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¿Qué es la emoción?


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Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Sue JohnsonDesconfiar en la emoción ha sido un sello distintivo de la sociedad occidental desde hace mucho. Como mínimo se remonta a los días de los antiguos griegos, cuando los filósofos estoicos argumentaban que las pasiones eran destructivas, incluido el amor, y que tenían que ser contenidas por el intelecto y la moral. A lo largo de los años, la emoción se ha visto principalmente como un atributo de nuestra naturaleza animal base, primitiva y sensorial. Después de todo, sentimos la emoción; es una fuerza visceral. La razón, en contraste, eliminada del cuerpo y residente «en la cabeza», se ha visto como evolutivamente superior, un reflejo de nuestro yo espiritual más elevado. Debemos elevarnos por encima de la emoción si queremos ser una sociedad verdaderamente civilizada. La crítica social Marya Mannes [(1904-1990)] lo expresó sucintamente: «El signo de un pueblo inteligente es su capacidad para controlar las emociones mediante el uso de la razón».

El caso contra la razón parece provenir de dos factores: su poder imparable (ciertamente nos puede sorprender en menos de un segundo) y su aparente aleatoriedad y falta de lógica. La investigación ofrece ahora una visión muy diferente. En realidad, la emoción es el sistema exquisitamente eficiente de la naturaleza para procesar la información y señalizar, diseñado para reorganizar rápidamente el comportamiento en el interés de la supervivencia.

La emoción nos informa de que está ocurriendo algo vital para nuestro bienestar. Somos bombardeados por cientos de miles de estímulos cada segundo de cada día. La emoción ordena el aluvión automática y reflejamente, seleccionando lo que importa y dirigiéndonos a la acción adecuada. Nuestros sentimientos nos guían en asuntos grandes y pequeños; nos dicen lo que queremos, cuáles son nuestras preferencias y lo que necesitamos. Escogemos helado de pistacho en vez de vainilla porque tenemos un mejor sentimiento hacia él. La investigación con personas que han sufrido daños cerebrales demuestra que sin la emoción para guiarnos, no tenemos brújula. Nos vemos privados de dirección y no tenemos nada que nos mueva hacia una opción en vez de hacia otra. Nos atascamos considerando todas las posibilidades.

La emoción es el motivador más fuerte. Lo queramos o no, llega y nos estimula a actuar, incluso nos obliga. La palabra emoción deriva del latín movere, que significa «mover hacia fuera». Vemos su poder con más claridad cuando sentimos que nos encontramos en peligro físico. Si nos embiste un perro rabioso o un rinoceronte descontrolado, sentimos miedo y nos largamos en dirección contraria. Charles Darwin [(1809-1882)], el primer científico en señalar el valor de la emoción para la supervivencia, visitaba frecuentemente el zoo de Londres para pararse delante del terrario de la víbora. Sabía que mirar a la serpiente a los ojos haría que atacase. También sabía, en cuanto ser racional, que se encontraba perfectamente seguro, pues la víbora estaba detrás del cristal. Darwin miraba fijamente, determinado a no moverse, pero sin importar las veces que se probase a sí mismo, siempre retrocedía cuando el reptil atacaba.

La emoción nos puede incitar a actuar incluso cuando la supervivencia no parece ser un asunto urgente. Durante el 11-S, una mujer llamada Julie estaba trabajando en la Torre Sur del World Trade Center cuando el primer avión alcanzó la Torre Norte. Por los altavoces les dieron instrucciones, a sus colegas y a ella, de que se quedaran en sus oficinas de la planta número ochenta. Pero abrumada de miedo, se puso a bajar las escaleras. Había llegado a la planta sesenta y uno cuando el segundo avión alcanzó su edificio. Ella consiguió llegar a casa. Por supuesto, la emoción no es un sistema de alarma infalible, como demuestra la experiencia de Darwin. Julie podría haber realizado el cálido y ansioso descenso de ochenta plantas para nada. Pero en la supervivencia, los falsos positivos son siempre más valiosos que los falsos negativos. Te irá mejor prestando atención a una emoción de advertencia que ignorándola. Como señaló George Santayana [(1863-1952)], a menudo es «sabiduría creer al corazón».

La emoción también es la gran comunicadora. Da vueltas en nuestros cuerpos y sale hacia fuera, lo queramos o no, como señales para los demás. Estimula nuestro propio comportamiento y transmite a los demás nuestras necesidades más profundas, lo mismo que a nosotros las de ellos. En este aspecto, resulta vital para nuestras relaciones amorosas. Nuestra pareja es central para nuestro sentido de seguridad. ¿Cómo nos puede cobijar, ser nuestro refugio seguro, si no sabe de qué tenemos miedo y qué anhelamos profundamente? La emoción es la música del baile entre las personas que se aman; nos dice dónde poner los pies, y le dice a nuestra pareja dónde poner los suyos.

Difundimos la emoción principalmente a través de nuestras expresiones faciales y tono de voz, y recogemos y comprendemos esas señales instantáneamente. Solo hacen falta 100 milésimas de segundo para que nuestro cerebro registre la mínima alteración en la cara de otra persona y solo 300 milésimas más para sentir en nuestro propio cuerpo lo que vemos en esa cara: para reflejar el cambio que vemos. La emoción es contagiosa; literalmente «agarramos» los sentimientos de los demás y sentimos lo que la otra persona está sintiendo, y esta es la base de la empatía.

Fuente:
Sue Johnson, Love Sense: The Revolutionary New Science of Romantic Relationships [Sentido del amor: la nueva ciencia revolucionaria de las relaciones románticas], Little, Brown and Company, 2013, trad. Ben Carral.

¿Por qué duele tanto cuando tu pareja no te responde?


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Por Jenev Caddell (doctora en Psicología)

Trad. Ben Carral

Jenev CaddellQuizá has estado allí: Quieres llegar al fondo de algo con tu ser amado y no obtienes respuesta. No tienes ni idea de cómo hacer para que tu pareja se abra. Experimentas frustración, incredulidad, ira e incluso puede resultar doloroso.

Te podrías cuestionar a ti mismo por qué permites que te moleste tanto, pero en realidad puede que este dolor simplemente sea el resultado de que eres humano. Este artículo verterá algo de luz sobre por qué puede resultar tan doloroso cuando tu pareja no te responde, de manera que puedas de dejar de ser duro contigo por ser tan «necesitado» y aprender más acerca de cómo tratar con este problema.

La ciencia detrás del amor romántico

Recientemente, gracias a investigadores y psicólogos como la doctora Sue Johnson, se ha descubierto una nueva ciencia del amor. Básicamente explica por qué las parejas hablan en términos de vida y muerte cuando tiene que ver con sentirse conectados el uno con el otro, y cómo hacer que el amor funcione. En sus propias palabras, tomadas de su best-seller Love Sense: The Revolutionary New Science of Romantic Relationships [Sentido del amor: la nueva ciencia revolucionaria de las relaciones románticas], Johnson escribe esto: «El primer y principal instinto de los seres humanos no es el sexo ni la agresión. Es buscar contacto y una conexión reconfortante».

Respaldada por la última investigación en neurobiología interpersonal, neurociencia y psicología, la nueva ciencia del amor compara el vínculo entre los dos miembros de una pareja romántica con el vínculo que existe entre una madre o un padre y un hijo. Al ser ignorado o no conseguir una respuesta, un miembro de la pareja recibe el mensaje de que no es importante y, probablemente, su cerebro entre en un pánico primordial y envíe señales de peligro al resto del cuerpo.

La nueva ciencia nos recuerda que, en cuanto humanos, somos criaturas sociales, y cuando se nos aisla de la tribu, es como si ya hubiéramos muerto. Incluso hoy, aunque tendemos a privilegiar nuestra inteligencia por encima de las emociones, no podemos ser más listos que nuestros instintos. A menudo, la tribu de alguien es su pareja, y cuando es desconectado, se puede sentir dolorido, asustado y amenazado de muerte en cierto nivel.

El mensaje aquí es que si sientes mucho dolor y frustración cuando no se te responde, no es que estés loco, simplemente eres humano.

El dolor social es real

El dolor emocional se registra en el mismo lugar del cerebro que el dolor físico. El dolor social y el dolor emocional son pistas para nuestros sistemas físicos de que algo ha ido mal. Ambos activan un sistema de alarma al que no podemos evitar atender. Porque somos criaturas sociales por naturaleza, cuando otro nos rechaza o nos abandona, especialmente un ser amado, literalmente nos hace daño. Lo que significa: Sabe que tu dolor es real. A pesar de todos los mensajes que podrías recibir diciendo otra cosa: No eres débil por sentir dolor cuando no se te responde.

Haz algo acerca de ello

No hay razón para que toleres una relación en la que no se te responde. Sin embargo, para tu pareja puede que probablemente esté sucediendo más por debajo de la superficie de lo que te das cuenta. Los dos podríais estar atrapados en un patrón que causa una desconexión en la que tú continúas presionando y tu pareja continúa apartándose. Por difícil que sea encontrarse en una relación definida por este patrón, existen salidas.

El libro de la doctora Sue Johnson Abrázame fuerte: siete conversaciones para un amor duradero (Hold Me Tight: Seven Conversations for a Lifetime of Love) es un recurso para ayudarte a entender esta interacción un poco más, y contactar con un buen consejero de parejas también puede resultar extremadamente útil para ayudaros a los dos a entenderos más el uno al otro.

Fuente:
Jenev Caddell, «Why is it so painful when your partner doesn’t respond to you?», en Mentalhealth.about.com, actualización: 28 de diciembre de 2014, visita: 25 de enero de 2015, trad. Ben Carral.

Es hora de superar el mito de la independencia


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Por Ben Carral (profesor de meditación y relaciones saludables; director del Mindfulness Gijón)

Ben CarralEn Estados Unidos, el 33% de la población sigue creyendo que «los seres humanos y otras cosas vivas han existido en su forma actual desde el principio del tiempo» (Pew Research Center, encuesta 21 de marzo-8 de abril de 2013, pregunta 54, trad. personal), es decir, no acepta la teoría de la evolución. Me parece trágico y sorprendente. Es como seguir viviendo con la idea de que la Tierra es plana y que se encuentra en el centro del universo. Y, sin embargo, un despropósito de iguales dimensiones ocurre entre nosotros.

Estos días he leído en Facebook dos citas atribuidas a John Lenon (1940-1980) en las que se afirma: «La felicidad está dentro de uno, no al lado de alguien», y ambas recogieron muchos «Me gusta». ¿Tienen sentido las supuestas palabras de Lenon? En absoluto. La verdad es que son una tontería tan grande como creer que Dios hizo el mundo en su forma actual o que la Tierra es plana. Lo cierto es que la ciencia ha demostrado sobradamente que necesitamos a los demás para ser felices. De hecho, no solo para ser felices, sino simplemente para sobrevivir; basta con pensar qué sería de un recién nacido sin los cuidados de los demás.

Como dice Harriet Lerner (doctora en Psicología) en The Dance of Connection [El baile de la conexión] (HarperCollins, 2001, trad. personal):

La dependencia ha cogido mala reputación. […] El hecho es que todos dependemos de otros. Es parte de la condición humana. Podemos fingir que no es así cuando somos jóvenes, tenemos salud y nos va bien en el trabajo. […] Cuando fallan los sistemas que te apoyan, aprendes lo dependiente que eres en realidad. […] El énfasis cultural en nuestra independencia es tan fuerte que incluso podemos sentirnos avergonzados de nuestra dependencia.

O como dice Sue Johnson (también doctora en Psicología) en Love Sense [Sentido del amor] (Little, Brown and Company, 2013, trad. personal):

Toda la investigación está de acuerdo en que una relación estable y amorosa es la base fundamental de la felicidad humana y el bienestar general. Una buena relación es mejor seguro de salud que una dieta cuidadosa y mejor estrategia antienvejecimiento que tomar vitaminas. Una relación amorosa también es la clave para crear familias que enseñen las habilidades necesarias para mantener una sociedad civilizada: confianza, empatía y cooperación. El amor es la fuerza vital de nuestra especie y del mundo.

Así que John Lenon (o quien escribiese esas citas) estaba tan equivocado sobre la felicidad como los fundamentalistas religiosos lo están acerca de la evolución. En cuanto investigadores y científicos nos queda mucho trabajo de divulgación por delante para desmantelar el terrible mito de la independencia. Al igual que tuvimos que aprender que la Tierra es redonda o que somos descendientes de los primates, es hora de que aprendamos que nuestra felicidad depende de otros. Están en juego nuestro bienestar personal, el bienestar de nuestras familias y el bienestar de la sociedad en general.

La dependencia emocional es nuestra mayor fortaleza


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Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Sue JohnsonLa dependencia emocional no es inmadura ni patológica; es nuestra mayor fortaleza.

Dependencia es una palabra sucia en la sociedad occidental. Nuestro mundo ha insistido desde hace mucho en que una adultez saludable requiere que seamos emocionalmente independientes y autosuficientes; que, en esencia, cavemos un foso defensivo a nuestro alrededor. Hablamos de ser capaces de separarnos y desapegarnos de nuestros padres, nuestros primeros seres queridos, como un signo de fortaleza emocional. Y miramos con desconfianza a los miembros de una pareja romántica que muestran demasiada cercanía afectiva. Decimos que están demasiado implicados, demasiado cercanos o demasiado dependientes el uno del otro. En consecuencia, los hombres y las mujeres de hoy se sienten avergonzados de su necesidad natural de amor, consuelo y expresiones de tranquilidad. Lo ven como una debilidad.

De nuevo, es al revés. Lejos de ser un signo de fragilidad, una conexión emocional fuerte es un signo de salud mental. Lo que es mortal es el aislamiento emocional. La manera más segura de destruir a las personas es negarles contacto humano amoroso.

Fuente:
Sue Johnson, Love Sense: The Revolutionary New Science of Romantic Relationships [Sentido del amor: la nueva ciencia revolucionaria de las relaciones románticas], Little, Brown and Company, 2013, trad. Ben Carral.