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Es hora de superar el mito de la independencia


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Por Ben Carral (profesor de meditación y relaciones saludables; director del Mindfulness Gijón)

Ben CarralEn Estados Unidos, el 33% de la población sigue creyendo que «los seres humanos y otras cosas vivas han existido en su forma actual desde el principio del tiempo» (Pew Research Center, encuesta 21 de marzo-8 de abril de 2013, pregunta 54, trad. personal), es decir, no acepta la teoría de la evolución. Me parece trágico y sorprendente. Es como seguir viviendo con la idea de que la Tierra es plana y que se encuentra en el centro del universo. Y, sin embargo, un despropósito de iguales dimensiones ocurre entre nosotros.

Estos días he leído en Facebook dos citas atribuidas a John Lenon (1940-1980) en las que se afirma: «La felicidad está dentro de uno, no al lado de alguien», y ambas recogieron muchos «Me gusta». ¿Tienen sentido las supuestas palabras de Lenon? En absoluto. La verdad es que son una tontería tan grande como creer que Dios hizo el mundo en su forma actual o que la Tierra es plana. Lo cierto es que la ciencia ha demostrado sobradamente que necesitamos a los demás para ser felices. De hecho, no solo para ser felices, sino simplemente para sobrevivir; basta con pensar qué sería de un recién nacido sin los cuidados de los demás.

Como dice Harriet Lerner (doctora en Psicología) en The Dance of Connection [El baile de la conexión] (HarperCollins, 2001, trad. personal):

La dependencia ha cogido mala reputación. […] El hecho es que todos dependemos de otros. Es parte de la condición humana. Podemos fingir que no es así cuando somos jóvenes, tenemos salud y nos va bien en el trabajo. […] Cuando fallan los sistemas que te apoyan, aprendes lo dependiente que eres en realidad. […] El énfasis cultural en nuestra independencia es tan fuerte que incluso podemos sentirnos avergonzados de nuestra dependencia.

O como dice Sue Johnson (también doctora en Psicología) en Love Sense [Sentido del amor] (Little, Brown and Company, 2013, trad. personal):

Toda la investigación está de acuerdo en que una relación estable y amorosa es la base fundamental de la felicidad humana y el bienestar general. Una buena relación es mejor seguro de salud que una dieta cuidadosa y mejor estrategia antienvejecimiento que tomar vitaminas. Una relación amorosa también es la clave para crear familias que enseñen las habilidades necesarias para mantener una sociedad civilizada: confianza, empatía y cooperación. El amor es la fuerza vital de nuestra especie y del mundo.

Así que John Lenon (o quien escribiese esas citas) estaba tan equivocado sobre la felicidad como los fundamentalistas religiosos lo están acerca de la evolución. En cuanto investigadores y científicos nos queda mucho trabajo de divulgación por delante para desmantelar el terrible mito de la independencia. Al igual que tuvimos que aprender que la Tierra es redonda o que somos descendientes de los primates, es hora de que aprendamos que nuestra felicidad depende de otros. Están en juego nuestro bienestar personal, el bienestar de nuestras familias y el bienestar de la sociedad en general.

¿Puede el amor durar toda la vida?


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Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Sue JohnsonDel enamoramiento a una sinfonía para toda la vida

¿Puede durar el amor romántico o, por su propia naturaleza, tiene fecha de caducidad? Un escritor sugirió recientemente que solo está «diseñado» para durar unos cuatro años, o hasta que la descendencia de un romance pueda sobrevivir sin dos padres guardianes. Otra investigación ha sugerido que el amor se apaga inevitablemente después de unos 15 meses. Pero por lo general parece que hemos decidido colectivamente que la vida natural de una relación amorosa es incluso más corta. Después de todo, si el amor es una fiebre, se tiene que terminar bajando, ¿no? Incluso nuestro lenguaje sugiere que el amor romántico es breve. Si caes enamorado [en inglés: «fall in love»], supongo que en algún momento te levantas y te sacudes el polvo.

Esta perspectiva sobre el amor se convierte en una profecía autocumplida. Como me dijo hace poco una de mis clientas: «Estuve a punto de no aceptar venir a terapia de pareja. Al fin y al cabo, todas mis amigas dicen que no hay solución para mi infelicidad y que simplemente tengo que aceptar el amor como es. Después de llevar casada unos años, no queda mucho de ese romance y de estar enamorada. Simplemente tienes que renunciar a eso y aceptar que es todo lo que hay». Mi clienta añadió: «Pero he venido porque me estaba muriendo por dentro. Estaba enfadada constantemente; después de un tiempo es demasiado duro gritar en el silencio». Me estaba hablando del elevado precio de una relación afligida y una aproximación resignada a la vida.

Otra parte de esta aproximación escéptica al amor de larga duración es la ubicua suposición de que el deseo sexual y la pasión se marchitan una vez que se firma el contrato matrimonial. Y es verdad que cambia, como para quienes, por ejemplo, se ven implicados en ser padres; el erotismo se puede enfriar por un tiempo. ¿Pero realmente lo mejor que podemos esperar de una relación amorosa es el primer arrebato de pasión que llega con una experiencia nueva y altamente emocional?

Una respuesta obvia a esta pregunta es: quizá. Si no comprendemos el amor, si realmente es un misterio, quizá no haya más que sufrir sus idas y venidas, y encontrar la manera de encogerse de hombros y no esperar demasiado. Pero mi respuesta es que esta actitud cínica hacia el amor está desfasada. Por primera vez en la historia de la humanidad comprendemos qué es el amor y cómo darle forma. Esto cambia todos los pronósticos en la búsqueda del amor de verdad, del amor que dura.

Siempre hemos sabido en nuestros corazones que el amor puede durar para unos pocos afortunados. Y la ciencia ha comenzado a confirmarlo. Hace poco, el investigador Arthur Arons de la Universidad Stony Brook utilizó escáneres cerebrales para mostrar que un pequeño número de parejas sigue respondiendo, después de 20 años juntos,  con tanta excitación psicológica  —llamémosla pasión— como la mayoría solo experimenta en el calor del primer enamoramiento. ¡La química puede durar!

Por encuestas recientes sabemos que el deseo y la pasión duran mucho más de lo que hemos supuesto. Estas encuestas también nos dicen que las personas que tienen sexo más satisfactorio y con más frecuencia son las que tienen relaciones amorosas de larga duración. Lógicamente, no es una sorpresa; en la mayoría de las cosas la práctica lleva a la perfección. El sexo es como el tango, cuando bailas con alguien durante mucho tiempo, podéis coordinar vuestros movimientos y crear más sincronía.

Así pues, ¿qué necesitamos para que cada vez más de nosotros podamos hacer de este amor y pasión duraderos una meta alcanzable? Había una vez en que no podías esperar vivir más de 55 años. Mi abuelo murió a los 40 de una neumonía, una enfermedad que ahora es fácilmente curable gracias al avance de la ciencia. Ceo que la nueva ciencia del amor ha evolucionado igualmente en la última década, volviendo obsoleto el concepto del amor como una fiebre pasajera.

Ya hemos aprendido muchísimo sobre los vínculos amorosos como resultado de este nuevo desarrollo revolucionario de ver el amor —una emoción— a través del microscopio de la ciencia y la exploración razonada sistemática. Por ejemplo, cientos de estudios nos dicen que el amor es un código de supervivencia exquisitamente lógico y que la capacidad de acercarse, expresar claramente tus necesidades emocionales y responder a las necesidades emocionales de tu ser amado de consuelo, reafirmación y conexión, son los ingredientes claves del amor. Cometemos errores porque no comprendemos nuestras necesidades; no tenemos un mapa del territorio. Demasiado a menudo enviamos mensajes distorsionados, ofrecemos consejos y soluciones para los problemas cuando lo que nuestra pareja necesita es nuestra presencia emocional, o intentamos esconder nuestras emociones cuando la ciencia nos dice que nuestro ser amado las ha captado por nuestra expresión facial casi antes de que nuestro propio cerebro haya decidido intentar esconderlas.

Pero una vez que conocemos el territorio, una vez que comprendemos los vínculos amorosos, podemos dar forma activamente a estos vínculos de una manera novedosa para las parejas humanas. Podemos tener un amor que dure toda la vida. Un amor que nos fortalece y nos hace sentir sentir menos miedo y dolor.

Fuente:
Sue Johnson, «Can Love Last a Lifetime?», en Psychologytoday.com, 1 de junio de 2010, visita: 30 de octubre de 2014, trad. Ben Carral.

El árbol de la vida de Darwin


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Por Ben Carral (profesor de meditación y relaciones saludables; director del Mindfulness Gijón)

El árbol de la vida de DarwinPara mí, uno de los grandes pasos adelante fue el descubrimiento de la teoría de la evolución, que nos permitió entender nuestro lugar en el proceso evolutivo, y este dibujo recoge la inspiración de Charles Darwin (1809-1882).

«En julio de 1837, mientras trabajaba en su casa de Londres en la teoría de la evolución, Darwin tuvo una inspiración. Pasó la página de su libro de notas y escribió: «Pienso». Y entonces dibujó el árbol de la vida. Con esa idea pretendía representar la aparición de las distintas especies de seres vivos a partir de un tronco común a lo largo de la historia.»