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Sexo de vainilla: qué es y por qué deberías disfrutarlo


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Por Vagdevi Meunier (doctora en Psicología; miembro del Consejo Asesor de Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Vagdevi MeunierEl sexo se encuentra en todas partes en la cultura estadounidense. Desde anuncios deportivos a la venta de comida, no es difícil encontrar a una modelo esbelta y guapísima dando un bocado a una hamburguesa gigante o sobre el capó de un coche nuevo.

Sin embargo, en general, no estamos acostumbrados a hablar de sexo con nuestras parejas íntimas, somos reticentes y torpes. Como terapeuta de parejas, a veces tengo que detener a mis parejas en medio de una discusión para preguntarles por qué están peleando. A menudo, la respuesta es: «Por nuestra vida sexual», pero si te hubieras sentado en mi silla, todo lo que habrías escuchado son frases como: «Lo quieres hacer todo el tiempo, pero no tengo tiempo para eso», o: «Quiero más de aquella chispa que teníamos cuando empezamos a vernos».

Utilizamos austeros y fríos términos clínicos para referirnos a nuestras partes corporales íntimas o caemos en la jerga callejera. No es raro que escuche términos como «Chichi» y «Miembro» [en el original: «VJ» y «Peter»] mientras las personas intentan navegar las turbulentas aguas del deseo sexual. Ya es lo bastante duro mantener nuestro interés y diversión cuando tenemos sexo con la misma persona más de 100 veces. ¿Por qué nos lo tenemos que complicar mucho más intentando hablar de manera tan indirecta?

La triste verdad es que tenemos que hablar del sexo en términos indirectos porque hemos creado muchas capas de moralidad, mitología y distorsiones acerca de lo que puede ser la intimidad sexual real entre una pareja comprometida. No podemos hablar sobre el sexo de manera sencilla porque no entendemos el sexo en términos sencillos. Lo complicamos con tabúes, charla interior negativa y vergüenza. Las consecuencias resultantes son trágicas, especialmente para las parejas comprometidas desde hace tiempo, porque la falta de comunicación precisa significa que no pueden arreglar lo que no funciona bien y terminan culpándose y avergonzándose el uno al otro por problemas que no son culpa de ninguno de los dos.

El sexo tántrico es sexo consciente

Como soy una mujer de la India, muchas personas me preguntan si tengo conocimientos de sexo tántrico o del Kama sutra. Ciertamente sé algo acerca de estas perspectivas orientales sobre el placer sexual. Sin embargo, lo que sé sobre sexo místico puede sorprender a la mayoría. El sexo tántrico fue un término acuñado en occidente donde algunos de sus originadores tradujeron el gozo espiritual en éxtasis sexual. El tantra tiene que ver con espiritualidad sagrada y engloba muchas tradiciones sobre la transformación de la experiencia física de la realidad en experiencia mística.

De manera parecida, el Kama sutra realmente tiene que ver con el cariño y la nutrición emocional de mujeres y hombres. Aunque contiene información sobre muchas posiciones sexuales que aumentan el placer, la mayor parte de este texto antiguo se dedica a ayudar a los hombres y mujeres a comprender las reglas de la sociedad en la que vivían.

La esencia del sexo tántrico es la meditación mindfulness (atención plena). Definida en términos simples por Jon Kabat-Zinn, la meditación mindfulness consiste en prestar atención a propósito al momento presente sin juicios ni expectativas. Lo que realmente significa es que no necesitáis juguetes, vídeos ni equipamientos fantasiosos para mejorar vuestra experiencia sexual. Nada os impide utilizar esas ayudas maritales, pero el sexo de vainilla puede ser mucho más poderoso e íntimo si podéis seguir unos pocos principios básicos. Aquí presento algunas cosas que debéis y no debéis hacer para tener un asombroso sexo de vainilla con mindfulness tántrica:

  1. No utilicéis el sexo para ocuparos de otros sentimientos como la soledad, la ansiedad, la tristeza, el hambre y la sed emocionales (o el hambre y la sed físicas) y la ira. Cuando se utiliza el sexo como herramienta de canalización, el acto de intimidad acumula un montón de capas de significado, equipaje y tendencias ocultas. El sexo que está cargado con el desperdicio psicológico de la relación se volverá monótono y aburrido.
  2. Tomaos tiempo para estar presentes, conscientes y despiertos durante el sexo. Tomaos tiempo para daros una ducha, cepillaros los dientes o hacer otras cosas que os hagan sentir frescos y confiados para el sexo. Tomaos algo de tiempo para dejar a un lado el estrés, los cuidados y las preocupaciones de otras partes de vuestra vida, para que podáis crear una burbuja sexual entre vuestra pareja y vosotros que SOLO trate de lo que está sucediendo en ese momento entre los dos.

Experimentad

Si queréis experimentar, experimentad con pequeños cambios que puedan producir resultados poderosos. Dejad las luces encendidas mientras tenéis sexo si acostumbráis a hacerlo a oscuras. Abrid los ojos cuando os beséis o estéis teniendo un orgasmo; os sorprenderá el gran impacto tiene sobre vuestro placer sensorial (a no ser que os distraiga, en cuyo caso consultad el punto dos anterior). Descubrid la sensualidad que se conecta con el contacto piel a piel que estáis teniendo el uno con el otro. Imaginaos experimentando con el tacto sensual, el juego sensorial y la excitación sexual más allá de los genitales.

Disfrutad el viaje

¡Frenad! El sexo no es una carrera para llegar a la meta y cuando se trata como tal, se sentirá que la línea de meta (u orgasmo) es más difícil de alcanzar o se volverá decepcionante. Tomad el  compromiso de disfrutar del proceso, de encontraros a vosotros mismos y de descubrir la experiencia emocional de vuestra pareja en la conmovedora intimidad que estáis teniendo el uno con el otro, y olvidaos del orgasmo. Pensad en el sexo como un viaje con muchas paradas de descanso y en el destino como solo una vacación temporal. En otras palabras, el orgasmo es simplemente una señal de liberación física. Pensad en el sexo más allá de los orgasmos e imaginad qué cambiaría si trataseis el orgasmo como algo innecesario en el placer sexual.

Comenzad antes los juegos preliminares

La intimidad sexual sin seguridad e intimidad en la relación es simplemente un acto físico y biológico, no muy diferente a aliviarte cuando tienes la vejiga llena. El juego preliminar comienza cuando tienes un momento de conexión verbal o no verbal con alguien que va más allá de una amistad. Comienza el juego sexual preliminar con tu pareja una semana, un día o varias horas antes de que empiece el mambo horizontal. Esto significa que el juego preliminar incluye todas las pequeñas y grandes cosas que haces en una relación y que invitan a tu pareja a una conexión íntima especial contigo. Para algunos de nosotros significa fregar los platos después de cenar, ofrecerse a acostar a los niños para que tu pareja pueda tomarse un descanso o una ducha o incluso hacer la compra semanal y recordar coger la marca de leche de soja, de cereales o de precocinados que le gusta a tu pareja. Significa hacer saber a nuestra pareja que pensamos en ella; queremos conocerla en toda su complejidad imperfecta y queremos sentirnos cerca de ella en nuestros corazones y en nuestras mentes aun cuando no estamos juntos.

El acto de conocer y conectar el uno con el otro a lo largo de la semana establece una anticipación deliciosa que añade al reino sensual la carga eléctrica precisa que nos hace temblar y vibrar cuando el acto de conocerse se actualiza en intimidad sexual.

El sexo de vainilla es mejor que bueno

¿Por qué es sexo de vainilla? Porque es sexo simple y sencillo, con solo una pizca de especias y condimento que lo eleva a un momento sublime de experiencia sensual. Es sexo sin un montón de reglas y restricciones. No es un sundae del sexo, es probar un sabor y saborear y disfrutar realmente los matices de ese sabor único. Por eso me encanta el sexo de vainilla y espero con placer su simplicidad y nutrición sublime. En este mundo del sexo de vainilla, todo lo que haces en una relación se convierte en juego preliminar y cada momento lleva el potencial para una conexión emocional profunda. Probadlo y veréis a lo que me refiero.

Fuente:
Vagdevi Meunier, «Vanilla Sex: What it is and why you should enjoy it», en Nationalmarriageseminars.com, 25 de febrero de 2015, visita: 1 de marzo de 2015, trad. Ben Carral.

3 pasos para romper el círculo de la discusión: sé accesible, responde, implícate


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Por Vagdevi Meunier (doctora en Psicología; miembro del Consejo Asesor de Mindfulness Gijón)

Trad. Ben Carral

Vagdevi MeunierEn una sesión de terapia de pareja reciente compartieron conmigo una conversación significativa:

El sonido del teléfono interrumpió el ensueño de George mientras navegaba en su portátil.

«¿Hola?»

Era su esposa, Alice. Pudo oír un matiz en su voz. «Ansiosa», pensó.

«Hola, cariño, me alegra mucho poder localizarte», dijo Alice. «Estoy terriblemente perdida y no puedo encontrar señales indicadoras en ninguna parte.»

«¿Dónde estás?»

«En River Place.»

Estaba muy al sur de la ciudad. Eran casi las nueve de la noche.

«¿Qué demonios estás haciendo tan lejos de la ciudad?»

«Eso no importa», dijo. «¡Necesito tu ayuda!»

George suspiró y puso los ojos en blanco. Era tan típico. Ella hace algo disparatado y luego le llama para rescatarla. Buena cosa que ella no pudiera ver sus ojos en blanco; aunque probablemente oyó su suspiro.

«Vale, ¿qué pasa?»

«Estoy en un cruce y solo está señalizada una de las calles», dijo Alice. «Si te digo el nombre, ¿puedes buscarla y decirme que camino debo coger para volver a la autopista y a casa?»

«¡Ah!, te compré un GPS caro», dijo George. «¿Por qué no lo utilizas?»

La ansiedad de Alice se transformó en exasperación.

«¿Podemos NO tener ahora esa conversación?», dijo ella. «Estoy cansada y un poco asustada. Solo necesito volver a la autopista.»

«¡Ah!, ¿qué conversación estamos teniendo?», dijo George. «Eres TÚ la que me has llamado, no al revés.»

«Ya lo sé, pero no quiero hablar de por qué no tengo el GPS», dijo Allice. «Solo quiero saber qué camino debo coger.»

Pronunció cada palabra como un golpe.

«Así que piensas que puedes llamarme sin más, sacarme de lo que esté haciendo, pedirme algo como llovido del cielo y ¿no puedo hacerte ninguna pregunta?», dijo él levantando la voz. No iba a dejar que ella le pasara por encima otra vez.

La voz de Alice se rompió, sonaba a punto de llorar.

«¿Por qué estás haciendo esto?», dijo ella. «No estás entendiendo lo que necesito. ¿Podemos,  POR FAVOR, dejar de discutir? Realmente necesito tu ayuda.»

«Vale, bien», dijo él. «¿Cuál es la calle?»

George odiaba cuando ella se volvía emocional, y parecía que en aquellos días ella se volvía emocional por pequeñas cosas. Él pensaba que se merecía un poco de reconocimiento por ayudarla, pero siempre parecía tratarse de lo que él hacía mal, no de lo que hacía bien.

Esta es la historia que Alice contó en nuestra primera sesión después de la conversación telefónica. Yo sabía que ella quería que arbitrara esta pelea. Pero es una invitación habitual en terapia de pareja, y una a la que me resisto tanto como puedo.

Facilita y guía, no juzgues

Había que comprender su relación. Mi trabajo era facilitar y guiar, no juzgar, evaluar o declarar quién tenía razón.

Al escuchar la historia de Alice, oía un estribillo familiar. Así es como suena habitualmente. Una mujer se vuelve hacia su marido, se acerca a él, le pide apoyo y se siente criticada y juzgada; no solo por pedirle algo, sino por la forma de hacerlo, por si la petición es razonable, por si la respuesta es obvia para cualquiera con un cociente intelectual medio, etc.

Uno de los miembros de otra pareja lo había explicado de esta manera: «Pregunto y siento como si todas las respuestas terminaran con un silencioso “¡Obvio, estúpida!”».

Cuando Alice contaba su experiencia, sonaba incrédula, como si dijera: «¿Puedes creer cómo me trata? ¿Puedes creer lo mal que me hace sentir por pequeñas cosas?».

No pensé que George la tratara mal, y Allice iba a descubrir pronto que no me iba a poner de su parte. Verás, en la mayoría de los casos, cuando escucho a una pareja contarme sus peleas, puedo ver realmente las dos partes. Era muy claro para mí que George se sentía enfadado y explotado, y también podía ver, con la misma claridad cristalina, por qué le dolió tanto a Alice su respuesta. En estas situaciones, mi trabajo es facilitar una mejor comunicación matrimonial mediante una exploración y un diálogo entre los miembros de la pareja que les permita ver que ambas «realidades subjetivas» (como las llama John Gottman) tienen sentido.

En este incidente particular, también recurrí al excepcional trabajo de la doctora Sue Johnson, otra investigadora y clínica pionera en el campo de la terapia de pareja, que ha escrito extensamente sobre este preciso tema. A través de la teoría del apego, una teoría desarrollada por John Bowlby (1907-1990) sobre el apego madre-hijo y ampliada más tarde al apego adulto, la doctora Johnson explica que necesitamos y queremos depender de nuestros compañeros primarios.

Cuando nos sentimos asustados o estresados, o simplemente hemos perdido el equilibrio o estamos perdidos con algo, nos sentimos mucho más confiados de nuestra capacidad para gestionarlo si podemos alcanzar  a un ser querido afectuoso que comparta la experiencia con nosotros, nos tranquilice y nos ofrezca su apoyo. Por esta razón, las personas con enfermedades cardiovasculares tienen resultados más saludables si la calidad de su relación primaria (con un ser amado) es segura y positiva.

Tres pasos: accesibilidad, responsividad, implicación

La palabra clave aquí es cuidar. Volvamos a la historia de Alice y examinémosla a través de la teoría del apego. En particular, utilizaremos la respuesta en tres pasos de la doctora Johnson que es la marca distintiva de las relaciones de apego seguro. Los tres pasos o habilidades emocionales son la accesibilidad, la responsividad y la implicación.

En este contexto, accesibilidad significa «¿Estás ahí para mí cuando intento llegar a ti?».

Ayudé a Alice a ver que su relación con George no eran TODO malas noticias. Ella confía en él y él intenta ayudarla siempre que lo necesita. Si no fuera así, él no sería el primer número al que llamó en aquella noche oscura. Ella podía contar con la accesibilidad y disponibilidad de él. Él responde a sus llamadas sin importar cuándo llame y siempre parece tener tiempo o buscarlo para ella cuando necesita su ayuda.

Pasando a George, le pregunté si era cierto. Ya estaba asistiendo con la cabeza, así que supe que seguía la pista adecuada. George respondió a mi pregunta diciendo que si la llamada era de su mujer, respondería aunque estuviese en medio de una reunión. Inmediatamente siguió diciendo lo frustrado que está porque ella no parece apreciarlo, no se da cuenta de que le llama siempre a horas inusuales y espera que él esté a su entera disposición sin apenas dar las gracias al final. Intento detenerlo y redirigirle amablemente.

Las irritaciones y resentimientos hacia nuestras parejas, especialmente después de un incidente negativo, pueden estar tan a flor de piel que no necesitemos mucho para subirnos a ese tren. Pero ese tren no lleva a ningún lugar bueno en un matrimonio. De hecho, el tren del resentimiento y la actitud defensiva a menudo acelera y simplemente se cae por el acantilado. Si queremos que nuestras conversaciones produzcan intimidad y comprensión, necesitamos activar los frenos cuando intentamos comprender o procesar un suceso pasado para que no volvamos a pelear.

Me volví hacia George y le ayudé a entender que aunque es accesible y está fácilmente disponible para ayudar a Alice, no fue muy responsivo emocionalmente en este altercado. Responsividad significa que escuchas, empatizas y comprendes lo que pido y me das justo lo que pido, nada más ni nada menos.

Es difícil en relaciones antiguas e íntimas. Pensamos que conocemos a nuestras parejas tan bien que podemos terminar sus frases y anticipar sus necesidades. Pero actuar así puede desempoderar a nuestras parejas y, de hecho, hacer que les resulte difícil apreciar la buena acción que estamos llevando a cabo.

En el matrimonio, la responsividad trata acerca de escuchar con nuestros corazones y nuestras mentes, y sintonizar con nuestras parejas para que podamos medir y ajustar la dosis de nuestra respuesta a la intensidad de la necesidad. De hecho, nada más escucharla, George leyó acertadamente las pistas en la voz de Alice. Supo que sonaba ansiosa. Lo que no hizo fue conectar con esa otra parte de sí mismo que le estaba dirigiendo a permanecer sintonizado con ella y ver lo que necesita. Hizo descarrillar la petición de ella con preguntas propias sobre dónde estaba y por qué no tenía su GPS. Se enfadó cuando ella intentó redirigirle en vez de reconocer que estaba asustada; ella no podía responder a sus preguntas irrelevantes. En realidad no es culpa de George ni de Alice. Los dos se afectan mutuamente de manera que cuando George suena impaciente, Alice se pone más ansiosa y se asusta más, pero ella no le permite saber a él que está asustada; su respuesta suena más como crítica que como asustada. Este baile negativo es una programación habitual en su relación, y necesitan trabajar sistemáticamente en ella para cambiarla.

La última habilidad, la implicación emocional, trata del interés y participación genuinos que tenemos en la experiencia de nuestra pareja. La frase para recordar es que cuando estamos contra la pared, enfrentar al dragón junto a un compañero nos da mucho más valor y tenacidad que enfrentarlo solo. Pero el compañero que necesitamos en ese momento no es un robot desinteresado e informativo. Si eso fuera todo lo que necesitamos, Alice habría llamado a la policía local o a la patrulla de carretera.

Buscar la empatía de una pareja

Buscamos a nuestras parejas íntimas y a nuestros familiares porque pensamos que ellos se preocupan realmente por lo que estamos pasando. Alice no solo quería indicaciones, sino un aliado empático que calmara su sistema nervioso y le ayudase a no sentirse tan estúpida por haberse perdido. Alice ya se había reprimido a sí misma por no llevar el GPS con ella y por acceder a una reunión tan tarde y tan lejos de la ciudad. No necesita que George le ayudase a aprender ESA lección.

Lo que necesitaba de George era un sentido de experiencia compartida, y quizá unas palabras tranquilizadoras que le hicieran saber que a él le agradaba que ella le buscase. Y ayudándola sin juzgarla, también le comunicaría el mensaje de que su dilema no era irrazonable. No hacía falta que George dijera ninguna de estas cosas explícitamente. Si hubiera respondido con calma y palabras tranquilizadoras, y le hubiese dado las indicaciones con voz amable, Alice habría leído en ello toda la seguridad y consuelo que necesitaba. Habría bebido profundamente de su compasión para apagar el gran incendio que había en su cabeza. Si George hubiera podido compartir compasivamente la experiencia de ella diciendo: «Tienes razón, esa parte de la ciudad no está nada bien señalizada», el cerebro de Alice se podría haber iluminado de felicidad. La validación de su pareja es el regalo más profundo que él podría ofrecerle, pues eso le habría indicado a Alice que no estaba loca y le habría permitido activar su propia sabiduría de modo que podría haber utilizado sus propios recursos para guiarse de vuelta a casa.

Lo más importante

Al final, déjame que lo reitere, no fue culpa de nadie que sucediera este incidente. Alice debía apreciar la accesibilidad de George y finalmente su ayuda, sin importa lo a regañadientes que se la diese. También debía confiar en que las intenciones de él no eran maliciosas. Respondía impacientemente porque las reacciones de ella daban forma a las de él, y viceversa.

George debía apreciar que Alice confíe en él y debía comprender que, a pesar de sus intenciones, su habilidad para transmitirle a ella empatía y comprensión era tan importante como sus habilidades de navegación. Sin embargo, lo más importante es que Alice y George comprendan una cosa. Todos entramos en estos bucles negativos con nuestras parejas. Es inevitable cuando hay tanto en juego como en las relaciones amorosas. Los percances en la comunicación matrimonial también son inevitables.

Lo más importante es perdonarnos a nosotros mismos y el uno al otro por ser imperfectos, ver el esfuerzo que se esconde detrás del percance y ser capaces de construir intimidad incluso a partir del caos. Como dice John Gottman: «En el peor conflicto se encuentra el potencial para la intimidad más grande», si somos conscientes y tenemos la voluntad de aprovecharlo.

Fuente:
Vagdevi Meunier, «3 Steps to Break the Argument Cycle: Access, Respond, Engage», en Nationalmarriageseminars.com, 9 de febrero de 2015, visita: 22 de febrero de 2015, trad. Ben Carral.