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La ciencia dice que las relaciones duraderas se resumen en dos rasgos básicos


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Por Emily Esfahani Smith (escritora)

Trad. Ben Carral

Emily Esfahani SmithLo has adivinado, la ciencia dice que las relaciones duraderas se resumen en amabilidad y generosidad.

Todos los días de junio, el mes más popular del año para casarse, cerca de 13.000 parejas estadounidenses se dan el «Sí quiero», comprometiéndose a una relación para toda la vida que estará llena de amistad, alegría y amor, y que les hará seguir adelante hasta sus últimos días en esta tierra.

Excepto que, claro está, no termina así para la mayoría de las personas.

La mayoría de los matrimonios fracasan, ya sea terminando en divorcio o separación, ya sea transformándose en amargura y disfunción.

De todas las personas que se casan, solo tres de cada diez permanecen en matrimonios saludables y felices, como señala el psicólogo Ty Tashiro en su libro The Science of Happily Ever After [La ciencia de felizmente para siempre], que se publicó a principios de este año.

En respuesta a una crisis: las parejas casadas se estaban divorciando a un ritmo sin precedentes, los científicos sociales comenzaron a estudiar los matrimonios observándolos en acción en la década de 1970. Preocupados por el impacto que estos divorcios tendrían en los hijos de los matrimonios rotos, los psicólogos decidieron echar sus redes sobre las parejas, llevándolas al laboratorio para observarlas y averiguar cuáles eran los ingredientes de una relación saludable y duradera.

¿Las parejas infelices eran cada una infeliz a su manera, como afirmó Tolstoy, o los matrimonios desdichados compartían algo tóxico en común?

El psicólogo John Gottman fue uno de esos investigadores. Durante las últimas cuatro décadas, ha estudiado a miles de parejas en un intento por averiguar qué hace que las relaciones funcionen. Recientemente tuve la oportunidad de entrevistar en Nueva York a Gottman y a su mujer, Julie, también psicóloga. Los renombrados expertos en estabilidad matrimonial dirigen juntos The Gottman Institute, que se dedica a ayudar a las parejas a construir y mantener relaciones amorosas y saludables en base a estudios científicos.

John Gottman comenzó a reunir sus descubrimientos más importantes en 1986, cuando estableció The Love Lab [El laboratorio del amor] junto a su colega Robert Levenson en la Universidad de Washington. Gottman y Levenson llevaron al laboratorio a recién casados y les observaron interactuar entre ellos.

Con un equipo de investigadores, pusieron electrodos a las parejas y les pidieron que hablasen sobre su relación, asuntos como dónde se conocieron, un conflicto importante que estuvieran afrontando juntos y un recuerdo positivo que tuviesen. Según hablaban, los electrodos medían el flujo sanguíneo de los sujetos, la frecuencia cardiaca y cuánto sudor producían. Luego, los investigadores enviaron a las parejas a casa y les hicieron un seguimiento a los seis años para ver si seguían juntas.

A partir de los datos que recogieron, Gottman separó a las parejas en dos grupos principales: las expertas y las desastrosas. Las expertas seguían felizmente juntas después de seis años. Las desastrosas o se habían divorciado o estaban crónicamente infelices en sus matrimonios.

Cuando los investigadores analizaron los datos que reunieron sobre las parejas, vieron diferencias claras entre las expertas y las desastrosas. Las desastrosas parecían calmadas durante las entrevistas, pero su fisiología, medida por los electrodos, contaba una historia diferente. Su frecuencia cardiaca era elevada, sus glándulas sudoríparas se encontraban activas y su flujo sanguíneo era rápido. Siguiendo a miles de parejas en un estudio longitudinal, Gottman descubrió que cuanto más se activaban fisiológicamente las parejas en el laboratorio, antes se deterioraban sus relaciones.

¿Pero qué tiene que ver la fisiología? El problema es que las desastrosas mostraban todas las señales de excitación en sus relaciones, de encontrarse en el modo de huida o lucha. Para sus cuerpos, tener una conversación sentadas junto a su cónyuge era como enfrentarse a un tigre dientes de sable.

Incluso cuando hablaban de aspectos agradables o mundanos de sus relaciones, estaban preparadas para atacar o ser atacadas. Esto disparaba sus frecuencias cardiacas y les volvía más agresivas entre ellas. Por ejemplo, cada miembro de la pareja podía estar hablando sobre cómo le había ido el día, y un marido altamente excitado podría decir a su mujer: «¿Por qué no empiezas a hablar de tu día? No te llevará mucho».

En contraste, las expertas mostraban una excitación fisiológica baja. Se sentían calmadas y conectadas entre sí, lo que se traducía en un comportamiento cálido y afectuoso, incluso cuando se peleaban. No es que las expertas tuvieran por defecto una mejor composición fisiológica que las desastrosas; es que las expertas habían creado un clima de confianza e intimidad que les hacía sentirse más cómodas emocionalmente y, por tanto, físicamente.

Gottman quería saber más acerca de cómo las expertas creaban esa cultura de amor e intimidad, y cómo las desastrosas la echaban por tierra. En un segundo estudio en 1990, diseñó un laboratorio en el campus de la Universidad de Washington que se parecía a un hermoso retiro en régimen de alojamiento y desayuno.

Invitó a 130 parejas recién casadas a pasar el día en este retiro y las observó mientras hacían lo que las parejas hacen normalmente en vacaciones: cocinar, limpiar, escuchar música, comer, hablar y pasar el rato. Gottman hizo un descubrimiento fundamental en este estudio; un estudio que llega a la raíz de por qué algunas relaciones prosperan y otras languidecen.

A lo largo del día, las parejas hacían solicitudes de conexión, a las que Gottman llama peticiones. Por ejemplo, digamos que el marido es un entusiasta de los pájaros y se fija en un jilguero que vuela en el jardín. Podría decirle a su mujer: «¡Mira qué pájaro tan bonito hay afuera!». No se está limitando a comentar sobre el pájaro: está solicitando una respuesta de su mujer —una muestra de interés o apoyo— esperando conectar con ella, aunque sea momentáneamente, acerca del pájaro.

Entonces la mujer tiene una elección. Puede responder «acogiendo» a su marido o «alejándose» de él, como dice Gottman. Aunque la petición acerca del pájaro podría parecer menor o tonta, realmente puede revelar mucho sobre la salud de la relación. El marido pensó que el pájaro era lo bastante importante como para comentarlo y la cuestión es si su mujer reconoce esto y lo respeta.

Las personas que acogieron a sus parejas durante el estudio respondieron implicándose con el peticionista, mostrando interés y apoyo en la petición. Quienes no lo hicieron, las que se alejaron, no respondieron o respondieron mínimamente y siguieron con lo que estaban haciendo, como mirar la televisión o leer el periódico. A veces respondían con una hostilidad manifiesta, diciendo algo como: «Deja de interrumpirme, estoy leyendo».

Estas interacciones de petición tuvieron profundos efectos en el bienestar marital. Las parejas que se habían divorciado durante un seguimiento de seis años tuvieron una «petición acogida» el 33 por ciento de las veces. Solo fueron satisfechas con intimidad tres de cada diez de sus peticiones de conexión emocional. Las parejas que seguían juntas después de seis años tuvieron una «petición acogida» el 87 por ciento de las veces. Satisfacían las necesidades emocionales de sus parejas nueve de cada diez veces.

Observando estos tipos de interacciones, Gottman puede predecir con un 94 por ciento de certeza si las parejas —heteros o gays, ricas o pobres, con hijos o sin ellos— se romperán, permanecerán juntas e infelices o juntas y felices varios años después. Mucho depende del espíritu que las parejas traigan a la relación. ¿Traen amabilidad y generosidad, o desprecio, crítica y hostilidad?

«Las expertas tienen un hábito mental», explicó Gottman en una entrevista. «Exploran el entorno social en busca de cosas que puedan apreciar y dar las gracias por ellas. Construyen esta cultura de respeto y aprecio con mucha determinación. Las desastrosas exploran el entorno social en busca de los errores de sus parejas.»

«No es solo explorar el entorno social», replicó Julie Gottman. «Se trata de explorar a la pareja en busca de lo que la pareja está haciendo bien o de explorarla en busca de lo que está haciendo mal y criticar en vez de respetarla y mostrar aprecio.»

Han descubierto que el desprecio es el factor principal que destruye a las parejas. Las personas que se centran en criticar a sus parejas pasan por alto un enorme 50 por ciento de las cosas positivas que sus parejas están haciendo y ven negatividad donde no la hay.

Las personas que hacen el vacío a sus parejas —ignorándolas de manera deliberada o respondiendo mínimamente— dañan la relación al hacer que sus parejas se sientan inútiles e invisibles, como si no estuvieran allí, no valoradas. Y las personas que tratan a sus parejas con desprecio y las critican no solo matan el amor de la relación, sino que también matan la capacidad de sus parejas para combatir los virus y los cánceres. Ser irrespetuoso es el toque de difuntos de las relaciones.

Por otra parte, la amabilidad une a las parejas. Una investigación independiente de la suya ha demostrado que la amabilidad (junto con la estabilidad emocional) es el predictor más importante de satisfacción y estabilidad en un matrimonio. La amabilidad hace que cada miembro de la pareja se sienta cuidado, comprendido y validado, que se sienta querido. «Mi generosidad es tan ilimitada como el mar; mi amor tan profundo. Cuanto más te doy, más tengo, pues la una y el otro son infinitos», dice la Julieta de Shakespeare. Así funciona también la amabilidad: existe una gran evidencia que muestra que cuanta más amabilidad recibe o presencia una persona, más amable será, lo que da lugar a espirales ascendentes de amor y generosidad en las relaciones.

Existen dos maneras de pensar en la generosidad. Puedes pensar en ella como un rasgo fijo: o la tienes o no la tienes. O puedes pensar en la amabilidad como un músculo. En algunas personas, el músculo es más fuerte por naturaleza que en otras, pero con ejercicio se puede fortalecer en todo el mundo. Las expertas tienden a pensar en la amabilidad como un músculo. Saben que tienen que ejercitarla para mantenerla en forma. En otras palabras, saben que una buena relación requiere un trabajo duro continuado.

«Si tu pareja expresa una necesidad», explicó Julie Gottman, «y te encuentras cansado, estresado o distraído, entonces interviene el espíritu generoso cuando tu pareja hace una petición y tú la sigues acogiendo.»

En ese momento, la respuesta fácil puede ser alejarte de tu pareja y centrarte en tu iPad, en tu libro o en la televisión, mascullar «A ah» y seguir con tu vida, pero descuidar los pequeños momentos de conexión emocional desgastará lentamente vuestra relación. El descuido crea distancia entre las parejas y engendra resentimiento en el miembro que está siendo ignorado.

Por supuesto, el momento más difícil para practicar la generosidad es durante una pelea, pero también es el momento más importante en el que ser amable. Dejar que el desprecio y la agresión se disparen fuera de control durante un conflicto puede provocar un daño irreparable en una relación.

«Amabilidad no significa que no expresemos nuestra ira», explicó Julie Gottman, «pero la amabilidad informa cómo escogemos expresar la ira. Puedes lanzar puyas a tu pareja. O puedes explicar por qué estás dolido y enfadado, y ese es el camino más amable.»

John Gottman elaboró sobre esas puyas: «Durante una pelea, las desastrosas dirán las cosas de manera diferente. Las desastrosas dirán: “Llegas tarde. ¿Qué pasa contigo? Eres como tu madre”. Las expertas dirán: “Siento molestarte acerca de tu tardanza, y sé que no es culpa tuya, pero es realmente fastidioso que llegues tarde otra vez”.»

Para los cientos de miles de parejas que se casan cada junio —y para los millones de parejas que están juntas en la actualidad, casadas o no—, las lecciones de esta investigación son claras: Si queréis tener una relación estable y saludable, ejercitad la amabilidad cuanto antes y con frecuencia.

Cuando las personas piensan en practicar la amabilidad, a menudo piensan en pequeños actos de generosidad, como comprar pequeños regalos las unas para las otras o darse masajes en la espalda de vez en cuando. Aunque son grandes ejemplos de generosidad, la amabilidad también se puede construir en la misma columna vertebral de una relación mediante el modo en que la pareja interactúa entre sí en el día a día, haya o no masajes en la espalda y chocolates.

Una manera de practicar la amabilidad es ser generoso respecto a las intenciones de tu pareja. Por la investigación de los Gottman, sabemos que las desastrosas ven negatividad en sus relaciones incluso cuando no la hay. Por ejemplo, una esposa enfadada puede asumir que cuando su marido deja levantada la tapa del retrete, está intentando fastidiarla de manera deliberada. Pero puede que él simplemente se haya olvidado de bajarla por un despiste.

O digamos que una esposa llega tarde a cenar (otra vez), y el marido asume que ella no le valora lo suficiente como para llegar a tiempo a su cita después de que él se tomara la molestia de hacer la reserva y salir pronto del trabajo para poder compartir juntos una noche romántica. Pero resulta que la esposa llega tarde porque se paró en una tienda para comprarle un regalo para su noche especial fuera de casa.

Imaginémosla uniéndose a él para cenar, excitada por darle el regalo, solo para darse cuenta que él tiene un humor avinagrado porque malinterpretó lo que estaba motivando el comportamiento de ella. La capacidad para interpretar con benevolencia las acciones e intenciones de tu pareja puede ablandar el cortante filo del conflicto.

«Incluso en las relaciones donde las personas están frustradas, casi siempre suceden cosas positivas y las personas intentan hacer lo correcto», me dijo el psicólogo Ty Tashiro. «Aunque la ejecución termine siendo pobre, muchas veces tu pareja intenta hacer lo correcto. Así que aprecia el intento.»

Otra poderosa estrategia de amabilidad gira en torno a la alegría compartida. Una de las señales reveladoras de las parejas desastrosas que Gottman estudió era su incapacidad de conectar con las buenas noticias del otro. Cuando una persona en la relación compartía con excitación, digamos, la buena noticia de un ascenso en el trabajo, la otra respondía con un desinterés inexpresivo mirando el reloj o cortando la conversación con una frase como: «Está bien».

Todos hemos oído que las parejas deberían estar ahí la una para la otra cuando las cosas se ponen difíciles. Pero la investigación demuestra que, para la calidad de la relación, en realidad es más importante estar ahí el uno para el otro cuando las cosas marchan bien. Cómo responde uno a las buenas noticias de su pareja puede tener consecuencias drásticas para la relación.

En un estudio de 2006, la psicóloga investigadora Shelly Gable y sus colegas llevaron al laboratorio a parejas de adultos jóvenes para discutir sucesos positivos recientes de sus vidas. Los psicólogos querían saber cómo responderían los miembros de la pareja a las buenas noticias del otro. Descubrieron que, en general, las parejas respondían a las buenas noticias del otro de cuatro maneras diferentes que llamaron: destructiva pasiva, destructiva activa, constructiva pasiva y constructiva activa.

Digamos que, en una pareja, la mujer había recibido recientemente la excelente noticia de su admisión en la escuela de Medicina. Ella diría algo como: «¡Me aceptaron en mi escuela de Medicina preferida!».

Si su pareja respondiera de manera destructiva pasiva, ignoraría el suceso. Por ejemplo, él podría decir algo como: «¡No vas a creer la gran noticia que me dieron ayer! ¡Gané una camiseta gratis».

Si su pareja respondiera de manera constructiva pasiva, reconocería las buenas noticias, pero de manera poco entusiasta, comedida. Una típica respuesta constructiva pasiva sería: «Es estupendo, cariño», mientras escribe un mensaje de texto a un amigo.

En el tercer tipo de respuesta, la destructiva activa, él rebajaría las buenas noticias que su pareja acaba de recibir: «¿Estás segura de que puedes con todo el estudio? ¿Y qué hay del coste? ¡La escuela de Medicina es tan cara!».

Finalmente existe la manera de responder constructiva activa. Si su pareja respondiera de este modo, él dejaría de hacer lo que estuviera haciendo y se implicaría totalmente con ella: «¡Genial! ¡Felicidades! ¿Cuándo te enteraste? ¿Te llamaron ellos? ¿Qué clases vas a coger el primer semestre?».

Entre los cuatro estilos de respuesta, lo más amable es responder de manera constructiva activa. Mientras que los otros estilos de respuesta matan la alegría, responder de manera constructiva activa le permite a ella saborear su alegría y le da a la pareja la oportunidad de vincularse a través de la buena noticia. En el lenguaje de los Gottman, responder de manera constructiva activa es una manera de «acoger» la petición de tu pareja (compartir la buena noticia) en vez de desestimarla.

Para la salud de las relaciones resulta crítico responder de manera constructiva activa. En el estudio de 2006, Gable y sus colegas hicieron un seguimiento de las parejas dos meses después para ver si seguían juntas. Los psicólogos descubrieron que la única diferencia entre las parejas que seguían juntas y las que rompieron era responder de manera constructiva activa. Las que mostraban un interés genuino en las alegrías de su pareja tenían más probabilidades de seguir juntas. En un estudio anterior, Gable descubrió que responder de manera constructiva activa también se asocia con una mayor calidad de la relación y con más intimidad entre los miembros de la pareja.

Existen muchas razones por las que fracasan las relaciones, pero si observas qué conduce al deterioro de muchas relaciones, a menudo se trata de un problema de amabilidad. A medida que se van acumulando los estreses normales de la vida en común —con hijos, carreras profesionales, amigos, familia política y otras distracciones que reducen el tiempo para el romance y la intimidad—, las parejas pueden poner menos esfuerzo en su relación y permitir que les destrocen las quejas sin importancia que tienen el uno del otro.

En la mayoría de los matrimonios, los niveles de satisfacción caen drásticamente en los primeros años de vida en común. Pero entre las parejas que no solo aguantan, sino que viven felizmente juntas durante años y años, el espíritu de la amabilidad y la generosidad les guía hacia adelante.

Fuente:
Emily Esfahani Smith, «Masters of Love» [Maestros del amor], en Theatlantic.com, 12 de junio de 2014, visita: 16 de noviembre de 2014, trad. Ben Carral.