nuestros sentimientos profundos cuando alguien expresa gratitud.

Aquí van algunas posibilidades para mis ejemplos anteriores:

«Gracias por estar ahí para mí ayer. Realmente me ayudó hablar contigo.»

«Aprecio que lo digas. Me sentí bien de que te abrieras tanto conmigo y hablaras de algo tan personal. Aprecio que confíes en mí.»

«Las flores son realmente bonitas. Gracias por traerlas.»

«Me encanta que te gusten. Realmente me encanta hacerte feliz y ver tu sonrisa.»

«Te agradezco que me acerques al aeropuerto.»

«Me siento feliz de llevarte. Tú haces mucho por mí y sienta bien hacer algo para ayudarte.»

Por supuesto, el sentimiento que acompaña a las palabras es más importante que las palabras en sí mismas. Pero las palabras suponen una diferencia. Cultivar un lenguaje que exprese gratitud puede profundizar la intimidad que anhelamos.

La próxima vez que alguien te exprese gratitud, sé consciente de cómo te sientes. Párate un momento antes de responder automáticamente. Toma una respiración. ¿Qué notas en el interior? Mira qué palabras podrían salir de tu corazón, y si está bien arriesgarse a ser un poco vulnerable y permitir que se vea esa parte sensible de ti.

Las relaciones se pueden profundizar cuando expresamos una gratitud genuina los unos hacia los otros y respondemos a las expresiones de gratitud con calidez y amabilidad. Expandir y disfrutar la experiencia de gratitud también ayuda a reprogramar nuestro cerebro de maneras positivas, como ha explorado el doctor Rick Hanson en Hardwiring Happiness (Cultiva la felicidad).

Por favor, no te critiques por decir «de nada». A veces me descubro a mí mismo diciendo «de nada» en situaciones despreocupadas. Pero cuando alguien expresa gratitud por algo que he hecho por él, como aguantar una puerta abierta o recoger algo que se le ha caído, casi siempre digo «un placer» o «con mucho gusto».

En nuestras ajetreadas vidas, podemos perder oportunidades preciosas de responder a los momentos de afecto con amabilidad y sensibilidad, lo que nos conecta más profundamente los unos con los otros. La próxima vez que te encuentres con una oportunidad en la que normalmente dirías «de nada», prueba a decir otra cosa y ver cómo sienta.

Fuente:
John Amodeo, «Toward a Language of Gratitude», en Psychologytoday.com, 4 de enero de 2015, visita: 6 de enero de 2015, trad. Ben Carral.