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Lo que todos queremos (pero nunca pedimos) (3.ª parte)


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Por Jonathan Robinson (magíster en Terapia Matrimonial y Familiar)

Trad. Ben Carral

Viene de: Lo que todos queremos (pero nunca pedimos) (2.ª parte)

Jonathan RobinsonVivir desde la abundancia

Dar las tres aes a tu pareja no es algo que deberías hacer únicamente cuando estés molesto con ella. De hecho, tu ser amado se volverá más amoroso cuanto más frecuente y eficazmente hagas que se sienta admitido, apreciado y aceptado. Ingresará el amor extra que le das, y por ello será capaz de manejar mejor los pequeños enfados que suceden inevitablemente en el curso de una relación. A medida que seas más consistente a la hora de dar amor a tu pareja, ella se sentirá más cercana a ti y te dará a cambio su aprecio sincero. Así comienza el ciclo positivo hacia mayores niveles de amor e intimidad.

Resulta sorprendente lo bien que funcionan las tres aes. Con una pareja llamada Shellie y Steve, Steve se quejaba de que Shellie nunca quería tener relaciones sexuales. Por supuesto, el punto de vista de Shellie era que Steve ¡solo quería sexo! Le sugerí a Steve que admitiese el punto de vista de Shellie (aunque no estuviera necesariamente de acuerdo con él). Dijo sinceramente: «Comprendo que sientes que siempre te estoy presionando para tener sexo. Estoy seguro de que te hace sentir muy molesta. Lamento que mi manera de comportarme te haya hecho sentir así». La postura corporal de Shellie, que normalmente era como una coraza, se relajó al momento. Le sugerí a Steve que intentase comprender y aceptar la intención positiva de Shellie de sentirse segura y en control de su propio cuerpo. Y por último le sugerí que empezase a apreciar a Shellie en contextos no sexuales.

Steve estaba indeciso de empezar a apreciar a su mujer. No tenía mucho dólares en su cuenta bancaria de autoestima, y tenía miedo de que si empezaba a apreciar a su esposa, terminaría con menos aún. En una sesión privada con Steve, le sugerí que probase un experimento de una semana con su mujer. Durante una semana tenía que observar el efecto de expresarle a su esposa aprecio sincero tanto verbalmente como a través de abrazos cálidos y no sexuales. A mitad de semana, Steve me llamó excitado y me dijo: «¡Mi esposa se ha convertido en una nueva mujer! Esta semana hemos hecho el amor más veces ¡que en todo el año pasado! ¿Qué le has hecho?». Le expliqué a Steve que aprender a dar a nuestra pareja aprecio verbal y contacto físico afectuoso puede tener efectos inesperados. Cuando llegaron a mi consulta a la semana siguiente, parecían una pareja en su luna de miel.

Pruébalo. La próxima vez que tu pareja esté de mal humor, admite su realidad y di luego lo que aprecias de ella. Quizá le puedas dar un abrazo cálido después de que haya compartido su dolor. Este sencillo gesto de aceptación puede transformar rápidamente cómo se siente tu pareja. Cuando tu pareja y tú os deis admisión, aprecio y aceptación el uno al otro de manera regular, ambos os sentiréis como si estuvierais en el cielo.

Recordatorios milagrosos

  1. Cuando tu pareja esté enfadada, haz un depósito en su cuenta bancaria de autoestima admitiendo su percepción de la realidad; incluso si no estás de acuerdo con su punto de vista. Dile que lamentas que sienta dolor. Comunica luego lo que verdaderamente aprecias y respetas de ella.
  2. La aceptación surge al reconocer la intención positiva y el dolor de tu pareja. Para sintonizar con su intención positiva, pregúntate simplemente: «Aunque lo esté intentando de manera poco hábil, ¿qué sentimientos positivos busca en el fondo con esta conducta?». A medida que aprendas a aceptar a tu pareja aun cuando no te guste su comportamiento, le estarás dando a tu pareja, y a ti mismo, el regalo del amor incondicional.
  3. Al dar admisión, aprecio y aceptación a tu pareja (o a cualquier otra persona en realidad), verás un cambio muy importante en la manera en que te escucha y te responde.

Práctica de maestría

Intenta admitir y apreciar a tu pareja esta semana. Si se siente mal, valida sus sentimientos y experiencia del mundo diciendo algo como: «Parece que… Debe de hacerte sentir… Lamento sinceramente que te sientas tan mal». Encuentra cosas por las que apreciar a tu pareja preguntándote: «¿Qué me gusta o aprecio de ella?». Cuando se te ocurran cosas específicas, díselas. Fíjate en los efectos que tiene en tu pareja y en vuestra relación.

Fuente:
Jonathan Robinson, Communication Miracles for Couples: Easy and Effective Ways to Create More Love and Less Conflict, 2.ª ed. revisada, Conari Press, 2009, trad. Ben Carral. (Existe una traducción al español de la primera edición, Comuníquese con su pareja: herramientas fáciles y efectivas para crear más amor y menos conflicto, Obelisco, 1999.)

Lo que todos queremos (pero nunca pedimos) (2.ª parte)


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Por Jonathan Robinson (magíster en Terapia Matrimonial y Familiar)

Trad. Ben Carral

Viene de: Lo que todos queremos (pero nunca pedimos)

Jonathan RobinsonAdmisión

La gente me pregunta a menudo: «¿Cuál es la diferencia entre admisión, aprecio y aceptación?». Defino admisión como estar dispuesto a aceptar que tu pareja realmente está teniendo la experiencia que dice estar teniendo. Por ejemplo, digamos que tu pareja dice: «Estoy harta de que me reproches». Quizá podrías responder: «No te reprocho. Simplemente te digo cómo limpiar adecuadamente». Es probable que esta respuesta aparentemente inocente conduzca a un desacuerdo importante. ¿Por qué? Porque invalida la realidad y los sentimientos de tu pareja. Desde su perspectiva, tú le estás reprochando, y se ha molestado por ello. Hasta que admitas su punto de vista y sus sentimientos, sus oídos seguirán apagados. Indicar que empatizas con su perspectiva y sus sentimientos le permite abrirse a tu perspectiva y a tus sentimientos.

En el ejemplo anterior podrías admitir las palabras de tu pareja diciendo: «Parece que sientes que te estoy criticando constantemente. Imagino que debe de doler mucho. Lamento que te sientas así».  Tu pareja solo estará receptiva a escuchar tu versión de las cosas cuando se sienta totalmente admitida (comprendida),  no antes. Por tanto, lo primero que deberías hacer cuando las cosas se pongan un poco acaloradas desde el punto de vista de tu compañera o compañero, es admitir su experiencia; aunque creas que no tenga ningún sentido. Recuerda, no hace falta que estés de acuerdo con su perspectiva para admitir que la tiene. Puede que no estuvieras reprochando, pero si ella siente que sí lo estabas haciendo, es necesario admitir ese sentimiento antes de que pueda escucharte. Admitir crea confianza, y cuanto más valides su experiencia, más confiará en ti. Por supuesto, cuanto más invalides la realidad de tu pareja, más sentirá que no puede confiar en ti.

He creado una manera sencilla de recordar cómo admitir y validar la experiencia de tu pareja. Es un método de rellenar los espacios en blanco al que llamo fórmula de admisión:

1. Parece que…

Parafrasea en una o dos frases lo que tu pareja parece estar experimentando.

2. Debe de hacerte sentir…

Imagina cómo debe de sentar una experiencia así.

3. Lamento que te sientas…

Supón lo que está sintiendo.

Anteriormente, Jill me dijo: «Quiere mostrarme que tiene la razón y que yo siempre estoy equivocada». En vez de disentir con ella, utilicé la fórmula de admisión. Dije: «Comprendo que te sientes culpada por él y estoy seguro de que no sienta muy bien. Lamento sinceramente que te sientas tan dolida». Eso fue todo lo que ella necesitó para sentir que la estaba escuchando realmente. Entonces se abrió a escucharme. Como sucede con todos los métodos de rellanar los espacios en blanco, necesitas adaptarlo para utilizar tus propias palabras y sonar sincero. A tu pareja no le importará lo que tengas que decir hasta que sienta que realmente te importan sus sentimientos. Si utilizas la fórmula de admisión de manera sincera para comprender mejor a tu compañero o compañera, te garantizo que tus relaciones se transformarán.

Desafortunadamente, la mayoría de nosotros tenemos poquísima experiencia en admitir a nuestras parejas o en que otros validen nuestros propios sentimientos. En vez de proporcionar admisión, la mayoría de las personas intentan arreglar inmediatamente a sus parejas cuando estas expresan su dolor, o se defienden de lo que sus parejas han dicho si les suena como una declaración de culpa. Ninguna de estas aproximaciones funciona. Cuando nos sentimos dolidos, necesitamos que primero se valide nuestra experiencia; antes de que nos pueda interesar escuchar maneras de arreglar o solucionar la situación. Los seres humanos funcionamos así. Al mismo tiempo, una vez que tu pareja sienta que la has escuchado realmente (al admitir su experiencia), probablemente estará muy receptiva a escuchar lo que te gustaría decir.

A menudo veo a clientes que se sienten frustrados cuando ofrecen amorosamente consejo a su compañera o compañero, solo para ver como su pareja rechaza todo lo que dicen. No es que las soluciones ofrecidas no sean eficaces; simplemente es que el momento no es el adecuado. Las personas necesitan montones de empatía y comprensión antes de estar receptivas a soluciones. ¿Alguna vez has tenido que tratar con un niño de tres años que se siente realmente dolido? Si has pasado por ello, ¿qué hiciste? Probablemente no le empezaste a decir que estaba equivocado ni lo que debería haber hecho. En vez de ello imagino que le diste un montón de empatía. Para ayudar a que el niño supiera que te importaba, probablemente dijiste lo mucho que lamentabas que se sintiese tan dolido.  Escuchaste amorosamente la historia de sus penas. Entonces, una vez que todas sus lágrimas hubieron pasado, y si parecía receptivo, puede que ofrecieses algún consejo acerca de cómo tratar mejor una situación parecida en el futuro.

Cuando estamos contrariados, somos como niños de tres años. Necesitamos saber que alguien comprende lo mal que nos sentimos. Si en primer lugar nos dan consejo en vez de admisión, sentimos que no nos comprenden. Nos sentimos engañados.  Pero al mismo tiempo, una vez que sentimos que nuestro dolor ha sido validado suficientemente, se crea una apertura para recibir nueva información. Dependiendo de tu pareja, puede que solo necesite un poco de empatía y admisión, o un montón. Cuanto más amor ofrezcas en tu admisión, antes se abrirá a las cosas que te gustaría decir.

Según mi entendimiento,  la fórmula de admisión es el método más poderoso que existe para aumentar la intimidad en la relación y disminuir el conflicto. Aunque es simple en teoría, puede resultar difícil aplicarla en la vida real. Con todo, el esfuerzo merece la pena. Cuando se pone en práctica con el deseo de comprender a tu compañero o compañera, produce milagros de manera constante.

Aprecio

El aprecio es diferente de la admisión. Defino el aprecio como el arte de decirle a tu pareja lo que te gusta de ella. Para entrar en contacto con lo que aprecias, puedes preguntarte simplemente: «¿Qué me gusta o aprecio de mi pareja?». Centrarte en esa pregunta y expresar ocasionalmente las respuestas a tu ser amado, ayudará a mantener en abundancia el saldo bancario de su autoestima. Además, al expresar aprecio puedes ayudar a que tu pareja deje de culparte o de estar a la defensiva cuando surgen dificultades entre los dos. Después de todo, tendrá más capacidad de escucharte a medida que crezca su saldo.

Para aprovechar al máximo el arte del aprecio, es mejor practicarlo con frecuencia. Al igual que resulta poco beneficioso hacer ejercicio de manera irregular, también resulta poco beneficioso apreciar a tu pareja solo una vez al mes. Cuanto más os apreciéis el uno al otro, más fácil os resultará y mejores seréis en utilizar esta herramienta simple, pero poco utilizada, de crear intimidad. También ayuda que vuestro aprecio sea muy específico, preciso y gráfico. No resulta muy eficaz expresar un aprecio general como: «Me gusta el hecho de que seas agradable». Por otra parte, resulta muy poderoso decir: «Me sentí muy orgullosa de ti cuando te ofreciste a ayudar al hombre en silla de ruedas a bajar aquellos escalones. Siempre tienes pequeños gestos para mí como comprarme flores o escribirme notas de amor. Todas esas cosas realmente me llegan al corazón». ¿Te das cuenta cómo es mucho más poderoso ser específico y gráfico? Da rienda suelta al poeta que hay en ti para expresarle a tu pareja el aprecio sincero que sientes por ella.

En los talleres que imparto sobre comunicación, muestro a los participantes dos pequeños muñecos que compré y a los que llamo Sr. y Sra. Maravillosos. Cuando se les toca en el vientre, los muñecos dicen palabras efusivas de aprecio. Sr. Maravilloso dice cosas como: «Pensar en ti ¡es lo mejor del día!». Sra. Maravillosa comenta alegremente: «Tienes razón. No necesitamos indicaciones. Quizá encontremos un atajo». Estos muñecos siempre logran hacer reír a los participantes. Cuando les pregunto por qué se ríen, inevitablemente responden que sus parejas nunca les dicen cosas así. ¡Qué pena! Una persona no debería tener que comprar un muñeco que diga las palabras de aprecio y ánimo que todos anhelamos escuchar. Aunque las palabras suenen un poco cursis, adelante, dilas. Los sentimientos de amor adicionales que estás creando bien merecerán la pena.

Aceptación

La aceptación es la tercera a, y normalmente es la última que sucede. Aceptación significa que amas a tu pareja tal como es, con todas sus imperfecciones. Otro término para referirse a la aceptación es amor incondicional. Admitir y apreciar son dos conductas específicas que puedes hacer con tu pareja, mientras que la aceptación es un cambio de actitud. Por lo general, los padres aceptan y aman a sus hijos aun cuando no les guste como se portan. Es posible tener la misma aceptación incondicional hacia tu pareja. De hecho, tu pareja la está deseando.

Me he dado cuenta de que muchas personas tienen miedo de aceptar incondicionalmente a su ser amado. Creen que este cambio de actitud llevará a que su pareja se aproveche de ellas. Sin embargo, sucede lo contrario. Cuando las personas se sienten totalmente aceptadas, se esfuerzan al máximo por hacer felices a su pareja. Después de todo, ellas les están dando el alimento que más desean. Ciertamente no resulta fácil aceptar incondicionalmente a nuestra pareja. Tendemos a pensar que amaremos más a alguien cuando cambie de algún modo. Es frecuente pensar: «Con que solamente mi pareja fuese más amable, delgada, rica, ordenada y demás, realmente la aceptaría». El resultado de esta actitud es que tu pareja nunca se siente amada del todo, y en consecuencia nunca te acepta del todo.

Una manera de ayudarte a aceptar incondicionalmente a tu pareja es aprender a sintonizar con su intención positiva. Puesto que en el fondo todo lo que las personas quieren es sentirse valiosas y amadas, siempre hay una intención positiva detrás de su conducta. Incluso si tu pareja dice cosas que te hacen daño, su intención positiva es aumentar la autoestima de su cuenta; para poder sentirse valiosa. No necesitas decirle que te gustan sus acciones, porque no te gustan. Solo necesitas ser consciente de que tiene una intención positiva a pesar de cómo se está comportando.

Una manera práctica de ayudarte a sentir aceptación por tu pareja es preguntarte simplemente: «¿Cuál es la intención positiva detrás de lo que está haciendo?». Cuando te das cuenta de que tu pareja es un ser humano con dolor emocional, y que está intentando recuperar el sentimiento de amor del mejor modo que sabe, tienes la experiencia de aceptación. Se ha dicho que todo lo que las personas hacen es o una respuesta amorosa o un grito de socorro. Cuando los bebés berrean pidiendo ayuda, es fácil ver su vulnerabilidad y su intención positiva (sentirse mejor). Por tanto, aunque no te guste su conducta, es fácil seguir amándolos. Cuando nuestra pareja grita en busca de ayuda actuando de manera tonta de algún modo, hace falta un esfuerzo consciente para ver su intención positiva y su dolor. Pero si la buscas, es seguro que estará allí. Aceptar a tu pareja no significa que nunca te molestes con ella. Significa simplemente que siempre la amas; a pesar de su muestra ocasional de una conducta poco hábil. La actitud de aceptación es como una poderosa medicina que sana tu alma y el alma de tu pareja.

Sigue en: Lo que todos queremos (pero nunca pedimos) (3.ª parte)

Fuente:
Jonathan Robinson, Communication Miracles for Couples: Easy and Effective Ways to Create More Love and Less Conflict, 2.ª ed. revisada, Conari Press, 2009, trad. Ben Carral. (Existe una traducción al español de la primera edición, Comuníquese con su pareja: herramientas fáciles y efectivas para crear más amor y menos conflicto, Obelisco, 1999.)

Lo que todos queremos (pero nunca pedimos)


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Por Jonathan Robinson (magíster en Terapia Matrimonial y Familiar)

Trad. Ben Carral

Jonathan RobinsonPor pequeño que sea, ningún acto de amabilidad es nunca malgastado.
—Esopo [(c. 600 a. e. c.)]

Para sacar el máximo rendimiento de tu coche, resulta útil saber qué necesita para funcionar eficazmente. Necesitas saber qué combustible y aceite utiliza, y cómo arreglar las cosas cuando no funciona bien. Lo mismo sucede con los seres humanos. Afortunadamente, todos los seres humanos somos muy parecidos en el fondo. Todos queremos las tres aes: admisión, aprecio y aceptación. De hecho, las tres aes son como la gasolina de alto octanaje que hace funcionar la personalidad humana. Son los ingredientes esenciales que transmiten amor de una persona a otra. Sin ellas, nos ponemos a la defensiva y no permitimos que nadie se acerque. Si quieres tener una gran relación, primero tendrás que satisfacer las necesidades de admisión, aprecio y aceptación de tu pareja. Y cuanto más puedas ayudarle a sentirse amada, más amorosa se volverá contigo.

He creado una metáfora que encuentro útil para explicar cómo funciona la personalidad humana. La llamo la cuenta bancaria de la autoestima. Defino autoestima como el grado en que una persona se siente bien acerca de sí misma en un momento dado. Digamos que la persona media tiene unos diez dólares en su cuenta bancaria de autoestima. Las personas se vuelven violentas cuando solo tienen dos dólares en su cuenta bancaria. En los periódicos leemos acerca de personas que enloquecen cuando alguien simplemente las mira del modo equivocado. Estas personas tenían dos dólares de autoestima. Cuando las personas tienen cero dólares de autoestima, a menudo intentan suicidarse. Al tener solo diez dólares de autoestima, estamos muy motivados para no perder o gastar nada de nuestra exigua reserva. A pesar de ello, la manera en que solemos proteger nuestra cuenta es casi siempre ineficaz.

Las parejas que atraviesan dificultades se culpan inevitablemente el uno al otro. Culpar es un intento de retirar dólares de la cuenta de autoestima de tu pareja para ingresarlos en la tuya. Desafortunadamente, esto hace que tu pareja se sienta atacada, y entonces pasa a culparte e insultarte en defensa propia: «¿Crees que soy egoísta? Deberías mirarte al espejo. ¡Todo el mundo piensa que el egoísta eres tú!». El ciclo prosigue. ¿Alguna vez te has encontrado en una de estas espirales negativas? Yo sí, seguro. No es para nada divertido. Ninguno de los miembros de la pareja termina obteniendo el amor y el respeto que realmente quiere.

Incluso si tu pareja está muy enfadada, la clave para conseguir que te escuche es darle un montón de admisión, aprecio y aceptación. Las tres aes son como un depósito en la cuenta bancaria de autoestima de tu pareja. Cuando le das a tu compañero o compañera las tres aes, su saldo de autoestima crece temporalmente. A medida que crece el saldo de su cuenta, se volverá naturalmente más amorosa, desprendida y capaz de escuchar. Por tanto, cuando tu pareja se sienta estresada, lo mejor que puedes hacer es un depósito en su cuenta bancaria de autoestima. De manera casi mágica, se mostrará más agradable contigo. A medida que mejore su capacidad para escucharte con amor, tú también te sentirás mejor. El ciclo destructivo habrá terminado.

Bob y Jill vinieron a verme en busca de consejo como última medida antes de tramitar su divorcio. Bob y Jill eran lo que llamo echadores de culpa sutiles. Nunca se gritaban ni insultaban, pero la intención subyacente seguía siendo ganar puntos a expensas de su pareja. Les expliqué el concepto de cuenta bancaria de autoestima, pero Jill seguía realizando sus sutiles declaraciones de culpabilidad. Cada vez que lo hacía, yo la detenía y le preguntaba: «Después de culparle así, ¿crees que es más o menos probable que Bob te escuche?». Jill no tardó en darse cuenta de por qué Bob «nunca (la) escuchaba».

Jill me preguntó: «Bueno, ¿cómo puedo hacer que Bob me escuche?». Le dije que Bob necesitaba tener al menos algunos fondos en su cuenta bancaria de autoestima antes de poder asumir el riesgo de escucharla. Le sugerí que en primer lugar admitiese o validase plenamente la experiencia que Bob tenía de ella. Normalmente, cuando Bob le contaba su punto de vista o cómo se sentía, Jill le decía lo equivocado que estaba o lo ridículo que era. Esta manera de invalidar los sentimientos y la realidad de Bob solo conseguía que él se cerrase más. Así que le pregunté a Jill: «¿Cuál es la intención positiva detrás del intento de Bob de explicarte sus acciones?». Ella respondió: «Quiere mostrarme que tiene la razón y que yo siempre estoy equivocada». Esta declaración me hizo darme cuenta de que Jill necesitaba fondos en su propia cuenta de autoestima, pues se estaba sintiendo culpada. Por tanto, admití y validé su experiencia. Dije: «Comprendo que te sientes culpada por él y estoy seguro de que no sienta muy bien». Una vez que admití su experiencia, se abrió a escuchar lo que yo tenía que decir.

En el ejemplo anterior, si le hubiera dicho a Jill que estaba equivocada respecto a la intención de Bob, no se hubiese abierto a escucharme. Es un hecho poco conocido que los seres humanos están equipados con un dispositivo secreto en el cerebro que se llama detector de culpas. La alarma de nuestro detector de culpas se dispara cuando alguien intenta culparnos o hacernos sentir equivocados, aunque sea de la manera más sutil. Al saltar, nuestra alarma desconecta automáticamente la capacidad de nuestros oídos para escuchar lo que nos dicen. Si hubiera hecho que Jill se sintiese equivocada por lo que dijo, sus oídos se habrían desconectado, y yo habría gastado mi aliento diciendo cualquier otra cosa. Cuando las personas han perdido los fondos de su cuenta de autoestima, necesitan que se admita su versión de las cosas antes de que puedan escuchar lo que tengas que decir. Admitir su visión de la cosas no es lo mismo que estar de acuerdo con ellas; ni sugerir que ellas tengan razón  y que tú estés equivocado. Significa simplemente que admites su experiencia personal. Aceptas que lo que dicen es la verdad según la ven ellas.

Una vez que admití la visión de Jill acerca de Bob, repetí la pregunta: «¿Cuál crees que era la intención positiva de Bob al explicarte sus acciones?». Esta vez, ella dijo: «¿Qué quieres decir con intención positiva?». Expliqué que la intención positiva de una persona es lo que quiere en el fondo cuando realiza una acción. Jill pensó sobre ello y dijo: «Imagino que se está explicando para que deje de culparle y finalmente le acepte como es». ¡Bingo! Le dije que lo que todo el mundo quiere en el fondo es sentirse admitido, apreciado y aceptado, y que cuanto más des a tu pareja estas tres cosas, más te las dará ella a ti.

Le sugerí a Jill que en primer lugar aceptase la versión de la realidad de Bob validando su experiencia. Lo hizo al declarar: «Puedo ver que sientes que te culpo y lo mucho que te debe de haber dolido. Lamento mucho que te hayas sentido así». Luego le sugerí que comunicase exactamente lo que ella aprecia de su marido cuando no está enfadada con él. A medida que Jill le dijo sinceramente a Bob lo importante que es para ella y describió cosas que él hace y que ella aprecia, Bob se volvió menos defensivo. Las lágrimas comenzaron a aparecer en los ojos de él. Entonces, Jill procedió a contarle a Bob el miedo y el dolor que ella había estado sintiendo porque no se estaban llevando bien. Cuando Jill terminó de hablar, Bob se acercó lloroso a abrazar a su mujer. Ambos se disculparon por el daño que se habían causado. La espiral negativa que había estado activa durante meses terminó en menos de cinco minutos.  Un milagro de comunicación.

Sigue en: Lo que todos queremos (pero nunca pedimos) (2.ª parte)

Fuente:
Jonathan Robinson, Communication Miracles for Couples: Easy and Effective Ways to Create More Love and Less Conflict, 2.ª ed. revisada, Conari Press, 2009, trad. Ben Carral. (Existe una traducción al español de la primera edición, Comuníquese con su pareja: herramientas fáciles y efectivas para crear más amor y menos conflicto, Obelisco, 1999.)

Cómo arruinar tu relación… y cómo evitarlo


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Por Jonathan Robinson (magíster en Terapia Matrimonial y Familiar)

Trad. Ben Carral

Jonathan RobinsonHay muchas maneras de tener una buena relación, pero solo hay una cosa que ocurra en las malas relaciones: echar la culpa. Desafortunadamente, cuando insistimos en tener la razón, todo lo que decimos saldrá mal. Puesto que culpar no funciona nunca, cuando sientas intensamente que tienes la razón, lo primero que necesitas es cambiar drásticamente tu actitud. Si no la cambias, el detector de culpas de tu pareja se disparará rápidamente, y tendrás un follón tremendo entre manos.

[…]

Recordatorios milagrosos

  1. La intimidad requiere que dejemos ir el tener la razón y el echar la culpa a nuestra pareja. Cuando culpamos a nuestra pareja, su detector de culpas se dispara, y no puede oír nada de lo que decimos.
  2. Para salir del modo acusador, pregúntate: ¿Qué va a suceder probablemente si insisto en tener la razón? ¿Preferiría sentirme querido o tener la razón? ¿Qué que me gusta especialmente de mi pareja?
  3. Otra manera de dejar de culpar a tu pareja es preguntarte: «¿Cómo podría haber contribuido yo a esta situación en la que nos encontramos?». Concibe al menos tres posibilidades para ayudarte a dejar ir tu molestia y sentimiento de superioridad moral.

Fuente:
Jonathan Robinson, Communication Miracles for Couples: Easy and Effective Ways to Create More Love and Less Conflict, 2.ª ed. revisada, Conari Press, 2009, trad. Ben Carral. (Existe una traducción al español de la primera edición, Comuníquese con su pareja: herramientas fáciles y efectivas para crear más amor y menos conflicto, Obelisco, 1999.)