Archivo de la etiqueta: sexo

Sexo de vainilla: qué es y por qué deberías disfrutarlo


Esta entrada se publicó en amor y está etiquetada con , , , , , , , en por .

Por Vagdevi Meunier (doctora en Psicología; miembro del Consejo Asesor de Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Vagdevi MeunierEl sexo se encuentra en todas partes en la cultura estadounidense. Desde anuncios deportivos a la venta de comida, no es difícil encontrar a una modelo esbelta y guapísima dando un bocado a una hamburguesa gigante o sobre el capó de un coche nuevo.

Sin embargo, en general, no estamos acostumbrados a hablar de sexo con nuestras parejas íntimas, somos reticentes y torpes. Como terapeuta de parejas, a veces tengo que detener a mis parejas en medio de una discusión para preguntarles por qué están peleando. A menudo, la respuesta es: «Por nuestra vida sexual», pero si te hubieras sentado en mi silla, todo lo que habrías escuchado son frases como: «Lo quieres hacer todo el tiempo, pero no tengo tiempo para eso», o: «Quiero más de aquella chispa que teníamos cuando empezamos a vernos».

Utilizamos austeros y fríos términos clínicos para referirnos a nuestras partes corporales íntimas o caemos en la jerga callejera. No es raro que escuche términos como «Chichi» y «Miembro» [en el original: «VJ» y «Peter»] mientras las personas intentan navegar las turbulentas aguas del deseo sexual. Ya es lo bastante duro mantener nuestro interés y diversión cuando tenemos sexo con la misma persona más de 100 veces. ¿Por qué nos lo tenemos que complicar mucho más intentando hablar de manera tan indirecta?

La triste verdad es que tenemos que hablar del sexo en términos indirectos porque hemos creado muchas capas de moralidad, mitología y distorsiones acerca de lo que puede ser la intimidad sexual real entre una pareja comprometida. No podemos hablar sobre el sexo de manera sencilla porque no entendemos el sexo en términos sencillos. Lo complicamos con tabúes, charla interior negativa y vergüenza. Las consecuencias resultantes son trágicas, especialmente para las parejas comprometidas desde hace tiempo, porque la falta de comunicación precisa significa que no pueden arreglar lo que no funciona bien y terminan culpándose y avergonzándose el uno al otro por problemas que no son culpa de ninguno de los dos.

El sexo tántrico es sexo consciente

Como soy una mujer de la India, muchas personas me preguntan si tengo conocimientos de sexo tántrico o del Kama sutra. Ciertamente sé algo acerca de estas perspectivas orientales sobre el placer sexual. Sin embargo, lo que sé sobre sexo místico puede sorprender a la mayoría. El sexo tántrico fue un término acuñado en occidente donde algunos de sus originadores tradujeron el gozo espiritual en éxtasis sexual. El tantra tiene que ver con espiritualidad sagrada y engloba muchas tradiciones sobre la transformación de la experiencia física de la realidad en experiencia mística.

De manera parecida, el Kama sutra realmente tiene que ver con el cariño y la nutrición emocional de mujeres y hombres. Aunque contiene información sobre muchas posiciones sexuales que aumentan el placer, la mayor parte de este texto antiguo se dedica a ayudar a los hombres y mujeres a comprender las reglas de la sociedad en la que vivían.

La esencia del sexo tántrico es la meditación mindfulness (atención plena). Definida en términos simples por Jon Kabat-Zinn, la meditación mindfulness consiste en prestar atención a propósito al momento presente sin juicios ni expectativas. Lo que realmente significa es que no necesitáis juguetes, vídeos ni equipamientos fantasiosos para mejorar vuestra experiencia sexual. Nada os impide utilizar esas ayudas maritales, pero el sexo de vainilla puede ser mucho más poderoso e íntimo si podéis seguir unos pocos principios básicos. Aquí presento algunas cosas que debéis y no debéis hacer para tener un asombroso sexo de vainilla con mindfulness tántrica:

  1. No utilicéis el sexo para ocuparos de otros sentimientos como la soledad, la ansiedad, la tristeza, el hambre y la sed emocionales (o el hambre y la sed físicas) y la ira. Cuando se utiliza el sexo como herramienta de canalización, el acto de intimidad acumula un montón de capas de significado, equipaje y tendencias ocultas. El sexo que está cargado con el desperdicio psicológico de la relación se volverá monótono y aburrido.
  2. Tomaos tiempo para estar presentes, conscientes y despiertos durante el sexo. Tomaos tiempo para daros una ducha, cepillaros los dientes o hacer otras cosas que os hagan sentir frescos y confiados para el sexo. Tomaos algo de tiempo para dejar a un lado el estrés, los cuidados y las preocupaciones de otras partes de vuestra vida, para que podáis crear una burbuja sexual entre vuestra pareja y vosotros que SOLO trate de lo que está sucediendo en ese momento entre los dos.

Experimentad

Si queréis experimentar, experimentad con pequeños cambios que puedan producir resultados poderosos. Dejad las luces encendidas mientras tenéis sexo si acostumbráis a hacerlo a oscuras. Abrid los ojos cuando os beséis o estéis teniendo un orgasmo; os sorprenderá el gran impacto tiene sobre vuestro placer sensorial (a no ser que os distraiga, en cuyo caso consultad el punto dos anterior). Descubrid la sensualidad que se conecta con el contacto piel a piel que estáis teniendo el uno con el otro. Imaginaos experimentando con el tacto sensual, el juego sensorial y la excitación sexual más allá de los genitales.

Disfrutad el viaje

¡Frenad! El sexo no es una carrera para llegar a la meta y cuando se trata como tal, se sentirá que la línea de meta (u orgasmo) es más difícil de alcanzar o se volverá decepcionante. Tomad el  compromiso de disfrutar del proceso, de encontraros a vosotros mismos y de descubrir la experiencia emocional de vuestra pareja en la conmovedora intimidad que estáis teniendo el uno con el otro, y olvidaos del orgasmo. Pensad en el sexo como un viaje con muchas paradas de descanso y en el destino como solo una vacación temporal. En otras palabras, el orgasmo es simplemente una señal de liberación física. Pensad en el sexo más allá de los orgasmos e imaginad qué cambiaría si trataseis el orgasmo como algo innecesario en el placer sexual.

Comenzad antes los juegos preliminares

La intimidad sexual sin seguridad e intimidad en la relación es simplemente un acto físico y biológico, no muy diferente a aliviarte cuando tienes la vejiga llena. El juego preliminar comienza cuando tienes un momento de conexión verbal o no verbal con alguien que va más allá de una amistad. Comienza el juego sexual preliminar con tu pareja una semana, un día o varias horas antes de que empiece el mambo horizontal. Esto significa que el juego preliminar incluye todas las pequeñas y grandes cosas que haces en una relación y que invitan a tu pareja a una conexión íntima especial contigo. Para algunos de nosotros significa fregar los platos después de cenar, ofrecerse a acostar a los niños para que tu pareja pueda tomarse un descanso o una ducha o incluso hacer la compra semanal y recordar coger la marca de leche de soja, de cereales o de precocinados que le gusta a tu pareja. Significa hacer saber a nuestra pareja que pensamos en ella; queremos conocerla en toda su complejidad imperfecta y queremos sentirnos cerca de ella en nuestros corazones y en nuestras mentes aun cuando no estamos juntos.

El acto de conocer y conectar el uno con el otro a lo largo de la semana establece una anticipación deliciosa que añade al reino sensual la carga eléctrica precisa que nos hace temblar y vibrar cuando el acto de conocerse se actualiza en intimidad sexual.

El sexo de vainilla es mejor que bueno

¿Por qué es sexo de vainilla? Porque es sexo simple y sencillo, con solo una pizca de especias y condimento que lo eleva a un momento sublime de experiencia sensual. Es sexo sin un montón de reglas y restricciones. No es un sundae del sexo, es probar un sabor y saborear y disfrutar realmente los matices de ese sabor único. Por eso me encanta el sexo de vainilla y espero con placer su simplicidad y nutrición sublime. En este mundo del sexo de vainilla, todo lo que haces en una relación se convierte en juego preliminar y cada momento lleva el potencial para una conexión emocional profunda. Probadlo y veréis a lo que me refiero.

Fuente:
Vagdevi Meunier, «Vanilla Sex: What it is and why you should enjoy it», en Nationalmarriageseminars.com, 25 de febrero de 2015, visita: 1 de marzo de 2015, trad. Ben Carral.

Abrázame fuerte (2.ª parte)


Esta entrada se publicó en amor y está etiquetada con , , , , , , , en por .

Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Viene de: Abrázame fuerte

Sue JohnsonReparando los vínculos

Durante años, los terapeutas han visto estos diálogos demoniacos como luchas de poder. Han intentado resolver las peleas de las parejas enseñándoles habilidades de resolución de problemas. Pero es un poco como ofrecer un Kleenex para curar una neumonía vírica. Ignoran las cuestiones de apego que subyacen a la pauta. Desde el punto de vista del apego, la cuestión no se trata de conflicto ni de control, sino de distancia emocional.

Y lo que resulta frustrante para las personas es no saber cómo eliminar esa distancia emocional. En mi consulta, los hombres me dicen a veces: «Hago todo tipo de cosas para mostrar que me preocupo. Corto el césped, traigo un buen salario, soluciono problemas y no tengo líos. ¿Por qué al final todas estas cosas no parecen importar y todo lo que cuenta para mi mujer es que hablemos de temas emocionales y nos abracemos?». Les digo: «Porque así es como estamos hechos. Necesitamos que alguien nos preste atención de verdad, que nos agarre fuerte. ¿Has olvidado que tú también lo necesitas?».

Cuando peleamos con nuestras parejas, tendemos a seguir la pelota según pasa la red, prestando atención al último ataque que nos lanzan; y no a si queremos participar en el juego en primer lugar. Es posible escapar de los diálogos demoniacos, pero el primer paso es ser conscientes del mismo juego, no limitarnos a seguirlo. Una vez que os dais cuenta de que estáis atrapados en vuestra pauta de discusión, podéis acordar detener todo el partido.

Las decepciones forman parte de toda relación. Pero siempre puedes elegir cómo gestionarlas. ¿Reaccionarás a la defensiva, por miedo, o con un espíritu de comprensión? Digamos que tu pareja dice: «Esta noche no me siento con ganas de sexo». Puedes tomar una respiración profunda, pensar en lo mucho que ella te quiere y decir: «Vaya, es una pena. Realmente me apetecía». O puedes soltar sarcásticamente: «¡Vale! Bueno, ya nunca hacemos el amor, ¿verdad?».

Por supuesto, si se ha pulsado tu botón de pánico y tienes las emociones hirviendo, puede que sientas que no tienes elección. Pero el mero hecho de ser consciente de que ha sido pulsado te puede ayudar a calmarte. Puedes pensar para ti mismo: «¿Qué está sucediendo aquí? Estoy gritando. Pero dentro me estoy sintiendo realmente pequeño». Entonces puedes decirle a tu pareja: «Realmente estoy muy asustado; me siento dolido».

Si das el salto de fe y respondes con una petición de reconexión así, tienes que esperar que tu pareja también lo va a hacer, en vez decir algo doloroso como: «Bueno, estás siendo estúpido y difícil». Esa es la parte delicada de las relaciones. Para cambiar el baile, las dos personas tienen que cambiar sus pasos.

Simplemente aceptar tus necesidades de apego en vez de sentirte avergonzado de ellas es un primer paso grande y necesario, y se aplica a las personas solteras al igual que a las emparejadas. Un soltero podría decir: «Me encuentro deprimido porque estoy solo, y sé que no me debería sentir solo. Sé que debería ser independiente». Bueno, por supuesto que te encuentras deprimido si te sientes solo, y ¡encima vas y te ensañas contigo mismo por ello! Cuando te sientes avergonzado, tiendes a ocultarte de los demás, poniendo en marcha un círculo vicioso que prácticamente asegura que no encontrarás la conexión social que necesitas.

Tactos sanadores

A menudo, un hombre me dirá: «Aunque realmente crea que ella me necesita o se encuentra asustada, ¡no sé qué hacer!». Terminará preparándole a su mujer una taza de té, lo que resulta muy amable, pero no es lo que hace falta. Sin embargo, si le hubiera puesto la mano en el hombro y la hubiera acercado hacia él, su petición de reconexión hubiese tenido mucho más éxito.

A menudo, los hombres no saben qué hacer. Y, sin embargo, los hombres sí saben calmar; lo hacen con sus hijos, arropándoles por la noche y susurrándoles con delicadeza. La diferencia es que ven la vulnerabilidad de sus hijos y responden a ella. Sin embargo, cuando miran a su mujer, solo ven a alguien que les juzga. Pero ella también se siente vulnerable.

Tocar es la manera más básica de conectar con otro ser humano. Tomar la mano de tu pareja cuando se siente nerviosa o tocarle en el hombro en medio de una discusión puede calmar inmediatamente la ansiedad y la ira.

Durante los últimos años, el mundo de la terapia ha estado obsesionado con mantener los límites. Yo digo que nuestro problema es justo el contrario; estamos todos aislados los unos de los otros.

Si observas a dos personas enamoradas, se tocan todo el tiempo. Si observas a dos personas que, después de haber caído en los diálogos demoniacos, están encontrando el modo de volver a una relación amorosa, también se tocan más. Literalmente contactan el uno con el otro. Es una señal tangible de su deseo de conexión.

Sexo seguro (y picante)

Un gran mito sobre el amor es que tiene fecha de caducidad, que la pasión es una fiebre abrasadora que se va apagando. Es bastante estúpido. No encuentro ninguna razón científica ni humana por la que las personas no puedan tener felices relaciones amorosas de larga duración.

Las personas que tienen aventuras, no lo hacen porque sus vidas sexuales resulten aburridas. Nadie ha venido nunca a mi consulta y me ha dicho que tuvo una aventura porque se aburría en la cama. Tienen aventuras porque se sienten solas, porque no pueden conectar emocionalmente con su pareja. Entonces, alguien les sonríe y les hace sentirse espaciales y valoradas, y de repente se encuentran en esta extraña situación en la que están comprometidas con una persona, pero responden a otra.

La pasión es como cualquier otra cosa. Viene y va. Pero el sexo resultará siempre aburrido si solo tiene una dimensión, aislado de la conexión emocional. Por otra parte, si estás implicado emocionalmente, el sexo tiene cien dimensiones, y es tanto juego como pasión.

A este tipo de sexo seguro lo llamo sexo en sintonía, en el que se reúnen la apertura y la responsividad emocionales, el tacto cariñoso y la exploración erótica. Cuando las parejas tienen una conexión emocional segura, la intimidad física puede conservar todo su ardor y creatividad iniciales, e incluso más. En cierto momento, las personas que se aman pueden ser tiernas y juguetonas, y en otro, ardientes y eróticas. Las parejas apegadas de modo seguro pueden expresar sus necesidades y preferencias más abiertamente, y están más abiertas a experimentar sexualmente con su compañera o compañero.

En una relación segura, la excitación no viene de intentar resucitar los novedosos momentos de pasión alocada, sino del riesgo que supone permanecer abiertos en la experiencia que sucede instante tras instante, en el aquí y ahora de la conexión física y emocional. Esta apertura viene acompañada del conocimiento de que hacer el amor con tu pareja es siempre una nueva aventura.

Amor duradero

Una vez que has reconectado con tu pareja, y los dos estáis satisfaciendo vuestras necesidades de apego, tenéis que seguir trabajando en ser emocionalmente responsivos el uno con el otro. Lo podéis hacer ayudándoos a identificar las cuestiones de apego que tienden a surgir en vuestras discusiones recurrentes.

Por ejemplo, si estallas siempre por los arriesgados viajes de escalada de tu novia, habla con ella de cómo la ira nace del miedo a perderla. Averigua cómo puede ella tomar más precauciones. O si a menudo te sientes abandonada cuando te quedas con la mayor parte del cuidado de los niños, planea cómo tu marido y tú podéis ser mejores padres juntos, de manera que no le termines llamando vago en un momento de frustración reprimida.

También deberíais celebrar juntos momentos positivos, grandes y pequeños. De manera regular y deliberada agarraos, abrazaos y besaos al despertar, al salir de casa, al volver y al ir a dormir. Reconoced los días especiales, los aniversarios y los cumpleaños de una manera muy personal. Estos rituales mantienen vuestra relación segura en un mundo caótico y que distrae.

Las historias dan forma a nuestras vidas y, a su vez, las historias que contamos acerca de nuestras vidas nos dan forma a nosotros. Cread una historia de amor futuro para los dos que perfile cómo será vuestra vida juntos dentro de cinco o diez años. Os imprimará para mantener fuerte vuestro vínculo.

Brazos bien abiertos

Debido a que el apego es una necesidad universal, la visión del apego sobre el amor también puede ayudar a los padres a comprender los conflictos con sus hijos. Hace poco me encontraba en una cafetería con mi hijo adolescente, gritándole por encima del rugido de la expresso, mientras él se ponía de mal humor. Entonces dijo de pronto: «Mamá, lo estamos haciendo otra vez, yo siento que me estás criticando y tú sientes que no me importa lo que tienes que decir». Ambos empezamos a reír y mi ira se esfumó.

Ahora que sabemos de qué trata el amor realmente, sabemos cómo mantenerlo. De nosotros depende utilizar ese conocimiento para nutrirlo con nuestras parejas y familias. Y entonces, con la empatía y el valor que nos enseña, podemos buscar maneras de llevarlo al mundo y marcar una diferencia.

Fuente:
Sue Johnson, «Hold Me Tight», en Psychologytoday.com, 1 de enero de 2010, última revisión: 1 de julio de 2014, visita: 30 de noviembre de 2014, trad. Ben Carral.

Abrázame fuerte


Esta entrada se publicó en amor y está etiquetada con , , , , , , , en por .

Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

El amor exige el gesto tranquilizador del tacto. La mayoría de la peleas son en realidad protestas por la desconexión emocional. Bajo la aflicción, las parejas están desesperadas por saber: «¿Estás ahí para mí?».

Sue JohnsonCrecí en el pub de mis padres en Inglaterra, donde siempre había mucho drama. Todo el drama —peleas, ligoteo, lágrimas y rabietas— tenía que ver con el amor. También observé a mis padres destruir el amor que sentían el uno por el otro. Desde entonces siempre he tenido la misión de averiguar qué es el amor exactamente. Mi madre lo describía como «cinco minutos divertidos». También se le ha llamado una misteriosa mezcla de sentimiento y sexo. O una combinación de enamoramiento y compañía. Bueno, es más que eso.

Mis comprensiones personales, cosechadas de la investigación y de ofrecer terapia a más de mil parejas durante 35 años, se han fusionado con un creciente número de estudios científicos, hasta el punto de que ahora puedo decir con confianza que sabemos qué es el amor. Es algo intuitivo y sin embargo no necesariamente obvio: se trata de la continua búsqueda de una conexión básica y segura con otra persona. A través de este vínculo, las parejas enamoradas se vuelven emocionalmente dependientes el uno del otro para nutrirse, calmarse y protegerse.

Estamos diseñados para tener la necesidad de responsividad y de un contacto emocional seguro con otras personas significativas para nosotros. Es una respuesta de supervivencia, la fuerza motriz del vínculo de seguridad que un bebé busca con su madre. Esta observación se encuentra en la esencia de la teoría del apego. Existe mucha evidencia que indica que la necesidad de un apego seguro no desaparece nunca; se transforma en la necesidad adulta de un vínculo emocional seguro con una pareja. Piensa en el modo en que una madre mira amorosamente a su bebé; justo como se miran a los ojos dos personas que se aman.

Aunque nuestra cultura ha enmarcado la dependencia como algo malo, una debilidad, no lo es. Estar apegado a alguien nos proporciona nuestro mayor sentido de seguridad y protección. Significa depender de una pareja para que responda cuando la llames, saber que le importas, que te aprecia y que responderá a tus necesidades emocionales.

El principio más básico de la teoría del apego es que el aislamiento —no solo el aislamiento físico, sino también el emocional— traumatiza a los seres humanos. De hecho, el cerebro lo codifica como un peligro. Gloria Steinem dijo una vez que la mujer necesita al hombre como un pez necesita una bicicleta. Eso son tonterías.

El drama del amor que vi interpretarse cada noche en el bar cuando era niña tiene todo que ver con el anhelo humano de una conexión emocional segura, un imperativo de supervivencia que experimentamos desde la cuna hasta la tumba. Cuando nos sentimos seguramente enlazados con nuestra pareja, podemos tolerar las heridas que (inevitablemente) nos infligirá en el curso de la vida cotidiana.

Conexiones rotas

Empezamos nuestro camino intensamente responsivos y conectados con nuestras parejas. Pero nuestro nivel de disposición atenta tienda a disminuir con el tiempo. Entonces experimentamos momentos de desconexión, momentos en los que no expresamos nuestras necesidades con claridad. Él está disgustado y realmente quiere que le consuelen, pero ella le deja solo, pensando que quiere soledad. En una relación, estos momentos son en realidad ineludibles. Si vas a bailar con alguien, vais a pisaros el uno al otro de vez en cuando.

Sin embargo, perder la conexión con una persona amada pone en peligro nuestro sentido de seguridad. Experimentamos un sentimiento primario de pánico. Dispara una alarma en la amígdala del cerebro, nuestro centro del miedo, que hace que estemos muy alertas a toda clase de amenazas. Una vez que la amígdala dispara la alarma, no pensamos, actuamos. La amenaza puede venir del mundo exterior o de nuestro propio cosmos interior. Lo que cuenta es nuestra percepción, no la realidad. Si nos sentimos abandonados en un momento de necesidad, estamos programados para entrar en un estado de pánico.

Lo que hacemos después, tras estos momentos de desconexión, tiene un impacto enorme en la forma de nuestra relación. ¿Podéis acercaros y reconectar? Si no sois capaces, comenzaréis a entablar peleas que siguen una pauta clara. Las llamo diálogos demoniacos. Si cogen impulso, comienzan a tomar el control y a inducir un terrible sentido de soledad emocional. Vuestra relación se siente cada vez menos un lugar seguro, y empieza a fallar. Comienzas a dudar de que tu pareja esté ahí para ti, de que te valore. O de que ella te pondrá en primer lugar.

Considera a una pareja con su hijo primogénito. Tener un bebé es una experiencia estresante y privadora de sueño. Pero también es un momento en el que los miedos y las necesidades de  apego de las personas son particularmente fuertes. El hombre podría pensar algo como: «Sé que está mal, y sé que resulta patético, pero siento que he perdido a mi mujer por mi hijo». Y la mujer podría decir: «Me sentí muy frágil cuando tuve al bebé. Estaba cuidando de esta pequeña criatura, y yo misma necesitaba consuelo y cuidado extra, pero él estaba fuera trabajando todo el tiempo». Sus intenciones son buenas —ella cuidaba al bebé y él trabajaba duro para sustentar a su nueva familia—, pero fallan en darse el uno al otro lo que realmente necesitan.

O piensa en un hombre que lo está haciendo bien en su trabajo mientras que su mujer despunta en su nueva carrera profesional. Ella pasa muchas horas en proyectos excitantes mientras él se ve privado de afecto, atención y sexo. Todas las noches, acostado en la cama, esperándola, se siente como un tonto por necesitarla tanto; y también está enfadado porque ella no puede ver lo mucho que le afecta su ausencia.

Pero no hablamos de estos conflictos en términos de necesidades de apego profundamente enraizadas. Hablamos de las emociones superficiales, la ira o la indiferencia, y culpamos al otro. «Él está tan enfadado; me siento atacada», o: «Ella es tan fría. No creo que le importe en absoluto». Cada persona se retira a una esquina, haciendo cada vez más difícil para los dos expresar sus necesidades de apego fundamentales, impidiendo la capacidad de obtener tranquilidad el uno del otro.

Las mujeres son a menudo más sensibles que los hombres a las primeras señales de avería en la conexión, y a menudo su respuesta es comenzar lo que yo llamo un baile de desconexión. Casi de manera ritual, persiguen a su pareja en un intento inútil de obtener una respuesta de consuelo. Pero lo hacen de un modo que prácticamente garantiza que sus necesidades básicas no serán satisfechas; culpan a su pareja de fallar en algo esencial.

Por otra parte, a los hombres se les ha enseñado a suprimir sus respuestas y necesidades emocionales, lo que les inclina a retirarse del conflicto. Pero la ira de ella y la retirada de él enmascaran ambas lo que subyace bajo la superficie: una vulnerabilidad y necesidad de conexión subyacentes, que ahora se agravan por la tristeza, la vergüenza y, sobre todo, el miedo.

Con demasiada frecuencia, lo que las parejas no ven es que la mayoría de las peleas son en realidad protestas por la desconexión emocional. Bajo toda la aflicción, las parejas están desesperadas por saber: «¿Estás ahí para mí? ¿Me necesitas? ¿Confías en mí?».

Sigue en: Abrázame fuerte (2.ª parte)

Fuente:
Sue Johnson, «Hold Me Tight», en Psychologytoday.com, 1 de enero de 2010, última revisión: 1 de julio de 2014, visita: 30 de noviembre de 2014, trad. Ben Carral.

¿Puede el amor durar toda la vida?


Esta entrada se publicó en amor y está etiquetada con , , , , en por .

Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Sue JohnsonDel enamoramiento a una sinfonía para toda la vida

¿Puede durar el amor romántico o, por su propia naturaleza, tiene fecha de caducidad? Un escritor sugirió recientemente que solo está «diseñado» para durar unos cuatro años, o hasta que la descendencia de un romance pueda sobrevivir sin dos padres guardianes. Otra investigación ha sugerido que el amor se apaga inevitablemente después de unos 15 meses. Pero por lo general parece que hemos decidido colectivamente que la vida natural de una relación amorosa es incluso más corta. Después de todo, si el amor es una fiebre, se tiene que terminar bajando, ¿no? Incluso nuestro lenguaje sugiere que el amor romántico es breve. Si caes enamorado [en inglés: «fall in love»], supongo que en algún momento te levantas y te sacudes el polvo.

Esta perspectiva sobre el amor se convierte en una profecía autocumplida. Como me dijo hace poco una de mis clientas: «Estuve a punto de no aceptar venir a terapia de pareja. Al fin y al cabo, todas mis amigas dicen que no hay solución para mi infelicidad y que simplemente tengo que aceptar el amor como es. Después de llevar casada unos años, no queda mucho de ese romance y de estar enamorada. Simplemente tienes que renunciar a eso y aceptar que es todo lo que hay». Mi clienta añadió: «Pero he venido porque me estaba muriendo por dentro. Estaba enfadada constantemente; después de un tiempo es demasiado duro gritar en el silencio». Me estaba hablando del elevado precio de una relación afligida y una aproximación resignada a la vida.

Otra parte de esta aproximación escéptica al amor de larga duración es la ubicua suposición de que el deseo sexual y la pasión se marchitan una vez que se firma el contrato matrimonial. Y es verdad que cambia, como para quienes, por ejemplo, se ven implicados en ser padres; el erotismo se puede enfriar por un tiempo. ¿Pero realmente lo mejor que podemos esperar de una relación amorosa es el primer arrebato de pasión que llega con una experiencia nueva y altamente emocional?

Una respuesta obvia a esta pregunta es: quizá. Si no comprendemos el amor, si realmente es un misterio, quizá no haya más que sufrir sus idas y venidas, y encontrar la manera de encogerse de hombros y no esperar demasiado. Pero mi respuesta es que esta actitud cínica hacia el amor está desfasada. Por primera vez en la historia de la humanidad comprendemos qué es el amor y cómo darle forma. Esto cambia todos los pronósticos en la búsqueda del amor de verdad, del amor que dura.

Siempre hemos sabido en nuestros corazones que el amor puede durar para unos pocos afortunados. Y la ciencia ha comenzado a confirmarlo. Hace poco, el investigador Arthur Arons de la Universidad Stony Brook utilizó escáneres cerebrales para mostrar que un pequeño número de parejas sigue respondiendo, después de 20 años juntos,  con tanta excitación psicológica  —llamémosla pasión— como la mayoría solo experimenta en el calor del primer enamoramiento. ¡La química puede durar!

Por encuestas recientes sabemos que el deseo y la pasión duran mucho más de lo que hemos supuesto. Estas encuestas también nos dicen que las personas que tienen sexo más satisfactorio y con más frecuencia son las que tienen relaciones amorosas de larga duración. Lógicamente, no es una sorpresa; en la mayoría de las cosas la práctica lleva a la perfección. El sexo es como el tango, cuando bailas con alguien durante mucho tiempo, podéis coordinar vuestros movimientos y crear más sincronía.

Así pues, ¿qué necesitamos para que cada vez más de nosotros podamos hacer de este amor y pasión duraderos una meta alcanzable? Había una vez en que no podías esperar vivir más de 55 años. Mi abuelo murió a los 40 de una neumonía, una enfermedad que ahora es fácilmente curable gracias al avance de la ciencia. Ceo que la nueva ciencia del amor ha evolucionado igualmente en la última década, volviendo obsoleto el concepto del amor como una fiebre pasajera.

Ya hemos aprendido muchísimo sobre los vínculos amorosos como resultado de este nuevo desarrollo revolucionario de ver el amor —una emoción— a través del microscopio de la ciencia y la exploración razonada sistemática. Por ejemplo, cientos de estudios nos dicen que el amor es un código de supervivencia exquisitamente lógico y que la capacidad de acercarse, expresar claramente tus necesidades emocionales y responder a las necesidades emocionales de tu ser amado de consuelo, reafirmación y conexión, son los ingredientes claves del amor. Cometemos errores porque no comprendemos nuestras necesidades; no tenemos un mapa del territorio. Demasiado a menudo enviamos mensajes distorsionados, ofrecemos consejos y soluciones para los problemas cuando lo que nuestra pareja necesita es nuestra presencia emocional, o intentamos esconder nuestras emociones cuando la ciencia nos dice que nuestro ser amado las ha captado por nuestra expresión facial casi antes de que nuestro propio cerebro haya decidido intentar esconderlas.

Pero una vez que conocemos el territorio, una vez que comprendemos los vínculos amorosos, podemos dar forma activamente a estos vínculos de una manera novedosa para las parejas humanas. Podemos tener un amor que dure toda la vida. Un amor que nos fortalece y nos hace sentir sentir menos miedo y dolor.

Fuente:
Sue Johnson, «Can Love Last a Lifetime?», en Psychologytoday.com, 1 de junio de 2010, visita: 30 de octubre de 2014, trad. Ben Carral.

No puedes tener sexo estupendo sin una conversación estupenda


Esta entrada se publicó en amor y está etiquetada con , , , , , en por .

Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Pareja hablando en la camaLa excitación comienza con una conexión profunda y significativa

El sexo es confuso. ¿Se trata principalmente de lujuria y la búsqueda del Gran Orgasmo? ¿Se trata de un mero truco de la naturaleza para que nos reproduzcamos? ¿Es una adicción? Al trabajar con parejas, he aprendido que realmente necesitamos recordar que al sexo lo llamamos hacer el amor por una razón muy buena. En los mamíferos que crían a los jóvenes, el sexo es un comportamiento de vinculación. En el sexo, la conexión emocional no es la guinda del pastel; es lo que crea el sentido de seguridad que nos permite espontaneidad, apertura y juego erótico.

Si pensamos en el sexo como vinculación, nos ayuda a tener mejor sexo y mejores relaciones. Debemos recordar que:

Cuando las parejas tienen relaciones amorosas de larga duración que también son calientes, es casi seguro que NO se debe a que lean revistas como Cosmopolitan en busca de consejos sexuales o coleccionen cestas de juguetes sexuales o prendas especiales. Lo más probable es que la clase de técnicas que ofrecen las revistas, como hacer el amor sobre la secadora a toda marcha, terminen en una risa embarazosa o incluso en una lesión física en vez de en una conexión sexual. La investigación sobre la vinculación y el sexo es clara: quienes se limitan a centrarse en la sensación y la ejecución se pierden la dimensión del sexo que realmente hace que funcione: la conexión emocional. Entonces terminan buscando pasión en el lugar equivocado.

La evidencia muestra que las parejas vinculadas seguramente, que son más abiertas emocionalmente entre sí, tienen más sexo y lo disfrutan más. Su vida sexual está respaldada por la fuerza más poderosa: el anhelo de conexión emocional. La manera en que tratamos con este anhelo determina cómo hacemos el amor. Si desconectamos este anhelo, pasamos al sexo desapegado y sin emociones. Es un poco como bailar sin música. No sorprende entonces que necesitemos posturas extrañas y todo un cargamento de juguetes sexuales para hacer que la cosa marche.

Cuando las parejas aprenden a abrirse, a compartir emocionalmente y a responder a las emociones del otro, su vida sexual mejora. Pueden compartir sus necesidades, fantasías e inseguridades sexuales. Cuando el sexo no es como queréis que sea, debéis fijaros primero en vuestra conexión emocional y en cómo sintonizar el uno con el otro en este nivel. Podéis comenzar escribiendo cada uno algo que queráis que vuestra pareja sepa acerca de vosotros y de vuestra sexualidad.

A diferencia de las películas, la mayoría de las personas tiene asuntos y sensibilidades sexuales. El sexo es como todo lo demás: a veces funciona y a veces no. Todos atravesamos momentos en los que nos sentimos menos deseables o excitados. Quizá el cansancio o los problemas de salud tengan algo que ver. Si esperamos que todo acto sexual sea una sinfonía que nos deje a los dos en lo más alto, vamos a sufrir una poderosa decepción.

Una de las principales razones por las que las parejas vinculadas seguramente informan de mejores vidas sexuales es que se pueden abrir y comunicar cuando las cosas funcionan y cuando no. A menudo, un problema sexual se trata realmente de un mero problema de comunicación. Por ejemplo, si un hombre pierde su erección, en vez de cerrarse a su compañera porque se siente avergonzado, la pareja debería hablar de maneras de tratarlo. Sarah le dice a Tom: «No me importa si a veces pierdes parte de tu erección. Sé lo estresado que has estado. Puedo acercarme y ayudarte a encenderte otra vez. Pero si te encierras, te alejas y te niegas a hablar, entonces me enfado y nos atascamos». Sarah reafirma a Tom. Se unen como equipo y encuentran el modo de volver a hacer el amor estupendamente.

Jack me dice: «No me daba cuenta de que la necesidad de Kim de cogernos y hablar antes del sexo tenía que ver con que ella se sintiese realmente segura conmigo y se abriera a mí. Era como un juego preliminar para ella. Una vez que entendí que ella necesitaba saber dónde estaba yo y cómo me sentía para dejarse llevar conmigo, descubrí que hablar un rato no era tan malo». Cuando una pareja se une como equipo, pueden encontrar el modo de volver a hacer el amor estupendamente.

Sabemos que si dedicamos un poco de tiempo y aprendemos a compartir nuestras emociones, podemos tener lujuria, y amor, y pasión y juego con nuestra pareja. Simplemente tenemos que aprender a encender la música emocional.

Fuente:
Sue Johnson, «You Can’t Have Great Sex Without Great Conversation», en Yourtango.com, 14 de agosto de 2014, visita: 21 de octubre de 2014, trad. Ben Carral.