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3 pasos para romper el círculo de la discusión: sé accesible, responde, implícate


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Por Vagdevi Meunier (doctora en Psicología; miembro del Consejo Asesor de Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Vagdevi MeunierEn una sesión de terapia de pareja reciente compartieron conmigo una conversación significativa:

El sonido del teléfono interrumpió el ensueño de George mientras navegaba en su portátil.

«¿Hola?»

Era su esposa, Alice. Pudo oír un matiz en su voz. «Ansiosa», pensó.

«Hola, cariño, me alegra mucho poder localizarte», dijo Alice. «Estoy terriblemente perdida y no puedo encontrar señales indicadoras en ninguna parte.»

«¿Dónde estás?»

«En River Place.»

Estaba muy al sur de la ciudad. Eran casi las nueve de la noche.

«¿Qué demonios estás haciendo tan lejos de la ciudad?»

«Eso no importa», dijo. «¡Necesito tu ayuda!»

George suspiró y puso los ojos en blanco. Era tan típico. Ella hace algo disparatado y luego le llama para rescatarla. Buena cosa que ella no pudiera ver sus ojos en blanco; aunque probablemente oyó su suspiro.

«Vale, ¿qué pasa?»

«Estoy en un cruce y solo está señalizada una de las calles», dijo Alice. «Si te digo el nombre, ¿puedes buscarla y decirme que camino debo coger para volver a la autopista y a casa?»

«¡Ah!, te compré un GPS caro», dijo George. «¿Por qué no lo utilizas?»

La ansiedad de Alice se transformó en exasperación.

«¿Podemos NO tener ahora esa conversación?», dijo ella. «Estoy cansada y un poco asustada. Solo necesito volver a la autopista.»

«¡Ah!, ¿qué conversación estamos teniendo?», dijo George. «Eres TÚ la que me has llamado, no al revés.»

«Ya lo sé, pero no quiero hablar de por qué no tengo el GPS», dijo Allice. «Solo quiero saber qué camino debo coger.»

Pronunció cada palabra como un golpe.

«Así que piensas que puedes llamarme sin más, sacarme de lo que esté haciendo, pedirme algo como llovido del cielo y ¿no puedo hacerte ninguna pregunta?», dijo él levantando la voz. No iba a dejar que ella le pasara por encima otra vez.

La voz de Alice se rompió, sonaba a punto de llorar.

«¿Por qué estás haciendo esto?», dijo ella. «No estás entendiendo lo que necesito. ¿Podemos,  POR FAVOR, dejar de discutir? Realmente necesito tu ayuda.»

«Vale, bien», dijo él. «¿Cuál es la calle?»

George odiaba cuando ella se volvía emocional, y parecía que en aquellos días ella se volvía emocional por pequeñas cosas. Él pensaba que se merecía un poco de reconocimiento por ayudarla, pero siempre parecía tratarse de lo que él hacía mal, no de lo que hacía bien.

Esta es la historia que Alice contó en nuestra primera sesión después de la conversación telefónica. Yo sabía que ella quería que arbitrara esta pelea. Pero es una invitación habitual en terapia de pareja, y una a la que me resisto tanto como puedo.

Facilita y guía, no juzgues

Había que comprender su relación. Mi trabajo era facilitar y guiar, no juzgar, evaluar o declarar quién tenía razón.

Al escuchar la historia de Alice, oía un estribillo familiar. Así es como suena habitualmente. Una mujer se vuelve hacia su marido, se acerca a él, le pide apoyo y se siente criticada y juzgada; no solo por pedirle algo, sino por la forma de hacerlo, por si la petición es razonable, por si la respuesta es obvia para cualquiera con un cociente intelectual medio, etc.

Uno de los miembros de otra pareja lo había explicado de esta manera: «Pregunto y siento como si todas las respuestas terminaran con un silencioso “¡Obvio, estúpida!”».

Cuando Alice contaba su experiencia, sonaba incrédula, como si dijera: «¿Puedes creer cómo me trata? ¿Puedes creer lo mal que me hace sentir por pequeñas cosas?».

No pensé que George la tratara mal, y Allice iba a descubrir pronto que no me iba a poner de su parte. Verás, en la mayoría de los casos, cuando escucho a una pareja contarme sus peleas, puedo ver realmente las dos partes. Era muy claro para mí que George se sentía enfadado y explotado, y también podía ver, con la misma claridad cristalina, por qué le dolió tanto a Alice su respuesta. En estas situaciones, mi trabajo es facilitar una mejor comunicación matrimonial mediante una exploración y un diálogo entre los miembros de la pareja que les permita ver que ambas «realidades subjetivas» (como las llama John Gottman) tienen sentido.

En este incidente particular, también recurrí al excepcional trabajo de la doctora Sue Johnson, otra investigadora y clínica pionera en el campo de la terapia de pareja, que ha escrito extensamente sobre este preciso tema. A través de la teoría del apego, una teoría desarrollada por John Bowlby (1907-1990) sobre el apego madre-hijo y ampliada más tarde al apego adulto, la doctora Johnson explica que necesitamos y queremos depender de nuestros compañeros primarios.

Cuando nos sentimos asustados o estresados, o simplemente hemos perdido el equilibrio o estamos perdidos con algo, nos sentimos mucho más confiados de nuestra capacidad para gestionarlo si podemos alcanzar  a un ser querido afectuoso que comparta la experiencia con nosotros, nos tranquilice y nos ofrezca su apoyo. Por esta razón, las personas con enfermedades cardiovasculares tienen resultados más saludables si la calidad de su relación primaria (con un ser amado) es segura y positiva.

Tres pasos: accesibilidad, responsividad, implicación

La palabra clave aquí es cuidar. Volvamos a la historia de Alice y examinémosla a través de la teoría del apego. En particular, utilizaremos la respuesta en tres pasos de la doctora Johnson que es la marca distintiva de las relaciones de apego seguro. Los tres pasos o habilidades emocionales son la accesibilidad, la responsividad y la implicación.

En este contexto, accesibilidad significa «¿Estás ahí para mí cuando intento llegar a ti?».

Ayudé a Alice a ver que su relación con George no eran TODO malas noticias. Ella confía en él y él intenta ayudarla siempre que lo necesita. Si no fuera así, él no sería el primer número al que llamó en aquella noche oscura. Ella podía contar con la accesibilidad y disponibilidad de él. Él responde a sus llamadas sin importar cuándo llame y siempre parece tener tiempo o buscarlo para ella cuando necesita su ayuda.

Pasando a George, le pregunté si era cierto. Ya estaba asistiendo con la cabeza, así que supe que seguía la pista adecuada. George respondió a mi pregunta diciendo que si la llamada era de su mujer, respondería aunque estuviese en medio de una reunión. Inmediatamente siguió diciendo lo frustrado que está porque ella no parece apreciarlo, no se da cuenta de que le llama siempre a horas inusuales y espera que él esté a su entera disposición sin apenas dar las gracias al final. Intento detenerlo y redirigirle amablemente.

Las irritaciones y resentimientos hacia nuestras parejas, especialmente después de un incidente negativo, pueden estar tan a flor de piel que no necesitemos mucho para subirnos a ese tren. Pero ese tren no lleva a ningún lugar bueno en un matrimonio. De hecho, el tren del resentimiento y la actitud defensiva a menudo acelera y simplemente se cae por el acantilado. Si queremos que nuestras conversaciones produzcan intimidad y comprensión, necesitamos activar los frenos cuando intentamos comprender o procesar un suceso pasado para que no volvamos a pelear.

Me volví hacia George y le ayudé a entender que aunque es accesible y está fácilmente disponible para ayudar a Alice, no fue muy responsivo emocionalmente en este altercado. Responsividad significa que escuchas, empatizas y comprendes lo que pido y me das justo lo que pido, nada más ni nada menos.

Es difícil en relaciones antiguas e íntimas. Pensamos que conocemos a nuestras parejas tan bien que podemos terminar sus frases y anticipar sus necesidades. Pero actuar así puede desempoderar a nuestras parejas y, de hecho, hacer que les resulte difícil apreciar la buena acción que estamos llevando a cabo.

En el matrimonio, la responsividad trata acerca de escuchar con nuestros corazones y nuestras mentes, y sintonizar con nuestras parejas para que podamos medir y ajustar la dosis de nuestra respuesta a la intensidad de la necesidad. De hecho, nada más escucharla, George leyó acertadamente las pistas en la voz de Alice. Supo que sonaba ansiosa. Lo que no hizo fue conectar con esa otra parte de sí mismo que le estaba dirigiendo a permanecer sintonizado con ella y ver lo que necesita. Hizo descarrillar la petición de ella con preguntas propias sobre dónde estaba y por qué no tenía su GPS. Se enfadó cuando ella intentó redirigirle en vez de reconocer que estaba asustada; ella no podía responder a sus preguntas irrelevantes. En realidad no es culpa de George ni de Alice. Los dos se afectan mutuamente de manera que cuando George suena impaciente, Alice se pone más ansiosa y se asusta más, pero ella no le permite saber a él que está asustada; su respuesta suena más como crítica que como asustada. Este baile negativo es una programación habitual en su relación, y necesitan trabajar sistemáticamente en ella para cambiarla.

La última habilidad, la implicación emocional, trata del interés y participación genuinos que tenemos en la experiencia de nuestra pareja. La frase para recordar es que cuando estamos contra la pared, enfrentar al dragón junto a un compañero nos da mucho más valor y tenacidad que enfrentarlo solo. Pero el compañero que necesitamos en ese momento no es un robot desinteresado e informativo. Si eso fuera todo lo que necesitamos, Alice habría llamado a la policía local o a la patrulla de carretera.

Buscar la empatía de una pareja

Buscamos a nuestras parejas íntimas y a nuestros familiares porque pensamos que ellos se preocupan realmente por lo que estamos pasando. Alice no solo quería indicaciones, sino un aliado empático que calmara su sistema nervioso y le ayudase a no sentirse tan estúpida por haberse perdido. Alice ya se había reprimido a sí misma por no llevar el GPS con ella y por acceder a una reunión tan tarde y tan lejos de la ciudad. No necesita que George le ayudase a aprender ESA lección.

Lo que necesitaba de George era un sentido de experiencia compartida, y quizá unas palabras tranquilizadoras que le hicieran saber que a él le agradaba que ella le buscase. Y ayudándola sin juzgarla, también le comunicaría el mensaje de que su dilema no era irrazonable. No hacía falta que George dijera ninguna de estas cosas explícitamente. Si hubiera respondido con calma y palabras tranquilizadoras, y le hubiese dado las indicaciones con voz amable, Alice habría leído en ello toda la seguridad y consuelo que necesitaba. Habría bebido profundamente de su compasión para apagar el gran incendio que había en su cabeza. Si George hubiera podido compartir compasivamente la experiencia de ella diciendo: «Tienes razón, esa parte de la ciudad no está nada bien señalizada», el cerebro de Alice se podría haber iluminado de felicidad. La validación de su pareja es el regalo más profundo que él podría ofrecerle, pues eso le habría indicado a Alice que no estaba loca y le habría permitido activar su propia sabiduría de modo que podría haber utilizado sus propios recursos para guiarse de vuelta a casa.

Lo más importante

Al final, déjame que lo reitere, no fue culpa de nadie que sucediera este incidente. Alice debía apreciar la accesibilidad de George y finalmente su ayuda, sin importa lo a regañadientes que se la diese. También debía confiar en que las intenciones de él no eran maliciosas. Respondía impacientemente porque las reacciones de ella daban forma a las de él, y viceversa.

George debía apreciar que Alice confíe en él y debía comprender que, a pesar de sus intenciones, su habilidad para transmitirle a ella empatía y comprensión era tan importante como sus habilidades de navegación. Sin embargo, lo más importante es que Alice y George comprendan una cosa. Todos entramos en estos bucles negativos con nuestras parejas. Es inevitable cuando hay tanto en juego como en las relaciones amorosas. Los percances en la comunicación matrimonial también son inevitables.

Lo más importante es perdonarnos a nosotros mismos y el uno al otro por ser imperfectos, ver el esfuerzo que se esconde detrás del percance y ser capaces de construir intimidad incluso a partir del caos. Como dice John Gottman: «En el peor conflicto se encuentra el potencial para la intimidad más grande», si somos conscientes y tenemos la voluntad de aprovecharlo.

Fuente:
Vagdevi Meunier, «3 Steps to Break the Argument Cycle: Access, Respond, Engage», en Nationalmarriageseminars.com, 9 de febrero de 2015, visita: 22 de febrero de 2015, trad. Ben Carral.

Momentos clave de apego y desapego


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Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Sue JohnsonEl punto de vista del apego sobre el amor nos ofrece una manera de comprender los patrones tóxicos. Nos guía hacia los momentos que rompen y construyen las relaciones. Los clientes me dicen a veces: «Las cosas estaban yendo muy bien. Tuvimos cuatro días estupendos. Se sentía como si fuésemos amigos. Pero entonces sucedió ese incidente y todo se fue al infierno entre nosotros. No lo entiendo».

A menudo, los intercambios dramáticos entre los miembros de una pareja son tan rápidos, caóticos y acalorados que no captamos lo que está sucediendo en realidad y no podemos ver cómo podríamos reaccionar. Pero si ralentizamos las cosas, vemos los puntos decisivos y nuestras opciones. Las necesidades de apego y las poderosas emociones que les acompañan surgen a menudo de repente. Catapultan la conversación desde cuestiones mundanas al asunto de la seguridad y la supervivencia.  «Johnny ve demasiada televisión», se convierte al instante en: «Ya no puedo más con las rabietas de nuestro hijo. Soy una madre pésima. Pero no me estás escuchando. Ya sé, ya sé, tienes que seguir trabajando, eso es lo que importa aquí, ¿no? No mis sentimientos. Estoy sola en esto».

Si nos sentimos básicamente seguros y conectados con nuestra pareja, este momento clave es solo como una pasajera brisa fresca en un día soleado. Si no estamos tan seguros de nuestra conexión, comienza una espiral negativa de inseguridad que enfría la relación. [John] Bowlby [(1907-1990)] nos dio una guía general para saber cuándo salta nuestra alarma de apego. Dijo que ocurre cuando de repente nos sentimos inseguros y vulnerables en el mundo o percibimos un cambio negativo en nuestro sentido de conexión con un ser querido, cuando sentimos una amenaza o peligro para la relación. Las amenazas que percibimos pueden venir del mundo exterior y de nuestro propio cosmos interior. Pueden ser ciertas o imaginarias. Lo que cuenta es nuestra percepción, no la realidad.

Peter, que lleva seis años casado con Linda, se ha estado sintiendo menos importante para su mujer últimamente. Ella tiene un trabajo nuevo y hacen el amor con menos frecuencia. En una fiesta, un amigo comenta que mientras Linda se ve radiante, parece que a Peter se le está cayendo el pelo. Cuando Peter ve a Linda hablando con un hombre impresionantemente apuesto, un hombre con mucho pelo, se le revuelve el estómago. ¿Se puede calmar Peter al saber que su mujer le tiene mucho cariño, que volverá a él y que puede contar con ella si se lo pide? Quizá recuerde un momento en que sucedió así y utilice esa imagen para aplacar su intranquilidad.

Sin embargo, ¿qué sucede si nos puede calmar sus entrañas? ¿Se enfada, camina hasta su mujer y le hace un comentario cortante sobre el flirteo? ¿O elude su preocupación, se dice a sí mismo que no le importa y va a por otro trago, o seis? Cualquiera de estas formas de tratar con su miedo: atacar o retroceder, solo conseguirá alejar a Linda. Ella se sentirá menos conectada y atraída hacia su compañero, lo que a su vez solo amentará el pánico primario de Peter.

Un segundo momento clave ocurre después de que ha pasado la amenaza inmediata. Entonces la pareja tiene la oportunidad de reconectar, a no ser que entren en juego sus estrategias negativas para tratar con ello. En la fiesta, más avanzada la noche, Linda busca a Peter. ¿Se acerca a ella y le permite ver el dolor y el miedo que sintió al verla hablar  con otro hombre de manera tan íntima? ¿Expresa estas emociones de forma que ella se vea incitada a tranquilizarle? ¿O le ataca por «ir golfeando» y le exige que vayan inmediatamente a casa y hagan el amor? ¿O permanece callado y retraído?

Un tercer momento clave es cuando logramos sintonizar con nuestras emociones de apego, buscamos conexión y consuelo con nuestra persona amada y ella responde. Digamos que Peter logra llevar a Linda a un lado, toma una respiración profunda y le cuenta que ha pasado un mal rato al verla hablar con el apuesto extraño. O quizá solo logre ir y quedarse a su lado y expresar su disgusto con una mirada preocupada. Supongamos que Linda responde positivamente. Aunque él no es capaz de expresar sus sentimientos completamente, ella siente que algo no anda bien y le da la mano a Peter. Le pregunta con suavidad si se encuentra bien. Ella es accesible, responsiva. Pero ¿Peter se da cuenta de ello, confía? ¿Puede aceptarlo, sentirse consolado, acercarse y seguir abriendo su corazón? ¿O por el contrario sigue en guardia y la aleja para evitar sentirse tan vulnerable? ¿La ataca incluso para comprobar si a ella «le importa realmente»?

Finalmente, cuando Peter y Linda vuelven a su manera cotidiana de conectar, ¿tiene él la seguridad de que ella estará ahí como refugio seguro en tiempos de problemas y dudas? ¿O se sigue sintiendo inseguro? ¿Intenta controlar a Linda y presionarla cada vez más buscando respuestas que le aseguren su amor? ¿O minimiza su necesidad de ella y se centra en cambio en tareas y cosas que le distraigan?

Este drama se ha centrado en Peter, pero un escenario centrado en Linda revelaría que ella tiene las mismas necesidades y miedos de apego. Ciertamente, tanto hombres como mujeres, todos compartimos estas sensibilidades. Pero las podemos expresar un poco diferente. Cuando una relación se encuentra en caída libre, los hombres hablan típicamente de sentirse rechazados, inadecuados y un fracaso; las mujeres, de sentirse abandonadas y desconectadas. Las mujeres parecen tener una respuesta adicional que emerge cuando se encuentran afligidas. Los investigadores lo llaman cuidar y cultivar la amistad. Quizá porque por su sangre circula más oxitocina, la hormona de los abrazos, las mujeres buscan más a otras personas cuando sienten una falta de conexión.

 

Según un destacado estudio de Ted Huston de la Universidad de Texas, la causa de que los matrimonios fracasen no es un aumento del nivel de  conflicto, sino la disminución del afecto y la responsividad emocional. Ciertamente, la falta de responsividad emocional es el mejor indicador de lo sólido que será un matrimonio a los cinco años, no el nivel de conflicto. El fracaso de los matrimonios empieza con una creciente ausencia de interacciones íntimas responsivas. El conflicto viene después.

Como pareja, caminamos juntos por la cuerda floja en un equilibrio delicado. Cuando comienzan a soplar los vientos de la duda y del miedo, si nos entra el pánico y nos aferramos desesperadamente el uno al otro o si nos separamos de golpe para protegernos, la cuerda se balancea cada vez más y nuestro equilibrio se vuelve más precario todavía. Para seguir en la cuerda, debemos movernos al compás el uno del otro, responder a las emociones el uno del otro. Al conectar, nos equilibramos mutuamente. Estamos en equilibrio emocional.

Fuente:
Sue Johnson, Hold Me Tight: Seven Conversations for a Lifetime of Love, Little, Brown and Company, 2008, trad. Ben Carral. (Abrázame fuerte: siete conversaciones para un amor duradero, Urano, 2009.)

Las tres características de una relación segura


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Por Brent Bradley (doctor en Psicología) y James Furrow (doctor en Desarrollo Humano y Estudios de la Familia)

Trad. Ben Carral

Estas son las tres características de un apego seguro:

    • Pareja madura felizAlguien con el que puedes contar: Ser humano significa que dependes de los demás. Tu supervivencia depende de esto. Buscar y mantener relaciones con otras personas importantes para ti es un instinto humano básico ineludible. La cuestión para las parejas no es si confiar ni cuándo confiar, sino cómo confiar en tu compañero o compañera.

      Te mantienes fuerte como individuo cuando tienes un sentido claro de dónde te encuentras con las personas que te importan. Una relación segura te proporciona una visión más clara de ti mismo. Esto sucede a la luz de una relación con alguien que se preocupa por ti.

 

    • Alguien a quien puedo acudir en los momentos difíciles: Saber que puedes contar con el consuelo y cuidado de tu pareja resulta esencial para la seguridad en el apego. Bowlby describió este aspecto del apego como crear un «refugio seguro». La seguridad en el apego promete una relación que ofrece protección y seguridad en medio de las tormentas y tensiones de la vida.

 

  • Alguien que me da confianza: Tener un apego seguro significa tener una relación que promueve el crecimiento y la autoexploración. Bowlby llamó a esta cualidad una «base segura». Un apego seguro proporciona un fundamento sobre el que los miembros de la pareja pueden construir, lo que les permite asumir riesgos personales y explorar la vida juntos.

Las claves para fortalecer un vínculo de apego es que seas accesible y responsivo para tu pareja. Un vínculo de apego proporciona una «sentida sensación de seguridad». Es algo que sabes en tus huesos. Debes ser capaz de experimentar la confianza de que tu compañero o compañera estará ahí si lo necesitas y saber que él o ella te responderá a ti específicamente.

Si reduces la seguridad en el apego a una sola cuestión, lo fundamental es: «¿Puedo depender de ti cuando te necesite?». La respuesta no se trata solo de la intención de tu pareja; se trata de lo que tu pareja cumpla. Esto requiere accesibilidad y responsividad. Sue Johnson, en su libro Hold Me Tight (Abrázame fuerte), identifica una serie de maneras en que los miembros de la pareja demuestran ser accesibles y responsivos en las relaciones íntimas.

Según Jonshon, ser accesible para tu pareja significa que:

  • pondrás atención a las peticiones o preocupaciones.
  • serás accesible a nivel emocional.
  • darás prioridad a tu pareja.
  • harás que tu pareja se sienta incluida.
  • escucharás las preocupaciones más profundas de tu pareja.

Ser responsivo a tu pareja significa que:

  • estarás ahí en momentos de necesidad.
  • responderás a la necesidad de cercanía de tu pareja.
  • proporcionarás apoyo en momentos de incertidumbre.
  • harás esfuerzos para volver a conectar después de una discusión.
  • afirmarás el valor y la importancia de tu pareja.

Fuente:
Brent Bradley y James Furrow, Emotionally Focused Couple Therapy for Dummies [Terapia de pareja centrada emocionalmente para Dummies], John Wiley & Sons Canada, 2013, trad. Ben Carral.

La paradoja de la dependencia


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Por Amir Levine (doctor en Psiquiatría) y Rachel Heller (magíster en Psicología Social y de las Organizaciones)

Trad. Ben Carral

Pareja abrazada seguraMucho antes de que se desarrollase la tecnología de neuroimagen, John Bowlby [1907-1990] comprendió que la necesidad de compartir nuestra vida con alguien es parte de nuestra composición genética y no tiene nada que ver con cuánto nos queremos a nosotros mismos o lo realizados que nos sentimos por nuestra cuenta. Descubrió que una vez que escogemos a alguien especial, entran en juego fuerzas poderosas y a menudo incontrolables. Nuevos patrones de comportamiento se activan sin importar lo independientes que seamos y a pesar de nuestras voluntades conscientes. Una vez que escogemos una pareja, no se trata de si existe dependencia o no. Siempre existe. Una coexistencia elegante que no incluya incómodos sentimientos de vulnerabilidad y miedo a la pérdida suena bien, pero no en nuestra biología. Lo que ha demostrado tener una fuerte ventaja de supervivencia a lo largo de la evolución es una pareja humana que se vuelve una unidad fisiológica, lo que significa que si ella responde, yo respondo, o que si él está disgustado, eso también me inquieta. Él o ella es parte de mí, y haré cualquier cosa para salvarle o salvarla; tener un interés especial en el bienestar de otra persona se traduce en una ventaja de supervivencia muy importante para las dos partes. […]

Resulta que la capacidad para adentrarse en el mundo por nuestra cuenta a menudo se origina en el conocimiento de que hay alguien a nuestro lado con el que podemos contar; y esta es la paradoja de la dependencia. Al principio es difícil seguir la lógica de esta paradoja. ¿Cómo podemos actuar de manera más independiente al depender totalmente de otra persona? Si tuviésemos que describir la premisa básica del apego adulto en una sola frase, sería: Si quieres tomar el camino de la independencia y la felicidad, encuentra primero a la persona adecuada de la que depender y recórrelo con ella. Una vez que comprendas esto, habrás entendido la esencia de la teoría del apego. Para ilustrar este principio, echemos otro vistazo a la infancia, donde comienza el apego. No hay nada que demuestre mejor la idea que estamos expresando que lo que se conoce en la especialidad como el experimento de la situación extraña.

El experimento de la situación extraña

Sarah y su hija de 12 meses, Kimmy, entran en una habitación llena de juguetes. Una amigable y joven asistente de investigación espera en la habitación e intercambia unas pocas palabras con ellas. Kimmy empieza a explorar el recién descubierto paraíso de juguetes; gatea por la habitación, coge juguetes, los tira al suelo y comprueba si suenan, ruedan o se encienden, mientras mira a su madre de vez en cuando.

Entonces se le pide a la madre de Kimmy que abandone la habitación; se levanta y se va en silencio. En cuanto Kimmy se da cuenta de lo que ha sucedido, se angustia. Gatea hacia la puerta tan rápido como puede, sollozando. Llama a su madre y machaca la puerta. La asistente de investigación intenta que Kimmy se interese en una caja llena de bloques de construcción de colores, pero esto solo consigue agitar más a Kimmy y tira uno de los bloques a la cara de la asistente.

Cuando su madre regresa a la habitación al cabo de un rato, Kimmy se apresura hacia ella gateando y levanta sus brazos para que la coja. Las dos se abrazan y Sarah tranquiliza calmadamente a su hija. Una vez tranquila de nuevo, el interés de Kimmy por los juguetes se vuelve a despertar y prosigue con su juego. El experimento en el que participaron Sarah y Kimmy probablemente sea el estudio más importante en el campo de la teoría del apego; al que se llama experimento de la situación extraña (la versión aquí descrita es una versión abreviada del experimento). Mary Ainsworth [1913-1999] estaba fascinada por la manera en que el impulso exploratorio de los niños —su capacidad para jugar y aprender— se puede despertar o frenar por la presencia o la partida de su madre.

Descubrió que tener una figura de apego en la habitación era suficiente para permitir que el niño saliese a un entorno previamente desconocido y explorase con confianza. Esta presencia se conoce como base segura. Es el conocimiento de que estás respaldado por alguien que te apoya, en quien puedes confiar con un 100 por ciento de certeza y al que puedes recurrir en momentos de necesidad. Una base segura es un prerrequisito para la capacidad del niño para explorar, desarrollar y aprender.

Una base segura para adultos

En cuanto adultos ya no jugamos con juguetes, pero tenemos que salir al mundo y tratar con situaciones novedosas y retos difíciles. Queremos ser altamente funcionales en el trabajo, estar tranquilos e inspirados en nuestras aficiones, y ser lo bastante compasivos para cuidar de nuestros hijos y de nuestras parejas. Si nos sentimos seguros, como el bebé en el experimento de la situación extraña cuando su madre está presente, tenemos el mundo a nuestros pies. Podemos asumir riesgos, ser creativos y perseguir nuestros sueños. Y ¿qué sucede si nos falta el sentido de seguridad? Si estamos inseguros de si la persona más cercana a nosotros, nuestra pareja romántica, cree realmente en nosotros, nos apoya y estará ahí para nosotros en los momentos de necesidad, encontraremos mucho más difícil mantenernos centrados e implicados en la vida. Como en el experimento de la situación extraña, cuando nuestras parejas son totalmente confiables y nos hacen sentir seguros, y especialmente si saben cómo tranquilizarnos en los momentos difíciles, podemos poner nuestra atención en todos los otros aspectos de la vida que hacen significativa nuestra existencia.

Fuente:
Amir Levine y Rachel Heller, Attached: The New Science of Adult Attachment and How It Can Help You Find – and Keep – Love, Tarcher/Penguin, 2010, trad. Ben Carral. (Maneras de amar: la nueva ciencia del apego adulto y cómo puede ayudarte a encontrar el amor y conservarlo, Urano, 2011.)