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La mejor manera de crear una conexión más fuerte con tu pareja


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Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Grupo Mindfulness de Gijón)

Trad. Ben Carral

Sue JohnsonEs la época del año en la que nos hacemos promesas a nosotros mismos. Promesas acerca de cómo haremos que este año sea diferente al último. Hacemos la promesa solemne de ir más al gimnasio o comer menos tarta de cerezas.

Si lo que perseguimos es salud y felicidad, sería mejor que decidiéramos mejorar la calidad de nuestra relación más íntima. Te escucho decir: «Bueno, ya soy bastante espléndido en mi relación amorosa, así que esto tiene que ser una píldora de cambio de personalidad para mi pareja». O: «Nadie sabe realmente cómo hacerlo».

Pero hay algo que puedes hacer, algo que tiene el poder de llevaros a tu pareja y a ti a todo un nuevo tipo de baile. Ahora, los terapeutas e investigadores han identificado el único ingrediente, el elemento esencial que, más que ningún otro, define nuestras relaciones amorosas. En nuestro instituto observamos a las parejas que están abandonando su relación aprender sobre este elemento y aprender a utilizarlo para convertir el daño y el caos en una conexión amorosa. Por supuesto, se trata de la capacidad ser abierto y responsivo emocionalmente.

Cuando podemos cambiar al canal emocional, sintonizar con las pistas emocionales de nuestra pareja y mostrar cómo nos conmueven, esta ES la conexión que crea relaciones amorosas.

Lo sabemos en lo más profundo, que esta es la magia que hace que el amor sea lo que es. Un niño corre hacia nosotros, con los ojos abiertos de miedo. Nos acercamos, nos agachamos, nos permitimos sentir en nuestro cuerpo lo que vemos en su cara y decimos suavemente: «Está bien. Estoy aquí. ¿Estás asustado? No necesitas estarlo». El niño nos agarra durante un momento; luego sonríe.

¿Simple? ¿Sentimental? Quizá. Pero la ciencia de la vinculación dice que este es un momento de conexión segura que crea vínculos que duran toda la vida. Esta es la clase de momento que responde a la pregunta clave en las relaciones amorosas: «¿Estás ahí para mí?».

Por poner otro ejemplo: Peter tiende a retraerse cuando siente que Annie está dolida y decepcionada con él. Esto deja a Annie tan sola que ¡está decepcionada todo el tiempo! ¿Qué bloquea la capacidad de Peter para responder de manera tranquilizadora? Su miedo; el que todos tenemos y que nos hace tan vulnerables en el amor, el miedo al rechazo y al abandono. Así que se mueve como un rayo hacia la autoprotección y le da la espalda.

Imagina qué sucede cuando Annie y Peter pueden ir más despacio y hablar de lo asustados que están los dos, y cómo hacen saltar el uno en el otro una especie de pánico primordial. Imagina la magia que sucede cuando Peter se da la vuelta y dice: «Este es el momento en el que sientes que soy indiferente, que no me preocupo, ¿verdad? No quiero darte la espalda y hacerte sentir sola. Quiero ayudarte con ese sentimiento para que sepas lo importante que eres para mí». Se acerca, se agacha, ablanda la voz e invita a Annie a un refugio seguro de conexión.

Estos son los momentos que hacen saltar la chispa del amor, que lo renuevan y lo mantienen fuerte. Cuando las parejas hacen esto, dan forma a una conexión que transforma su relación y la mantiene fuerte en los años venideros.

No hay sustitutos para esta responsividad emocional. Los miembros de la pareja intentan ofrecer consejo intelectual: «¿Por qué no haces tu meditación cuando te disgustas? No estarías tan dolida», o ayuda práctica: «Sé que estás enfadado conmigo. ¿Te gustaría que hiciera la compra?». Pero es el apoyo y la conexión emocionales lo que funciona y mantiene vivo el amor.

Requiere valor sintonizar e intentar responder a los mensajes emocionales de nuestro ser amado cuando estos mensajes encienden nuestras propias ansiedades. Ayuda recordar que somos exquisitamente sensibles a las señales emocionales de nuestro ser amado, tanto a las positivas como a las negativas, simplemente porque somos animales que crean vínculos y cuya necesidad más profunda es estar apegado a otro. Le sugiero a Peter que cuando se sienta impotente para agradar a Annie y consternado por su ira, recuerde que precisamente está enfadada porque para ella es muy importante su consuelo y apoyo, que volverse hacia ella y responder tiene el poder de atraerla a una conexión amorosa.

Durante la consulta, Peter bromea conmigo: «¿Quieres decir que todo lo que tengo que hacer es mantener abierto el canal emocional y responder en este nivel, aunque todo lo que pueda decir sea: “No sé qué decir, pero no quiero que estés dolida y me voy a quedar aquí e intentar responder”, y seremos como las parejas que se aman en los libros de cuentos?».

Miro a Annie. Sonríe a Peter con una enorme sonrisa. Dice: «Lo has entendido, cariño, simplemente estar ahí para mí; esa ES la historia, toda la historia».

Todos podemos entender el sentido del amor y a aquello que entendemos le podemos dar forma. Hagamos que el próximo año sea nuestro año más conectado hasta la fecha.

Fuente:
Sue Johnson, «The #1 Way To Build A Stronger Connection With Your Partner», en Mindbodygreen.com, 29 de diciembre de 2014, visita: 4 de enero de 2015, trad. Ben Carral.

Piensa mal y acabarás con tu relación


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Por Ben Carral (profesor de meditación y experto en relaciones; estudiante de Psicología)

Ben CarralHoward Markman, Scott Stanley y Susan Blumberg (todos ellos doctores en Psicología) nos cuentan en su Fighting for Your Marriage (Salve su matrimonio) (3.ª edición, John Wiley & Sons, 2010) que una de las cuatro señales de peligro en la comunicación (conductas que ponen en grave riesgo nuestras relaciones) son las interpretaciones negativas. Y esto entronca con lo que los budistas llaman comprensión correcta o punto de vista correcto.

Según los budistas, uno de los ocho pasos del llamado camino óctuple hacia la felicidad (o, mejor, hacia la satisfacción) es la comprensión correcta, que básicamente consiste en ver las cosas tal como son. En otras palabras, se trata de interpretar la realidad de manera correcta, de ver con objetividad lo que está ocurriendo. Es evidente que entender las situaciones de manera imparcial nos ayuda a gestionarlas adecuadamente. Por eso, una buena idea es preguntarnos a menudo: «¿Estoy seguro?».

Pues bien, volviendo al mundo de las relaciones, Markman y sus colegas nos advierten de que pensar mal de las intenciones de nuestra pareja es uno de los caminos que seguramente nos llevarán a experimentar problemas graves. Cuando nuestra pareja hace o dice algo que nos sienta mal, puede que tengamos la tendencia de asumir que su intención ha sido negativa, que realmente no le importamos y que nos ha querido hacer daño. Pero ¿estamos seguros?

Leer la mente de los demás es un ejercicio peligroso, especialmente cuando hacemos lecturas negativas de sus intenciones. A falta de una evidencia sólida, es más seguro conceder el beneficio de la duda antes que asumir lo peor. Quizá nuestra pareja no quiso dañarnos después de todo, quizá no prestó la atención suficiente porque está pasando un mal día. También podemos preguntarnos: «¿Cuál es su intención positiva?», es decir, qué quería conseguir cuando dijo o hizo aquello que nos ha hecho sentir mal. ¿Podemos hablar con amabilidad y cariño? ¿Podemos acercarnos a ella y compartir nuestro dolor? ¿Podemos preguntarle sinceramente cómo se encuentra e interesarnos por ella? Así empezamos a entender la situación con más claridad y emprendemos un camino más saludable.

Markman y sus colegas también hacen referencia a un estudio de Frank Fincham y Thomas Bradbury (ambos doctores en Psicología) gracias al cual descubrieron que albergar pensamientos negativos acerca de los demás hace más probable que nos respondan con hostilidad y rechazo. Y aunque a veces es necesario enfrentar la hostilidad y el rechazo (por ejemplo, son dos armas utilizadas a menudo por los manipuladores), por lo general resulta más conveniente evitarlo en la medida de la saludablemente razonable.

Por su parte, Amir Levine (doctor en Psiquiatría) y Rachel Heller (magíster en Psicología) nos cuentan en su Attached (Maneras de amar) (Tarcher/Penguin, 2010):

Una palabra general de consejo: Siempre es más eficaz asumir lo mejor en situaciones de conflicto. De hecho, esperar lo peor (lo que resulta típico en personas con estilos de apego inseguros) a menudo funciona como una profecía autocumplida. Si asumes que tu pareja actuará de manera dañina o te rechazará, automáticamente responderás a la defensiva, comenzado así un círculo vicioso de negatividad.

Por tanto, haríamos bien en no dar las cosas por sentado y conceder al menos el beneficio de la duda a nuestra pareja. Tampoco se trata de verlo todo de color rosa porque sí, sino de intentar ser objetivos y actuar desde la empatía. «¿Estoy seguro de que mi pareja ha querido dañarme? ¿Estoy seguro de que no le importo?» Probablemente no, así que resulta más adecuado y saludable pensar que quizá no quiso hacerme daño y que realmente sí le importo. Todos cometemos errores, especialmente cuando estamos sometidos a mucho estrés. Quizá mi pareja necesite mi cariño ahora más que nunca. Quizá estemos realizando una lectura más negativa de la cuenta porque nosotros mismos estamos teniendo un mal día.

En resumen, las interpretaciones negativas nos llevarán a experimentar problemas graves, por lo que, ante la ausencia de una evidencia bien sólida, es mejor ser generosos y pensar bien de nuestra pareja (de cualquier persona en realidad), acercarnos a ella con empatía y amabilidad. De esta manera, podemos convertir un pequeño conflicto en una maravillosa oportunidad para profundizar amorosamente nuestra relación.

Abrázame fuerte (2.ª parte)


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Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Viene de: Abrázame fuerte

Sue JohnsonReparando los vínculos

Durante años, los terapeutas han visto estos diálogos demoniacos como luchas de poder. Han intentado resolver las peleas de las parejas enseñándoles habilidades de resolución de problemas. Pero es un poco como ofrecer un Kleenex para curar una neumonía vírica. Ignoran las cuestiones de apego que subyacen a la pauta. Desde el punto de vista del apego, la cuestión no se trata de conflicto ni de control, sino de distancia emocional.

Y lo que resulta frustrante para las personas es no saber cómo eliminar esa distancia emocional. En mi consulta, los hombres me dicen a veces: «Hago todo tipo de cosas para mostrar que me preocupo. Corto el césped, traigo un buen salario, soluciono problemas y no tengo líos. ¿Por qué al final todas estas cosas no parecen importar y todo lo que cuenta para mi mujer es que hablemos de temas emocionales y nos abracemos?». Les digo: «Porque así es como estamos hechos. Necesitamos que alguien nos preste atención de verdad, que nos agarre fuerte. ¿Has olvidado que tú también lo necesitas?».

Cuando peleamos con nuestras parejas, tendemos a seguir la pelota según pasa la red, prestando atención al último ataque que nos lanzan; y no a si queremos participar en el juego en primer lugar. Es posible escapar de los diálogos demoniacos, pero el primer paso es ser conscientes del mismo juego, no limitarnos a seguirlo. Una vez que os dais cuenta de que estáis atrapados en vuestra pauta de discusión, podéis acordar detener todo el partido.

Las decepciones forman parte de toda relación. Pero siempre puedes elegir cómo gestionarlas. ¿Reaccionarás a la defensiva, por miedo, o con un espíritu de comprensión? Digamos que tu pareja dice: «Esta noche no me siento con ganas de sexo». Puedes tomar una respiración profunda, pensar en lo mucho que ella te quiere y decir: «Vaya, es una pena. Realmente me apetecía». O puedes soltar sarcásticamente: «¡Vale! Bueno, ya nunca hacemos el amor, ¿verdad?».

Por supuesto, si se ha pulsado tu botón de pánico y tienes las emociones hirviendo, puede que sientas que no tienes elección. Pero el mero hecho de ser consciente de que ha sido pulsado te puede ayudar a calmarte. Puedes pensar para ti mismo: «¿Qué está sucediendo aquí? Estoy gritando. Pero dentro me estoy sintiendo realmente pequeño». Entonces puedes decirle a tu pareja: «Realmente estoy muy asustado; me siento dolido».

Si das el salto de fe y respondes con una petición de reconexión así, tienes que esperar que tu pareja también lo va a hacer, en vez decir algo doloroso como: «Bueno, estás siendo estúpido y difícil». Esa es la parte delicada de las relaciones. Para cambiar el baile, las dos personas tienen que cambiar sus pasos.

Simplemente aceptar tus necesidades de apego en vez de sentirte avergonzado de ellas es un primer paso grande y necesario, y se aplica a las personas solteras al igual que a las emparejadas. Un soltero podría decir: «Me encuentro deprimido porque estoy solo, y sé que no me debería sentir solo. Sé que debería ser independiente». Bueno, por supuesto que te encuentras deprimido si te sientes solo, y ¡encima vas y te ensañas contigo mismo por ello! Cuando te sientes avergonzado, tiendes a ocultarte de los demás, poniendo en marcha un círculo vicioso que prácticamente asegura que no encontrarás la conexión social que necesitas.

Tactos sanadores

A menudo, un hombre me dirá: «Aunque realmente crea que ella me necesita o se encuentra asustada, ¡no sé qué hacer!». Terminará preparándole a su mujer una taza de té, lo que resulta muy amable, pero no es lo que hace falta. Sin embargo, si le hubiera puesto la mano en el hombro y la hubiera acercado hacia él, su petición de reconexión hubiese tenido mucho más éxito.

A menudo, los hombres no saben qué hacer. Y, sin embargo, los hombres sí saben calmar; lo hacen con sus hijos, arropándoles por la noche y susurrándoles con delicadeza. La diferencia es que ven la vulnerabilidad de sus hijos y responden a ella. Sin embargo, cuando miran a su mujer, solo ven a alguien que les juzga. Pero ella también se siente vulnerable.

Tocar es la manera más básica de conectar con otro ser humano. Tomar la mano de tu pareja cuando se siente nerviosa o tocarle en el hombro en medio de una discusión puede calmar inmediatamente la ansiedad y la ira.

Durante los últimos años, el mundo de la terapia ha estado obsesionado con mantener los límites. Yo digo que nuestro problema es justo el contrario; estamos todos aislados los unos de los otros.

Si observas a dos personas enamoradas, se tocan todo el tiempo. Si observas a dos personas que, después de haber caído en los diálogos demoniacos, están encontrando el modo de volver a una relación amorosa, también se tocan más. Literalmente contactan el uno con el otro. Es una señal tangible de su deseo de conexión.

Sexo seguro (y picante)

Un gran mito sobre el amor es que tiene fecha de caducidad, que la pasión es una fiebre abrasadora que se va apagando. Es bastante estúpido. No encuentro ninguna razón científica ni humana por la que las personas no puedan tener felices relaciones amorosas de larga duración.

Las personas que tienen aventuras, no lo hacen porque sus vidas sexuales resulten aburridas. Nadie ha venido nunca a mi consulta y me ha dicho que tuvo una aventura porque se aburría en la cama. Tienen aventuras porque se sienten solas, porque no pueden conectar emocionalmente con su pareja. Entonces, alguien les sonríe y les hace sentirse espaciales y valoradas, y de repente se encuentran en esta extraña situación en la que están comprometidas con una persona, pero responden a otra.

La pasión es como cualquier otra cosa. Viene y va. Pero el sexo resultará siempre aburrido si solo tiene una dimensión, aislado de la conexión emocional. Por otra parte, si estás implicado emocionalmente, el sexo tiene cien dimensiones, y es tanto juego como pasión.

A este tipo de sexo seguro lo llamo sexo en sintonía, en el que se reúnen la apertura y la responsividad emocionales, el tacto cariñoso y la exploración erótica. Cuando las parejas tienen una conexión emocional segura, la intimidad física puede conservar todo su ardor y creatividad iniciales, e incluso más. En cierto momento, las personas que se aman pueden ser tiernas y juguetonas, y en otro, ardientes y eróticas. Las parejas apegadas de modo seguro pueden expresar sus necesidades y preferencias más abiertamente, y están más abiertas a experimentar sexualmente con su compañera o compañero.

En una relación segura, la excitación no viene de intentar resucitar los novedosos momentos de pasión alocada, sino del riesgo que supone permanecer abiertos en la experiencia que sucede instante tras instante, en el aquí y ahora de la conexión física y emocional. Esta apertura viene acompañada del conocimiento de que hacer el amor con tu pareja es siempre una nueva aventura.

Amor duradero

Una vez que has reconectado con tu pareja, y los dos estáis satisfaciendo vuestras necesidades de apego, tenéis que seguir trabajando en ser emocionalmente responsivos el uno con el otro. Lo podéis hacer ayudándoos a identificar las cuestiones de apego que tienden a surgir en vuestras discusiones recurrentes.

Por ejemplo, si estallas siempre por los arriesgados viajes de escalada de tu novia, habla con ella de cómo la ira nace del miedo a perderla. Averigua cómo puede ella tomar más precauciones. O si a menudo te sientes abandonada cuando te quedas con la mayor parte del cuidado de los niños, planea cómo tu marido y tú podéis ser mejores padres juntos, de manera que no le termines llamando vago en un momento de frustración reprimida.

También deberíais celebrar juntos momentos positivos, grandes y pequeños. De manera regular y deliberada agarraos, abrazaos y besaos al despertar, al salir de casa, al volver y al ir a dormir. Reconoced los días especiales, los aniversarios y los cumpleaños de una manera muy personal. Estos rituales mantienen vuestra relación segura en un mundo caótico y que distrae.

Las historias dan forma a nuestras vidas y, a su vez, las historias que contamos acerca de nuestras vidas nos dan forma a nosotros. Cread una historia de amor futuro para los dos que perfile cómo será vuestra vida juntos dentro de cinco o diez años. Os imprimará para mantener fuerte vuestro vínculo.

Brazos bien abiertos

Debido a que el apego es una necesidad universal, la visión del apego sobre el amor también puede ayudar a los padres a comprender los conflictos con sus hijos. Hace poco me encontraba en una cafetería con mi hijo adolescente, gritándole por encima del rugido de la expresso, mientras él se ponía de mal humor. Entonces dijo de pronto: «Mamá, lo estamos haciendo otra vez, yo siento que me estás criticando y tú sientes que no me importa lo que tienes que decir». Ambos empezamos a reír y mi ira se esfumó.

Ahora que sabemos de qué trata el amor realmente, sabemos cómo mantenerlo. De nosotros depende utilizar ese conocimiento para nutrirlo con nuestras parejas y familias. Y entonces, con la empatía y el valor que nos enseña, podemos buscar maneras de llevarlo al mundo y marcar una diferencia.

Fuente:
Sue Johnson, «Hold Me Tight», en Psychologytoday.com, 1 de enero de 2010, última revisión: 1 de julio de 2014, visita: 30 de noviembre de 2014, trad. Ben Carral.

Abrázame fuerte


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Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

El amor exige el gesto tranquilizador del tacto. La mayoría de la peleas son en realidad protestas por la desconexión emocional. Bajo la aflicción, las parejas están desesperadas por saber: «¿Estás ahí para mí?».

Sue JohnsonCrecí en el pub de mis padres en Inglaterra, donde siempre había mucho drama. Todo el drama —peleas, ligoteo, lágrimas y rabietas— tenía que ver con el amor. También observé a mis padres destruir el amor que sentían el uno por el otro. Desde entonces siempre he tenido la misión de averiguar qué es el amor exactamente. Mi madre lo describía como «cinco minutos divertidos». También se le ha llamado una misteriosa mezcla de sentimiento y sexo. O una combinación de enamoramiento y compañía. Bueno, es más que eso.

Mis comprensiones personales, cosechadas de la investigación y de ofrecer terapia a más de mil parejas durante 35 años, se han fusionado con un creciente número de estudios científicos, hasta el punto de que ahora puedo decir con confianza que sabemos qué es el amor. Es algo intuitivo y sin embargo no necesariamente obvio: se trata de la continua búsqueda de una conexión básica y segura con otra persona. A través de este vínculo, las parejas enamoradas se vuelven emocionalmente dependientes el uno del otro para nutrirse, calmarse y protegerse.

Estamos diseñados para tener la necesidad de responsividad y de un contacto emocional seguro con otras personas significativas para nosotros. Es una respuesta de supervivencia, la fuerza motriz del vínculo de seguridad que un bebé busca con su madre. Esta observación se encuentra en la esencia de la teoría del apego. Existe mucha evidencia que indica que la necesidad de un apego seguro no desaparece nunca; se transforma en la necesidad adulta de un vínculo emocional seguro con una pareja. Piensa en el modo en que una madre mira amorosamente a su bebé; justo como se miran a los ojos dos personas que se aman.

Aunque nuestra cultura ha enmarcado la dependencia como algo malo, una debilidad, no lo es. Estar apegado a alguien nos proporciona nuestro mayor sentido de seguridad y protección. Significa depender de una pareja para que responda cuando la llames, saber que le importas, que te aprecia y que responderá a tus necesidades emocionales.

El principio más básico de la teoría del apego es que el aislamiento —no solo el aislamiento físico, sino también el emocional— traumatiza a los seres humanos. De hecho, el cerebro lo codifica como un peligro. Gloria Steinem dijo una vez que la mujer necesita al hombre como un pez necesita una bicicleta. Eso son tonterías.

El drama del amor que vi interpretarse cada noche en el bar cuando era niña tiene todo que ver con el anhelo humano de una conexión emocional segura, un imperativo de supervivencia que experimentamos desde la cuna hasta la tumba. Cuando nos sentimos seguramente enlazados con nuestra pareja, podemos tolerar las heridas que (inevitablemente) nos infligirá en el curso de la vida cotidiana.

Conexiones rotas

Empezamos nuestro camino intensamente responsivos y conectados con nuestras parejas. Pero nuestro nivel de disposición atenta tienda a disminuir con el tiempo. Entonces experimentamos momentos de desconexión, momentos en los que no expresamos nuestras necesidades con claridad. Él está disgustado y realmente quiere que le consuelen, pero ella le deja solo, pensando que quiere soledad. En una relación, estos momentos son en realidad ineludibles. Si vas a bailar con alguien, vais a pisaros el uno al otro de vez en cuando.

Sin embargo, perder la conexión con una persona amada pone en peligro nuestro sentido de seguridad. Experimentamos un sentimiento primario de pánico. Dispara una alarma en la amígdala del cerebro, nuestro centro del miedo, que hace que estemos muy alertas a toda clase de amenazas. Una vez que la amígdala dispara la alarma, no pensamos, actuamos. La amenaza puede venir del mundo exterior o de nuestro propio cosmos interior. Lo que cuenta es nuestra percepción, no la realidad. Si nos sentimos abandonados en un momento de necesidad, estamos programados para entrar en un estado de pánico.

Lo que hacemos después, tras estos momentos de desconexión, tiene un impacto enorme en la forma de nuestra relación. ¿Podéis acercaros y reconectar? Si no sois capaces, comenzaréis a entablar peleas que siguen una pauta clara. Las llamo diálogos demoniacos. Si cogen impulso, comienzan a tomar el control y a inducir un terrible sentido de soledad emocional. Vuestra relación se siente cada vez menos un lugar seguro, y empieza a fallar. Comienzas a dudar de que tu pareja esté ahí para ti, de que te valore. O de que ella te pondrá en primer lugar.

Considera a una pareja con su hijo primogénito. Tener un bebé es una experiencia estresante y privadora de sueño. Pero también es un momento en el que los miedos y las necesidades de  apego de las personas son particularmente fuertes. El hombre podría pensar algo como: «Sé que está mal, y sé que resulta patético, pero siento que he perdido a mi mujer por mi hijo». Y la mujer podría decir: «Me sentí muy frágil cuando tuve al bebé. Estaba cuidando de esta pequeña criatura, y yo misma necesitaba consuelo y cuidado extra, pero él estaba fuera trabajando todo el tiempo». Sus intenciones son buenas —ella cuidaba al bebé y él trabajaba duro para sustentar a su nueva familia—, pero fallan en darse el uno al otro lo que realmente necesitan.

O piensa en un hombre que lo está haciendo bien en su trabajo mientras que su mujer despunta en su nueva carrera profesional. Ella pasa muchas horas en proyectos excitantes mientras él se ve privado de afecto, atención y sexo. Todas las noches, acostado en la cama, esperándola, se siente como un tonto por necesitarla tanto; y también está enfadado porque ella no puede ver lo mucho que le afecta su ausencia.

Pero no hablamos de estos conflictos en términos de necesidades de apego profundamente enraizadas. Hablamos de las emociones superficiales, la ira o la indiferencia, y culpamos al otro. «Él está tan enfadado; me siento atacada», o: «Ella es tan fría. No creo que le importe en absoluto». Cada persona se retira a una esquina, haciendo cada vez más difícil para los dos expresar sus necesidades de apego fundamentales, impidiendo la capacidad de obtener tranquilidad el uno del otro.

Las mujeres son a menudo más sensibles que los hombres a las primeras señales de avería en la conexión, y a menudo su respuesta es comenzar lo que yo llamo un baile de desconexión. Casi de manera ritual, persiguen a su pareja en un intento inútil de obtener una respuesta de consuelo. Pero lo hacen de un modo que prácticamente garantiza que sus necesidades básicas no serán satisfechas; culpan a su pareja de fallar en algo esencial.

Por otra parte, a los hombres se les ha enseñado a suprimir sus respuestas y necesidades emocionales, lo que les inclina a retirarse del conflicto. Pero la ira de ella y la retirada de él enmascaran ambas lo que subyace bajo la superficie: una vulnerabilidad y necesidad de conexión subyacentes, que ahora se agravan por la tristeza, la vergüenza y, sobre todo, el miedo.

Con demasiada frecuencia, lo que las parejas no ven es que la mayoría de las peleas son en realidad protestas por la desconexión emocional. Bajo toda la aflicción, las parejas están desesperadas por saber: «¿Estás ahí para mí? ¿Me necesitas? ¿Confías en mí?».

Sigue en: Abrázame fuerte (2.ª parte)

Fuente:
Sue Johnson, «Hold Me Tight», en Psychologytoday.com, 1 de enero de 2010, última revisión: 1 de julio de 2014, visita: 30 de noviembre de 2014, trad. Ben Carral.

Momentos clave de apego y desapego


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Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Sue JohnsonEl punto de vista del apego sobre el amor nos ofrece una manera de comprender los patrones tóxicos. Nos guía hacia los momentos que rompen y construyen las relaciones. Los clientes me dicen a veces: «Las cosas estaban yendo muy bien. Tuvimos cuatro días estupendos. Se sentía como si fuésemos amigos. Pero entonces sucedió ese incidente y todo se fue al infierno entre nosotros. No lo entiendo».

A menudo, los intercambios dramáticos entre los miembros de una pareja son tan rápidos, caóticos y acalorados que no captamos lo que está sucediendo en realidad y no podemos ver cómo podríamos reaccionar. Pero si ralentizamos las cosas, vemos los puntos decisivos y nuestras opciones. Las necesidades de apego y las poderosas emociones que les acompañan surgen a menudo de repente. Catapultan la conversación desde cuestiones mundanas al asunto de la seguridad y la supervivencia.  «Johnny ve demasiada televisión», se convierte al instante en: «Ya no puedo más con las rabietas de nuestro hijo. Soy una madre pésima. Pero no me estás escuchando. Ya sé, ya sé, tienes que seguir trabajando, eso es lo que importa aquí, ¿no? No mis sentimientos. Estoy sola en esto».

Si nos sentimos básicamente seguros y conectados con nuestra pareja, este momento clave es solo como una pasajera brisa fresca en un día soleado. Si no estamos tan seguros de nuestra conexión, comienza una espiral negativa de inseguridad que enfría la relación. [John] Bowlby [(1907-1990)] nos dio una guía general para saber cuándo salta nuestra alarma de apego. Dijo que ocurre cuando de repente nos sentimos inseguros y vulnerables en el mundo o percibimos un cambio negativo en nuestro sentido de conexión con un ser querido, cuando sentimos una amenaza o peligro para la relación. Las amenazas que percibimos pueden venir del mundo exterior y de nuestro propio cosmos interior. Pueden ser ciertas o imaginarias. Lo que cuenta es nuestra percepción, no la realidad.

Peter, que lleva seis años casado con Linda, se ha estado sintiendo menos importante para su mujer últimamente. Ella tiene un trabajo nuevo y hacen el amor con menos frecuencia. En una fiesta, un amigo comenta que mientras Linda se ve radiante, parece que a Peter se le está cayendo el pelo. Cuando Peter ve a Linda hablando con un hombre impresionantemente apuesto, un hombre con mucho pelo, se le revuelve el estómago. ¿Se puede calmar Peter al saber que su mujer le tiene mucho cariño, que volverá a él y que puede contar con ella si se lo pide? Quizá recuerde un momento en que sucedió así y utilice esa imagen para aplacar su intranquilidad.

Sin embargo, ¿qué sucede si nos puede calmar sus entrañas? ¿Se enfada, camina hasta su mujer y le hace un comentario cortante sobre el flirteo? ¿O elude su preocupación, se dice a sí mismo que no le importa y va a por otro trago, o seis? Cualquiera de estas formas de tratar con su miedo: atacar o retroceder, solo conseguirá alejar a Linda. Ella se sentirá menos conectada y atraída hacia su compañero, lo que a su vez solo amentará el pánico primario de Peter.

Un segundo momento clave ocurre después de que ha pasado la amenaza inmediata. Entonces la pareja tiene la oportunidad de reconectar, a no ser que entren en juego sus estrategias negativas para tratar con ello. En la fiesta, más avanzada la noche, Linda busca a Peter. ¿Se acerca a ella y le permite ver el dolor y el miedo que sintió al verla hablar  con otro hombre de manera tan íntima? ¿Expresa estas emociones de forma que ella se vea incitada a tranquilizarle? ¿O le ataca por «ir golfeando» y le exige que vayan inmediatamente a casa y hagan el amor? ¿O permanece callado y retraído?

Un tercer momento clave es cuando logramos sintonizar con nuestras emociones de apego, buscamos conexión y consuelo con nuestra persona amada y ella responde. Digamos que Peter logra llevar a Linda a un lado, toma una respiración profunda y le cuenta que ha pasado un mal rato al verla hablar con el apuesto extraño. O quizá solo logre ir y quedarse a su lado y expresar su disgusto con una mirada preocupada. Supongamos que Linda responde positivamente. Aunque él no es capaz de expresar sus sentimientos completamente, ella siente que algo no anda bien y le da la mano a Peter. Le pregunta con suavidad si se encuentra bien. Ella es accesible, responsiva. Pero ¿Peter se da cuenta de ello, confía? ¿Puede aceptarlo, sentirse consolado, acercarse y seguir abriendo su corazón? ¿O por el contrario sigue en guardia y la aleja para evitar sentirse tan vulnerable? ¿La ataca incluso para comprobar si a ella «le importa realmente»?

Finalmente, cuando Peter y Linda vuelven a su manera cotidiana de conectar, ¿tiene él la seguridad de que ella estará ahí como refugio seguro en tiempos de problemas y dudas? ¿O se sigue sintiendo inseguro? ¿Intenta controlar a Linda y presionarla cada vez más buscando respuestas que le aseguren su amor? ¿O minimiza su necesidad de ella y se centra en cambio en tareas y cosas que le distraigan?

Este drama se ha centrado en Peter, pero un escenario centrado en Linda revelaría que ella tiene las mismas necesidades y miedos de apego. Ciertamente, tanto hombres como mujeres, todos compartimos estas sensibilidades. Pero las podemos expresar un poco diferente. Cuando una relación se encuentra en caída libre, los hombres hablan típicamente de sentirse rechazados, inadecuados y un fracaso; las mujeres, de sentirse abandonadas y desconectadas. Las mujeres parecen tener una respuesta adicional que emerge cuando se encuentran afligidas. Los investigadores lo llaman cuidar y cultivar la amistad. Quizá porque por su sangre circula más oxitocina, la hormona de los abrazos, las mujeres buscan más a otras personas cuando sienten una falta de conexión.

 

Según un destacado estudio de Ted Huston de la Universidad de Texas, la causa de que los matrimonios fracasen no es un aumento del nivel de  conflicto, sino la disminución del afecto y la responsividad emocional. Ciertamente, la falta de responsividad emocional es el mejor indicador de lo sólido que será un matrimonio a los cinco años, no el nivel de conflicto. El fracaso de los matrimonios empieza con una creciente ausencia de interacciones íntimas responsivas. El conflicto viene después.

Como pareja, caminamos juntos por la cuerda floja en un equilibrio delicado. Cuando comienzan a soplar los vientos de la duda y del miedo, si nos entra el pánico y nos aferramos desesperadamente el uno al otro o si nos separamos de golpe para protegernos, la cuerda se balancea cada vez más y nuestro equilibrio se vuelve más precario todavía. Para seguir en la cuerda, debemos movernos al compás el uno del otro, responder a las emociones el uno del otro. Al conectar, nos equilibramos mutuamente. Estamos en equilibrio emocional.

Fuente:
Sue Johnson, Hold Me Tight: Seven Conversations for a Lifetime of Love, Little, Brown and Company, 2008, trad. Ben Carral. (Abrázame fuerte: siete conversaciones para un amor duradero, Urano, 2009.)

Es hora de superar el mito de la independencia


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Por Ben Carral (profesor de meditación y relaciones saludables; director del Mindfulness Gijón)

Ben CarralEn Estados Unidos, el 33% de la población sigue creyendo que «los seres humanos y otras cosas vivas han existido en su forma actual desde el principio del tiempo» (Pew Research Center, encuesta 21 de marzo-8 de abril de 2013, pregunta 54, trad. personal), es decir, no acepta la teoría de la evolución. Me parece trágico y sorprendente. Es como seguir viviendo con la idea de que la Tierra es plana y que se encuentra en el centro del universo. Y, sin embargo, un despropósito de iguales dimensiones ocurre entre nosotros.

Estos días he leído en Facebook dos citas atribuidas a John Lenon (1940-1980) en las que se afirma: «La felicidad está dentro de uno, no al lado de alguien», y ambas recogieron muchos «Me gusta». ¿Tienen sentido las supuestas palabras de Lenon? En absoluto. La verdad es que son una tontería tan grande como creer que Dios hizo el mundo en su forma actual o que la Tierra es plana. Lo cierto es que la ciencia ha demostrado sobradamente que necesitamos a los demás para ser felices. De hecho, no solo para ser felices, sino simplemente para sobrevivir; basta con pensar qué sería de un recién nacido sin los cuidados de los demás.

Como dice Harriet Lerner (doctora en Psicología) en The Dance of Connection [El baile de la conexión] (HarperCollins, 2001, trad. personal):

La dependencia ha cogido mala reputación. […] El hecho es que todos dependemos de otros. Es parte de la condición humana. Podemos fingir que no es así cuando somos jóvenes, tenemos salud y nos va bien en el trabajo. […] Cuando fallan los sistemas que te apoyan, aprendes lo dependiente que eres en realidad. […] El énfasis cultural en nuestra independencia es tan fuerte que incluso podemos sentirnos avergonzados de nuestra dependencia.

O como dice Sue Johnson (también doctora en Psicología) en Love Sense [Sentido del amor] (Little, Brown and Company, 2013, trad. personal):

Toda la investigación está de acuerdo en que una relación estable y amorosa es la base fundamental de la felicidad humana y el bienestar general. Una buena relación es mejor seguro de salud que una dieta cuidadosa y mejor estrategia antienvejecimiento que tomar vitaminas. Una relación amorosa también es la clave para crear familias que enseñen las habilidades necesarias para mantener una sociedad civilizada: confianza, empatía y cooperación. El amor es la fuerza vital de nuestra especie y del mundo.

Así que John Lenon (o quien escribiese esas citas) estaba tan equivocado sobre la felicidad como los fundamentalistas religiosos lo están acerca de la evolución. En cuanto investigadores y científicos nos queda mucho trabajo de divulgación por delante para desmantelar el terrible mito de la independencia. Al igual que tuvimos que aprender que la Tierra es redonda o que somos descendientes de los primates, es hora de que aprendamos que nuestra felicidad depende de otros. Están en juego nuestro bienestar personal, el bienestar de nuestras familias y el bienestar de la sociedad en general.

El amor es como el oxígeno o el agua


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El amor es una necesidad básica

Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

El amor no es la guinda del pastel de la vida. Es una necesidad primaria básica, como el oxígeno o el agua. Cuando comprendemos y aceptamos esto, podemos llegar más fácilmente al meollo de los problemas relacionales.

Fuente:
Sue Johnson, Hold Me Tight: Seven Conversations for a Lifetime of Love, Little, Brown and Company, 2008, trad. Ben Carral. (Abrázame fuerte: siete conversaciones para un amor duradero, Urano, 2009.)

Comunicación eficaz: hacer que el mensaje se entienda


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Por Amir Levine (doctor en Psiquiatría) y Rachel Heller (magíster en Psicología Social y de las Organizaciones)

Trad. Ben Carral

¿Por qué utilizar la comunicación eficaz?

Amir Levine y Rachel HellerLa comunicación eficaz trabaja para lograr dos metas:

    • Escoger a la pareja correcta. La comunicación eficaz es la manera más rápida y directa para determinar si tu posible pareja será capaz de cubrir tus necesidades. La respuesta de tu cita a la comunicación eficaz puede revelar más en cinco minutos de lo que podrías aprender en meses de citas sin esta clase de discurso. Si la otra persona muestra un deseo sincero de comprender tus necesidades y dar prioridad a tu bienestar, el futuro juntos es prometedor. Si él o ella deja a un lado tus preocupaciones como insignificantes, o te hace sentir inadecuado, estúpido o autoindulgente, puedes concluir que esta persona no tiene en mente lo mejor para ti de manera sincera y que probablemente sois incompatibles.

 

  • Para asegurarte de que tus necesidades son cubiertas en la relación, ya sea una recién iniciada o de larga duración. Al detallar tus necesidades, haces mucho más fácil que tu pareja las cubra. Él o ella no necesita adivinar si algo te molesta; o de qué se trata ese algo.

La belleza de la comunicación eficaz es que te permite convertir una supuesta debilidad en una ventaja. Si necesitas mucha reafirmación de que tu pareja te quiere y se siente atraída por ti (al menos en la fase inicial de la relación), en vez de intentar ocultar este deseo porque no es aceptable socialmente sonar tan necesitado, lo afirmas como algo  que se da por sentado. Cuando se presenta de esta manera, no pareces débil o necesitado, sino seguro de ti mismo y asertivo. Por supuesto, la comunicación eficaz significa que comunicas de una manera inofensiva y no pones a tu pareja en el punto de mira, sino que le permites que sea abierta contigo sin sentirse atacada, criticada o culpada.

Otra ventaja de la comunicación eficaz es que proporciona un modelo para tu pareja. Estableces un tono para la relación en el que ambos podéis ser honestos y en el que cada uno tiene la responsabilidad sagrada de cuidar atentamente el bienestar del otro. Cuando tu pareja vea que puedes ser tan abierto, él o ella seguirá el ejemplo. […]

Juzgar la respuesta

Con la comunicación eficaz puede que no seas capaz de solucionar un problema o resolver vuestras diferencias al primer intento, pero puedes juzgar inmediatamente lo importante que es tu bienestar para tu pareja:

  • ¿Intenta llegar al fondo de tus preocupaciones?
  • ¿Responde al asunto en cuestión o intenta esquivarte?
  • ¿Se toma en serio tus preocupaciones o intenta menospreciarte o hacerte sentir estúpido por plantearlas?
  • ¿Intenta encontrar maneras de hacerte sentir mejor o solo se ocupa de actuar a la defensiva?
  • ¿Responde a tus preocupaciones solo de manera factual (como en un juzgado) o también está en sintonía con tu bienestar emocional?

Si tu pareja es responsiva y se preocupa genuinamente de tu felicidad y seguridad, tienes luz verde para seguir adelante con la relación. Sin embargo, si tu pareja intenta evadir asuntos importantes, actúa a la defensiva o te hace sentir estúpido o necesitado, deberías tomarlo como una señal seria de advertencia.

[…]

¿Cuándo debería utilizar la comunicación eficaz?

Cuando nos preguntan cuándo utilizar la comunicación eficaz, nuestra respuesta automática es «¡siempre!», pero entonces solemos escuchar: «¿Tengo que plantear al momento cada uno de los asuntos de la relación? Soy ansioso, eso significaría expresar cada preocupación y duda que me cruce por la mente, y Dios sabe que hay un montón». Normalmente, si expresas las cosas que te preocupan desde el principio y recibes una respuesta positiva, cambiará todo tu comportamiento. Surgen más preocupaciones y miedos cuando no comunicas tus preocupaciones y dejas que las cosas se acumulen.

Pero hasta que puedas sentirte completamente cómodo utilizando la comunicación eficaz, sugerimos esta regla basada en la práctica:

    • Si eres ansioso, utiliza la comunicación eficaz cuando sientas que estás empezando a recurrir a la conducta de protesta. Cuando algo que tu pareja haya dicho o hecho (o dejado de decir o hacer) haya activado tu sistema de apego hasta el punto de que te sientes al borde de actuar (no contestando sus llamadas, amenazando con irte o entablando cualquier otra forma de conducta de protesta), detente. Averigua entonces cuáles son tus necesidades reales y utiliza la comunicación eficaz. Pero solo después de que te hayas calmado del todo (lo que para alguien ansioso puede llevar uno o dos días).

 

  • Si eres evitativo, la señal infalible de que necesitas utilizar la comunicación eficaz es cuando sientes una necesidad incontrolable de escapar. Utiliza la comunicación eficaz para explicar a tu pareja que necesitas algo de espacio y que te gustaría encontrar una manera aceptable para él o ella. Sugiere algunas alternativas, asegurándote de tener en cuenta las necesidades de la otra persona. Al hacerlo así, es más probable obtener el espacio que necesitas para respirar.

[…]

Los cinco principios de la comunicación eficaz

Al igual que el concepto de comunicación eficaz, los principios también son sencillos:

1. Muestra tus sentimientos. La comunicación eficaz requiere ser sincero y completamente honesto acerca de tus sentimientos. ¡Sé valiente emocionalmente!

2. Céntrate en tus necesidades. La idea es hacer entender tus necesidades. Al expresar tus necesidades, nos referimos siempre a necesidades que también tomen en consideración el bienestar de tu pareja. Si le terminan haciendo daño, es seguro que tú también saldrás dañado; después de todo, tu pareja y tú sois una unidad emocional. Al expresar tus necesidades, resulta útil emplear verbos como necesitar, sentir y gustar, con el foco puesto en lo que estás intentando lograr en vez de en los defectos de tu pareja:

  • «Necesito sentirme segura en la relación, cuando intentas ligar con la camarera, me siento en terreno inseguro.»
  • «Me siento infravalorado cuando me contradices delante de tus amigas. Necesito sentir que respetas mis opiniones.»
  • «Quiero saber que puedo confiar en ti. Cuando sales de bares con tus amigos, me preocupa mucho que me engañes.»

3. Sé específico. Si hablas en términos generales, puede que tu pareja no entienda exactamente qué necesitas en realiad, lo que puede reducir sus probabilidades de hacerlo bien. Di precisamente lo que te molesta:

  • «Cuando no pasas la noche…»
  • «Cuando no me llamas todos los días…»
  • «Cuando dijiste que me querías y luego lo retiraste…»

4. No culpes. No hagas nunca que tu pareja se sienta egoísta, incompetente o inadecuada. La comunicación eficaz no tiene que ver con resaltar los defectos de la otra persona, y hacer acusaciones te apartará del asunto y se convertirá en un duelo rápidamente. Asegúrate de encontrar un momento en el que estés calmado para discutir las cosas. Descubrirás que intentar la comunicación eficaz cuando estás a punto de explotar es una contradicción en términos; lo más probable es que suenes enfadado o crítico.

5. Sé asertivo y no te justifiques. Tus necesidades en la relación son válidas; punto. Aunque personas con diferentes estilos de apego pueden no ver tus preocupaciones como legítimas, resultan esenciales para tu felicidad, y expresarlas de manera auténtica es crucial para la comunicación eficaz. El punto resulta especialmente importante si tienes un estilo de apego ansioso, porque nuestra cultura te anima a creer que muchas de tus necesidades son ilegítimas. Pero el asunto no es si resultan legítimas o no para otra persona. Resultan esenciales para tu felicidad y por eso son importantes.

[…]

Comunicación eficaz básica

[…]

Situación Comunicación ineficaz (conducta de protesta) Comunicación eficaz
Él está muy ocupado en el trabajo y tú apenas le ves. Llamarle cada dos horas para asegurarte de que piensa en ti. Decirle que le echas de menos y está siendo difícil para ti ajustarte a su nuevo trabajo, incluso cuando comprendes que es algo temporal.
Ella no te escucha realmente cuando hablas, lo que te hace sentir poco importante y malentendido. Levantarte en medio de la conversación e irte a otra habitación (esperando que ella te siga y te pida disculpas). Dejar claro que no es suficiente que ella escuche sin responder. Enfatizar que valoras su opinión sobre la de cualquier otro y que es importante para ti saber lo que ella piensa.
Él habla de su ex novia, lo que te hace sentir insegura. Decirle que es patético que siga hablando de su ex.
o
Hablar de otros hombres con los que saliste para hacerle saber lo mal que sienta.
Hacerle saber que la conversación sobre su ex novia te hace sentir inadecuada e insegura de cuál es su situación, que tú necesitas sentirte segura para ser feliz con alguien.
Él siempre llama en el último momento para hacer planes. Decirle que estás ocupada siempre que lo hace para que al final aprenda a llamar con antelación. Explicar que te sientes inquieta al no saber si le vas a ver ni cuándo le verás y que es mejor para ti tener al menos un horario aproximado con antelación de cuándo estaréis juntos.
Ella filtra mucho tus llamadas y solo las devuelve cuando le parece bien. Aguantarse. Transmitir lo importante que es para ti devolver sus llamadas pronto y lo bien que te sentirías si ella hiciese lo mismo.
Él no te ha llamado en unos días. Estás preocupada de que quiera terminar la relación. Decirle que estás ocupada cuando finalmente llame. Eso le enseñará. Informarle de que es doloroso cuando desaparece y que una de las cosas que más necesitas en una relación es que tu novio te convierta en una prioridad siempre que sea posible.

Es importante recordar que, incluso con la comunicación eficaz, algunos problemas no se resolverán de inmediato. Lo que resulta vital es la respuesta de tu pareja: si él o ella se preocupa de tu bienestar, tiene en mente lo mejor para ti y desea reparar las cosas.

Fuente:
Amir Levine y Rachel Heller, Attached: The New Science of Adult Attachment and How It Can Help You Find – and Keep – Love, Tarcher/Penguin, 2010, trad. Ben Carral. (Maneras de amar: la nueva ciencia del apego adulto y cómo puede ayudarte a encontrar el amor y conservarlo, Urano, 2011.)

Las leyes del amor


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Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Sue JohnsonHace unos meses fui a la ópera; Carmen de Bizet para ser precisa. En la primera escena, cuando Carmen sale paseando y seduce a unos 30 soldados haciendo pucheros, canta: «El amor es un niño gitano, jamás, jamás ha conocido ley». Todos los poetas y filósofos de las historia estarían de acuerdo y cantarían el coro con ella. Al fin y al cabo, todo el mundo sabe que el amor romántico es misterioso, irracional, pasajero. Simplemente algo en lo que caemos y después salimos. Pero esto nos deja con un gran problema.

Ahora dependemos cada vez más de nuestras parejas románticas para el apoyo y la conexión social que necesitamos. La mayoría de nosotros ya no vivimos en pueblos. Si tenemos suerte, vivimos en una comunidad de dos. Y cada vez más de nosotros nos quejamos de soledad crónica y, por primera vez en la historia de la humanidad, la unidad básica de la sociedad, la familia, se fundamenta casi por entero en sentimientos de amor y afecto. Construir estas relaciones preciosas e indispensables sobre una sombra, un misterio tan fuera de control, ¡parece un poco arriesgado! Quizá por eso, en mi parte del mundo, la pregunta más frecuente en Google durante el último año fue qué es el amor, y también cómo se hace. Pero está bien.

De hecho, Bizet y su versión sin ley del amor ¡está desfasada! Ahora sabemos que el amor tiene sentido, y no solo podemos darle sentido, sino darle forma. Es un avance decisivo, una gran idea, un cambio de paradigma, una revolución. ¿Cómo sucedió? Bueno, en la década de 1990, los científicos sociales empezaron a observar sistemáticamente a las parejas haciendo lo que todas las parejas hacen: pelear, reconciliarse, despedirse, pedir atención o enfrentar juntos situaciones de miedo. Investigadores como yo misma hemos estado ocupados codificando las expresiones de las caras de las parejas, señalando las respuestas exactas que llevan a una relación de la desesperación al deleite, poniendo a las parejas en escáneres cerebrales y midiendo sus hormonas.

La ciencia se ha centrado por fin en los dramas que componen nuestras vidas emocionales cotidianas, señalando, por ejemplo, por qué nos preocupan los sentimientos heridos y qué supone una disculpa eficaz. En mi laboratorio hemos estudiado con éxito cómo ayudar a las parejas no solo a incrementar su satisfacción en la relación, sino a crear la responsividad amorosa que verdaderamente repara su vínculo emocional. Bueno, esperad un momento, podemos mejorar las habilidades de comunicación en terapia, pero ¿realmente podemos crear amor y confianza? ¿Realmente podemos hacerlo? 20 años de investigación dicen que podemos, pero solo si sabemos cómo darle sentido al amor, solo si comprendemos las leyes del amor.

Observemos cuatro de ellas; cada una apoyada por muchos estudios de investigación.

Ley número uno. En esencia, el amor romántico es una versión adulta del vínculo emocional entre la madre y el niño, con las mismas emociones llenas de energía, un anhelo impulsivo de cercanía física y emocional, la necesidad de un refugio seguro, la seguridad y conexión que disminuyen el miedo y el estrés, la misma agitación emocional ante la amenaza de pérdida y separación, y las mismas tres estrategias y movimientos para tratar con nuestra necesidad de cercanía. Seamos claros, este vínculo, con los padres y luego con nuestras parejas, no es una cuestión pequeña, es un antiguo código de supervivencia programado en nuestros cerebros cuando nacemos, pequeños e indefensos.

Si llamamos y nadie acude, es aterrador. Sabemos que el aislamiento, ser privado del cuidado de otros, es la señal de peligro definitiva, nos puede dejar indefensos; puede matar. Un estudio de House demuestra que el aislamiento emocional ¡es más peligroso para tu salud que fumar o no hacer ejercicio! Y tienes tres veces más probabilidades de sufrir un derrame o ataque al corazón si tienes que enfrentar el mundo solo. Estamos reconociendo que nacemos para conectar, es nuestro instinto más profundo, más poderoso que el sexo o la agresión.

¿Cuál es la primera ley del amor? Es que se trata de un código de supervivencia y que regula nuestro sentido de seguridad o peligro. El modelo para nuestra manera de amar es el vínculo con nuestro primer cuidador. De adultos, este vínculo es diferente en cuanto que no necesitamos que nuestras parejas se encuentren físicamente presentes todo el tiempo; podemos recurrir a ellas en nuestras mentes y utilizarlas como señales de seguridad para calmarnos. Cuando vuelo, según despega el avión, escucho en mi cabeza la amorosa voz de mi marido y mi corazón se estabiliza aunque estemos ascendiendo a 12 mil metros de altura. Si quieres pensar en esto en términos de una droga, pensar en mi marido probablemente enciende en mi cerebro una hormona de vinculación llamada oxitocina y esto ¡apaga el miedo! ¡Qué inteligente!

Ley número dos. No hace tanto, la creencia era que las madres no debían coger a los niños porque les volvía debiluchos dependientes. De hecho, ahora sabemos que les hace más fuertes, más seguros de sí mismos. Pero muchos de nosotros seguimos creyendo que no deberíamos necesitar a nuestras parejas, que depender de otros es una debilidad. La ley número dos dice que nuestra necesidad de que estén disponibles para nosotros y nos respondan como si importásemos está programada en nuestro cerebro de mamífero (así que si eres una lagartija y me estás escuchando, esta charla no va contigo).

Nuestra capacidad para llegar a otros y utilizarlos como recurso —para calmarnos, para consolarnos, para apoyarnos— es una fortaleza. De hecho, probablemente sea ¡la mayor fortaleza de nuestra especie! Los más fuertes y resistentes de nosotros saben cómo recurrir a otros como recurso. Después del 11 de septiembre, quienes vivían cerca de las torres y pudieron recurrir a otros se recuperaron bien; no así quienes intentaron tratar solos con ese trauma. Las viudas que saben que eran queridas se recuperan mejor de la pérdida de sus parejas. El amor nos hace más fuertes. Ley número dos: somos mejores juntos; amar y ser amado te hace más fuerte.

Ley número tres. Esta ley nos dice cuál es la esencia de una buena relación. Es cuando la respuesta a la pregunta: «¿Estás ahí para mí emocionalmente?», es: «¡Sí!, puedes contar con que responderé». Las parejas expertas saben cómo aproximarse el uno al otro, acercarse mutuamente y reparar los momentos de desconexión o daño. Una relación amorosa es un baile constante de sintonización mutua, momentos de encuentro, confusiones y errores, fallos y daños, reparación y volver entonces de nuevo a una conexión amorosa. Las parejas expertas crear un refugio seguro el uno para el otro, literalmente hacen descender mutuamente su ritmo cardiaco y reducen mutuamente sus hormonas de estrés.

En nuestro laboratorio observamos a las parejas reparar su relación después de años de angustia. Tienen una conversación Abrázame fuerte [título de uno de los libros de Sue] donde cada miembro de la pareja puede compartir vulnerabilidades y necesidades de un modo que ayuda al otro a acercarse y responder. La responsividad emocional es la clave de un vínculo seguro. En nueve estudios, estas conversaciones transformaron las relaciones y predijeron exitosamente la reparación de la relación al finalizar la terapia y años después. Por cierto, las parejas que tienen esta conexión emocional segura tienen mejor sexo; la clave para un gran sexo ¡es la seguridad emocional y no la novedad constante! Cuando te sientes seguro, ¡puedes jugar! Así que la ley número tres es: la sintonía emocional y la responsividad son la clave para una vinculación de refugio seguro; los dos miembros de la pareja pueden aproximarse y responder al otro.

Ley número cuatro. En realidad, el baile del amor no es tan complicado, solo existen tres movimientos clave predecibles. Ya tengas 5 ó 55 años, cuando te sientes desconectado, la tendencia natural es intentar llegar a tu ser amado, especialmente si te ha funcionado en el pasado. A veces, estas aproximaciones un poco tímidas y astutas. Como en: «Si no estás ocupado, me podrías ayudar a preparar el café». Si no se produce la reconexión, tenemos otras dos estrategias para tratar con nuestras ansias y miedos. Protestarás para obtener una respuesta, podrías enfadarte o volverte exigente, como en: «Nunca me ayudas a preparar el café». Si la conexión ha sido una decepción continua para ti, la única solución es desconectar y anestesiar tus sentimientos, como en: «Voy a salir a tomar un café. Te veo luego».

Les decimos a las parejas afligidas que el baile normal de desconexión es cuando uno demanda una respuesta, pero de una manera enojada que desconcierta al otro, y el otro se siente indefenso y retrocede para evitar el daño. La misma música emocional de abandono y rechazo suena para los dos. La conexión es tan fundamental para nuestra supervivencia que la crítica de nuestra pareja se codifica de la misma manera y en el mismo lugar del cerebro que el dolor físico; ambos son señales de peligro. El conflicto crónico en las relaciones tiene que ver todo con la soledad y la desconexión que los miembros de la pareja no saben cómo superar. Las parejas que acabo de describir realmente no están peleando por el café. Cuando las parejas entienden que ambos están solos y tienen miedo, se pueden consolar mutuamente en la tormenta y encontrar su camino a casa. Ley número cuatro: Los movimientos que forman el baile de la vinculación son aproximarse y responder, presionar y exigir o apartarse para anestesiar el dolor y el ansia.

Así que sabemos qué es el amor, sabemos por qué importa, qué hace por nosotros y qué respuestas construyen o rompen nuestras relaciones amorosas. Esta revolución silenciosa ha ocurrido enteramente en los últimos 20 años. Pero ¿puede durar el amor? Los datos indican que si sabes cómo hacerlo, puede durar. Los escáneres cerebrales nos dicen que los cerebros de algunas parejas que llevan juntas mucho tiempo responden de la misma manera, con la misma excitación que las nuevas parejas cuando ven fotografías de sus seres amados. Si os aproximáis y cogéis mutuamente para enfrentar juntos a los dragones de la vida, cada dragón con el que os enfrentéis fortalecerá el vínculo de confianza y amor entre vosotros. Podemos tener las relaciones amorosas y duraderas que todos anhelamos, pero solo si aprendemos el sentido del amor [en inglés, Love sense, otro de los libros de Sue]. Hemos solucionado el misterio llamado amor, y podemos aprender a darle forma. Esta es la puerta de entrada a una mayor felicidad, a una mejor salud mental y física, y la manera de fomentar adultos, relaciones y familias más seguras, resilientes y confiadas en sí mismas.

Utilicemos la ciencia para sacar el mayor provecho de nuestras vidas, para empezar así [una foto de un bebé en los brazos de un adulto] y avanzar hacia esto [una foto de una pareja mayor abrazada y claramente enamorada].

Las tres características de una relación segura


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Por Brent Bradley (doctor en Psicología) y James Furrow (doctor en Desarrollo Humano y Estudios de la Familia)

Trad. Ben Carral

Estas son las tres características de un apego seguro:

    • Pareja madura felizAlguien con el que puedes contar: Ser humano significa que dependes de los demás. Tu supervivencia depende de esto. Buscar y mantener relaciones con otras personas importantes para ti es un instinto humano básico ineludible. La cuestión para las parejas no es si confiar ni cuándo confiar, sino cómo confiar en tu compañero o compañera.

      Te mantienes fuerte como individuo cuando tienes un sentido claro de dónde te encuentras con las personas que te importan. Una relación segura te proporciona una visión más clara de ti mismo. Esto sucede a la luz de una relación con alguien que se preocupa por ti.

 

    • Alguien a quien puedo acudir en los momentos difíciles: Saber que puedes contar con el consuelo y cuidado de tu pareja resulta esencial para la seguridad en el apego. Bowlby describió este aspecto del apego como crear un «refugio seguro». La seguridad en el apego promete una relación que ofrece protección y seguridad en medio de las tormentas y tensiones de la vida.

 

  • Alguien que me da confianza: Tener un apego seguro significa tener una relación que promueve el crecimiento y la autoexploración. Bowlby llamó a esta cualidad una «base segura». Un apego seguro proporciona un fundamento sobre el que los miembros de la pareja pueden construir, lo que les permite asumir riesgos personales y explorar la vida juntos.

Las claves para fortalecer un vínculo de apego es que seas accesible y responsivo para tu pareja. Un vínculo de apego proporciona una «sentida sensación de seguridad». Es algo que sabes en tus huesos. Debes ser capaz de experimentar la confianza de que tu compañero o compañera estará ahí si lo necesitas y saber que él o ella te responderá a ti específicamente.

Si reduces la seguridad en el apego a una sola cuestión, lo fundamental es: «¿Puedo depender de ti cuando te necesite?». La respuesta no se trata solo de la intención de tu pareja; se trata de lo que tu pareja cumpla. Esto requiere accesibilidad y responsividad. Sue Johnson, en su libro Hold Me Tight (Abrázame fuerte), identifica una serie de maneras en que los miembros de la pareja demuestran ser accesibles y responsivos en las relaciones íntimas.

Según Jonshon, ser accesible para tu pareja significa que:

  • pondrás atención a las peticiones o preocupaciones.
  • serás accesible a nivel emocional.
  • darás prioridad a tu pareja.
  • harás que tu pareja se sienta incluida.
  • escucharás las preocupaciones más profundas de tu pareja.

Ser responsivo a tu pareja significa que:

  • estarás ahí en momentos de necesidad.
  • responderás a la necesidad de cercanía de tu pareja.
  • proporcionarás apoyo en momentos de incertidumbre.
  • harás esfuerzos para volver a conectar después de una discusión.
  • afirmarás el valor y la importancia de tu pareja.

Fuente:
Brent Bradley y James Furrow, Emotionally Focused Couple Therapy for Dummies [Terapia de pareja centrada emocionalmente para Dummies], John Wiley & Sons Canada, 2013, trad. Ben Carral.