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Lo que todos queremos (pero nunca pedimos)


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Por Jonathan Robinson (magíster en Terapia Matrimonial y Familiar)

Trad. Ben Carral

Jonathan RobinsonPor pequeño que sea, ningún acto de amabilidad es nunca malgastado.
—Esopo [(c. 600 a. e. c.)]

Para sacar el máximo rendimiento de tu coche, resulta útil saber qué necesita para funcionar eficazmente. Necesitas saber qué combustible y aceite utiliza, y cómo arreglar las cosas cuando no funciona bien. Lo mismo sucede con los seres humanos. Afortunadamente, todos los seres humanos somos muy parecidos en el fondo. Todos queremos las tres aes: admisión, aprecio y aceptación. De hecho, las tres aes son como la gasolina de alto octanaje que hace funcionar la personalidad humana. Son los ingredientes esenciales que transmiten amor de una persona a otra. Sin ellas, nos ponemos a la defensiva y no permitimos que nadie se acerque. Si quieres tener una gran relación, primero tendrás que satisfacer las necesidades de admisión, aprecio y aceptación de tu pareja. Y cuanto más puedas ayudarle a sentirse amada, más amorosa se volverá contigo.

He creado una metáfora que encuentro útil para explicar cómo funciona la personalidad humana. La llamo la cuenta bancaria de la autoestima. Defino autoestima como el grado en que una persona se siente bien acerca de sí misma en un momento dado. Digamos que la persona media tiene unos diez dólares en su cuenta bancaria de autoestima. Las personas se vuelven violentas cuando solo tienen dos dólares en su cuenta bancaria. En los periódicos leemos acerca de personas que enloquecen cuando alguien simplemente las mira del modo equivocado. Estas personas tenían dos dólares de autoestima. Cuando las personas tienen cero dólares de autoestima, a menudo intentan suicidarse. Al tener solo diez dólares de autoestima, estamos muy motivados para no perder o gastar nada de nuestra exigua reserva. A pesar de ello, la manera en que solemos proteger nuestra cuenta es casi siempre ineficaz.

Las parejas que atraviesan dificultades se culpan inevitablemente el uno al otro. Culpar es un intento de retirar dólares de la cuenta de autoestima de tu pareja para ingresarlos en la tuya. Desafortunadamente, esto hace que tu pareja se sienta atacada, y entonces pasa a culparte e insultarte en defensa propia: «¿Crees que soy egoísta? Deberías mirarte al espejo. ¡Todo el mundo piensa que el egoísta eres tú!». El ciclo prosigue. ¿Alguna vez te has encontrado en una de estas espirales negativas? Yo sí, seguro. No es para nada divertido. Ninguno de los miembros de la pareja termina obteniendo el amor y el respeto que realmente quiere.

Incluso si tu pareja está muy enfadada, la clave para conseguir que te escuche es darle un montón de admisión, aprecio y aceptación. Las tres aes son como un depósito en la cuenta bancaria de autoestima de tu pareja. Cuando le das a tu compañero o compañera las tres aes, su saldo de autoestima crece temporalmente. A medida que crece el saldo de su cuenta, se volverá naturalmente más amorosa, desprendida y capaz de escuchar. Por tanto, cuando tu pareja se sienta estresada, lo mejor que puedes hacer es un depósito en su cuenta bancaria de autoestima. De manera casi mágica, se mostrará más agradable contigo. A medida que mejore su capacidad para escucharte con amor, tú también te sentirás mejor. El ciclo destructivo habrá terminado.

Bob y Jill vinieron a verme en busca de consejo como última medida antes de tramitar su divorcio. Bob y Jill eran lo que llamo echadores de culpa sutiles. Nunca se gritaban ni insultaban, pero la intención subyacente seguía siendo ganar puntos a expensas de su pareja. Les expliqué el concepto de cuenta bancaria de autoestima, pero Jill seguía realizando sus sutiles declaraciones de culpabilidad. Cada vez que lo hacía, yo la detenía y le preguntaba: «Después de culparle así, ¿crees que es más o menos probable que Bob te escuche?». Jill no tardó en darse cuenta de por qué Bob «nunca (la) escuchaba».

Jill me preguntó: «Bueno, ¿cómo puedo hacer que Bob me escuche?». Le dije que Bob necesitaba tener al menos algunos fondos en su cuenta bancaria de autoestima antes de poder asumir el riesgo de escucharla. Le sugerí que en primer lugar admitiese o validase plenamente la experiencia que Bob tenía de ella. Normalmente, cuando Bob le contaba su punto de vista o cómo se sentía, Jill le decía lo equivocado que estaba o lo ridículo que era. Esta manera de invalidar los sentimientos y la realidad de Bob solo conseguía que él se cerrase más. Así que le pregunté a Jill: «¿Cuál es la intención positiva detrás del intento de Bob de explicarte sus acciones?». Ella respondió: «Quiere mostrarme que tiene la razón y que yo siempre estoy equivocada». Esta declaración me hizo darme cuenta de que Jill necesitaba fondos en su propia cuenta de autoestima, pues se estaba sintiendo culpada. Por tanto, admití y validé su experiencia. Dije: «Comprendo que te sientes culpada por él y estoy seguro de que no sienta muy bien». Una vez que admití su experiencia, se abrió a escuchar lo que yo tenía que decir.

En el ejemplo anterior, si le hubiera dicho a Jill que estaba equivocada respecto a la intención de Bob, no se hubiese abierto a escucharme. Es un hecho poco conocido que los seres humanos están equipados con un dispositivo secreto en el cerebro que se llama detector de culpas. La alarma de nuestro detector de culpas se dispara cuando alguien intenta culparnos o hacernos sentir equivocados, aunque sea de la manera más sutil. Al saltar, nuestra alarma desconecta automáticamente la capacidad de nuestros oídos para escuchar lo que nos dicen. Si hubiera hecho que Jill se sintiese equivocada por lo que dijo, sus oídos se habrían desconectado, y yo habría gastado mi aliento diciendo cualquier otra cosa. Cuando las personas han perdido los fondos de su cuenta de autoestima, necesitan que se admita su versión de las cosas antes de que puedan escuchar lo que tengas que decir. Admitir su visión de la cosas no es lo mismo que estar de acuerdo con ellas; ni sugerir que ellas tengan razón  y que tú estés equivocado. Significa simplemente que admites su experiencia personal. Aceptas que lo que dicen es la verdad según la ven ellas.

Una vez que admití la visión de Jill acerca de Bob, repetí la pregunta: «¿Cuál crees que era la intención positiva de Bob al explicarte sus acciones?». Esta vez, ella dijo: «¿Qué quieres decir con intención positiva?». Expliqué que la intención positiva de una persona es lo que quiere en el fondo cuando realiza una acción. Jill pensó sobre ello y dijo: «Imagino que se está explicando para que deje de culparle y finalmente le acepte como es». ¡Bingo! Le dije que lo que todo el mundo quiere en el fondo es sentirse admitido, apreciado y aceptado, y que cuanto más des a tu pareja estas tres cosas, más te las dará ella a ti.

Le sugerí a Jill que en primer lugar aceptase la versión de la realidad de Bob validando su experiencia. Lo hizo al declarar: «Puedo ver que sientes que te culpo y lo mucho que te debe de haber dolido. Lamento mucho que te hayas sentido así». Luego le sugerí que comunicase exactamente lo que ella aprecia de su marido cuando no está enfadada con él. A medida que Jill le dijo sinceramente a Bob lo importante que es para ella y describió cosas que él hace y que ella aprecia, Bob se volvió menos defensivo. Las lágrimas comenzaron a aparecer en los ojos de él. Entonces, Jill procedió a contarle a Bob el miedo y el dolor que ella había estado sintiendo porque no se estaban llevando bien. Cuando Jill terminó de hablar, Bob se acercó lloroso a abrazar a su mujer. Ambos se disculparon por el daño que se habían causado. La espiral negativa que había estado activa durante meses terminó en menos de cinco minutos.  Un milagro de comunicación.

Sigue en: Lo que todos queremos (pero nunca pedimos) (2.ª parte)

Fuente:
Jonathan Robinson, Communication Miracles for Couples: Easy and Effective Ways to Create More Love and Less Conflict, 2.ª ed. revisada, Conari Press, 2009, trad. Ben Carral. (Existe una traducción al español de la primera edición, Comuníquese con su pareja: herramientas fáciles y efectivas para crear más amor y menos conflicto, Obelisco, 1999.)