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Cómo dar un ultimátum si es necesario


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Por Andrew Christensen, Brian Doss y Neil Jacobson (doctores en Psicología)

Trad. Ben Carral

Andrew ChristensenEl enfrentamiento: cambio inmediato y drástico

 Solo en las relaciones románticas sucede que las personas experimenten una metamorfosis repentina.

—Isadora Duncan, My Life [Mi vida] (1942)

La mayoría de nuestros esfuerzos por cambiar a nuestras parejas —y de este modo nuestras relaciones— están impulsados por esta fantasía. Y la mayoría de estos esfuerzos no tienen éxito. Sin embargo, a menudo persistimos en la tarea. Y cuando la confrontación repetida no produce ningún cambio, puede que amenacemos a nuestras parejas, implícita o abiertamente, con consecuencias negativas. En un extremo se encuentran las amenazas negativas, que no solo destruyen la confianza mutua y el respeto, sino que pueden terminar en violencia (que nunca es aceptable). En el otro extremo se encuentran las amenazas vacías. Puede que advirtamos de ira implacable, distancia insuperable o de brechas en la relación como infidelidad, separación o divorcio. Puesto que estas amenazas nunca se llevan a cabo, nuestras parejas terminan reconociéndolas como el grito de «¡Que viene el lobo!» y dejan de prestar atención, a las amenazas y a nosotros.

En el mejor de los casos, la mayoría de las amenazas son ineficaces; destructivas en el peor. Pero la amenaza más poderosa: el ultimátum, tiene el potencial de alterar drástica y positivamente el curso de una relación; siempre que cumpla ciertos criterios esenciales. Cuando no se cumplen estos criterios, el potencial del ultimátum para infligir daño es tan grande como su potencial para provocar cambio.

Betsy y Frank habían estado saliendo durante un año antes de empezar a hablar seriamente sobre el matrimonio. En aquellas conversaciones tempranas, Frank declaraba su amor por Betsy, pero insistía en que no estaba preparado para el compromiso vinculante del matrimonio. Para él, el matrimonio era un preludio a tener hijos, y aunque quería tenerlos en algún momento, sabía que todavía no estaba listo. Betsy expresó cierta urgencia en «avanzar con su relación». Ella tampoco estaba preparada para tener hijos, pero con 31 años quería la seguridad de un compromiso de matrimonio y la meta de tener hijos en el futuro. Durante los seis meses siguientes tuvieron una serie de conversaciones sobre el matrimonio que frustraron a los dos. Betsy tuvo cada vez más dudas sobre el apego de Frank hacia ella y su voluntad o capacidad de comprometerse en matrimonio. Frank se sintió cada vez más incómodo con la creciente presión de ella. Betsy empezó a indicar a Frank, primero indirecta y luego directamente, que rompería con él si él no estaba dispuesto a casarse con ella. Al principio Frank le aconsejó que no le diera un ultimátum. Cuando se sentía presionado, hacía que ella pusiera las cartas sobre la mesa. Betsy se fue, prometiendo no volver a verle más.

Como se echaban de menos terriblemente, se volvieron a juntar, pero no pasó mucho antes de que volviera a surgir el viejo problema. Betsy insistió de nuevo en que rompería si no se casaban. Frank intentó convencer a Betsy de que cejara en su ultimátum. Ella terminó la relación una segunda vez, pero con mayor convencimiento en esta ocasión, sabiendo que una reconciliación sin matrimonio solo prolongaría su dolor. Aunque hablaba con Frank de vez en cuando, se negó a verle. Sus acciones empujaron a Frank a realizar una importante revaluación de su vida. Temía perder a alguien que se había convertido en la figura central de su vida. Finalmente decidió casarse con Betsy.

Betsy insistió en casarse en un futuro próximo, y Frank estuvo de acuerdo. A pesar de algún conflicto sobre la ceremonia de matrimonio en sí misma y de algún ajuste tras casarse, Frank y Betsy se llevaron bien. Puesto que su relación esencialmente era buena, y se preocupaban tan profundamente el uno por el otro, su matrimonio fue una conexión sólida entre ellos. Años después, miraban con diversión el ultimátum de Betsy. Frank apreciaba la fortaleza que Betsy había mostrado al insistir que su relación avanzara. Betsy apreciaba el hecho de que cuando el empuje se volvió fuerte, Frank había estado ahí para ella.

La experiencia de Frank y Betsy representa el mejor escenario para los ultimátums. Su resultado fue positivo porque el ultimátum de Betsy cumplió cinco condiciones esenciales.

Primera, la amenaza de Betsy fue real. Por mucho que quisiera a Frank, tomó la decisión de romper con él si no se casaba con ella, y él se dio cuenta finalmente de que ella iba en serio. Segunda, el ultimátum de Betsy se centró en una decisión única: que Frank se casara con ella. Su ultimátum no exigía cambios inespecíficos ni una cantidad de cambio indeterminada. En vez de ello, el ultimátum le forzó a él a tomar una decisión definitiva. Tercera, el ultimátum de Betsy exigía el cambio en un marco temporal corto. Insistió en que fijaran una fecha inmediatamente y que la fecha estuviera dentro de un plazo de nueve meses. Ella no exigió acciones repetidas en un periodo de tiempo indeterminado aunque largo. Cuarta, Frank no perdía su sentido de independencia o autonomía accediendo a su ultimátum. Dada la naturaleza de su relación y el modo en que ella planteó el ultimátum, Frank supo que Betsy no estaba realizando una simple muestra de poder para controlarle. Él sabía que la decisión de darle un ultimátum era tormentosa para ella y en parte fruto de la desesperación. Incluso aunque él no quería, parte de él también creía que era momento de que tomaran una decisión acerca del matrimonio. Finalmente, la decisión que el ultimátum exigía fue algo que puso en marcha toda una serie de cambios positivos adicionales (en vez de algo con lo que Frank tenía que «aguantarse»). Entre otras cosas, al casarse, Betsy y Frank cambiaron su estatus con los amigos y la familia, tuvieron más contacto diario y se enlazaron legalmente. En gran medida, ambos experimentaron estos cambios como positivos.

Cuando no se cumplen estas cinco condiciones, los ultimátums suelen fallar. Si no eres serio con tu ultimátum, comunicarás ambivalencia y probablemente no obtendrás una respuesta. Si exiges algo inespecífico y vago, será imposible saber si se cumple la exigencia. Si Betsy hubiera insistido en que Frank le mostrase más consideración o más respeto o más amor, Frank no hubiera sabido exactamente qué se supone que debía hacer ni cuándo tenía que hacerlo. De igual manera, requerir un cambio en un marco temporal indeterminado hace imposible saber cuándo se ha cumplido la exigencia. Si tu pareja percibe el ultimátum principalmente como un intento de control, tu pareja puede rechazarlo de manera refleja. La conformidad no solo significaría renunciar a algo sino entregárselo a alguien. Frank podría haber rechazado el ultimátum de Betsy por no poder soportar que ella le dijera qué hacer, incluso si él hubiera terminado decidiendo por su cuenta casarse con ella. Incluso si Frank hubiese sucumbido al ultimátum de Betsy, el resentimiento que él podría haber sentido después de ser obligado a casarse con ella podría haber contaminado su matrimonio desde el principio. Finalmente, si la conformidad con el ultimátum no tuviera la perspectiva de crear cambios adicionales positivos, el ultimátum y la conformidad con él serían un error. Betsy realizó el astuto juicio de que las dudas de Frank indicaban por su parte una ansiedad real aunque temporal, pero que no reflejaban defectos serios ni en Frank ni en su relación. Ella creía que, después de casarse, las dudas de él desaparecerían al disfrutar de su vida en común. Frank llegó finalmente a la misma conclusión. Por fortuna sus juicios fueron correctos. Si hubiesen sido erróneos, se habrían casado solo para enfrentar las dificultades que la renuencia de Frank estaba advirtiendo.

Incluso si cumples estas cinco condiciones, puede que tu pareja no se muestre conforme, o puede que la decisión de consentir no tenga los efectos positivos esperados. Los ultimátums son aventuras de alto riesgo y deberían ser tu último esfuerzo para buscar un cambio. Con todo, muchas parejas deben su satisfacción, incluso sus mismas relaciones, a un ultimátum bien planteado acerca de tener un hijo, de hacer terapia de pareja, de casarse, de buscar tratamiento para el abuso del alcohol, u otras cosas. Sin embargo, para la mayoría de las parejas, los ultimátums fallidos y abandonados ensucian el campo de batalla de su relación.

Consejo: Utiliza los ultimátums raramente si es que los utilizas, y solo en la infrecuente circunstancia de que exista en la relación una violación grave, una decisión grave o un problema personal grave. En ese caso, utilízalos solo cuando seas serio acerca de cumplirlos, cuando pidas un cambio específico en un marco temporal concreto, cuando sea probable que el cambio produzca cambios positivos futuros y cuando lo puedas hacer sin crear tal resistencia en tu pareja que él o ella se niegue simplemente para evitar la humillación.

Fuente:
Andrew Christensen, Brian D. Doss y Neil S. Jacobson, Reconcilable Differences [Diferencias reconciliables], 2.ª ed., The Guilford Press, 2014, trad. Ben Carral.