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Los problemas de pareja son cosa de dos


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Por David Olsen (doctor en Psicología) y Douglas Stephens (magíster en Trabajo Social)

Trad. Ben Carral

Douglas StephensDe quejas a discusiones que siguen un patrón

Con demasiada frecuencia, al intentar comprender las discusiones que se terminaron convirtiendo en estallidos, tenemos una respuesta simple para explicar lo que fue mal. Pensamos que debió ser culpa de nuestra pareja. Si nuestra pareja cambiara, o empezase terapia o aprendiera a comunicarse, se terminarían nuestros problemas. Adoptamos una explicación unipersonal del problema, que convenientemente ignora nuestro papel y nuestras contribuciones a la riña. Casi inevitablemente, una explicación unipersonal asume que el problema lo tiene la otra persona. Por supuesto hay ocasiones en las que una sola persona es responsable del problema. Por ejemplo, cuando hay violencia doméstica, la persona que comete la violencia claramente tiene más culpa, y en tales circunstancias la víctima primero necesita protegerse. Sin embargo, en la mayoría de las discusiones de pareja las dos personas implicadas conspiran juntas para hacer que el problema empeore.

Lo que no comprenden la mayoría de las parejas es que todas las parejas crean un estilo de comunicación sobre los asuntos difíciles que sigue un patrón. Con frecuencia, esta interacción cobra vida propia. Esto significa que todos los problemas de comunicación son problemas bipersonales. Cuando utilizamos el término problema bipersonal, nos referimos a que el problema bajo consideración es creado y mantenido por las dos personas. Los problemas no existen por separado.

En un matrimonio no hay problemas unipersonales. No hay santos ni pecadores, ni buenos ni malos. La mayoría de los problemas son culpa de las dos personas. Más importante incluso es la realidad de que ambas personas mantienen el problema. Específicamente, esto significa que la manera en que discuten sobre el problema normalmente evita que el problema se solucione. Su discusión es cocreada y desafortunadamente cobra vida propia. Inevitablemente, los dos miembros de la pareja alimentan la discusión, creando así la familiar interacción que sigue un patrón. El término problema bipersonal se refiere al hecho de que «hacen falta dos para bailar un tango»: ambas personas juegan un papel en la discusión. En el matrimonio, y en todas las relaciones significativas, uno más uno no es igual a dos. En otras palabras, están los dos miembros de la pareja más el patrón de comunicación que crean entre ambos. Este patrón de comunicación tiene vida propia. Al final, el patrón se convierte en el problema. La ironía es que el patrón surgió originalmente en un intento por solucionar un asunto en particular.

Las reglas de los patrones en las relaciones

Creemos que para crear un cambio eficaz en el matrimonio, debes comenzar poniendo el foco en ti mismo. Para empezar este difícil proceso, tendrás que cambiar en gran medida la manera en que piensas acerca de las relaciones. Como dijimos antes, muchas personas piensan que el cambio real solo puede ocurrir si su pareja cambia; no ven lo que ellas contribuyen al problema. Además, tienen dificultad para retroceder de las discusiones y reconocer que las discusiones siguen patrones, interacciones predecibles. Para empezar a cambiar tu manera de comprender tu papel en las relaciones, considera el siguiente conjunto de reglas como el inicio del aprendizaje de una nueva manera de ver las relaciones.

Regla Número 1: Todos los problemas de comunicación en el matrimonio son problemas bipersonales

Comprender la Regla Número 1 resulta esencial para empezar a considerar de manera diferente tu papel en el matrimonio. Comprender esta regla te ayudará a dejar de intentar cambiar a tu cónyuge. También te ayudará a ver los problemas de comunicación en tu matrimonio como un problema bipersonal. A su vez, esto puede ayudar a que te centres en tu papel en el problema.

Cuando la mayoría de las parejas empiezan terapia de pareja, están convencidas de que saben exactamente cuál es el problema: su compañera o compañero. No comprenden que sus interacciones han evolucionado en un patrón predecible, un patrón que mantiene el problema que están intentando resolver. En vez de ello, tienen la esperanza secreta (o no tan secreta) de que el terapeuta se dé cuenta de que el problema principal es su pareja, y que luego proceda a ayudar a su pareja a cambiar (por supuesto según sus especificaciones). O si están leyendo un libro de autoayuda sobre el matrimonio, su fantasía real es que su cónyuge también lea el libro y cambie milagrosamente. Con ese fin dejan el libro (abierto en las páginas pertinentes) en algún lugar de la casa, con la esperanza vana de que su cónyuge lo vea, lo lea, lo estudie y se transforme.

Para que pueda ocurrir cualquier cambio, se debe adoptar la Regla Número 1. Debes abandonar la fantasía de que tu matrimonio mejorará cuando tu pareja cambie. Obviamente es más fácil decirlo que hacerlo porque esta fantasía tarda en desaparecer. El cambio real en el matrimonio solo empieza cuando aumenta el foco en uno mismo, la habilidad de examinar tu propio papel en crear el problema. Esto significa que cada persona empieza a mirar menos a su pareja y más a lo que ella misma lleva a la interacción. El foco en uno mismo empieza con la pregunta: «¿Cómo estoy contribuyendo a este problema?».

Por supuesto, se trata de un paso enorme para la mayoría de las personas. Si escuchas las discusiones de la mayoría de las parejas, notarás un patrón familiar. Normalmente hay un debate del tipo fiscal / abogado defensor. Una persona es la fiscal, planteando puntos sobre sus preocupaciones, y la otra se pone a la defensiva. Pueden ir cambiándose los papeles, pero el patrón básico de fiscal / abogado defensor continua. Cada miembro de la pareja está convencido de que el problema está en el otro. Obviamente, una vez que inician este posicionamientos fiscal / defensor, no puede haber un ganador. Ninguno puede convencer al otro de su punto de vista.

Así que, siendo honesto contigo mismo, completa la siguiente oración.

Nuestro matrimonio mejoraría si mi esposo (o esposa)…

Supón que has rellenado la oración incompleta con esta frase: «dejara de ser tan retraído y distante». Así que la oración completada sería: «Nuestro matrimonio mejoraría si mi esposo dejara de ser tan retraído y distante».

Ahora, utilizando una manera de pensar completamente diferente, intenta describir este mismo problema como un problema bipersonal utilizando un lenguaje bipersonal. Aquí va un ejemplo de cómo funciona el lenguaje bipersonal: «Cuando le fastidio, mi esposo se retrae y se vuelve distante». Observa que el lenguaje bipersonal intenta incluir lo que ambas partes contribuyen a la interacción. Y más importante, te ayuda a identificar lo que tú estás contribuyendo al problema. Dado que la única persona a la que tú puedes cambiar es a ti mismo, enunciar las cosas con lenguaje bipersonal te permite comprender esos aspectos de tu propio comportamiento que puedes cambiar. Solo serás capaz de estudiar tu papel y contribución al problema una vez que seas capaz de comprender y describir cualquier problema como un problema bipersonal. Cuando aceptes esta regla, e intentes describir los problemas con un lenguaje bipersonal, la Regla Número 2 tendrá sentido.

Nota de Ben

Las cuatro reglas de los patrones de relación de pareja que Olsen y Stephens mencionan en su libro son:

  • No existen problemas unipersonales. Todos los problemas son cocreados.
  • Las parejas crean patrones de interacción que son mayores que ellos mismos.
  • Estos patrones tienen pasos predecibles que incorporan equilibrios.
  • Estos patrones tienen bucles de retroalimentación que se refuerzan entre sí.

Fuente:
David Olsen y Douglas Stephens, The Couple’s Survival Workbook [El cuaderno de ejercicios de supervivencia de pareja], Echo Point Books and Media, 2011, trad. Ben Carral.

Prueba a no ser tan natural


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Por Howard Markman (doctor en Psicología), Scott Stanley (doctor en Psicología) y Susan Blumberg (doctora en Psicología)

Trad. Ben Carral

Susan Blumberg«Es muy artificial.» Probablemente, la crítica número uno que escuchamos sobre esta técnica1 es que resulta artificial y sencillamente no es natural. No es una manera normal en que las personas hablen. Muy cierto. Fíjate, sin embargo, en la suposición que se encuentra en esta crítica: que la manera natural de hablar es normalmente superior a las maneras en que hemos aprendido a hacerlo. Si tienes hijos, ya sabes lo a menudo que demuestras que realmente no crees en ello. Hay muchas maneras naturales en que los niños se comunican con los demás, maneras que intentas ayudarles a superar enseñándoles principios y reglas sobre cómo tratar a los demás.

Al hablar sobre los conflictos y los problemas, si tu pareja y tú os veis a menudo implicados en esos comportamientos negativos que llamamos las señales de peligro de la comunicación, ¿qué tiene tan de bueno ser natural? Las señales de peligro son extremadamente naturales para muchas personas. Intenta no ser natural durante un rato. Podría gustarte realmente.

Nota de Ben

1. Los autores se refieren a la técnica hablante escuchador para tratar conflictos, pero también se aplica a cualquier otra técnica que nos haga salir de nuestro patrón habitual.

Fuente:
Howard J. Markman, Scott M. Stanley y Susan L. Blumberg, Fighting for your Marriage, 3.ª edición, John Wiley & Sons, 2010, trad. Ben Carral. (Existe una traducción al español de la primera edición publicada con dos títulos diferentes, Su matrimonia vale la pena y Salve su matrimonio.)

Las diferencias no son el problema


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Por Howard Markman (doctor en Psicología), Scott Stanley (doctor en Psicología) y Susan Blumberg (doctora en Psicología)

Trad. Ben Carral

Howard MarkmanDado que los conflictos son una parte común (y esperada) de las relaciones, muchas parejas piensan que sus diferencias y desacuerdos son los causantes de los problemas más importantes de su matrimonio. Desde luego, es más probable que haya conflictos si existen diferencias importantes en los antecedentes y puntos de vista. Pero más de treinta años de investigación con una población de parejas crecientemente diversa nos dice que el éxito en el matrimonio se encuentra más relacionado con la manera en que los miembros de la pareja gestionan sus diferencias que con la naturaleza de las mismas. No significa que las diferencias no importen. Pueden ser parte de lo que hace que dos personas se junten y también de lo que hace que, en ocasiones, resulte difícil llevarse bien. Pero el aspecto sobre el que tenéis mayor control es la manera en que los dos gestionáis cualquier diferencia que exista entre vosotros. Si queréis tener una gran relación, la manera en que gestionáis las diferencias puede importar más que cuáles sean esas diferencias.

Fuente:
Howard J. Markman, Scott M. Stanley y Susan L. Blumberg, Fighting for your Marriage, 3.ª edición, John Wiley & Sons, 2010, trad. Ben Carral. (Existe una traducción al español de la primera edición publicada con dos títulos diferentes, Su matrimonia vale la pena y Salve su matrimonio.)

Cómo solucionar los cuatro problemas más comunes de las relaciones (2.ª parte)


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Por Eric Barker (escritor)

Trad. Ben Carral

Viene de: Cómo solucionar los cuatro problemas más comunes de las relaciones

Eric BarkerEl mejor predictor de lo buena que es una relación

Lo puedes hacer tú mismo: Si alguien te pregunta por el relato de vuestra relación, ¿qué clase de historia cuentas?

Cuando tu pareja describe vuestra relación a otras personas, ¿qué clase de historia cuenta?

¿La historia minimiza los aspectos negativos y celebra los positivos? ¿Te hizo parecer genial?

¿O se centró en lo que va mal? ¿Habla de lo que ese idiota hizo esta semana que estuvo completamente equivocado?

Esta simple historia de nosotros predice qué relaciones tienen éxito y cuáles fracasan. En palabras de John:

Nuestra mejor predicción del futuro de una relación se basa en la historia de nosotros de la pareja. Es una valoración final siempre cambiante de la relación y del carácter de tu pareja. Algunas personas desarrollaban una historia de nosotros que era muy negativa en la que realmente describían todos los problemas de la relación. Realmente enfatizaban lo que faltaba. Las expertas hacían lo contrario: minimizaban las cualidades negativas que todos tenemos y apreciaban las cualidades positivas de su pareja. Alimentan la gratitud en vez del resentimiento.

¿Hay alguna parte de una conversación de pareja que sea crítica? De hecho sí la hay.

La parte más importante de una conversación de pareja

Es el comienzo. El 96% de las veces, John puede predecir el resultado de una conversación en los primeros tres minutos. En palabras de John:

La negatividad se alimenta a sí misma y hace que la conversación siga negativa. También hicimos siete años de investigación sobre qué hacen las expertas para reparar esa negatividad. Una de las cosas más poderosas es decir: «Oye, no es todo culpa tuya, sé que yo tengo mi parte en ello. Hablemos de lo que es cosa mía y de lo que es cosa tuya». Asumir la responsabilidad es muy importante para la reparación.

La manera de empezar esas conversaciones serias de pareja no solo predice cómo irá la conversación, sino que también predice el divorcio tras seis años de matrimonio.

En Principia Amoris: The New Science of Love [Principia Amoris: La nueva ciencia del amor], John dice:

[…] sirvió para predecir su destino con una precisión elevada en un periodo de seis años. Las predicciones que realizamos sobre el futuro de las parejas se validaron en siete estudios diferentes, fueron válidas en parejas heterosexuales y homosexuales y siguieron siendo válidas durante toda la vida.

Así que ¿hablas e inicias las conversaciones con un estado positivo y calmado? Estupendo. Ahora deberías dejar de hablar. ¿Por qué?

Cuando le pregunté a John qué era lo mejor para mejorar una relación, dijo: «Aprende a ser un buen escuchante».

Las expertas saben cómo escuchar. Cuando su pareja tiene un problema, lo dejan todo y escuchan de manera no defensiva y con empatía. En palabras de John:

En las relaciones realmente malas, las personas se comunican: «Cariño, cuando sientes dolor, cuando estás infeliz, cuando estás herida, no voy a estar ahí para ti. Trata con ello tú sola o tú solo, encuentra a algún otro con quien hablar porque no me gusta tu negatividad. Estoy ocupado u ocupada, realmente estoy liada con los niños, realmente estoy liado con mi trabajo». Mientras que las expertas tienen el modelo de: «Cuando estás infeliz, incluso si es conmigo, el mundo se detiene y escucho».

Y algunas veces lo mejor al inicio de una discusión de pareja es detenerla inmediatamente. ¿Por qué?

El 69% de los problemas de pareja son perpetuos. No se van a resolver.

Pedirle a alguien que cambie fundamentalmente su personalidad no va a funcionar, sino que le hará enfadar. En palabras de John:

En los estudios que realizamos Bob Levenson y yo, volvimos a llevar a las parejas al laboratorio cada dos años para descubrir acerca de qué reñían. Y las personas solo resolvieron cerca del 31% de sus desacuerdos. Puedes poner juntas esas cintas de vídeo y parecerá la misma conversación una y otra vez durante 22 años. Las expertas aprenden a aceptar lo que no va a cambiar y a centrarse en lo positivo. Parecen decir: «Aquí hay un montón de cosas buenas y puedo ignorar las que me fastidian».

Bueno, este es un montón de material estupendo. Vamos a redondearlo y finalizar con lo que más me impresionó de lo que dijo John.

Resumen

Aquí está lo que John tenía que decir:

  1. Las cuatro cosas que matan las relaciones: la crítica, la actitud defensiva, el desprecio y la actitud evasiva.
  2. Las tres cosas que las previenen: conocer a tu pareja, responder positivamente a sus peticiones y admirarla.
  3. El mejor predictor del éxito de la relación es cómo contáis vuestra historia de nosotros tu pareja y tú.
  4. El inicio de la conversación es crucial. La negatividad se agrava. Mantén la cabeza fría y resiste la inercia emocional.

Una última cosa que realmente me impresionó: Lo que hace que las parejas sean felices se parece mucho a lo que propicia la felicidad en general.

La investigación demuestra que las personas felices buscan lo positivo y se muestran agradecidas por ello. Las personas infelices encuentran negatividad en todo.

En las relaciones se produce una dinámica muy parecida: Las expertas exploran su relación en busca de las cosas buenas; las desastrosas siempre se están fijando en lo malo.

Y no solo eso, la manera de ver el mundo de las expertas realmente es más preciso. En palabras de John:

Las personas que tienen este hábito mental negativo pasan por alto el 50% de la positividad que ven observadores externos objetivos. Así que el hábito mental positivo en realidad es más preciso. Si tienes un hábito mental negativo, realmente estás distorsionando hacia lo negativo y no ves lo positivo. No es que las personas con el hábito mental positivo dejen de ver lo negativo (lo ven), pero realmente enfatizan lo positivo en términos del impacto que tiene en ellas. Esa es la diferencia.

Escoge ver lo positivo. Puede provocar una cascada:

  • Es alimento para una buena historia de nosotros.
  • Probablemente empezarás las conversaciones de pareja con buen pie.
  • Admirarás a tu pareja.
  • Y así sucesivamente…

Algunas de las mismas cosas que te hacen feliz pueden mejorar tus relaciones, y viceversa. ¿Qué hay mejor que eso?

Fuente:
Eric Barker, «The 4 Most Common Relationship Problems — and How to Fix Them», en Time.com, 11 de diciembre de 2014, visita: 14 de diciembre de 2014, trad. Ben Carral.

Cómo solucionar los cuatro problemas más comunes de las relaciones


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Por Eric Barker (escritor)

Trad. Ben Carral

Eric BarkerTodo el mundo tiene problemas en las relaciones. Y en ocasiones los tiene una y otra vez.

La mayoría de las personas que dan consejo no conocen la investigación. Así que ¿dónde se encuentran las respuestas de verdad?

Decidí llamar a un experto: el doctor John Gottman.

Quizá le recuerdes como el investigador del libro Blink de Malcom Gladwell que, después de solo unos minutos, podía predecir si una pareja terminaría divorciada.

John es profesor emérito de la Universidad de Washington y cofundador del Gottman Institute. Ha publicado más de 190 artículos y ha escrito más de 40 libros, incluidos:

  • Principia Amoris: The New Science of Love [Principia Amoris: La nueva ciencia del amor]
  • The Seven Principles for Making Marriage Work (Siete reglas de oro para vivir en pareja)
  • The Relationship Cure: A 5 Step Guide to Strengthening Your Marriage, Family, and Friendships (Guía del amor y la amistad)

También es un tío muy guay. John obtuvo comprensiones poderosas al estudiar a parejas que se desarrollan bien (a las que llama expertas) y parejas que no (a las que llama desastrosas).

Bueno, ¿qué vas a aprender en este artículo?

  1. Las cuatro cosas que condenan las relaciones
  2. Las tres cosas que previenen esas cuatro cosas
  3. La parte más importante de cualquier conversación de pareja
  4. El mejor predictor de si una relación está funcionando (Es tan fácil que lo puedes hacer en dos minutos.)

¿Quieres ser un experto en vez de un desastroso? ¡Vamos a ello!

Los cuatro jinetes del apocalipsis de las relaciones

John ha estudiado a miles de parejas durante su carrera de 40 años. Hay cuatro cosas que surgían una y otra vez e indicaban que una relación iba a tener problemas. Las desastrosas las hacían mucho y las expertas las evitaban.

1: Crítica

Es cuando una persona señala a su pareja y dice que el problema es su personalidad o carácter. En palabras de John:

La crítica consiste en presentar el problema de una relación como un fallo de carácter del cónyuge. Las expertas hacían lo contrario: se señalaban a sí mismas y realmente tenían un modo muy amable de iniciar la conversación, minimizando el problema y hablando de lo que sentían y necesitaban.

Damas, ¿estáis escuchando? Porque la crítica es algo que las mujeres hacen mucho más que los hombres. (No os preocupéis, enseguida trataremos de con cómo la fastidian los chicos.)

2: Actitud defensiva

Es responder a los asuntos de la relación contraatacando o lloriqueando. En palabras de John:

El segundo jinete era la actitud defensiva, que es una reacción natural al ser criticado. Toma dos formas: contraatacar o actuar como una víctima inocente y lloriquear. De nuevo, las expertas eran muy diferentes incluso cuando su pareja era crítica. Aceptaban la crítica, o incluso asumían la responsabilidad de parte del problema. Decían: «Háblame, quiero escuchar cómo te sientes acerca de esto».

3: Desprecio

Es el predictor número 1 de las rupturas. El desprecio es actuar como si fueras mejor persona que tu pareja. En palabras de John:

El desprecio consiste en menospreciar a tu pareja cuando hablas con ella, insultándola o actuando como si fueras superior. No solo predecía la ruptura de la relación, sino que cuando medíamos la salud, también predecía el número de enfermedades infecciosas que tendría el destinatario del desprecio en los próximos cuatro años.

4: Actitud evasiva

Consiste en desconectar o dejar de prestar atención. De manera pasiva le dice a tu pareja: «No me importa». Y el 85% de las veces son los chicos quienes lo hacen.

Bien, esto es lo que mata una relación. Naturalmente querrás saber que evita que sucedan estas cosas, ¿verdad?

Tres cosas para decir adiós a los jinetes

Al observar a las expertas, John vio qué prevenía la espiral negativa de los cuatro jinetes:

1: Conoce a tu pareja

John llama a esto construir mapas de amor. Consiste en conocer realmente a fondo a tu pareja. Era una de las armas más poderosas de las expertas. En palabras de John:

Un mapa de amor es como un mapa de carretera que haces del mundo psicológico interior de tu pareja. Las expertas siempre hacían preguntas sobre su pareja y revelaban detalles personales acerca de sí mismas.

¿Por qué resulta tan extraño? Requiere tiempo. Y las desastrosas no se lo tomaban. De hecho, la mayoría de las parejas no se toman ese tiempo necesario.

John citó un estudio que muestra que las parejas con hijos hablan entre sí 35 minutos a la semana. Sí, 35 minutos.

E incluso la mayor parte de ese tiempo hablaban solo de temas logísticos: «¿Cuándo estarás allí?», «No te olvides de coger leche?», no de temas realmente personales como las expertas.

2: Responde positivamente a las peticiones

Todos realizamos frecuentemente pequeñas peticiones de la atención de nuestra pareja.

Dices algo y quieres que responda. Que se implique. Puede ser tan simple como decir: «Un día agradable, ¿verdad?».

Es casi como un videojuego: cuando la persona responde de manera positiva («acoge la petición»), vuestra relación gana un punto.

Cuando no responde o responde de manera negativa, la relación pierde un punto… o cinco. En palabras de John:

Las parejas que se habían divorciado seis años después solo acogieron las peticiones el 33% de las veces. Las parejas que siguieron juntas acogieron las peticiones el 86% de las veces. Una diferencia enorme.

Las parejas con una puntuación elevada construyen equidad relacional. Son capaces de reparar los problemas. Son capaces de reír y sonreír incluso cuando discuten. Y eso supone una gran diferencia. En palabras de John:

Si acoges las peticiones con una frecuencia elevada, tienes un sentido de humor durante el conflicto. El humor es muy poderoso porque reduce la excitación fisiológica durante las discusiones y esto se ha replicado en varios estudios.

3: Muestra admiración

¿Alguna vez has escuchado a alguien locamente enamorado hablar sobre su pareja? Suenan totalmente delirantes. Actúan como si la otra persona fuera una superhéroe. Una santa.

Y la investigación demuestra que es perfecto. Las expertas ven a su pareja como mejor de lo que realmente es. Las desastrosas la ven como peor de lo que realmente es.

La admiración tiene que ver con la historia que te cuentas a ti mismo sobre tu pareja. Y eso nos lleva a cómo predecir si tu relación está funcionando…

Sigue en: Cómo solucionar los cuatro problemas más comunes de las relaciones (2.ª parte)

Fuente:
Eric Barker, «The 4 Most Common Relationship Problems — and How to Fix Them», en Time.com, 11 de diciembre de 2014, visita: 14 de diciembre de 2014, trad. Ben Carral.

Aprendiendo a de-escalar


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Por Ellen Wachtel (doctora en Psicología)

Trad. Ben Carral

Aprendiendo a de-escalar

Riña de pareja[Nota de Ben: Una de las cuatro señales de peligro en la comunicación que han identificado Howard Markman y sus colegas (todos ellos doctores en Psicología) es la escalada de las conversaciones, es decir, cuando empezamos a hablar de algo y la conversación se pone cada vez más fea, por lo que resulta esencial que aprendamos el arte de detener las escaladas destructivas.]

Dominar nuevas maneras de comunicarse lleva tiempo, práctica y paciencia, y te puedes encontrar en medio de una discusión incluso antes de terminar este capítulo. Cuando una discusión comienza a escalar ya no os escucháis el uno al otro, y no tiene sentido seguir intentando hacerte entender. Estas discusiones nunca terminan bien. Normalmente las dos partes se sienten extremadamente frustradas y pierden la esperanza de que su pareja les llegue a comprender y acepte su punto de vista. Puede que estés deprimido o hirviendo de ira. Puede que te sientas completamente  malentendido y emocionalmente aislado. Y peor todavía, estas discusiones pueden alcanzar un nivel físico o abusivo por pura desesperación.

Muchas parejas con las que trabajo minimizan el aspecto físico de sus discusiones. A menudo la persona que ha sufrido el abuso no lo menciona, sobre todo para evitar humillarse a sí misma o a su pareja al hablar de ello con franqueza. Algunas personas minimizan la violencia porque sienten vergüenza de seguir en una relación abusiva. A menudo, la persona que ha sido asaltada minimiza el incidente porque se siente culpable de «provocarlo». Incluso si la fuerza física ocurre de manera infrecuente, tiene consecuencias serias y debe ser controla. En una relación, el miedo no propicia el amor ni la intimidad.

Los siguientes pasos para prevenir las escaladas se aplican a las discusiones que conducen a la violencia y también a otras discusiones intensas. Pero si te encuentras en una relación donde suceden de manera regular golpes, empujones, sacudidas, arañazos, pellizcos, bofetadas o puñetazos, deberías buscar ayuda profesional incluso si nadie resulta dañado por la violencia. Las estrategias que siguen ponen fin a estas «discusiones infernales», incluso aunque los asuntos sobre los que discutís no se resuelvan del todo.

Paso 1: Establecer una regla STOP

Debéis acordar que si cualquiera de vosotros siente la conocida inutilidad de una discusión que se está escapando de control, esa persona pedirá un cese de la discusión. Cualquiera de vosotros puede pedir un alto el fuego. A menudo, una persona en la interacción pensará que están teniendo una conversación que es importante tener en ese momento; no una discusión. Esto no debería invalidad la regla STOP. Solo hace falta que uno de vosotros se sienta incómodo con esta disputa para invocar la regla. Escribid esta regla STOP en una tarjeta y guardadla en un lugar donde la veáis con frecuencia. A muchas personas les gusta la idea de guardarla en el cajón de los calcetines o la ropa interior, pues se trata de un lugar privado que verán a diario. La regla debería decir simplemente: Acordamos respetar el deseo del otro de parar la discusión, incluso aunque uno de nosotros piense que no se trata de una discusión que está escalando.

Paso 2: Aprender a reconocer cuándo un desacuerdo está escalando en una discusión fea

Probablemente ya sepas reconocer cuándo una conversación está cerca de convertirse en una discusión. Aquí van algunas señales:

  • ¿Estás pensando: «¡Oh, no, aquí vamos de nuevo!» ?
  • ¿Tienes el sentimiento desazonador de que estáis entrando en una zona en la que tenéis diferencias de opinión extremas y donde las conversaciones anteriores nunca han llevado a un acuerdo de ideas?
  • ¿Sientes como si estuvierais yendo en círculos?
  • ¿La discusión se está enredando tanto que ya ni siquiera estáis seguros de lo que cada uno está hablando?
  • ¿Uno de vosotros o los dos estáis empezando a decir cosas muy dolorosas?

Estas son las señales de que la discusión ha escalado, y uno de vosotros debería ejercitar vuestra opción de pedir un cese de la discusión.

Paso 3: Desconecta y permite que tu pareja se retire

No es fácil detenerse en plena conversación, especialmente si sientes que estás a punto de hacerte entender. Puede resultar muy frustrante cuando tu pareja dice que no quiere seguir hablando.

Puede que te sientas molesto porque tu pareja está evitando tu ira legítima, pero es importante que recuerdes que no resultará productivo seguir hablando algo cuando tu pareja piensa que las cosas están escalando. Más adelante hablaremos de qué hacer si sientes que tu cónyuge evita los conflictos. Pero por ahora es importante que los dos reconozcáis las señales de las discusiones destructivas y detengáis la interacción cuando cualquiera de vosotros se sienta incómodo. Si tu pareja dice algo como: «No quiero hablar más de ello», «Tengo que salir de aquí» o «Esto no está yendo a ninguna parte», debes encontrar un modo de posponer la conversación hasta un momento en el que podáis hablar de manera más productiva.

Planea con antelación qué vas a hacer para calmarte cuando te pares en plena conversación. En mi trabajo con pacientes siempre les pido que piensen en qué les ha calmado o elevado el ánimo cuando estuvieron molestos en el pasado. Hacerte esta pregunta con antelación puede resultar sorprendentemente beneficioso. A menudo, las personas no han pensado en qué les ayuda a recuperar su equilibrio emocional, pero con un poco de esfuerzo casi todo el mundo puede pensar en algo.

Algunas personas sienten que no deberían distraerse a sí mismas cuando están molestas. Este tipo de pensamiento no ayuda. De hecho, la capacidad de distraernos nos permite controlar nuestros pensamientos en vez de permitir que ellos nos controlen a nosotros.

Así que pregúntate qué funciona bien para ti. ¿Te ayudaría poner por escrito lo que no pudiste terminar de decir? ¿Te calma estar un rato a solas? ¿Escuchar música te cambia el ánimo? ¿Trabajar con el ordenador? ¿Cocinar? ¿Mirar la televisión? ¿Leer? Incluso limpiar un armario podría ayudar cuando necesitas desconectar de una discusión fea. Por supuesto, si tenéis hijos es probable que no puedas quedarte solo. Así que piensa en algunas actividades que puedas realizar mientras los cuidas, como pintar o dibujar con ellos, jugar a la pelota o ayudarles con los deberes. Muchas personas encuentran útil llamar a un amigo o familiar cercano. Pero piensa con antelación quién es una influencia que te da tranquilidad. ¿Cuál de tus amigos te ayuda a mantener las cosas en perspectiva?

Escribe estas actividades que te calman y guarda la lista en un lugar fácilmente accesible para que no te olvides de qué te ayudará a desconectar de la discusión cuando estés molesto.

Recuerda los sentimientos positivos que tienes hacia tu pareja. Te resultará más fácil desconectar de una discusión que está escalando si recuerdas que ayer mismo te sentías muy cercana a esta persona con la que ahora estas enfurecida. A mucha gente le resulta difícil mantener una imagen de la persona completa cuando está enfadada. Algunas personas utilizan el mecanismo psicológico de escisión: una persona es toda buena o toda mala. En vez de reconocer a tu pareja como alguien a quien amas y que en este momento te está haciendo enfadar mucho, escindir te lleva a olvidar los buenos sentimientos que están presentes la mayor parte del tiempo. En vez de ello le experimentas solo como malo, mezquino o indiferente. La escisión hace que sientas solo amor o solo odio, sin integrar los sentimientos en un todo más complejo y realista. Cuando estás enfadada, tiendes a preguntarte si le amas o si alguna vez le has amado.

Cuando estás enfadada, lo más probable es que se esfumen los sentimientos terroríficos y confusos si intentas pensar conscientemente en momentos de intimidad. Las personas tienen más control sobre sus pensamientos de lo que se dan cuenta. Puedes pasar de pensar que realmente no le quieres a recordar ocasiones en las que te dio apoyo y cuidó de ti. Puedes sacar de tu banco de memoria el sentimiento de intimidad durante el sexo, o cuando estáis acurrucados viendo la televisión, o cuando os reís de un chiste privado o cuando esperáis con ganas salir juntos un sábado de noche. Si tiendes a escindir los sentimientos positivos  cuando estás enfadada, te sorprenderá lo fácil que regresan si haces el esfuerzo consciente de recordar los positivos. Y descubrirás que esta perspectiva te ayudará a calmarte más fácilmente.

Calmaos mediante la separación física el uno del otro. Si tu pareja y tú tenéis un historial de discusiones que se vuelven físicas, es importante establecer espacios al que cada uno de vosotros se pueda retirar, sabiendo que este espacio está vedado para tu cónyuge.

Habitualmente no es necesario abandonar la casa si sabes que algún rincón de la misma será tu santuario temporal. Ambos necesitáis acordar no perseguir al otro a ese espacio.

  • No dar portazos
  • No hablar a través de puertas o ventanas
  • No pasar notas por debajo de las puertas

Pensad en este lugar por adelantado y escribidlo como parte del acuerdo, que pondréis en un lugar donde podáis verlo todos los días.

Paso 4: Establecer una fecha para volver a hablar del asunto

Muchas personas tienen dificultades para alejarse de una discusión. Al estar muy implicadas en el asunto del momento, no quieren guardarlo bajo la alfombra. Por esta razón, haz el esfuerzo de establecer una hora definitiva en la que tu pareja y tú volváis a tratar el problema. En mi experiencia, la discusión empezará de nuevo si habláis de ello cuando aún seguís dolidos por las palabras dañinas que se han dicho. Dejad que al menos pasen veinticuatro horas antes de volver a enfrentar los asuntos. Cuanto más tiempo pase, más fácil os resultará acercaros al desacuerdo de manera productiva.

Y lo más importante:

Paso 5: Cuando pidáis un cese de la discusión, cada uno de vosotros debe acordar honestamente considerar el punto de vista del otro

Decir y tener la intención real de pensar en lo que se ha dicho ayuda a superar la discusión. No puedo enfatizar lo suficiente que debes ser absolutamente sincero acerca de tu voluntad de pensar en lo que ha dicho tu pareja. Debes acordar reconocer la perspectiva de tu pareja e intentar ponerte en el lugar de él o de ella. Si lo has hecho, descubrirás que cuando retoméis la conversación dos o tres días después, cada uno tendrá algo diferente que decir y es más probable que encontréis un lugar de encuentro común. Si seguís este consejo, estaréis bien encaminados hacia una relación más armoniosa.

Fuente:
Ellen Wachtel, We Love Each Other, But… [Nos amamos, pero…], Golden Books Publishing, 1999, trad. Ben Carral.

Abrázame fuerte (2.ª parte)


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Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Viene de: Abrázame fuerte

Sue JohnsonReparando los vínculos

Durante años, los terapeutas han visto estos diálogos demoniacos como luchas de poder. Han intentado resolver las peleas de las parejas enseñándoles habilidades de resolución de problemas. Pero es un poco como ofrecer un Kleenex para curar una neumonía vírica. Ignoran las cuestiones de apego que subyacen a la pauta. Desde el punto de vista del apego, la cuestión no se trata de conflicto ni de control, sino de distancia emocional.

Y lo que resulta frustrante para las personas es no saber cómo eliminar esa distancia emocional. En mi consulta, los hombres me dicen a veces: «Hago todo tipo de cosas para mostrar que me preocupo. Corto el césped, traigo un buen salario, soluciono problemas y no tengo líos. ¿Por qué al final todas estas cosas no parecen importar y todo lo que cuenta para mi mujer es que hablemos de temas emocionales y nos abracemos?». Les digo: «Porque así es como estamos hechos. Necesitamos que alguien nos preste atención de verdad, que nos agarre fuerte. ¿Has olvidado que tú también lo necesitas?».

Cuando peleamos con nuestras parejas, tendemos a seguir la pelota según pasa la red, prestando atención al último ataque que nos lanzan; y no a si queremos participar en el juego en primer lugar. Es posible escapar de los diálogos demoniacos, pero el primer paso es ser conscientes del mismo juego, no limitarnos a seguirlo. Una vez que os dais cuenta de que estáis atrapados en vuestra pauta de discusión, podéis acordar detener todo el partido.

Las decepciones forman parte de toda relación. Pero siempre puedes elegir cómo gestionarlas. ¿Reaccionarás a la defensiva, por miedo, o con un espíritu de comprensión? Digamos que tu pareja dice: «Esta noche no me siento con ganas de sexo». Puedes tomar una respiración profunda, pensar en lo mucho que ella te quiere y decir: «Vaya, es una pena. Realmente me apetecía». O puedes soltar sarcásticamente: «¡Vale! Bueno, ya nunca hacemos el amor, ¿verdad?».

Por supuesto, si se ha pulsado tu botón de pánico y tienes las emociones hirviendo, puede que sientas que no tienes elección. Pero el mero hecho de ser consciente de que ha sido pulsado te puede ayudar a calmarte. Puedes pensar para ti mismo: «¿Qué está sucediendo aquí? Estoy gritando. Pero dentro me estoy sintiendo realmente pequeño». Entonces puedes decirle a tu pareja: «Realmente estoy muy asustado; me siento dolido».

Si das el salto de fe y respondes con una petición de reconexión así, tienes que esperar que tu pareja también lo va a hacer, en vez decir algo doloroso como: «Bueno, estás siendo estúpido y difícil». Esa es la parte delicada de las relaciones. Para cambiar el baile, las dos personas tienen que cambiar sus pasos.

Simplemente aceptar tus necesidades de apego en vez de sentirte avergonzado de ellas es un primer paso grande y necesario, y se aplica a las personas solteras al igual que a las emparejadas. Un soltero podría decir: «Me encuentro deprimido porque estoy solo, y sé que no me debería sentir solo. Sé que debería ser independiente». Bueno, por supuesto que te encuentras deprimido si te sientes solo, y ¡encima vas y te ensañas contigo mismo por ello! Cuando te sientes avergonzado, tiendes a ocultarte de los demás, poniendo en marcha un círculo vicioso que prácticamente asegura que no encontrarás la conexión social que necesitas.

Tactos sanadores

A menudo, un hombre me dirá: «Aunque realmente crea que ella me necesita o se encuentra asustada, ¡no sé qué hacer!». Terminará preparándole a su mujer una taza de té, lo que resulta muy amable, pero no es lo que hace falta. Sin embargo, si le hubiera puesto la mano en el hombro y la hubiera acercado hacia él, su petición de reconexión hubiese tenido mucho más éxito.

A menudo, los hombres no saben qué hacer. Y, sin embargo, los hombres sí saben calmar; lo hacen con sus hijos, arropándoles por la noche y susurrándoles con delicadeza. La diferencia es que ven la vulnerabilidad de sus hijos y responden a ella. Sin embargo, cuando miran a su mujer, solo ven a alguien que les juzga. Pero ella también se siente vulnerable.

Tocar es la manera más básica de conectar con otro ser humano. Tomar la mano de tu pareja cuando se siente nerviosa o tocarle en el hombro en medio de una discusión puede calmar inmediatamente la ansiedad y la ira.

Durante los últimos años, el mundo de la terapia ha estado obsesionado con mantener los límites. Yo digo que nuestro problema es justo el contrario; estamos todos aislados los unos de los otros.

Si observas a dos personas enamoradas, se tocan todo el tiempo. Si observas a dos personas que, después de haber caído en los diálogos demoniacos, están encontrando el modo de volver a una relación amorosa, también se tocan más. Literalmente contactan el uno con el otro. Es una señal tangible de su deseo de conexión.

Sexo seguro (y picante)

Un gran mito sobre el amor es que tiene fecha de caducidad, que la pasión es una fiebre abrasadora que se va apagando. Es bastante estúpido. No encuentro ninguna razón científica ni humana por la que las personas no puedan tener felices relaciones amorosas de larga duración.

Las personas que tienen aventuras, no lo hacen porque sus vidas sexuales resulten aburridas. Nadie ha venido nunca a mi consulta y me ha dicho que tuvo una aventura porque se aburría en la cama. Tienen aventuras porque se sienten solas, porque no pueden conectar emocionalmente con su pareja. Entonces, alguien les sonríe y les hace sentirse espaciales y valoradas, y de repente se encuentran en esta extraña situación en la que están comprometidas con una persona, pero responden a otra.

La pasión es como cualquier otra cosa. Viene y va. Pero el sexo resultará siempre aburrido si solo tiene una dimensión, aislado de la conexión emocional. Por otra parte, si estás implicado emocionalmente, el sexo tiene cien dimensiones, y es tanto juego como pasión.

A este tipo de sexo seguro lo llamo sexo en sintonía, en el que se reúnen la apertura y la responsividad emocionales, el tacto cariñoso y la exploración erótica. Cuando las parejas tienen una conexión emocional segura, la intimidad física puede conservar todo su ardor y creatividad iniciales, e incluso más. En cierto momento, las personas que se aman pueden ser tiernas y juguetonas, y en otro, ardientes y eróticas. Las parejas apegadas de modo seguro pueden expresar sus necesidades y preferencias más abiertamente, y están más abiertas a experimentar sexualmente con su compañera o compañero.

En una relación segura, la excitación no viene de intentar resucitar los novedosos momentos de pasión alocada, sino del riesgo que supone permanecer abiertos en la experiencia que sucede instante tras instante, en el aquí y ahora de la conexión física y emocional. Esta apertura viene acompañada del conocimiento de que hacer el amor con tu pareja es siempre una nueva aventura.

Amor duradero

Una vez que has reconectado con tu pareja, y los dos estáis satisfaciendo vuestras necesidades de apego, tenéis que seguir trabajando en ser emocionalmente responsivos el uno con el otro. Lo podéis hacer ayudándoos a identificar las cuestiones de apego que tienden a surgir en vuestras discusiones recurrentes.

Por ejemplo, si estallas siempre por los arriesgados viajes de escalada de tu novia, habla con ella de cómo la ira nace del miedo a perderla. Averigua cómo puede ella tomar más precauciones. O si a menudo te sientes abandonada cuando te quedas con la mayor parte del cuidado de los niños, planea cómo tu marido y tú podéis ser mejores padres juntos, de manera que no le termines llamando vago en un momento de frustración reprimida.

También deberíais celebrar juntos momentos positivos, grandes y pequeños. De manera regular y deliberada agarraos, abrazaos y besaos al despertar, al salir de casa, al volver y al ir a dormir. Reconoced los días especiales, los aniversarios y los cumpleaños de una manera muy personal. Estos rituales mantienen vuestra relación segura en un mundo caótico y que distrae.

Las historias dan forma a nuestras vidas y, a su vez, las historias que contamos acerca de nuestras vidas nos dan forma a nosotros. Cread una historia de amor futuro para los dos que perfile cómo será vuestra vida juntos dentro de cinco o diez años. Os imprimará para mantener fuerte vuestro vínculo.

Brazos bien abiertos

Debido a que el apego es una necesidad universal, la visión del apego sobre el amor también puede ayudar a los padres a comprender los conflictos con sus hijos. Hace poco me encontraba en una cafetería con mi hijo adolescente, gritándole por encima del rugido de la expresso, mientras él se ponía de mal humor. Entonces dijo de pronto: «Mamá, lo estamos haciendo otra vez, yo siento que me estás criticando y tú sientes que no me importa lo que tienes que decir». Ambos empezamos a reír y mi ira se esfumó.

Ahora que sabemos de qué trata el amor realmente, sabemos cómo mantenerlo. De nosotros depende utilizar ese conocimiento para nutrirlo con nuestras parejas y familias. Y entonces, con la empatía y el valor que nos enseña, podemos buscar maneras de llevarlo al mundo y marcar una diferencia.

Fuente:
Sue Johnson, «Hold Me Tight», en Psychologytoday.com, 1 de enero de 2010, última revisión: 1 de julio de 2014, visita: 30 de noviembre de 2014, trad. Ben Carral.

Abrázame fuerte


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Por Sue Johnson (doctora en Psicología; referente del Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

El amor exige el gesto tranquilizador del tacto. La mayoría de la peleas son en realidad protestas por la desconexión emocional. Bajo la aflicción, las parejas están desesperadas por saber: «¿Estás ahí para mí?».

Sue JohnsonCrecí en el pub de mis padres en Inglaterra, donde siempre había mucho drama. Todo el drama —peleas, ligoteo, lágrimas y rabietas— tenía que ver con el amor. También observé a mis padres destruir el amor que sentían el uno por el otro. Desde entonces siempre he tenido la misión de averiguar qué es el amor exactamente. Mi madre lo describía como «cinco minutos divertidos». También se le ha llamado una misteriosa mezcla de sentimiento y sexo. O una combinación de enamoramiento y compañía. Bueno, es más que eso.

Mis comprensiones personales, cosechadas de la investigación y de ofrecer terapia a más de mil parejas durante 35 años, se han fusionado con un creciente número de estudios científicos, hasta el punto de que ahora puedo decir con confianza que sabemos qué es el amor. Es algo intuitivo y sin embargo no necesariamente obvio: se trata de la continua búsqueda de una conexión básica y segura con otra persona. A través de este vínculo, las parejas enamoradas se vuelven emocionalmente dependientes el uno del otro para nutrirse, calmarse y protegerse.

Estamos diseñados para tener la necesidad de responsividad y de un contacto emocional seguro con otras personas significativas para nosotros. Es una respuesta de supervivencia, la fuerza motriz del vínculo de seguridad que un bebé busca con su madre. Esta observación se encuentra en la esencia de la teoría del apego. Existe mucha evidencia que indica que la necesidad de un apego seguro no desaparece nunca; se transforma en la necesidad adulta de un vínculo emocional seguro con una pareja. Piensa en el modo en que una madre mira amorosamente a su bebé; justo como se miran a los ojos dos personas que se aman.

Aunque nuestra cultura ha enmarcado la dependencia como algo malo, una debilidad, no lo es. Estar apegado a alguien nos proporciona nuestro mayor sentido de seguridad y protección. Significa depender de una pareja para que responda cuando la llames, saber que le importas, que te aprecia y que responderá a tus necesidades emocionales.

El principio más básico de la teoría del apego es que el aislamiento —no solo el aislamiento físico, sino también el emocional— traumatiza a los seres humanos. De hecho, el cerebro lo codifica como un peligro. Gloria Steinem dijo una vez que la mujer necesita al hombre como un pez necesita una bicicleta. Eso son tonterías.

El drama del amor que vi interpretarse cada noche en el bar cuando era niña tiene todo que ver con el anhelo humano de una conexión emocional segura, un imperativo de supervivencia que experimentamos desde la cuna hasta la tumba. Cuando nos sentimos seguramente enlazados con nuestra pareja, podemos tolerar las heridas que (inevitablemente) nos infligirá en el curso de la vida cotidiana.

Conexiones rotas

Empezamos nuestro camino intensamente responsivos y conectados con nuestras parejas. Pero nuestro nivel de disposición atenta tienda a disminuir con el tiempo. Entonces experimentamos momentos de desconexión, momentos en los que no expresamos nuestras necesidades con claridad. Él está disgustado y realmente quiere que le consuelen, pero ella le deja solo, pensando que quiere soledad. En una relación, estos momentos son en realidad ineludibles. Si vas a bailar con alguien, vais a pisaros el uno al otro de vez en cuando.

Sin embargo, perder la conexión con una persona amada pone en peligro nuestro sentido de seguridad. Experimentamos un sentimiento primario de pánico. Dispara una alarma en la amígdala del cerebro, nuestro centro del miedo, que hace que estemos muy alertas a toda clase de amenazas. Una vez que la amígdala dispara la alarma, no pensamos, actuamos. La amenaza puede venir del mundo exterior o de nuestro propio cosmos interior. Lo que cuenta es nuestra percepción, no la realidad. Si nos sentimos abandonados en un momento de necesidad, estamos programados para entrar en un estado de pánico.

Lo que hacemos después, tras estos momentos de desconexión, tiene un impacto enorme en la forma de nuestra relación. ¿Podéis acercaros y reconectar? Si no sois capaces, comenzaréis a entablar peleas que siguen una pauta clara. Las llamo diálogos demoniacos. Si cogen impulso, comienzan a tomar el control y a inducir un terrible sentido de soledad emocional. Vuestra relación se siente cada vez menos un lugar seguro, y empieza a fallar. Comienzas a dudar de que tu pareja esté ahí para ti, de que te valore. O de que ella te pondrá en primer lugar.

Considera a una pareja con su hijo primogénito. Tener un bebé es una experiencia estresante y privadora de sueño. Pero también es un momento en el que los miedos y las necesidades de  apego de las personas son particularmente fuertes. El hombre podría pensar algo como: «Sé que está mal, y sé que resulta patético, pero siento que he perdido a mi mujer por mi hijo». Y la mujer podría decir: «Me sentí muy frágil cuando tuve al bebé. Estaba cuidando de esta pequeña criatura, y yo misma necesitaba consuelo y cuidado extra, pero él estaba fuera trabajando todo el tiempo». Sus intenciones son buenas —ella cuidaba al bebé y él trabajaba duro para sustentar a su nueva familia—, pero fallan en darse el uno al otro lo que realmente necesitan.

O piensa en un hombre que lo está haciendo bien en su trabajo mientras que su mujer despunta en su nueva carrera profesional. Ella pasa muchas horas en proyectos excitantes mientras él se ve privado de afecto, atención y sexo. Todas las noches, acostado en la cama, esperándola, se siente como un tonto por necesitarla tanto; y también está enfadado porque ella no puede ver lo mucho que le afecta su ausencia.

Pero no hablamos de estos conflictos en términos de necesidades de apego profundamente enraizadas. Hablamos de las emociones superficiales, la ira o la indiferencia, y culpamos al otro. «Él está tan enfadado; me siento atacada», o: «Ella es tan fría. No creo que le importe en absoluto». Cada persona se retira a una esquina, haciendo cada vez más difícil para los dos expresar sus necesidades de apego fundamentales, impidiendo la capacidad de obtener tranquilidad el uno del otro.

Las mujeres son a menudo más sensibles que los hombres a las primeras señales de avería en la conexión, y a menudo su respuesta es comenzar lo que yo llamo un baile de desconexión. Casi de manera ritual, persiguen a su pareja en un intento inútil de obtener una respuesta de consuelo. Pero lo hacen de un modo que prácticamente garantiza que sus necesidades básicas no serán satisfechas; culpan a su pareja de fallar en algo esencial.

Por otra parte, a los hombres se les ha enseñado a suprimir sus respuestas y necesidades emocionales, lo que les inclina a retirarse del conflicto. Pero la ira de ella y la retirada de él enmascaran ambas lo que subyace bajo la superficie: una vulnerabilidad y necesidad de conexión subyacentes, que ahora se agravan por la tristeza, la vergüenza y, sobre todo, el miedo.

Con demasiada frecuencia, lo que las parejas no ven es que la mayoría de las peleas son en realidad protestas por la desconexión emocional. Bajo toda la aflicción, las parejas están desesperadas por saber: «¿Estás ahí para mí? ¿Me necesitas? ¿Confías en mí?».

Sigue en: Abrázame fuerte (2.ª parte)

Fuente:
Sue Johnson, «Hold Me Tight», en Psychologytoday.com, 1 de enero de 2010, última revisión: 1 de julio de 2014, visita: 30 de noviembre de 2014, trad. Ben Carral.

Lo que todos queremos (pero nunca pedimos) (3.ª parte)


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Por Jonathan Robinson (magíster en Terapia Matrimonial y Familiar)

Trad. Ben Carral

Viene de: Lo que todos queremos (pero nunca pedimos) (2.ª parte)

Jonathan RobinsonVivir desde la abundancia

Dar las tres aes a tu pareja no es algo que deberías hacer únicamente cuando estés molesto con ella. De hecho, tu ser amado se volverá más amoroso cuanto más frecuente y eficazmente hagas que se sienta admitido, apreciado y aceptado. Ingresará el amor extra que le das, y por ello será capaz de manejar mejor los pequeños enfados que suceden inevitablemente en el curso de una relación. A medida que seas más consistente a la hora de dar amor a tu pareja, ella se sentirá más cercana a ti y te dará a cambio su aprecio sincero. Así comienza el ciclo positivo hacia mayores niveles de amor e intimidad.

Resulta sorprendente lo bien que funcionan las tres aes. Con una pareja llamada Shellie y Steve, Steve se quejaba de que Shellie nunca quería tener relaciones sexuales. Por supuesto, el punto de vista de Shellie era que Steve ¡solo quería sexo! Le sugerí a Steve que admitiese el punto de vista de Shellie (aunque no estuviera necesariamente de acuerdo con él). Dijo sinceramente: «Comprendo que sientes que siempre te estoy presionando para tener sexo. Estoy seguro de que te hace sentir muy molesta. Lamento que mi manera de comportarme te haya hecho sentir así». La postura corporal de Shellie, que normalmente era como una coraza, se relajó al momento. Le sugerí a Steve que intentase comprender y aceptar la intención positiva de Shellie de sentirse segura y en control de su propio cuerpo. Y por último le sugerí que empezase a apreciar a Shellie en contextos no sexuales.

Steve estaba indeciso de empezar a apreciar a su mujer. No tenía mucho dólares en su cuenta bancaria de autoestima, y tenía miedo de que si empezaba a apreciar a su esposa, terminaría con menos aún. En una sesión privada con Steve, le sugerí que probase un experimento de una semana con su mujer. Durante una semana tenía que observar el efecto de expresarle a su esposa aprecio sincero tanto verbalmente como a través de abrazos cálidos y no sexuales. A mitad de semana, Steve me llamó excitado y me dijo: «¡Mi esposa se ha convertido en una nueva mujer! Esta semana hemos hecho el amor más veces ¡que en todo el año pasado! ¿Qué le has hecho?». Le expliqué a Steve que aprender a dar a nuestra pareja aprecio verbal y contacto físico afectuoso puede tener efectos inesperados. Cuando llegaron a mi consulta a la semana siguiente, parecían una pareja en su luna de miel.

Pruébalo. La próxima vez que tu pareja esté de mal humor, admite su realidad y di luego lo que aprecias de ella. Quizá le puedas dar un abrazo cálido después de que haya compartido su dolor. Este sencillo gesto de aceptación puede transformar rápidamente cómo se siente tu pareja. Cuando tu pareja y tú os deis admisión, aprecio y aceptación el uno al otro de manera regular, ambos os sentiréis como si estuvierais en el cielo.

Recordatorios milagrosos

  1. Cuando tu pareja esté enfadada, haz un depósito en su cuenta bancaria de autoestima admitiendo su percepción de la realidad; incluso si no estás de acuerdo con su punto de vista. Dile que lamentas que sienta dolor. Comunica luego lo que verdaderamente aprecias y respetas de ella.
  2. La aceptación surge al reconocer la intención positiva y el dolor de tu pareja. Para sintonizar con su intención positiva, pregúntate simplemente: «Aunque lo esté intentando de manera poco hábil, ¿qué sentimientos positivos busca en el fondo con esta conducta?». A medida que aprendas a aceptar a tu pareja aun cuando no te guste su comportamiento, le estarás dando a tu pareja, y a ti mismo, el regalo del amor incondicional.
  3. Al dar admisión, aprecio y aceptación a tu pareja (o a cualquier otra persona en realidad), verás un cambio muy importante en la manera en que te escucha y te responde.

Práctica de maestría

Intenta admitir y apreciar a tu pareja esta semana. Si se siente mal, valida sus sentimientos y experiencia del mundo diciendo algo como: «Parece que… Debe de hacerte sentir… Lamento sinceramente que te sientas tan mal». Encuentra cosas por las que apreciar a tu pareja preguntándote: «¿Qué me gusta o aprecio de ella?». Cuando se te ocurran cosas específicas, díselas. Fíjate en los efectos que tiene en tu pareja y en vuestra relación.

Fuente:
Jonathan Robinson, Communication Miracles for Couples: Easy and Effective Ways to Create More Love and Less Conflict, 2.ª ed. revisada, Conari Press, 2009, trad. Ben Carral. (Existe una traducción al español de la primera edición, Comuníquese con su pareja: herramientas fáciles y efectivas para crear más amor y menos conflicto, Obelisco, 1999.)

Lo que todos queremos (pero nunca pedimos) (2.ª parte)


Esta entrada se publicó en amor y está etiquetada con , , , , , , , , en por .

Por Jonathan Robinson (magíster en Terapia Matrimonial y Familiar)

Trad. Ben Carral

Viene de: Lo que todos queremos (pero nunca pedimos)

Jonathan RobinsonAdmisión

La gente me pregunta a menudo: «¿Cuál es la diferencia entre admisión, aprecio y aceptación?». Defino admisión como estar dispuesto a aceptar que tu pareja realmente está teniendo la experiencia que dice estar teniendo. Por ejemplo, digamos que tu pareja dice: «Estoy harta de que me reproches». Quizá podrías responder: «No te reprocho. Simplemente te digo cómo limpiar adecuadamente». Es probable que esta respuesta aparentemente inocente conduzca a un desacuerdo importante. ¿Por qué? Porque invalida la realidad y los sentimientos de tu pareja. Desde su perspectiva, tú le estás reprochando, y se ha molestado por ello. Hasta que admitas su punto de vista y sus sentimientos, sus oídos seguirán apagados. Indicar que empatizas con su perspectiva y sus sentimientos le permite abrirse a tu perspectiva y a tus sentimientos.

En el ejemplo anterior podrías admitir las palabras de tu pareja diciendo: «Parece que sientes que te estoy criticando constantemente. Imagino que debe de doler mucho. Lamento que te sientas así».  Tu pareja solo estará receptiva a escuchar tu versión de las cosas cuando se sienta totalmente admitida (comprendida),  no antes. Por tanto, lo primero que deberías hacer cuando las cosas se pongan un poco acaloradas desde el punto de vista de tu compañera o compañero, es admitir su experiencia; aunque creas que no tenga ningún sentido. Recuerda, no hace falta que estés de acuerdo con su perspectiva para admitir que la tiene. Puede que no estuvieras reprochando, pero si ella siente que sí lo estabas haciendo, es necesario admitir ese sentimiento antes de que pueda escucharte. Admitir crea confianza, y cuanto más valides su experiencia, más confiará en ti. Por supuesto, cuanto más invalides la realidad de tu pareja, más sentirá que no puede confiar en ti.

He creado una manera sencilla de recordar cómo admitir y validar la experiencia de tu pareja. Es un método de rellenar los espacios en blanco al que llamo fórmula de admisión:

1. Parece que…

Parafrasea en una o dos frases lo que tu pareja parece estar experimentando.

2. Debe de hacerte sentir…

Imagina cómo debe de sentar una experiencia así.

3. Lamento que te sientas…

Supón lo que está sintiendo.

Anteriormente, Jill me dijo: «Quiere mostrarme que tiene la razón y que yo siempre estoy equivocada». En vez de disentir con ella, utilicé la fórmula de admisión. Dije: «Comprendo que te sientes culpada por él y estoy seguro de que no sienta muy bien. Lamento sinceramente que te sientas tan dolida». Eso fue todo lo que ella necesitó para sentir que la estaba escuchando realmente. Entonces se abrió a escucharme. Como sucede con todos los métodos de rellanar los espacios en blanco, necesitas adaptarlo para utilizar tus propias palabras y sonar sincero. A tu pareja no le importará lo que tengas que decir hasta que sienta que realmente te importan sus sentimientos. Si utilizas la fórmula de admisión de manera sincera para comprender mejor a tu compañero o compañera, te garantizo que tus relaciones se transformarán.

Desafortunadamente, la mayoría de nosotros tenemos poquísima experiencia en admitir a nuestras parejas o en que otros validen nuestros propios sentimientos. En vez de proporcionar admisión, la mayoría de las personas intentan arreglar inmediatamente a sus parejas cuando estas expresan su dolor, o se defienden de lo que sus parejas han dicho si les suena como una declaración de culpa. Ninguna de estas aproximaciones funciona. Cuando nos sentimos dolidos, necesitamos que primero se valide nuestra experiencia; antes de que nos pueda interesar escuchar maneras de arreglar o solucionar la situación. Los seres humanos funcionamos así. Al mismo tiempo, una vez que tu pareja sienta que la has escuchado realmente (al admitir su experiencia), probablemente estará muy receptiva a escuchar lo que te gustaría decir.

A menudo veo a clientes que se sienten frustrados cuando ofrecen amorosamente consejo a su compañera o compañero, solo para ver como su pareja rechaza todo lo que dicen. No es que las soluciones ofrecidas no sean eficaces; simplemente es que el momento no es el adecuado. Las personas necesitan montones de empatía y comprensión antes de estar receptivas a soluciones. ¿Alguna vez has tenido que tratar con un niño de tres años que se siente realmente dolido? Si has pasado por ello, ¿qué hiciste? Probablemente no le empezaste a decir que estaba equivocado ni lo que debería haber hecho. En vez de ello imagino que le diste un montón de empatía. Para ayudar a que el niño supiera que te importaba, probablemente dijiste lo mucho que lamentabas que se sintiese tan dolido.  Escuchaste amorosamente la historia de sus penas. Entonces, una vez que todas sus lágrimas hubieron pasado, y si parecía receptivo, puede que ofrecieses algún consejo acerca de cómo tratar mejor una situación parecida en el futuro.

Cuando estamos contrariados, somos como niños de tres años. Necesitamos saber que alguien comprende lo mal que nos sentimos. Si en primer lugar nos dan consejo en vez de admisión, sentimos que no nos comprenden. Nos sentimos engañados.  Pero al mismo tiempo, una vez que sentimos que nuestro dolor ha sido validado suficientemente, se crea una apertura para recibir nueva información. Dependiendo de tu pareja, puede que solo necesite un poco de empatía y admisión, o un montón. Cuanto más amor ofrezcas en tu admisión, antes se abrirá a las cosas que te gustaría decir.

Según mi entendimiento,  la fórmula de admisión es el método más poderoso que existe para aumentar la intimidad en la relación y disminuir el conflicto. Aunque es simple en teoría, puede resultar difícil aplicarla en la vida real. Con todo, el esfuerzo merece la pena. Cuando se pone en práctica con el deseo de comprender a tu compañero o compañera, produce milagros de manera constante.

Aprecio

El aprecio es diferente de la admisión. Defino el aprecio como el arte de decirle a tu pareja lo que te gusta de ella. Para entrar en contacto con lo que aprecias, puedes preguntarte simplemente: «¿Qué me gusta o aprecio de mi pareja?». Centrarte en esa pregunta y expresar ocasionalmente las respuestas a tu ser amado, ayudará a mantener en abundancia el saldo bancario de su autoestima. Además, al expresar aprecio puedes ayudar a que tu pareja deje de culparte o de estar a la defensiva cuando surgen dificultades entre los dos. Después de todo, tendrá más capacidad de escucharte a medida que crezca su saldo.

Para aprovechar al máximo el arte del aprecio, es mejor practicarlo con frecuencia. Al igual que resulta poco beneficioso hacer ejercicio de manera irregular, también resulta poco beneficioso apreciar a tu pareja solo una vez al mes. Cuanto más os apreciéis el uno al otro, más fácil os resultará y mejores seréis en utilizar esta herramienta simple, pero poco utilizada, de crear intimidad. También ayuda que vuestro aprecio sea muy específico, preciso y gráfico. No resulta muy eficaz expresar un aprecio general como: «Me gusta el hecho de que seas agradable». Por otra parte, resulta muy poderoso decir: «Me sentí muy orgullosa de ti cuando te ofreciste a ayudar al hombre en silla de ruedas a bajar aquellos escalones. Siempre tienes pequeños gestos para mí como comprarme flores o escribirme notas de amor. Todas esas cosas realmente me llegan al corazón». ¿Te das cuenta cómo es mucho más poderoso ser específico y gráfico? Da rienda suelta al poeta que hay en ti para expresarle a tu pareja el aprecio sincero que sientes por ella.

En los talleres que imparto sobre comunicación, muestro a los participantes dos pequeños muñecos que compré y a los que llamo Sr. y Sra. Maravillosos. Cuando se les toca en el vientre, los muñecos dicen palabras efusivas de aprecio. Sr. Maravilloso dice cosas como: «Pensar en ti ¡es lo mejor del día!». Sra. Maravillosa comenta alegremente: «Tienes razón. No necesitamos indicaciones. Quizá encontremos un atajo». Estos muñecos siempre logran hacer reír a los participantes. Cuando les pregunto por qué se ríen, inevitablemente responden que sus parejas nunca les dicen cosas así. ¡Qué pena! Una persona no debería tener que comprar un muñeco que diga las palabras de aprecio y ánimo que todos anhelamos escuchar. Aunque las palabras suenen un poco cursis, adelante, dilas. Los sentimientos de amor adicionales que estás creando bien merecerán la pena.

Aceptación

La aceptación es la tercera a, y normalmente es la última que sucede. Aceptación significa que amas a tu pareja tal como es, con todas sus imperfecciones. Otro término para referirse a la aceptación es amor incondicional. Admitir y apreciar son dos conductas específicas que puedes hacer con tu pareja, mientras que la aceptación es un cambio de actitud. Por lo general, los padres aceptan y aman a sus hijos aun cuando no les guste como se portan. Es posible tener la misma aceptación incondicional hacia tu pareja. De hecho, tu pareja la está deseando.

Me he dado cuenta de que muchas personas tienen miedo de aceptar incondicionalmente a su ser amado. Creen que este cambio de actitud llevará a que su pareja se aproveche de ellas. Sin embargo, sucede lo contrario. Cuando las personas se sienten totalmente aceptadas, se esfuerzan al máximo por hacer felices a su pareja. Después de todo, ellas les están dando el alimento que más desean. Ciertamente no resulta fácil aceptar incondicionalmente a nuestra pareja. Tendemos a pensar que amaremos más a alguien cuando cambie de algún modo. Es frecuente pensar: «Con que solamente mi pareja fuese más amable, delgada, rica, ordenada y demás, realmente la aceptaría». El resultado de esta actitud es que tu pareja nunca se siente amada del todo, y en consecuencia nunca te acepta del todo.

Una manera de ayudarte a aceptar incondicionalmente a tu pareja es aprender a sintonizar con su intención positiva. Puesto que en el fondo todo lo que las personas quieren es sentirse valiosas y amadas, siempre hay una intención positiva detrás de su conducta. Incluso si tu pareja dice cosas que te hacen daño, su intención positiva es aumentar la autoestima de su cuenta; para poder sentirse valiosa. No necesitas decirle que te gustan sus acciones, porque no te gustan. Solo necesitas ser consciente de que tiene una intención positiva a pesar de cómo se está comportando.

Una manera práctica de ayudarte a sentir aceptación por tu pareja es preguntarte simplemente: «¿Cuál es la intención positiva detrás de lo que está haciendo?». Cuando te das cuenta de que tu pareja es un ser humano con dolor emocional, y que está intentando recuperar el sentimiento de amor del mejor modo que sabe, tienes la experiencia de aceptación. Se ha dicho que todo lo que las personas hacen es o una respuesta amorosa o un grito de socorro. Cuando los bebés berrean pidiendo ayuda, es fácil ver su vulnerabilidad y su intención positiva (sentirse mejor). Por tanto, aunque no te guste su conducta, es fácil seguir amándolos. Cuando nuestra pareja grita en busca de ayuda actuando de manera tonta de algún modo, hace falta un esfuerzo consciente para ver su intención positiva y su dolor. Pero si la buscas, es seguro que estará allí. Aceptar a tu pareja no significa que nunca te molestes con ella. Significa simplemente que siempre la amas; a pesar de su muestra ocasional de una conducta poco hábil. La actitud de aceptación es como una poderosa medicina que sana tu alma y el alma de tu pareja.

Sigue en: Lo que todos queremos (pero nunca pedimos) (3.ª parte)

Fuente:
Jonathan Robinson, Communication Miracles for Couples: Easy and Effective Ways to Create More Love and Less Conflict, 2.ª ed. revisada, Conari Press, 2009, trad. Ben Carral. (Existe una traducción al español de la primera edición, Comuníquese con su pareja: herramientas fáciles y efectivas para crear más amor y menos conflicto, Obelisco, 1999.)