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Sexo de vainilla: qué es y por qué deberías disfrutarlo


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Por Vagdevi Meunier (doctora en Psicología; miembro del Consejo Asesor de Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Vagdevi MeunierEl sexo se encuentra en todas partes en la cultura estadounidense. Desde anuncios deportivos a la venta de comida, no es difícil encontrar a una modelo esbelta y guapísima dando un bocado a una hamburguesa gigante o sobre el capó de un coche nuevo.

Sin embargo, en general, no estamos acostumbrados a hablar de sexo con nuestras parejas íntimas, somos reticentes y torpes. Como terapeuta de parejas, a veces tengo que detener a mis parejas en medio de una discusión para preguntarles por qué están peleando. A menudo, la respuesta es: «Por nuestra vida sexual», pero si te hubieras sentado en mi silla, todo lo que habrías escuchado son frases como: «Lo quieres hacer todo el tiempo, pero no tengo tiempo para eso», o: «Quiero más de aquella chispa que teníamos cuando empezamos a vernos».

Utilizamos austeros y fríos términos clínicos para referirnos a nuestras partes corporales íntimas o caemos en la jerga callejera. No es raro que escuche términos como «Chichi» y «Miembro» [en el original: «VJ» y «Peter»] mientras las personas intentan navegar las turbulentas aguas del deseo sexual. Ya es lo bastante duro mantener nuestro interés y diversión cuando tenemos sexo con la misma persona más de 100 veces. ¿Por qué nos lo tenemos que complicar mucho más intentando hablar de manera tan indirecta?

La triste verdad es que tenemos que hablar del sexo en términos indirectos porque hemos creado muchas capas de moralidad, mitología y distorsiones acerca de lo que puede ser la intimidad sexual real entre una pareja comprometida. No podemos hablar sobre el sexo de manera sencilla porque no entendemos el sexo en términos sencillos. Lo complicamos con tabúes, charla interior negativa y vergüenza. Las consecuencias resultantes son trágicas, especialmente para las parejas comprometidas desde hace tiempo, porque la falta de comunicación precisa significa que no pueden arreglar lo que no funciona bien y terminan culpándose y avergonzándose el uno al otro por problemas que no son culpa de ninguno de los dos.

El sexo tántrico es sexo consciente

Como soy una mujer de la India, muchas personas me preguntan si tengo conocimientos de sexo tántrico o del Kama sutra. Ciertamente sé algo acerca de estas perspectivas orientales sobre el placer sexual. Sin embargo, lo que sé sobre sexo místico puede sorprender a la mayoría. El sexo tántrico fue un término acuñado en occidente donde algunos de sus originadores tradujeron el gozo espiritual en éxtasis sexual. El tantra tiene que ver con espiritualidad sagrada y engloba muchas tradiciones sobre la transformación de la experiencia física de la realidad en experiencia mística.

De manera parecida, el Kama sutra realmente tiene que ver con el cariño y la nutrición emocional de mujeres y hombres. Aunque contiene información sobre muchas posiciones sexuales que aumentan el placer, la mayor parte de este texto antiguo se dedica a ayudar a los hombres y mujeres a comprender las reglas de la sociedad en la que vivían.

La esencia del sexo tántrico es la meditación mindfulness (atención plena). Definida en términos simples por Jon Kabat-Zinn, la meditación mindfulness consiste en prestar atención a propósito al momento presente sin juicios ni expectativas. Lo que realmente significa es que no necesitáis juguetes, vídeos ni equipamientos fantasiosos para mejorar vuestra experiencia sexual. Nada os impide utilizar esas ayudas maritales, pero el sexo de vainilla puede ser mucho más poderoso e íntimo si podéis seguir unos pocos principios básicos. Aquí presento algunas cosas que debéis y no debéis hacer para tener un asombroso sexo de vainilla con mindfulness tántrica:

  1. No utilicéis el sexo para ocuparos de otros sentimientos como la soledad, la ansiedad, la tristeza, el hambre y la sed emocionales (o el hambre y la sed físicas) y la ira. Cuando se utiliza el sexo como herramienta de canalización, el acto de intimidad acumula un montón de capas de significado, equipaje y tendencias ocultas. El sexo que está cargado con el desperdicio psicológico de la relación se volverá monótono y aburrido.
  2. Tomaos tiempo para estar presentes, conscientes y despiertos durante el sexo. Tomaos tiempo para daros una ducha, cepillaros los dientes o hacer otras cosas que os hagan sentir frescos y confiados para el sexo. Tomaos algo de tiempo para dejar a un lado el estrés, los cuidados y las preocupaciones de otras partes de vuestra vida, para que podáis crear una burbuja sexual entre vuestra pareja y vosotros que SOLO trate de lo que está sucediendo en ese momento entre los dos.

Experimentad

Si queréis experimentar, experimentad con pequeños cambios que puedan producir resultados poderosos. Dejad las luces encendidas mientras tenéis sexo si acostumbráis a hacerlo a oscuras. Abrid los ojos cuando os beséis o estéis teniendo un orgasmo; os sorprenderá el gran impacto tiene sobre vuestro placer sensorial (a no ser que os distraiga, en cuyo caso consultad el punto dos anterior). Descubrid la sensualidad que se conecta con el contacto piel a piel que estáis teniendo el uno con el otro. Imaginaos experimentando con el tacto sensual, el juego sensorial y la excitación sexual más allá de los genitales.

Disfrutad el viaje

¡Frenad! El sexo no es una carrera para llegar a la meta y cuando se trata como tal, se sentirá que la línea de meta (u orgasmo) es más difícil de alcanzar o se volverá decepcionante. Tomad el  compromiso de disfrutar del proceso, de encontraros a vosotros mismos y de descubrir la experiencia emocional de vuestra pareja en la conmovedora intimidad que estáis teniendo el uno con el otro, y olvidaos del orgasmo. Pensad en el sexo como un viaje con muchas paradas de descanso y en el destino como solo una vacación temporal. En otras palabras, el orgasmo es simplemente una señal de liberación física. Pensad en el sexo más allá de los orgasmos e imaginad qué cambiaría si trataseis el orgasmo como algo innecesario en el placer sexual.

Comenzad antes los juegos preliminares

La intimidad sexual sin seguridad e intimidad en la relación es simplemente un acto físico y biológico, no muy diferente a aliviarte cuando tienes la vejiga llena. El juego preliminar comienza cuando tienes un momento de conexión verbal o no verbal con alguien que va más allá de una amistad. Comienza el juego sexual preliminar con tu pareja una semana, un día o varias horas antes de que empiece el mambo horizontal. Esto significa que el juego preliminar incluye todas las pequeñas y grandes cosas que haces en una relación y que invitan a tu pareja a una conexión íntima especial contigo. Para algunos de nosotros significa fregar los platos después de cenar, ofrecerse a acostar a los niños para que tu pareja pueda tomarse un descanso o una ducha o incluso hacer la compra semanal y recordar coger la marca de leche de soja, de cereales o de precocinados que le gusta a tu pareja. Significa hacer saber a nuestra pareja que pensamos en ella; queremos conocerla en toda su complejidad imperfecta y queremos sentirnos cerca de ella en nuestros corazones y en nuestras mentes aun cuando no estamos juntos.

El acto de conocer y conectar el uno con el otro a lo largo de la semana establece una anticipación deliciosa que añade al reino sensual la carga eléctrica precisa que nos hace temblar y vibrar cuando el acto de conocerse se actualiza en intimidad sexual.

El sexo de vainilla es mejor que bueno

¿Por qué es sexo de vainilla? Porque es sexo simple y sencillo, con solo una pizca de especias y condimento que lo eleva a un momento sublime de experiencia sensual. Es sexo sin un montón de reglas y restricciones. No es un sundae del sexo, es probar un sabor y saborear y disfrutar realmente los matices de ese sabor único. Por eso me encanta el sexo de vainilla y espero con placer su simplicidad y nutrición sublime. En este mundo del sexo de vainilla, todo lo que haces en una relación se convierte en juego preliminar y cada momento lleva el potencial para una conexión emocional profunda. Probadlo y veréis a lo que me refiero.

Fuente:
Vagdevi Meunier, «Vanilla Sex: What it is and why you should enjoy it», en Nationalmarriageseminars.com, 25 de febrero de 2015, visita: 1 de marzo de 2015, trad. Ben Carral.

3 pasos para romper el círculo de la discusión: sé accesible, responde, implícate


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Por Vagdevi Meunier (doctora en Psicología; miembro del Consejo Asesor de Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Vagdevi MeunierEn una sesión de terapia de pareja reciente compartieron conmigo una conversación significativa:

El sonido del teléfono interrumpió el ensueño de George mientras navegaba en su portátil.

«¿Hola?»

Era su esposa, Alice. Pudo oír un matiz en su voz. «Ansiosa», pensó.

«Hola, cariño, me alegra mucho poder localizarte», dijo Alice. «Estoy terriblemente perdida y no puedo encontrar señales indicadoras en ninguna parte.»

«¿Dónde estás?»

«En River Place.»

Estaba muy al sur de la ciudad. Eran casi las nueve de la noche.

«¿Qué demonios estás haciendo tan lejos de la ciudad?»

«Eso no importa», dijo. «¡Necesito tu ayuda!»

George suspiró y puso los ojos en blanco. Era tan típico. Ella hace algo disparatado y luego le llama para rescatarla. Buena cosa que ella no pudiera ver sus ojos en blanco; aunque probablemente oyó su suspiro.

«Vale, ¿qué pasa?»

«Estoy en un cruce y solo está señalizada una de las calles», dijo Alice. «Si te digo el nombre, ¿puedes buscarla y decirme que camino debo coger para volver a la autopista y a casa?»

«¡Ah!, te compré un GPS caro», dijo George. «¿Por qué no lo utilizas?»

La ansiedad de Alice se transformó en exasperación.

«¿Podemos NO tener ahora esa conversación?», dijo ella. «Estoy cansada y un poco asustada. Solo necesito volver a la autopista.»

«¡Ah!, ¿qué conversación estamos teniendo?», dijo George. «Eres TÚ la que me has llamado, no al revés.»

«Ya lo sé, pero no quiero hablar de por qué no tengo el GPS», dijo Allice. «Solo quiero saber qué camino debo coger.»

Pronunció cada palabra como un golpe.

«Así que piensas que puedes llamarme sin más, sacarme de lo que esté haciendo, pedirme algo como llovido del cielo y ¿no puedo hacerte ninguna pregunta?», dijo él levantando la voz. No iba a dejar que ella le pasara por encima otra vez.

La voz de Alice se rompió, sonaba a punto de llorar.

«¿Por qué estás haciendo esto?», dijo ella. «No estás entendiendo lo que necesito. ¿Podemos,  POR FAVOR, dejar de discutir? Realmente necesito tu ayuda.»

«Vale, bien», dijo él. «¿Cuál es la calle?»

George odiaba cuando ella se volvía emocional, y parecía que en aquellos días ella se volvía emocional por pequeñas cosas. Él pensaba que se merecía un poco de reconocimiento por ayudarla, pero siempre parecía tratarse de lo que él hacía mal, no de lo que hacía bien.

Esta es la historia que Alice contó en nuestra primera sesión después de la conversación telefónica. Yo sabía que ella quería que arbitrara esta pelea. Pero es una invitación habitual en terapia de pareja, y una a la que me resisto tanto como puedo.

Facilita y guía, no juzgues

Había que comprender su relación. Mi trabajo era facilitar y guiar, no juzgar, evaluar o declarar quién tenía razón.

Al escuchar la historia de Alice, oía un estribillo familiar. Así es como suena habitualmente. Una mujer se vuelve hacia su marido, se acerca a él, le pide apoyo y se siente criticada y juzgada; no solo por pedirle algo, sino por la forma de hacerlo, por si la petición es razonable, por si la respuesta es obvia para cualquiera con un cociente intelectual medio, etc.

Uno de los miembros de otra pareja lo había explicado de esta manera: «Pregunto y siento como si todas las respuestas terminaran con un silencioso “¡Obvio, estúpida!”».

Cuando Alice contaba su experiencia, sonaba incrédula, como si dijera: «¿Puedes creer cómo me trata? ¿Puedes creer lo mal que me hace sentir por pequeñas cosas?».

No pensé que George la tratara mal, y Allice iba a descubrir pronto que no me iba a poner de su parte. Verás, en la mayoría de los casos, cuando escucho a una pareja contarme sus peleas, puedo ver realmente las dos partes. Era muy claro para mí que George se sentía enfadado y explotado, y también podía ver, con la misma claridad cristalina, por qué le dolió tanto a Alice su respuesta. En estas situaciones, mi trabajo es facilitar una mejor comunicación matrimonial mediante una exploración y un diálogo entre los miembros de la pareja que les permita ver que ambas «realidades subjetivas» (como las llama John Gottman) tienen sentido.

En este incidente particular, también recurrí al excepcional trabajo de la doctora Sue Johnson, otra investigadora y clínica pionera en el campo de la terapia de pareja, que ha escrito extensamente sobre este preciso tema. A través de la teoría del apego, una teoría desarrollada por John Bowlby (1907-1990) sobre el apego madre-hijo y ampliada más tarde al apego adulto, la doctora Johnson explica que necesitamos y queremos depender de nuestros compañeros primarios.

Cuando nos sentimos asustados o estresados, o simplemente hemos perdido el equilibrio o estamos perdidos con algo, nos sentimos mucho más confiados de nuestra capacidad para gestionarlo si podemos alcanzar  a un ser querido afectuoso que comparta la experiencia con nosotros, nos tranquilice y nos ofrezca su apoyo. Por esta razón, las personas con enfermedades cardiovasculares tienen resultados más saludables si la calidad de su relación primaria (con un ser amado) es segura y positiva.

Tres pasos: accesibilidad, responsividad, implicación

La palabra clave aquí es cuidar. Volvamos a la historia de Alice y examinémosla a través de la teoría del apego. En particular, utilizaremos la respuesta en tres pasos de la doctora Johnson que es la marca distintiva de las relaciones de apego seguro. Los tres pasos o habilidades emocionales son la accesibilidad, la responsividad y la implicación.

En este contexto, accesibilidad significa «¿Estás ahí para mí cuando intento llegar a ti?».

Ayudé a Alice a ver que su relación con George no eran TODO malas noticias. Ella confía en él y él intenta ayudarla siempre que lo necesita. Si no fuera así, él no sería el primer número al que llamó en aquella noche oscura. Ella podía contar con la accesibilidad y disponibilidad de él. Él responde a sus llamadas sin importar cuándo llame y siempre parece tener tiempo o buscarlo para ella cuando necesita su ayuda.

Pasando a George, le pregunté si era cierto. Ya estaba asistiendo con la cabeza, así que supe que seguía la pista adecuada. George respondió a mi pregunta diciendo que si la llamada era de su mujer, respondería aunque estuviese en medio de una reunión. Inmediatamente siguió diciendo lo frustrado que está porque ella no parece apreciarlo, no se da cuenta de que le llama siempre a horas inusuales y espera que él esté a su entera disposición sin apenas dar las gracias al final. Intento detenerlo y redirigirle amablemente.

Las irritaciones y resentimientos hacia nuestras parejas, especialmente después de un incidente negativo, pueden estar tan a flor de piel que no necesitemos mucho para subirnos a ese tren. Pero ese tren no lleva a ningún lugar bueno en un matrimonio. De hecho, el tren del resentimiento y la actitud defensiva a menudo acelera y simplemente se cae por el acantilado. Si queremos que nuestras conversaciones produzcan intimidad y comprensión, necesitamos activar los frenos cuando intentamos comprender o procesar un suceso pasado para que no volvamos a pelear.

Me volví hacia George y le ayudé a entender que aunque es accesible y está fácilmente disponible para ayudar a Alice, no fue muy responsivo emocionalmente en este altercado. Responsividad significa que escuchas, empatizas y comprendes lo que pido y me das justo lo que pido, nada más ni nada menos.

Es difícil en relaciones antiguas e íntimas. Pensamos que conocemos a nuestras parejas tan bien que podemos terminar sus frases y anticipar sus necesidades. Pero actuar así puede desempoderar a nuestras parejas y, de hecho, hacer que les resulte difícil apreciar la buena acción que estamos llevando a cabo.

En el matrimonio, la responsividad trata acerca de escuchar con nuestros corazones y nuestras mentes, y sintonizar con nuestras parejas para que podamos medir y ajustar la dosis de nuestra respuesta a la intensidad de la necesidad. De hecho, nada más escucharla, George leyó acertadamente las pistas en la voz de Alice. Supo que sonaba ansiosa. Lo que no hizo fue conectar con esa otra parte de sí mismo que le estaba dirigiendo a permanecer sintonizado con ella y ver lo que necesita. Hizo descarrillar la petición de ella con preguntas propias sobre dónde estaba y por qué no tenía su GPS. Se enfadó cuando ella intentó redirigirle en vez de reconocer que estaba asustada; ella no podía responder a sus preguntas irrelevantes. En realidad no es culpa de George ni de Alice. Los dos se afectan mutuamente de manera que cuando George suena impaciente, Alice se pone más ansiosa y se asusta más, pero ella no le permite saber a él que está asustada; su respuesta suena más como crítica que como asustada. Este baile negativo es una programación habitual en su relación, y necesitan trabajar sistemáticamente en ella para cambiarla.

La última habilidad, la implicación emocional, trata del interés y participación genuinos que tenemos en la experiencia de nuestra pareja. La frase para recordar es que cuando estamos contra la pared, enfrentar al dragón junto a un compañero nos da mucho más valor y tenacidad que enfrentarlo solo. Pero el compañero que necesitamos en ese momento no es un robot desinteresado e informativo. Si eso fuera todo lo que necesitamos, Alice habría llamado a la policía local o a la patrulla de carretera.

Buscar la empatía de una pareja

Buscamos a nuestras parejas íntimas y a nuestros familiares porque pensamos que ellos se preocupan realmente por lo que estamos pasando. Alice no solo quería indicaciones, sino un aliado empático que calmara su sistema nervioso y le ayudase a no sentirse tan estúpida por haberse perdido. Alice ya se había reprimido a sí misma por no llevar el GPS con ella y por acceder a una reunión tan tarde y tan lejos de la ciudad. No necesita que George le ayudase a aprender ESA lección.

Lo que necesitaba de George era un sentido de experiencia compartida, y quizá unas palabras tranquilizadoras que le hicieran saber que a él le agradaba que ella le buscase. Y ayudándola sin juzgarla, también le comunicaría el mensaje de que su dilema no era irrazonable. No hacía falta que George dijera ninguna de estas cosas explícitamente. Si hubiera respondido con calma y palabras tranquilizadoras, y le hubiese dado las indicaciones con voz amable, Alice habría leído en ello toda la seguridad y consuelo que necesitaba. Habría bebido profundamente de su compasión para apagar el gran incendio que había en su cabeza. Si George hubiera podido compartir compasivamente la experiencia de ella diciendo: «Tienes razón, esa parte de la ciudad no está nada bien señalizada», el cerebro de Alice se podría haber iluminado de felicidad. La validación de su pareja es el regalo más profundo que él podría ofrecerle, pues eso le habría indicado a Alice que no estaba loca y le habría permitido activar su propia sabiduría de modo que podría haber utilizado sus propios recursos para guiarse de vuelta a casa.

Lo más importante

Al final, déjame que lo reitere, no fue culpa de nadie que sucediera este incidente. Alice debía apreciar la accesibilidad de George y finalmente su ayuda, sin importa lo a regañadientes que se la diese. También debía confiar en que las intenciones de él no eran maliciosas. Respondía impacientemente porque las reacciones de ella daban forma a las de él, y viceversa.

George debía apreciar que Alice confíe en él y debía comprender que, a pesar de sus intenciones, su habilidad para transmitirle a ella empatía y comprensión era tan importante como sus habilidades de navegación. Sin embargo, lo más importante es que Alice y George comprendan una cosa. Todos entramos en estos bucles negativos con nuestras parejas. Es inevitable cuando hay tanto en juego como en las relaciones amorosas. Los percances en la comunicación matrimonial también son inevitables.

Lo más importante es perdonarnos a nosotros mismos y el uno al otro por ser imperfectos, ver el esfuerzo que se esconde detrás del percance y ser capaces de construir intimidad incluso a partir del caos. Como dice John Gottman: «En el peor conflicto se encuentra el potencial para la intimidad más grande», si somos conscientes y tenemos la voluntad de aprovecharlo.

Fuente:
Vagdevi Meunier, «3 Steps to Break the Argument Cycle: Access, Respond, Engage», en Nationalmarriageseminars.com, 9 de febrero de 2015, visita: 22 de febrero de 2015, trad. Ben Carral.

Las dos cualidades que todo el mundo necesita en una pareja


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Por Duana Welch (doctora en Psicología; miembro del Consejo Asesor de Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Duana WelchLa investigación demuestra que el compromiso puede ser demasiado arriesgado sin ellas

¿Te han dicho que eres demasiado exigente? Esas fueron las palabras que me impulsaron a comer cientos de chocolatinas cuando estaba buscando pareja. Algunas personas me dijeron que nunca iba a encontrar lo que quería, que necesitaba conformarme o seguiría soltera para siempre.

En mi experiencia, sin embargo, los estándares de la mayoría de las personas no son demasiado altos, sino demasiado bajos.

Si tuviera que resumir en una frase 60 años de excelente investigación sobre las relaciones, sería: Si puedes ser y encontrar a alguien amable y respetuoso, probablemente vuestra relación funcione; si no puedes, no funcionará.

En términos prácticos, significa nada de personas odiosas. La investigación demuestra con claridad que las relaciones no pueden sobrevivir felizmente sin amabilidad. La amabilidad establece raíces profundas para mantener vivo el amor incluso cuando llega el invierno; pero sin ella, todas las estaciones resultan desapacibles.

Las personas amables tratan bien a los demás sin importar el día que estén teniendo, de si van retrasadas en el trabajo, etc. No necesitan una excusa para ser amables, y no utilizan los malos momentos como excusa para no serlo. Son amables por norma, porque es parte de su código ético o moral ser así; no porque se sientan bien en ese momento, y no porque otras personas les hagan felices o dejen de hacerlo. Para ellas, la amabilidad es un estilo de vida, una manera de ser.

Evitan ser mezquinas aunque interactúen con personas que no necesariamente les gustan o están de acuerdo con ellas. Podrían no estar de acuerdo de manera agradable, o elegir poner límites para no estar cerca de ellas con demasiada frecuencia, pero cuando deben estar en su presencia, las personas amables son cuidadosas, no crueles. Las relaciones exitosas requieren mucho autocontrol, y las personas amables lo practican.

Adherirse a estos dos estándares también significa nada de críticos crónicos. De nuevo, décadas de investigación subrayan que recibir y dar un respeto básico es una necesidad, no una sutiliza. El respeto puede crear amor donde no lo había, pero el descrédito habitual terminará matando incluso el romance más fervoroso.

Al igual que con la amabilidad, deberías buscar y exigir una pareja que sea respetuosa con todo el mundo, no solo contigo. Estas personas afirman la valía de los demás con palabras y hechos incluso cuando las cosas no salen como quieren. Hablan bien de los demás, y cuando no es posible, o no dicen nada o expresan su verdad sin odio.

¿A qué se parece esto? Aquí van dos ejemplos de mi propia búsqueda:

Cuando estaba teniendo citas online, a veces quedaba con hombres que eran un emparejamiento asombrosamente bueno; en la pantalla. Dennis (no es su nombre real) fue uno de ellos. Compartíamos la misma fe, afinidad política e intereses. Ambos disfrutábamos leyendo y escribiendo. Incluso vivíamos cerca el uno del otro, y éramos padres solteros. Pensaba que era encantador online, así que cuando sugirió que quedásemos para tomar un café, me entusiasmé.

Acercamos las sillas a la mesa e hice algo que enseño a mis clientes: le mire a los ojos, sonreí, me incliné hacia él y realicé preguntas abiertas. «¿Qué están haciendo hoy tus chicas? ¿Cómo llevas lo de ser padre soltero?»

Me conmocionó lo que me disparó a modo de respuesta. Ni siquiera puedo citar lo que dijo porque he intentado borrarlo de la memoria. Pero venía a ser una historia muy larga de lo mucho que odiaba a su ex mujer, lo horrenda persona y madre que era, lo héroe que fue él al permitirle seguir respirando oxígeno. El sarcasmo, el desprecio y la ira me hicieron sentir que debía echar a correr para ponerme a salvo. Su resentimiento se hizo enorme ante mis ojos. Atónita, y preguntándome si sus heridas eran recientes, le pregunté: «¡Vaya!, parece que has pasado un tiempo horrible intentando ejercer de padre a su lado. ¿Hace cuánto fue el divorcio?».

Diez años.

No volví a ver a Dennis; a propósito. Su comportamiento fue extremadamente irrespetuoso hacia la madre de sus hijas. No fue amable con su recuerdo, ni se estaba esforzando por serlo. Estaba muerto de ira y de un deseo de venganza, y su odio dirigía su vida; e hizo la mía deprimente aunque fuera la hora que pasamos juntos.

Pero aunque hubiera hablado de un extraño, la falta de respeto seguiría siendo un motivo de ruptura.

Compáralo con mi primera conversación larga con Vic: «Así que no hace mucho que te divorciaste. ¿Cómo eran las cosas antes? ¿Cómo es tu relación con tu ex ahora?». Nunca olvidaré su respuesta: «Hemos tenido nuestros problemas, y el divorcio fue realmente duro. Pero por el bien de nuestro hijo, hemos sido capaces de dejar a un lado muchas de nuestras diferencias. Creo que estamos avanzando hacia una buena relación funcional».

Después me enteré de que habían tenido un divorcio horrible, con más de una década de dolor antes de eso. Y la única manera en que encontraron paz después fue interactuando lo menos posible. Pero esas interacciones eran, por lo general, respetuosas. Y la respuesta de Vic a mis preguntas fue amable y respetuosa; no solo conmigo, sino con su ex.

Me impresionó entonces. Y sigo impresionada; estamos casados.

¿La conclusión? Si puedes ser amable y respetuoso, es razonable esperar encontrar a alguien que también pueda serlo. El mundo está lleno de buenas personas como tú. Es el momento de encontrar a una.

Fuente:
Duana Welch, «The Two Qualities Everyone Needs in a Partner», en Psychologytoday.com, 11 de diciembre de 2014, visita: 15 de febrero de 2015, trad. Ben Carral.

El verdadero secreto para tener un gran día de San Valentín (¡no son los bombones!)


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Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Sue JohnsonDe media nos gastamos más de 100$ en el día de San Valentín, nuestra orgía de sentimentalismo de mediados de invierno. Y la ciencia demuestra que nuestros corazones están en la senda acertada. Más allá de las flores y los bombones, el día de San Valentín ofrece bendiciones a las parejas.

Ahora mismo, los norteamericanos están ocupados enviando 190 millones de tarjetas (algunas cursis, otras sinceras) y despilfarrando hasta mil millones de dólares en dulces empalagosos. Todo comenzó como una salvaje fiesta pagana llamada de las Lupercales, tan popular que los cristianos tempranos no se pudieron resistir a requisarla y cambiarla de nombre. Lo hicieron en el siglo V, valiéndose de un hombre llamado Valentín, que fue ejecutado por el emperador Claudio II por celebrar matrimonios clandestinos. Bueno, estaba desanimando a los hombres de unirse al ejército de Claudio.

El día de San Valentín tiene un gran impacto en las relaciones. Los terapeutas de pareja se preparan para la precipitación de personas enfurecidas porque no obtuvieron una tarjeta, una caja de bombones o sexo perfecto de sus parejas. Pero no todo son ventas y sentimientos extraviados.

¿El día de San Valentín y la ciencia? ¡Créelo!

Si miramos a través del objetivo de la nueva ciencia del amor y la vinculación, esta fiesta adquiere todo un nuevo significado. Ante todo somos mamíferos que se vinculan; programados biológicamente para vivir en una red de apoyo y conexión en la que otros acuden cuando les llamamos. Habitualmente, estos otros irreemplazables son nuestros compañeros sexuales. Es más probable que nos vinculemos con las parejas sexuales; después de todo, en el orgasmo nos vemos inundados por hormonas vinculantes como la oxitocina. El día de San Valentín se nos empuja amablemente a celebrar y reconocer lo que para la mayoría de nosotros es nuestro vínculo adulto más fuerte, el corazón de nuestra familia: la conexión con nuestra pareja. En un mundo ocupado y construido para la distracción y la desconexión, señalar un día en el que acordemos en masa prestar atención a nuestras relaciones amorosas tiene que ser una buena idea.

¿Por qué importa el tiempo de estar juntos?

Esta clase de celebración, sentimentaloide o no, es más importante que nunca. Dependemos de nuestras parejas para la conexión social en una medida que le habría resultado extraña a la generación de mi abuela. Probablemente, ella se pasaba tres horas al día hablando con otros, y tenía cerca de una docena de amigas y una familia a las que acudir y en quienes confiar, mientras que nosotros pasamos cada vez menos tiempo interactuando cara a cara y el número de personas a las que poder confiarnos se encuentra en una trayectoria descendente constante. El aislamiento y la soledad se encuentran en el máximo histórico y sabemos que (para los mamíferos vinculantes) estar aislados es vivir ¡en un estado de amenaza crónica!

Para muchos de nosotros, nuestra pareja es nuestra única relación de refugio seguro; nuestro único parachoques contra los efectos tóxicos de la separación no deseada. En la investigación de escaneo cerebral descubrimos que, incluso cuando estás esperando una descarga eléctrica en los tobillos, una vez que se establece un vínculo de refugio seguro, simplemente coger la mano de tu pareja hace que tu cerebro pase de una excitación de alerta roja a un estado de calma tranquila, y reduce el dolor físico de la descarga.

Celebra la intimidad

Las relaciones íntimas son dignas de celebrarse. Son nuestro mayor recurso. La evidencia científica ha descubierto de manera aplastante que un vínculo amoroso es la mejor receta para casi todo lo que hace que merezca la pena vivir, incluidas la salud física y la salud mental, la resiliencia al estrés y un sentido fuerte del yo. Incluso parece que estos vínculos nos ofrecen ¡el mejor antídoto contra el envejecimiento! Una de las grandes lecciones de la revolución en la ciencia de las relaciones es que las personas que se aman tienen más impacto la una en la otra de lo que Hollywood nunca imaginó.

Más barato (y más preciado) que los bombones

En una sesión de terapia de pareja, Tracy le dice a Mike: «No necesito la gran caja de bombones. Necesito esos besos lentos en la frente por la mañana, y esa voz que utilizas para decir mi nombre nada más que llegas a casa. Necesito que me busques después de una pelea y que me demuestres que soy lo bastante especial como para que te arriesgues a acercarte de nuevo. Necesito sentir la tranquilidad de que soy la mujer especial para ti, incluso cuando me siento baja y pequeña. Solo tú puedes hacerlo». Mike se ríe: «Voy a escribir lo que me acabas de decir y lo podemos convertir en mi promesa de San Valentín para ti. Más barato que los bombones, más duradero que las flores. Puedo hacer todo eso».

Lo que sabemos por nuestros años de investigación es que si Mike puede responder a su mujer de esta manera, con una conexión emocional centrada y abierta, y si ella puede pedir lo que necesita, lo más probable es que tengan una vida de San Valentines. Y eso bien merece una celebración salvaje y muy sentimental.

Fuente:
Sue Johnson, «The Real Secret To Having A Great Valentine’s Day (It’s Not Chocolate!)», en Mindbodygreen.com, 12 de febrero de 2014, visita: 13 de febrero de 2015, trad. Ben Carral.

Dos maneras de romper sin causar destrozos


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Por Duana Welch (doctora en Psicología; miembro del Consejo Asesor de Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Duana WelchLa voz y las manos de Kevin temblaban mientras me contaba lo mucho que ansiaba romper con Sheila, su novia desde hacía tres años. El problema era que le aterrorizaba el pensamiento de dejarla. Estaba acosado por preocupaciones de que pasaría: ¿Qué pasaría si no encontraba a otra persona, o a nadie mejor? ¿Qué pasaría si habiendo estado tanto tiempo con Sheila, sencillamente debía seguir con ella? ¿Qué pasaría si no soportaba dañarla de esa manera?

Pero la pregunta más importante de todas era una que no se hizo, y una que todos necesitamos hacernos. ¿Qué pasaría si sigues con la persona inadecuada?

Parte de tener citas es dañar a otras personas, de la manera menos dolorosa posible. ¿Cuánto de indolora? Y ¿qué palabras utilizar? En parte depende de la seriedad de la relación.

¿Qué decir?

Si acabáis de empezar a veros, o estás rechazando una primera cita, lo puedes hacer por teléfono y decir:

«Gracias por preguntarme, pero no siento que tengamos lo suficiente en común», o: «Muchas gracias, pero no estoy interesado».

Y si se trata de una relación más seria, que lleve más tiempo (como la de Kevin), os podéis encontrar en persona (a no ser que te sientas inseguro), y utilizar este guión:

«Realmente me ha gustado ___ de ti, pero no pienso que tengamos lo suficiente en común como para continuar, y no me siento como debería para seguir adelante juntos».

Repite cualquiera de los guiones tanto como necesites, como un disco rayado, hasta que se termine el encuentro de ruptura.

¿Por qué funciona?

Cuando realicé una encuesta que preguntaba a la gente: «¿Qué palabras te gustaría que utilizara (tu pareja) para romper contigo?», los hombres y las mujeres de todas las edades y trasfondos, en su abrumadora mayoría, quisieron honestidad, pero no brutalidad. Los respondientes prefirieron marcadamente que su antigua pareja dijera algo bueno sobre ellos, y que luego siguiera con una razón de la ruptura honesta, pero amable. Las razones más deseadas reflejaban el tema de un mal emparejamiento: «No va a funcionar», «No creo que seamos adecuados el uno para el otro», «No tenemos lo suficiente en común» o «No somos un emparejamiento lo suficientemente bueno».

Hablando con datos, están en la senda correcta para la felicidad duradera. Docenas de estudios demuestran que la similitud es el mejor camino para la extendida meta de una unión feliz. Así que decir: «No creo que tengamos lo suficiente en común para seguir», no solo es claro y conciso, es verdad, una razón profundamente enraizada en la realidad de lo que cuenta para una relación permanente feliz. Otros estudios demuestran que la amabilidad en nuestras acciones es un requerimiento básico para ser felices con cualquiera. Así que evitar culpar a los demás y, en lugar de ello, centrarse en nuestros propios sentimientos funciona. ¡Y tiene una ventaja adicional! Este método es inatacable: Sientes lo que sientes, punto.

¿Rompió Kevin? Puedes estar seguro. Y me dijo que el dolor de preocuparse por ello fue mucho peor que cómo se sintió después; después se sintió libre para encontrar un emparejamiento mejor.

El precio de encontrar a la persona adecuada es dejar a un lado a todas las inadecuadas, incluyendo a cualquiera que casi sea lo que necesitas, pero no del todo. Nadie dijo nunca: «¡Gracias por conformarte conmigo!». Libérate a ti mismo, y a esa otra persona.

Fuente:
Duane Welch, «Two Ways To Break Up Without Breaking Down», en Pof.com, 5 de febrero de 2015, visita: 12 de febrero de 2015, trad. Ben Carral.

Nuestra felicidad no está en el interior


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Nuestra felicidad no está en el interior

Por Ben Carral (profesor de meditación y relaciones saludables; director del Mindfulness Gijón)

Nuestra felicidad no está en el interior para que cada uno la encontremos mirándonos el ombligo, sino en nuestras relaciones con los demás para que la construyamos juntos mirándonos a los ojos, incluida esa persona especial a la que abrazarnos fuerte y con la que envejecer de la mano, nuestro refugio seguro.

Cuando se trata de relaciones duraderas, olvida la palabra amor


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Por Judy Gerstel (escritora)

Trad. Ben Carral

Sue JohnsonCariño mío, mi pareja de vínculo, estoy tan conectada contigo.

Cuando se trata de relaciones que duran, olvida la palabra amor.

Mucho más significativas son las palabras apego, vínculo y conexión.

Lo que te gustaría escuchar de tu pareja el día de san Valentín, o cualquier otro día, no es necesariamente: «Te amo».

Lo que realmente quieres escuchar es: «Estoy profundamente apegado a ti».

El verdadero amor romántico es un vínculo de apego, parecido al amor que existe entre padres e hijos, dice Sue Johnson (doctora en Psicología) en su último libro: Love Sense: The Revolutionary New Science of Romantic Relationships [Sentido del amor: la nueva ciencia revolucionaria de las relaciones románticas].

«Las parejas seguramente apegadas tienen esta conexión y flujo emocional», explica la terapeuta de parejas de Ottawa y desarrolladora de la Terapia Focalizada en las Emociones.

«Se vuelven el uno hacia el otro, sintonizan, se abren y se acercan a la otra persona. Se muestran a sí mismos y responden a la otra persona. A veces, uno de ellos conduce y el otro sigue; otras veces es al revés.»

Si amor es la palabra escogida para expresar esa conexión, también está bien.

Pero si solo se trata de lujuria y química sexual sin el contexto de la vinculación emocional, Johnson sugiere que las palabras «te amo» no valen mucho.

Reconoce que no siempre resulta fácil expresar y reconocer un apego profundo hacia otra persona. Nos puede hacer sentir dependientes y vulnerables.

Especialmente porque se nos dice que «los adultos deberían ser independientes y si no lo son, resultan débiles y patéticos».

Hasta cierto punto siempre ha sido cierto para los hombres. Más recientemente, las mujeres también son animadas, por el movimiento feminista, a ser autosuficientes y no sentir la necesidad de un hombre en sus vidas.

Johnson tiene palabras contundentes sobre ello.

«Enseñar a las personas a sentir vergüenza de sus necesidades de dependencia es información tóxica», insiste. «¿De dónde demonios sacamos la idea de que, por alguna razón, se supone que debemos vivir sin emociones y necesidades?» Admite: «Mi profesión ha tenido un montón de palabras para eso: codependiente, involucrado, no diferenciado».

Pero Johnson y sus colegas tomaron un camino diferente.

«Se nos consideraba raros porque dijimos: “¡No! ¡Los seres humanos no somos así! Ser capaces de tratar con estos sentimientos y utilizar el anhelo de conectar con otras personas es una fortaleza. Y si no puedes admitir o expresar tus necesidades de conexión, se trata de una receta para el aislamiento.»

Prosigue (es vehemente sobre la falsa información sobre la dependencia): «Cuando evitas depender de nadie, eso no es libertad. ¡Es un suicidio! ¡Es estúpido!».

Dice que puede citar investigaciones que demuestran que «funcionamos mejor física y mentalmente, y tratamos mejor con el estrés, cuando tenemos unas pocas conexiones emocionales poderosas con personas que acudirán cuando las necesitemos».

Como dice la canción [de Barbra Streisand], las personas que necesitan personas son las más afortunadas de todas.

Fuente:
Judy Gerstel, «When It Comes to Lasting Relationships, Forget the L Word», en Everythingzoomer.com, 14 de febrero de 2014, visita: 5 de febrero de 2015, trad. Ben Carral.

6 razones por las que no deberíais «seguir siendo amigos»


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Por Andrea Bonoir (doctora en Psicología)

Trad. Ben Carral

Andrea BoniorProcede cuidadosamente o prepárate para sufrir más dolor de corazón

Es uno de los mayores clichés de todos los tiempos: «Quiero que sigamos siendo amigos».

Desde declaraciones de ruptura de celebridades, pasando por improvisados mensajes de texto a charlas delante de las taquillas del instituto, en nuestra cultura existe la idea de que las rupturas deberían ser dulces y agradables. Se asume a menudo que la mejor manera de terminar una relación romántica es embarcarse mágicamente en una amistad íntima y feliz; en la que todo el mundo está encantado, y las dos partes se provocan sonriendo sobre los hábitos de él de jugar a videojuegos o la afición de ella por los broches vintage.

Pero ¿esta fantasía funciona alguna vez, y es siquiera inteligente intentarlo? ¿Realmente puedes ser amigo de alguien con el que has salido, aunque te conozca mejor que nadie? ¿Algún gran romance (o incluso normal) se ha transformado tranquilamente en una gran amistad alguna vez?

Muchas veces, la respuesta es no. Algunas veces, por supuesto, puede ocurrir; con el tiempo. Pero se deben cumplir ciertas condiciones. Aquí presento seis señales que deberían decirte que «Seamos solo amigos» puede que no sea tu mejor opción.

1. Uno de vosotros realmente quiere la amistad, mientras que el otro simplemente la utiliza como palabra de moda para referirse a la ruptura y no tiene ningún interés real en ser amigos. Cuando esto ocurre, el dolor de la ruptura se prolonga hasta la saciedad. Mientras tú te convences de que él o ella realmente quiere que seáis amigos, tu ex se convence de que se puede escabullir si lo intenta con la fuerza suficiente. Este patrón de apartar y atraer es a menudo peor que la propia ruptura, y puede durar semanas o incluso meses. Simplemente di no.

2. Nunca tuvisteis la base para una amistad. Las relaciones románticas que se acaban porque apenas teníais nada en común salvo la atracción, o porque nunca fuisteis capaces de comunicaros abiertamente sin gritaros, no es probable que se conviertan en relaciones estelares cuando se elimina el sexo. No te engañes: ¿Había una verdadera amistad que realmente merezca la pena salvar? ¿O es solo una quimera que realmente quisierais pasar tiempo juntos si no hubiera sexo de por medio? (¿Buscáis una amistad que conserve el sexo, pero sin ningún compromiso cuando antes estabais comprometidos? Escribidme si sale bien; seríais los primeros.)

3. Hay una ausencia de respeto mutuo. Quizá vuestra relación nunca fue particularmente respetuosa, o quizá durante el decimoséptimo combate de gritos o durante el silencio evasivo en el periodo de ruptura, el respeto que una vez tuvisteis se erosionó finalmente. Sea lo que fuere, ¿cómo vais a reconstruir mágicamente, o incluso fingir, ese respeto durante una amistad platónica? ¿Y por qué ibais a querer hacerlo?

4. Hubo un abuso emocional o de otro tipo durante la relación. El criterio más básico para embarcarse en cualquier amistad, incluso con el romance y el sexo completamente fuera de la ecuación, es la capacidad para confiar en que no os dañaréis el uno al otro de manera deliberada. Cuando has tenido una relación romántica abusiva, no puedes creer razonablemente que en realidad la persona comenzará a tratarte bien cuando seáis «solo amigos». De hecho, podría ser una situación muy peligrosa, pues el abusador utiliza la amistad para mantener su control o maltrato continuado. Si necesitas ayuda para aguantarlo, incluso si has tomado la decisión de irte, deberías considerar seriamente buscar apoyo profesional.

5. Uno de vosotros, o los dos, se volvería extremadamente celoso o posesivo si el otro comenzara a ver a una persona distinta. Por esto es en realidad que las amistades saludables son tan difíciles por lo general después de una ruptura, al menos durante unos cuantos meses. ¿Honestamente estarías bien con el chico que pensabas que era «el elegido» hablando excitadamente sobre una nueva y asombrosa interna llamada Emily? ¿Por qué hacerte pasar por ello? A la inversa, ¿te resultaría cómodo ser tú la que tenga que esconder una nueva relación que está empezando a volverse seria? Quizá podría suceder con el tiempo, pero probablemente no ahora mismo. Lo que nos lleva a…

6. No le habéis dado a vuestra relación romántica el tiempo y el espacio suficientes para morir de manera natural. Incluso aunque tengáis el sentimiento de que podríais ser amigos para toda la vida (quizá ese fue el motivo y terminasteis el romance porque sabíais que la amistad era mucho mejor), seguís necesitando un poco de tiempo y espacio para recuperar todo vuestro yo, de manera independiente. De otro modo, vuestra amistad será demasiado reactiva y se verá empañada por las sombras de vuestro romance fallido. Las distintas emociones que corren por el cuerpo durante las primeras semanas después de una ruptura no son la plataforma más estable sobre la que construir una amistad. Antes de poder decidir si una conexión platónica es lo adecuado para ti, debes regresar a quien eras como individuo, en vez de como la mitad de una pareja.

Fuente:
Andrea Bonior, «6 Reasons You Shouldn’t ‘Still Be Friends’», en Psychologytoday.com, 24 de marzo de 2014, visita: 1 de febrero de 2015, trad. Ben Carral.

¿Qué es la emoción?


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Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Sue JohnsonDesconfiar en la emoción ha sido un sello distintivo de la sociedad occidental desde hace mucho. Como mínimo se remonta a los días de los antiguos griegos, cuando los filósofos estoicos argumentaban que las pasiones eran destructivas, incluido el amor, y que tenían que ser contenidas por el intelecto y la moral. A lo largo de los años, la emoción se ha visto principalmente como un atributo de nuestra naturaleza animal base, primitiva y sensorial. Después de todo, sentimos la emoción; es una fuerza visceral. La razón, en contraste, eliminada del cuerpo y residente «en la cabeza», se ha visto como evolutivamente superior, un reflejo de nuestro yo espiritual más elevado. Debemos elevarnos por encima de la emoción si queremos ser una sociedad verdaderamente civilizada. La crítica social Marya Mannes [(1904-1990)] lo expresó sucintamente: «El signo de un pueblo inteligente es su capacidad para controlar las emociones mediante el uso de la razón».

El caso contra la razón parece provenir de dos factores: su poder imparable (ciertamente nos puede sorprender en menos de un segundo) y su aparente aleatoriedad y falta de lógica. La investigación ofrece ahora una visión muy diferente. En realidad, la emoción es el sistema exquisitamente eficiente de la naturaleza para procesar la información y señalizar, diseñado para reorganizar rápidamente el comportamiento en el interés de la supervivencia.

La emoción nos informa de que está ocurriendo algo vital para nuestro bienestar. Somos bombardeados por cientos de miles de estímulos cada segundo de cada día. La emoción ordena el aluvión automática y reflejamente, seleccionando lo que importa y dirigiéndonos a la acción adecuada. Nuestros sentimientos nos guían en asuntos grandes y pequeños; nos dicen lo que queremos, cuáles son nuestras preferencias y lo que necesitamos. Escogemos helado de pistacho en vez de vainilla porque tenemos un mejor sentimiento hacia él. La investigación con personas que han sufrido daños cerebrales demuestra que sin la emoción para guiarnos, no tenemos brújula. Nos vemos privados de dirección y no tenemos nada que nos mueva hacia una opción en vez de hacia otra. Nos atascamos considerando todas las posibilidades.

La emoción es el motivador más fuerte. Lo queramos o no, llega y nos estimula a actuar, incluso nos obliga. La palabra emoción deriva del latín movere, que significa «mover hacia fuera». Vemos su poder con más claridad cuando sentimos que nos encontramos en peligro físico. Si nos embiste un perro rabioso o un rinoceronte descontrolado, sentimos miedo y nos largamos en dirección contraria. Charles Darwin [(1809-1882)], el primer científico en señalar el valor de la emoción para la supervivencia, visitaba frecuentemente el zoo de Londres para pararse delante del terrario de la víbora. Sabía que mirar a la serpiente a los ojos haría que atacase. También sabía, en cuanto ser racional, que se encontraba perfectamente seguro, pues la víbora estaba detrás del cristal. Darwin miraba fijamente, determinado a no moverse, pero sin importar las veces que se probase a sí mismo, siempre retrocedía cuando el reptil atacaba.

La emoción nos puede incitar a actuar incluso cuando la supervivencia no parece ser un asunto urgente. Durante el 11-S, una mujer llamada Julie estaba trabajando en la Torre Sur del World Trade Center cuando el primer avión alcanzó la Torre Norte. Por los altavoces les dieron instrucciones, a sus colegas y a ella, de que se quedaran en sus oficinas de la planta número ochenta. Pero abrumada de miedo, se puso a bajar las escaleras. Había llegado a la planta sesenta y uno cuando el segundo avión alcanzó su edificio. Ella consiguió llegar a casa. Por supuesto, la emoción no es un sistema de alarma infalible, como demuestra la experiencia de Darwin. Julie podría haber realizado el cálido y ansioso descenso de ochenta plantas para nada. Pero en la supervivencia, los falsos positivos son siempre más valiosos que los falsos negativos. Te irá mejor prestando atención a una emoción de advertencia que ignorándola. Como señaló George Santayana [(1863-1952)], a menudo es «sabiduría creer al corazón».

La emoción también es la gran comunicadora. Da vueltas en nuestros cuerpos y sale hacia fuera, lo queramos o no, como señales para los demás. Estimula nuestro propio comportamiento y transmite a los demás nuestras necesidades más profundas, lo mismo que a nosotros las de ellos. En este aspecto, resulta vital para nuestras relaciones amorosas. Nuestra pareja es central para nuestro sentido de seguridad. ¿Cómo nos puede cobijar, ser nuestro refugio seguro, si no sabe de qué tenemos miedo y qué anhelamos profundamente? La emoción es la música del baile entre las personas que se aman; nos dice dónde poner los pies, y le dice a nuestra pareja dónde poner los suyos.

Difundimos la emoción principalmente a través de nuestras expresiones faciales y tono de voz, y recogemos y comprendemos esas señales instantáneamente. Solo hacen falta 100 milésimas de segundo para que nuestro cerebro registre la mínima alteración en la cara de otra persona y solo 300 milésimas más para sentir en nuestro propio cuerpo lo que vemos en esa cara: para reflejar el cambio que vemos. La emoción es contagiosa; literalmente «agarramos» los sentimientos de los demás y sentimos lo que la otra persona está sintiendo, y esta es la base de la empatía.

Fuente:
Sue Johnson, Love Sense: The Revolutionary New Science of Romantic Relationships [Sentido del amor: la nueva ciencia revolucionaria de las relaciones románticas], Little, Brown and Company, 2013, trad. Ben Carral.

¿Por qué duele tanto cuando tu pareja no te responde?


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Por Jenev Caddell (doctora en Psicología)

Trad. Ben Carral

Jenev CaddellQuizá has estado allí: Quieres llegar al fondo de algo con tu ser amado y no obtienes respuesta. No tienes ni idea de cómo hacer para que tu pareja se abra. Experimentas frustración, incredulidad, ira e incluso puede resultar doloroso.

Te podrías cuestionar a ti mismo por qué permites que te moleste tanto, pero en realidad puede que este dolor simplemente sea el resultado de que eres humano. Este artículo verterá algo de luz sobre por qué puede resultar tan doloroso cuando tu pareja no te responde, de manera que puedas de dejar de ser duro contigo por ser tan «necesitado» y aprender más acerca de cómo tratar con este problema.

La ciencia detrás del amor romántico

Recientemente, gracias a investigadores y psicólogos como la doctora Sue Johnson, se ha descubierto una nueva ciencia del amor. Básicamente explica por qué las parejas hablan en términos de vida y muerte cuando tiene que ver con sentirse conectados el uno con el otro, y cómo hacer que el amor funcione. En sus propias palabras, tomadas de su best-seller Love Sense: The Revolutionary New Science of Romantic Relationships [Sentido del amor: la nueva ciencia revolucionaria de las relaciones románticas], Johnson escribe esto: «El primer y principal instinto de los seres humanos no es el sexo ni la agresión. Es buscar contacto y una conexión reconfortante».

Respaldada por la última investigación en neurobiología interpersonal, neurociencia y psicología, la nueva ciencia del amor compara el vínculo entre los dos miembros de una pareja romántica con el vínculo que existe entre una madre o un padre y un hijo. Al ser ignorado o no conseguir una respuesta, un miembro de la pareja recibe el mensaje de que no es importante y, probablemente, su cerebro entre en un pánico primordial y envíe señales de peligro al resto del cuerpo.

La nueva ciencia nos recuerda que, en cuanto humanos, somos criaturas sociales, y cuando se nos aisla de la tribu, es como si ya hubiéramos muerto. Incluso hoy, aunque tendemos a privilegiar nuestra inteligencia por encima de las emociones, no podemos ser más listos que nuestros instintos. A menudo, la tribu de alguien es su pareja, y cuando es desconectado, se puede sentir dolorido, asustado y amenazado de muerte en cierto nivel.

El mensaje aquí es que si sientes mucho dolor y frustración cuando no se te responde, no es que estés loco, simplemente eres humano.

El dolor social es real

El dolor emocional se registra en el mismo lugar del cerebro que el dolor físico. El dolor social y el dolor emocional son pistas para nuestros sistemas físicos de que algo ha ido mal. Ambos activan un sistema de alarma al que no podemos evitar atender. Porque somos criaturas sociales por naturaleza, cuando otro nos rechaza o nos abandona, especialmente un ser amado, literalmente nos hace daño. Lo que significa: Sabe que tu dolor es real. A pesar de todos los mensajes que podrías recibir diciendo otra cosa: No eres débil por sentir dolor cuando no se te responde.

Haz algo acerca de ello

No hay razón para que toleres una relación en la que no se te responde. Sin embargo, para tu pareja puede que probablemente esté sucediendo más por debajo de la superficie de lo que te das cuenta. Los dos podríais estar atrapados en un patrón que causa una desconexión en la que tú continúas presionando y tu pareja continúa apartándose. Por difícil que sea encontrarse en una relación definida por este patrón, existen salidas.

El libro de la doctora Sue Johnson Abrázame fuerte: siete conversaciones para un amor duradero (Hold Me Tight: Seven Conversations for a Lifetime of Love) es un recurso para ayudarte a entender esta interacción un poco más, y contactar con un buen consejero de parejas también puede resultar extremadamente útil para ayudaros a los dos a entenderos más el uno al otro.

Fuente:
Jenev Caddell, «Why is it so painful when your partner doesn’t respond to you?», en Mentalhealth.about.com, actualización: 28 de diciembre de 2014, visita: 25 de enero de 2015, trad. Ben Carral.