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Tres puntos de vista de las relaciones como camino espiritual


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Por John Amodeo (doctor en Psicología; miembro del Consejo Asesor de Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

John AmodeoConectando con lo que se encuentra más allá de nosotros mismos

Muchos de nosotros estamos cansados de religiones que se centran en lo exterior y de psicoterapias que descuidan nuestro potencial espiritual. Puede que permanezcamos en un vacío inexplicable hasta que prestemos atención al crecimiento y al despertar espirituales.

Pero la palabra espiritual se utiliza tanto que puede perder su significado. Estas son tres cosas que la espiritualidad significa para mí:

  1. Conectar con la sacralidad de la vida
  2. Entregarse a algo más allá del nuestro limitado yo
  3. Ver las cosas con claridad

La palabra espiritual se puede volver menos confusa al darnos cuenta de que estos aspectos de la espiritualidad son precisamente ¡lo que las relaciones íntimas piden de nosotros! El mismo crecimiento que llamamos espiritual es análogo a lo que hace falta para tener conexiones saludables y satisfactorias en nuestras vidas.

1. Conectar con la sacralidad de la vida

Estar vivos es un don sagrado. Es un regalo maravilloso cuando alguien se comparte a sí mismo con nosotros, abriendo su corazón e invitándonos a su mundo.

Cuando las personas nos honran compartiendo sus sentimientos y anhelos (o cualquier otra cosa que estén viviendo auténticamente en este preciado momento), están dando un salto de fe. Están confiando en que abrazaremos cariñosamente lo que muestren de sí mismas sin juzgarlas ni avergonzarlas, o traicionar sus confidencias.

Las relaciones íntimas implican una confianza sagrada, basada en un compartir cariñoso de nuestros mundos interiores. Se crea un clima seguro de intimidad a través de nuestra valiente apertura mutua y una capacidad para la escucha profunda.

Como explico en Dancing with Fire: A Mindful Way to Loving Relationships [Bailar con fuego: un camino consciente a las relaciones amorosas]:

Al igual que la vida misma, la intimidad no se puede imponer ni maquinar, lo que explica por qué las relaciones pueden ser tan exasperantes. Pero aunque no podamos controlar el flujo de una intimidad maravillosa, podemos crear las condiciones que hagan más probable que llegue a surgir una intimidad luminosa. Podemos aprender a ser de una manera en que las personas se sientan cómodas aproximándose a nosotros. […] Nuestra disponibilidad para la intimidad es un aspecto sagrado de quiénes somos.

 Entregarse a algo más allá del nuestro limitado yo

La espiritualidad tiene que ver con conectar. Se nos invita a abrir una posibilidad más grande que cualquier cosa que podamos imaginar. Abrir el alma al misterio y a la grandiosidad de la vida nos libera de la prisión de nuestro aislamiento egocéntrico. Reconocemos que participamos en una realidad mayor que nosotros mismos.

Las relaciones amorosas nos piden algo similar. Se nos invita a abrirnos a la alteridad de otra persona; respetando que esa persona no somos nosotros. En vez de aferrarnos fuertemente a nosotros mismos (agarrándonos a nuestras posiciones, opiniones y juicios establecidos), se nos pide que ampliemos nuestra perspectiva. Se nos invita a dejar ir nuestra ansia de manipular a las personas y controlar la vida, y a permitir que surjan conexiones a través de algo misterioso que se escapa de nuestro control.

Ver las cosas con claridad

La meditación mindfulness [atención plena] (o vipassana) nos anima a ver las cosas tal como son en vez de aferrarnos a como nos gustaría que fuesen. Vipassana significa «ver con claridad» o «ver con profundidad». Dirigimos la atención amablemente a lo que sea que estemos experimentando en el momento. Estar con «lo que es» permite que nuestra experiencia se asiente y se desarrolle.

De manera parecida, si queremos relaciones saludables y vibrantes, se nos invita a ver a los demás tal como son, incluyendo sus miedos, heridas y esperanzas. La intimidad surge entre dos personas que se ven con claridad en vez de intentar controlarse, cambiarse o manipularse.

Una práctica de meditación o mindfulness puede ayudarnos a aquietar la mente de manera que estemos más presentes y disponibles. A medida que se tranquiliza nuestra mente turbulenta, podemos ver a los demás con más claridad. Podemos darnos cuenta de lo que estamos experimentando en el interior con más facilidad. Entonces nos encontramos en una buena posición para compartir esa experiencia, sin importar lo vulnerable que pudiera ser, en vez de aferrarnos a nuestras percepciones y juicios establecidos acerca de los demás, algo que aleja a las personas.

La auténtica espiritualidad tiene que ver con conectar con la vida, no con desconectarse de ella. Las relaciones son un camino espiritual en la medida en que conectamos conscientemente con lo que es. Las amistades y los emparejamientos satisfactorios se desarrollan con más naturalidad al abrirnos a la vida que fluye dentro y fuera de nosotros.

Fuente:
John Amodeo, «Three Views of Relationships as a Spiritual Path», en Psychologytoday.com, 26 de febrero de 2014, visita: 15 de febrero de 2015, trad. Ben Carral.

¿Qué significa en realidad estar en el momento presente?


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Por John Amodeo (doctor en Psicología; miembro del Consejo Asesor de Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

John AmodeoEstos días a menudo escuchamos pregonar la importancia de estar en el momento presente. Se nos dice que ahora es todo lo que existe y que si no estamos en el aquí y ahora, no estamos viviendo realmente.

Tiene mucho sentido para mí. A menudo me encuentro distraído por pensamientos acerca del futuro. O repito en la mente experiencias pasadas, con frecuencia de manera improductiva.

Estar en el momento nos libera para experimentar la vida más plenamente, lo que es buena cosa. Pero ¿este edicto podría tener un lado sombrío? Como cualquier regla o declaración, tiene sus limites y se presta a ser malentendido.

El pensamiento discursivo (darle vueltas sin parar a nuestros pensamientos) no nos lleva lejos. A veces nos perdemos desordenadamente de un pensamiento a otro; la cadena de asociaciones puede hacer que nuestras ruedas sigan girando sin ganar tracción.

Los pensamientos autocríticos también son una manera habitual de extraviarse del momento presente. Puede que estemos funcionando a partir de creencias básicas como que no somos lo bastante buenos, lo bastante listos o lo bastante atractivos. Puede que nos demos cuenta de una conversación interior como: «¿Cuál es mi problema?», «Ese comentario fue estúpido» o «¿Cuándo encontraré por fin una buena relación?».

Las prácticas de meditación y mindfulness (atención plena) pueden ofrecen instrucciones para darse cuenta simplemente de nuestros pensamientos. La práctica de anotar mentalmente, quizá diciéndonos en silencio a nosotros mismos: «pensando, pensando», puede hacer que nuestra atención regrese de los pensamientos inútiles hasta nuestra respiración, nuestro cuerpo y el momento presente.

En vez de estar llenos de pensamientos autocríticos, podríamos funcionar bajo un manto de vergüenza: un sentido de sentirnos defectuosos o indignos. La vergüenza no curada nos mantiene perdidos en una neblina de confusión, impidiéndonos estar en el presente con las personas y con la vida.

Honrar nuestros pensamientos y sentimientos

Vernos distraídos por nuestros pensamientos no significa que siempre seamos improductivos. Puede que haya momentos en los que necesitemos pensar en algo profundamente; quizá una decisión de negocios, un plan de jubilación o cómo comunicar nuestros sentimientos y deseos a nuestra pareja. El profesor de meditación Jason Stiff ofrece este refrescante punto de vista sobre la meditación:

Para mí, aferrarse a las experiencias y elaborar sobre ellas, o pensar sobre ellas, es algo bastante natural y nada de lo que alarmarse […] He escuchado muchos informes de sentadas de meditación en las que alguien ha escrito un artículo, compuesto una pieza musical, planeado un proyecto de arte o redecorado su casa, y en realidad resultó muy productivo y eficiente dedicarse a ello durante la meditación.

A veces tenemos que permitir algo de espacio alrededor de nuestros sentimientos para que tengan ocasión de asentarse. En vez de lanzar un comentario de enfado o culpa y pensar que estamos viviendo en el momento, nos beneficiamos de reflexionar sobre nuestros sentimientos más profundos y verdaderos. Puede que haya tristeza, miedo o vergüenza bajo nuestra ira inicial. ¿Nos podemos permitir a nosotros mismos estar en el momento de un modo en que permitamos que surjan nuestros sentimientos más profundos? Darnos cuenta de nuestros auténticos sentimientos y compartirlos nos conecta con nosotros mismos en una manera que puede conectar más íntimamente con los demás.

Las personas con inclinaciones espirituales pasan a menudo por alto la importancia de estar con los sentimientos que surgen en el momento. Si creemos que estar en el momento significa considerar los sentimientos como distracciones, ya no estamos en el momento. Intentar estar en un lugar diferente al que estamos nos aleja del momento. Mindfulness es la práctica de estar en el presente con lo que es, no de intentar estar en un momento diferente.

Para algunas personas, el edicto de estar en el momento presente puede que sea una manera sutil de evitar sentimientos incómodos. Tan pronto como surge una emoción desagradable, puede que intenten con fuerza que su atención regrese a la respiración en un intento por estar en el momento. Pero de ese modo nunca llegan a la raíz de sus sentimientos, que no dejarán de repetirse.

Al igual que un niño que se ha hecho daño clamará pidiendo atención hasta que se le escuche, nuestros sentimientos necesitan atención. Cuando se les da la bienvenida y se les escucha de manera amable y afectuosa, tienden a pasar. Entonces estamos libres para estar en un nuevo momento, libres de la sutil atracción de las emociones desatendidas y preocupantes.

«Estar en el momento» puede ser un recordatorio útil si lo entendemos de una manera más expansiva. Nos puede recordar ser más conscientes de donde quiera que estemos. Cuando surgen en nuestro interior emociones, pensamientos o deseos, podemos darnos cuenta de ellos, ser amables con ellos y permitirles simplemente ser como son. Vivimos con más paz interior cuando hacemos espacio para toda la variedad de nuestra experiencia humana.

Fuente:
John Amodeo, «What It Really Means to Be in the Present Moment», en Psychcentral.com, 13 de enero de 2015, visita: 23 de enero de 2015, trad. Ben Carral.

Hacia un lenguaje de gratitud


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Por John Amodeo (doctor en Psicología; miembro del Consejo Asesor de Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

John AmodeoMi problema con decir: «De nada»

«Gracias por estar ahí para mí ayer. Realmente me ayudó hablar contigo.»

«De nada.»

«Las flores son realmente bonitas. Gracias por traerlas.»

«De nada.»

«Te agradezco que me acerques al aeropuerto.»

«De nada.»

En cada una de estas interacciones, hay algo que se ofrece y una gratitud que se expresa. Sin embargo, la persona que da no parece acoger la gratitud. Es una oportunidad perdida para generar un flujo más profundo  de dar y recibir.

Puede que te preguntes de qué estoy hablando. Decir «de nada» le permite saber al destinatario que todo está bien. No fue una molestia. No tienes una obligación hacia mí. No me importa haberlo hecho.

En clase me enseñaron que de nada significa «gracias», pero literalmente significa «no fue nada». Así que ¿cuál es mi problema con «de nada»?

Cuando alguien me responde con «de nada» o alguna versión (por ejemplo, «no hay de qué»), siento que mi gratitud ha caído en oídos sordos. No he sido recibido de manera profunda ni significativa. Me quedo con un sentimiento algo frío y distante.

«De nada» no es una manera óptima de reconocer la gratitud. No toca nuestro anhelo más profundo de dar y recibir amor y cuidado. No crea intimidad.

Otra respuesta para una expresión de gratitud es «fue un placer». Se acerca a una respuesta que crea intimidad, pero no llega del todo, especialmente si se dice sin pensar, de  manera mecánica. «Fue un placer» revela parte del sentimiento de la persona que da: «¡Me sentí bien haciendo eso por ti!». Pero se puede crear una corriente más significativa de conexión si mostramos un poco más nuestros sentimientos profundos cuando alguien expresa gratitud.

Aquí van algunas posibilidades para mis ejemplos anteriores:

«Gracias por estar ahí para mí ayer. Realmente me ayudó hablar contigo.»

«Aprecio que lo digas. Me sentí bien de que te abrieras tanto conmigo y hablaras de algo tan personal. Aprecio que confíes en mí.»

«Las flores son realmente bonitas. Gracias por traerlas.»

«Me encanta que te gusten. Realmente me encanta hacerte feliz y ver tu sonrisa.»

«Te agradezco que me acerques al aeropuerto.»

«Me siento feliz de llevarte. Tú haces mucho por mí y sienta bien hacer algo para ayudarte.»

Por supuesto, el sentimiento que acompaña a las palabras es más importante que las palabras en sí mismas. Pero las palabras suponen una diferencia. Cultivar un lenguaje que exprese gratitud puede profundizar la intimidad que anhelamos.

La próxima vez que alguien te exprese gratitud, sé consciente de cómo te sientes. Párate un momento antes de responder automáticamente. Toma una respiración. ¿Qué notas en el interior? Mira qué palabras podrían salir de tu corazón, y si está bien arriesgarse a ser un poco vulnerable y permitir que se vea esa parte sensible de ti.

Las relaciones se pueden profundizar cuando expresamos una gratitud genuina los unos hacia los otros y respondemos a las expresiones de gratitud con calidez y amabilidad. Expandir y disfrutar la experiencia de gratitud también ayuda a reprogramar nuestro cerebro de maneras positivas, como ha explorado el doctor Rick Hanson en Hardwiring Happiness (Cultiva la felicidad).

Por favor, no te critiques por decir «de nada». A veces me descubro a mí mismo diciendo «de nada» en situaciones despreocupadas. Pero cuando alguien expresa gratitud por algo que he hecho por él, como aguantar una puerta abierta o recoger algo que se le ha caído, casi siempre digo «un placer» o «con mucho gusto».

En nuestras ajetreadas vidas, podemos perder oportunidades preciosas de responder a los momentos de afecto con amabilidad y sensibilidad, lo que nos conecta más profundamente los unos con los otros. La próxima vez que te encuentres con una oportunidad en la que normalmente dirías «de nada», prueba a decir otra cosa y ver cómo sienta.

Fuente:
John Amodeo, «Toward a Language of Gratitude», en Psychologytoday.com, 4 de enero de 2015, visita: 6 de enero de 2015, trad. Ben Carral.